Cuando el monstruo se fué veinte años atrás, pero en realidad bastante más, pues tengase en cuenta amable lector, que lo que ahora narro en realidad ya pasó, aunque está bien, puede ser que siga pasando ahora, cada vez que alguien lee esto, pero aquella vez entonces, cuando se fué decía, de su país, había decidido que no recibiría un solo centavo más de la fortuna familiar, que se independizaría como un hombrecito, porque a fin de cuentas, ya había comprobado que le iba a ser imposible gastar toda la fortuna, aunque viviera dos veces. O inclusive tres.
Pero tampoco estaba acostumbrado, ni dispuesto, a trabajar, pues había nacido para el arte y la vida bohemia.
En Colombia se instaló en Medellín, o Metrallo, que así le dicen por Medallo. En fin.
Y en Metrallo entonces, conoció gente de la alcurnia y la vida discipada y frívola. Y, como es sabido, en Medellín todos, o casi todos los de la alcurnia tienen algún pariente o amigo implicado en el negocio de la droga. O por lo menos el amigo de un amigo, o el pariente de un amigo o viseversa.
Eso, por supuesto, si es que acaso no están implicados ellos mismos directamente, sin ir tan lejos.
Y el monstruo, habiendose hecho amigo de un grupete, un buen día se metió en el negocio de la droga. Y valla si le fué bien.
No es que se haya forrado de billetes como su padre ni mucho menos, pero le fué bastante bien, le tomaron aprecio por su honradez para con las personas que le brindaban su confianza, por lo que, después de poco más de un año de ganar para sobrevivir holgadamente, un buen día lo mandaron a Europa con cuatro kilos, y los gastos pagos, más algo de efectivo.
Ocho mil dólares, con los que pasó allí tres meses, primero como un rey en buenos hoteles pagados por sus jefes, y luego no tan bien, pero tampoco tan mal.
Cuando volvió siguió haciendo entregas pequeñas y trabajitos de rutina, pero ya tenía otro prestigio.
Y un buen día le ofrecieron un trabajo más dificil.
Había que meter un cargamento grande en Argentina, tal vez ciento cincuenta quilitos o así, pero para eso, era necesario que atraparan a un tonto en el aeropuerto, con un quilo, para desviar la atención de las cámaras y los periodistas, y que el gran cargamento pasara sin problemas, y todos pudieran fotografiar y filmar el más pequeño e insignificante. Y fotografiar además, al tonto que lo trajo, mientras el otro cargamento pasaba por detrás, tal vez a solo unos metros de las molestas camaras. El tonto venía a ser el monstruo.
Le dijeron, que generalmente no le dicen nada al que va de punto, pero con él era diferente, pues había demostrado valor, y había ganado la confianza de ellos, por tener semejantes cojones, y por eso se lo informaban, y le ofrecían otra buena suma, esta vez diez mil, pasaría un tiempito tras las rejas, tiempo este, en el que no le faltaría nada, ni seguridad, pues ellos tenían gente adentro, saldría en un año o menos, y sin consecuencias futuras.
En realidad no era que le tuvieran tantísimo aprecio, sino que sabían lo que podía esperarles si el monstruo se sabía traicionado, tal vez una muerte lenta y cruel, o rápida pero muerte al fin.
Pidió quince mil, se los concedieron. Pidió permiso para retirarse después de la misión, se lo concedieron, no sin aclararle que se lo iba a extrañar y podía volver cuando le plazca.
Dió las gracias y se fué.
Así fué como el monstruo conoció el país de Borges y Roberto Arlt, de Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnick, entrando por la puerta grande de una carcel. De la que salió un hermoso día soleado de primavera, todas esas argentinitas solo para él, con quince mil en el bolsillo.
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Cuando se levantó de su siesta, después de catorce, o diecinueve horas, o tal vez más, fué al baño, donde cagó a gusto y meditó en las vueltas que dá la vida.
No había en su casa, nadie más que él y su madre, pues la criada había salido de compras.
El monstruo salió sin dar explicaciones y comenzó su búsqueda.
Día uno.
Caminó por La Pitaya, en las inmediaciones de la fábrica Colgate-Palmolive, en el límite con barrio México. Esrtella vivía en una calle de esa zona, pero él no estaba seguro de recordar exáctamente en cual, caminó casi dos horas ida y vuelta varias veces y alrededor, hasta que dió con el lugar, todo lo cual le hizo sospechar que el destino, o lo que fuera, no se lo estaba haciendo fácil.
Tocó la puerta, pero Estrella no fué quien atendió, y nadie sabía nada de ella ni de su familia, tampoco en la casa de al lado, tampoco en la de enfrente, ni mucho menos, en las otras trescientos cincuenta millones de casas donde preguntó.
¿Devemos aclarar que la situacción fué desmoralizante?
Tal vez, lo que si devemos aclarar, es que el monstruo, a pesar de su montaña rusa emocional, se propuso no desmoralizarse así de facil. Entonces aclaremos: no se desmoralizó tan facil.
Decidió hacer un recreo, luego de cinco horas de infructuosa búsqueda, tomando unos guaritos con birra, y unas boquitas de yuca frita (que por cierto, no se consiguen en ningún rincón de Buenos Aires, ni con quince mil dólares en la mano ni con nada) en un barsucho de barrio México, una cantina de mala muerte donde se desayunan los campeones.
Y hete aquí, que por su porte y estilo, ya se dijo, el monstruo era de los que no pasan desapercibidos, sino más bien, un tipo que atraía miradas, indistintamente de mujeres u hombres, lo cual a veces acarreaba problemas.
Pero el monstruo, nuestro héroe, no era de los que le esquivan a los problemas, aunque tampoco se los andaba buscando, si estaban los enfrentaba, y punto.
Entonces, si por ejemplo, en ese lugarsucho de repente se le ocurría aquella vez, hacer su aparición a un pelagatos, un pelafustrán, un energúmeno cualquiera, disfrazado de gran señor, y en companía de una hermosa damisela, tal vez una puta, tal vez en un buen vehículo.
Y así sucedió, que la señorita, para poner celoso al remedo de don Juan, que la traía bien agarrada, como si fuese un trofeo, y que de seguro se tomaba ese día vacaciones de sus obligaciones conyugales, y entonces ella, sutilmente, miró de reojo o tal vez abiertamente, al monstruo, y era mejor para ella, un tipo elegante y hermoso, etc..., pero peór para su acompañante, que entró en el juego de la putita (que dicho sea de paso, estaba más que rica, o sea, más que culeable), y entonces el pelagatos, que no pudo con su genio ni con la verguenza que le provocó la situación, quiso pelear, aunque no sabía en lo que se metía, con un sujeto peligroso que estuvo en cárceles de sudamerica y todo eso, bla bla bla, hijo chineado de un político pesado, en fin.
Porque el monstruo, después de advertirle que con él ni se le ocurra meterse, inclusive dos veces, lo que nunca, aunque esta vez por respeto a la dama si, pero decidió no advertírselo una tercera, y rompió una botella, quedándose con la mitad en la mano, mitad esta, con la que le abrió un tajo al tipo en la cara, que le surcaría el rostro para toda la vida, a menos, claro estaba, que tuviese la plata que quería aparentar tener, y fuese luego a hacerse una cirugía.
De repente el tipo gritaba como un cerdo.
Y el monstruo, que no era de los que esquivan problemas, pero tampoco era tonto, antes de que asomase las narices la guardia rural, y tener que escuchar luego a papá, que además no lo sacaría si caía preso, pagó y huyó ipso facto, acompañado por la tercera en discordia, con la que se subió a un taxi, para luego perderse por las intrincadas y laberínticas calles de un San José cada vez más violento e impersonal, lleno de robots y trenes voladores a punto de despegar.
Terminaron en un motelito en San Francisco de dos ríos, y el monstruo tomó conciencia entonces, de cuanto extrañaba culear con una tica, aunque fuese una putica.
Después de un buen par de horas de darle gusto al cuerpo, quedaron tendidos boca arriba y en silencio, disfrutando de la calma que les proporcionó aquella descarga sexual sostenida e intensa.
-¿como te llamás?
-Katia
-que bonito nombre.
-gracias ¿y vos?
-Rubén.
-también es muy bonito.
-no, es un nombre de monstruo.
Ella se rió.
-¿y como es que una chiquilla tan linda termina de puta?
-porque tengo que ayudar a mi familia y es lo único que conseguí, y porque me gusta culear.
-¿cuantos años tenés?
-17, pero mejor no me hagás más preguntas, parecés un detective.
Se dió vuelta y quedó de espaldas a él.
El monstruo le pidió perdón y le acarició el pelo, ella se sentó en la cama y buscó en su cartera un cigarrillo, fumó con ansiedad.
El pensó que era hermosa, porque era muy hermosa, trigueña, de mediana estatura o alta, tal vez un metro setenta, o tal vez fueran los zapatos, lo cierto es que su pelo castaño y levemente ondulado le llegaba a la cintura, sus ojos almendrados color miel, sus pechos firmes y de buen tamaño diría Bucowsky (pensó el monstruo), y sus caderas anchas, su cintura de avispa, sus muslos bien torneados, en fin, no hermosa, sino perfecta.
Entonces decidió que, al menos por ese día, daría por terminada la búsqueda.
miércoles, 14 de abril de 2010
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