Y así fué, que luego de unos brebes instantes se iluminaron los ventanucos bajos con la tenue luz de unas velas, nos asomamos con sumo sigilo y prudencia.
Se sentaron alrededor de una mesa redonda, sobre la cual pendía la lámpara con velas, y sobre la pared que daba justo frente a los ventanucos dos objetos siniestros provocaban desasosiego, un gran cuadro con una esvástica en la pared, y frente a este un ataúd con un candelabro en su costado izquierdo.
Nos miramos, yo un poco asustado, don Timoteo muy euforico, y entonces comenzo la seción, justo cuando un gran relampago, seguido de un tremendo trueno iluminó la noche, y la lluvia tan temida arreció.
He aqui que los cristales se mojaron, y además se empañaron un poco por dentro, se hacía dificil ver, así que eso nos dio la perfecta excusa para acercarnos lo suficiente, llegando incluso a ser estúpidamente temerarios.
Luego de un lapso de tiempo que ahora no podría precisar, y tal vez no importe, aunque tal vez si, en lo que sería sin duda el punto culminante de aquel ritual, una de las mujeres jovenes, la que tenía apariencia mas bien latina, dejo escapar un grito desgarrador, al que acompañó otro trueno, seguido de un rayo tan potente que pareció pleno día en medio de la noche, y en ese instante, alguien que estaba dentro del ataúd se irguió, quedando sentado dentro, y pudimos ver, don Timoteo y yo, y todos los que estaban adentro, el ridículo peinado a la gomina, como chupado de vaca, el estúpido bigotito, el uniforme nazi y el brazalete con la esvástica, características inconfundibles de aquel ser abyecto.
Y ese que se había incorporado gritó a su vez también, al parecer algo en alemán.
Don Timoteo se incorporó en el acto sin pensarlo mucho y dió una orden: - ¡nos vamos de acá ya mismo nene! Pero yo no atinaba a reaccionar, e ingenuamente le pregunté: ¿que fue lo que dijo?
-¡¡¡dijo ¡intrusos! pedazo de boludo, nos vamos ya!!!
En nuestra huida logramos alcanzar la maleza de la parte trasera del zoológico, que creo haber mencionado que queda justo enfrente de la casa, colandonos por un hueco en la malla metálica.
Algunos patrulleros acudieron al lugar, seguramente alertados por los vecinos, pues los invitados salieron haciendo gran barullo y huyeron en los autos. Las linternas de los policías y las luces de las sirenas de sus patrulleros sobrevolaron durante un buen rato por sobre nuestras cabezas, pero como suele ocurrir siempre en las películas, y algunas veces en la vida real, no dieron con nosotros, así que luego de dos horas de empaparnos como esponjas, volvimos a la Soda Palace hechos un asco y pedimos guarito, todas las miradas se dirigieron a nosotros, pero decidimos hacer caso omiso de ellas y nos dispusimos a beber, y tal vez aclarar los pensamientos.
Cuando pude esbozar una frase le pregunté: -¿quien era el que estaba en el ataúd?
Don Sarduy me clavó una mirada perspicaz y complice, y me contestó: -¿y a vos que te parece?, yo sé lo mismo que vos pive, o sea nada, solo conjeturo, tengo algunas sospechas que no puedo confesarte ahora.
-pero podrías decirme que conjeturas sacás, por lo menos una pista.
-nene, ¿vos sos un idiota importante no?, ¿que parte no entendés de la frase: no puedo confesarte ahora?
Hubo un brebe silencio que rompí:
-¿como fué que perdiste la pierna?
-esa es una historia larga, y vos hacés demasiadas preguntas, pero te la voy a contar: yo lo estaba siguiendo a Zorbich de cerquita, en el Africa, en las selvas del Congo, tenía datos concretos de lo que él iba a hacer allí, y que luego finalmente hizo, porque no pude impedirlo como era mi misión. Keller estaba buscando exraér el virus de una enfermedad para investigarla y eventualmente expandirla por el mundo para sembrar el terror, esta enfermedad se produce en ciertos monos y es completamente letal, actúa en el organismo anulando todas las defensas, y podés llegar a morir de una simple gripe. Cuando estaba a punto de acabar con él, y lo tenía bajo la mira de mi ametralladora, una serpiente pitón que no ví sino hasta ese momento debido a mi concentración, se me enroscó en el pie, y mientras se enroscaba me lo iba triturando, te juro que nunca había sentido nada que se parezca, olvidate del clásico dolor de muelas, que te trituren el pie no es para cualquiera. Desgarrandome de dolor le pedí al guía que estaba conmigo que por favor la mate, que le corte la cabeza, yo no podía disparar porque estaba a punto de desmayarme, había soltado mi arma, y el muy imbecil me dijo:-¡pero te voy a cortar el pie!
Mi respuesta lógica fué: -¡si imbecil, pero hacelo rápido porque me va a comer vivo!
Pero aquel tipo estaba alucinado con la visión y no atinaba a moverse, entonces recuperé el arma y le disparé a la pitón con la ametralladora a la cabeza, y por lo tanto me disparé a mi mismo la pierna, que de todas maneras ya estaba inservible, así que tenía de la rodilla para abajo, triturada y destrozada la pierna, y la pitón muerta enroscada. Entonces le grité que por favor me la corte y me haga un buen torniquete, antes de desangrarme, por suerte reaccionó rápido haciendo lo que le idiqué, pero yo ya no pude más y me desmayé.
Por supuesto cuando me desperté al otro día Keller ya no estaba, se había fugado con el virus aquel, al que luego producirían en un laboratorio de Estados Unidos, e infectarían a la comunidad homosexual de algunas ciudades de la costa Oeste, la enfermedad que provocó se conoció como Sida, el resto es historia sabida.
Cuando don Timoteo hubo terminado quedé perplejo, aquello que me contaba me había sacado el aliento, y a pesar de que finalmente el mal había triunfado esa vez, no pude sinó admirar más profundamente a mi amigo. Pero él tenía otra sorpresa para mi, y detornillandose de risa ante la impresión que me había causado, me dijo:-¿nene, de verdad te creíste lo que te acabo de contar?
me parece que sos demasiado bueno, por no decir boludo.
La verdad es que pocas veces me sentí tan imbecil, pero algo en su sonrisa me hacía pensar que de todo ese cuento, algo de cierto había, de todas maneras ya no me animé a preguntar.
domingo, 8 de agosto de 2010
capítulo veintisiete
Hasta aqui, entiendo que pueda sonar un poco asombrosa la historia de don Timoteo sobre el muerto que camina, pero con lo que me tenía preparado para el final, directamente disparó a mi morbo y mi imaginación de una manera fulminante.
Resumiendo lo anterior, Zorbich usaba su disfraz de gurú del neo-hipismo, para sus actividades dizque clandestinas, pero lo que muy pocos, o casi nadie sabía, tal vez solo don Sarduy, y luego yo, y ahora ustedes, es que en realidad, la misión última de Keller, casi podría decirse el motivo principal de su existencia, era un plan mucho más macabro aún, pues al parecer, en una casa antigua ubicada en la parte trasera de los altos del zoologico, en el límite entre Barrio Aranjuez y Barrio Amón, donde vivía una pareja de viejos emigrantes alemanes casi centenarios, y donde se hacían reuniones espiritístas, pues allí Keller Zorbich se encargaba de custodiar un tesoro nazi, arcones con oro y reliquias arqueologicas de incalculable valor, pero también, el mismísimo cadaver embalsamado de Adolf Hitler.
Don Timotéo me confesó entonces, que hacía mucho tiempo que él se había propuesto comprobar esto con sus propios ojos, pero que esperaba la oportunidad de un aliado fiable, y que dada la confianza a la que habíamos llegado, ese aliado podía ser yo.
-¿y como vamos a entrar? (pregunté entre extasiado y alarmado, sintiendo la adrelnalina correr).
-por la puerta, pero si es necesario, por la ventana o el techo (me contestó decidido).
Fué imposible negarme a tal ofrecimiento, y acordamos para una semana después, fecha en la que habría en la casa un encuentro espiritísta. El padre tiempos decía tener un plan.
Cuando llegó la noche señalada nos dimos cita en la Soda Palace, la idea era planear una estrategia mientras bebíamos un par de birras, que se hicieron varias más, por lo que salimos de allí con los sentidos tal vez un poco distorsionados, y no puedo asegurar que eso no me afactó más tarde cuando ví, o creí ver, lo que ví o creí ver. Tomamos un taxi en la avenida segunda, del cual nos bajamos un par de cuadres antes pare no despertar demasiadas sospechas.
Era increíble el equilibrio de que mi amigo hacía gala, aún sin una pierna y sumado a las birras que nos habíamos tomado, don Timoteo alrdeaba ante quien quisiera verlo, y asistir al espectáculo de un viejo con muleta, apurando la marcha y dando indicaciones precisas, era todo un lujo solo para mis ojos.
La noche presagiaba tormenta, y el aspécto verdaderamente maligno de aquella casa, era acorde con todo lo que podía asociarse al universo personal de keller, o sea ratas, cucarachas, arañas... inframundo.
La disposición de aquel lugar, era de un neto corte esotérico, pues estaba situada de manera estratégica. En una típica calle josefina en una un cuesta muy empinada, un muro comenzaba a ras del suelo muy bajito, y luego, a medida que la calle bajaba, el muro crecía con el devenir de la calle, y el terreno donde se asentaba la casa, crecía con el muro, por lo que al llegar a la esquina, el muro y el terreno median ya más de dos metros, sumados a una reja que nacía a partir de ahi, tal vez dos metros más, allí se encontraba la entrada a la sinuosa mansión, pero no había escaleras de acceso ni entrada por la reja, o sea que la parte de acceso a la casa era por la parte de atrás, la que estaba al nivel de la calle al comenzar la cuesta en la parte de arriba. Espero que se entienda.
El padre tiempos habría averiguado, que el verdadero motivo de construirla así, sería la intención de burlar las almas de las víctimas del holocausto que buscaran venganza.
Un poco fantasioso para mi gusto.
La casa estaba además, rodeada por un hermoso jardín o bosquecillo en el terreno, custodiado por una pareja de enormes perros pastor alemán, y contiguo a la entrada en la parte trasera, había un estrecho pasillo que daba al jardín, y que curiosamente, carecía de cualquier tipo de obstaculo. Cuando pareció que todos los invitados se encontraban ya adentro, salimos de las sombras y nos colamos por allí.
No tardaron en hacer su aparición los temibles perros pastores, pero el padre tiempos, con una voz gutural y en un idioma o dialécto por completo desconocido para mi, les dijo algo incomprensible pero muy efectivo, pues inmediatamente se mostraron amables y juguetones.
Había unos ventanales muy grandes que comenzaban a más de un metro y medio del suelo aproximadamente, y a raz del suelo unos ventanucos pequeños, estos al parecer daban a unos sótanos. La luz se prendió en los ventanales de arriba, y el padre tiempos se puso impaciente, pues dode estábamos no podíamos ver con claridad lo que pasaba, me pidió que buscase un lugar apropiado para ver y relatarle lo que nos estabamos yá perdiendo, y, a mi entender innecesariamente, me dijo que me había traído para ayudar, no para que me quedase parado como un tonto (aunque en realidad dijo boludo, pero yo traduzco).
Me dirigí presto a un árbol, al que me trepé por una parte donde no podían verme desde el interior de la vivienda.
Estaban bebiendo y fumando en una inmensa bibliteca antigua, los casi centenarios habitantes, un hombre y una mujer, ambos muy canosos y pálidos, con la piel casi transparente y de ojos muy claros tal vez azules, que parecían irrediar cierta energía poco común para su edad, el interior estaba muy iluminado y podía verlo todo muy bien desde donde me hallaba, habían además seis personas más, cuatro mujeres y dos hombres de entre 40 y 60 años, además de Zorbich, algunos con aspecto latino, otros europeo, unos muy bien vestidos, otros más humildes, todos habían llegado en dos automóbiles negros lustrosos.
La mayoría conversaban, y un hombre y una mujer ojeaban libros y de vez en cuando intercambiaban comentarios con los demás.
De repente comenzaron a levantarse y salir de la biblioteca, cuando se lo comenté a don Timoteo casi me gritó: -¡bajá, van al sótano a empezar la seción de espiritísmo!
Resumiendo lo anterior, Zorbich usaba su disfraz de gurú del neo-hipismo, para sus actividades dizque clandestinas, pero lo que muy pocos, o casi nadie sabía, tal vez solo don Sarduy, y luego yo, y ahora ustedes, es que en realidad, la misión última de Keller, casi podría decirse el motivo principal de su existencia, era un plan mucho más macabro aún, pues al parecer, en una casa antigua ubicada en la parte trasera de los altos del zoologico, en el límite entre Barrio Aranjuez y Barrio Amón, donde vivía una pareja de viejos emigrantes alemanes casi centenarios, y donde se hacían reuniones espiritístas, pues allí Keller Zorbich se encargaba de custodiar un tesoro nazi, arcones con oro y reliquias arqueologicas de incalculable valor, pero también, el mismísimo cadaver embalsamado de Adolf Hitler.
Don Timotéo me confesó entonces, que hacía mucho tiempo que él se había propuesto comprobar esto con sus propios ojos, pero que esperaba la oportunidad de un aliado fiable, y que dada la confianza a la que habíamos llegado, ese aliado podía ser yo.
-¿y como vamos a entrar? (pregunté entre extasiado y alarmado, sintiendo la adrelnalina correr).
-por la puerta, pero si es necesario, por la ventana o el techo (me contestó decidido).
Fué imposible negarme a tal ofrecimiento, y acordamos para una semana después, fecha en la que habría en la casa un encuentro espiritísta. El padre tiempos decía tener un plan.
Cuando llegó la noche señalada nos dimos cita en la Soda Palace, la idea era planear una estrategia mientras bebíamos un par de birras, que se hicieron varias más, por lo que salimos de allí con los sentidos tal vez un poco distorsionados, y no puedo asegurar que eso no me afactó más tarde cuando ví, o creí ver, lo que ví o creí ver. Tomamos un taxi en la avenida segunda, del cual nos bajamos un par de cuadres antes pare no despertar demasiadas sospechas.
Era increíble el equilibrio de que mi amigo hacía gala, aún sin una pierna y sumado a las birras que nos habíamos tomado, don Timoteo alrdeaba ante quien quisiera verlo, y asistir al espectáculo de un viejo con muleta, apurando la marcha y dando indicaciones precisas, era todo un lujo solo para mis ojos.
La noche presagiaba tormenta, y el aspécto verdaderamente maligno de aquella casa, era acorde con todo lo que podía asociarse al universo personal de keller, o sea ratas, cucarachas, arañas... inframundo.
La disposición de aquel lugar, era de un neto corte esotérico, pues estaba situada de manera estratégica. En una típica calle josefina en una un cuesta muy empinada, un muro comenzaba a ras del suelo muy bajito, y luego, a medida que la calle bajaba, el muro crecía con el devenir de la calle, y el terreno donde se asentaba la casa, crecía con el muro, por lo que al llegar a la esquina, el muro y el terreno median ya más de dos metros, sumados a una reja que nacía a partir de ahi, tal vez dos metros más, allí se encontraba la entrada a la sinuosa mansión, pero no había escaleras de acceso ni entrada por la reja, o sea que la parte de acceso a la casa era por la parte de atrás, la que estaba al nivel de la calle al comenzar la cuesta en la parte de arriba. Espero que se entienda.
El padre tiempos habría averiguado, que el verdadero motivo de construirla así, sería la intención de burlar las almas de las víctimas del holocausto que buscaran venganza.
Un poco fantasioso para mi gusto.
La casa estaba además, rodeada por un hermoso jardín o bosquecillo en el terreno, custodiado por una pareja de enormes perros pastor alemán, y contiguo a la entrada en la parte trasera, había un estrecho pasillo que daba al jardín, y que curiosamente, carecía de cualquier tipo de obstaculo. Cuando pareció que todos los invitados se encontraban ya adentro, salimos de las sombras y nos colamos por allí.
No tardaron en hacer su aparición los temibles perros pastores, pero el padre tiempos, con una voz gutural y en un idioma o dialécto por completo desconocido para mi, les dijo algo incomprensible pero muy efectivo, pues inmediatamente se mostraron amables y juguetones.
Había unos ventanales muy grandes que comenzaban a más de un metro y medio del suelo aproximadamente, y a raz del suelo unos ventanucos pequeños, estos al parecer daban a unos sótanos. La luz se prendió en los ventanales de arriba, y el padre tiempos se puso impaciente, pues dode estábamos no podíamos ver con claridad lo que pasaba, me pidió que buscase un lugar apropiado para ver y relatarle lo que nos estabamos yá perdiendo, y, a mi entender innecesariamente, me dijo que me había traído para ayudar, no para que me quedase parado como un tonto (aunque en realidad dijo boludo, pero yo traduzco).
Me dirigí presto a un árbol, al que me trepé por una parte donde no podían verme desde el interior de la vivienda.
Estaban bebiendo y fumando en una inmensa bibliteca antigua, los casi centenarios habitantes, un hombre y una mujer, ambos muy canosos y pálidos, con la piel casi transparente y de ojos muy claros tal vez azules, que parecían irrediar cierta energía poco común para su edad, el interior estaba muy iluminado y podía verlo todo muy bien desde donde me hallaba, habían además seis personas más, cuatro mujeres y dos hombres de entre 40 y 60 años, además de Zorbich, algunos con aspecto latino, otros europeo, unos muy bien vestidos, otros más humildes, todos habían llegado en dos automóbiles negros lustrosos.
La mayoría conversaban, y un hombre y una mujer ojeaban libros y de vez en cuando intercambiaban comentarios con los demás.
De repente comenzaron a levantarse y salir de la biblioteca, cuando se lo comenté a don Timoteo casi me gritó: -¡bajá, van al sótano a empezar la seción de espiritísmo!
domingo, 1 de agosto de 2010
capítulo veintiseis
Las versiones de la que ahora me veo obligado a decir, "posible" muerte de Zorbich en san José, fueron casi infinitas. La más verosímil, según el criterio de los más verosímiles, me fue referida de primera mano, es decir en persona, por Timoteo Sarduy, un abogado penalista argentino, ya retirado, además de escritor, que vivía de leer el tárot a las damas de la sociedad josefina, oficio en el cual se hacía llamar "padre tiempos".
El padre tiempos tenía sus oficinas en una de las tantas partes de la ciudad, a las que los arquitectos, los políticos y los inversionistas de las nuevas generaciones, habían decidido cambiar la fisonomía abruptamente, con pésimo gusto y nada de nostalgia, de hecho, el edificio que albergaba las oficinas de Timoteo "padre tiempos" Sarduy, donde además vivía, una pensión de mala muerte y un bar contiguo, estaba a punto de demolerse. Este conjunto se ubicaba junto a las vías de la estación de trenes al Atlántico, detrás de la Biblioteca Nacional.
El bar que allí se albergaba, no era otro que el mítico "Lobo púrpura", anteriormente llamado "El rincón gitano", cuna de poétas, pintores y místicos, además de una fauna por demás variopinta y extrabagante.
La tarde que visité a don Timoteo, era una típica tarde de mediados de mayo en san José, el cielo amenazando con venirse encima, negro y apocalíptico, y a medida que la charla se desarrolló, botella de guaro y limón de por medio, cumpliendo finalmente su promesa.
Según me dijo el padre tiempos, y le creí pues era más que probable, la pierna que le faltaba, la derecha, la había perdido investigando alrededor del mundo las correrías de Zorbich. Para empezar, Keller Zorbich había huído de Alemania, donde había tenido activa participación en las SS, pocos días antes del comienzo del Juicio de Nuremberg, allí arranca la pista más antigua que el padre tiempos pudo comprobar fehacientemente, en los registros de su salida de Alemania y entrada en Argentina a los que tuvo acceso.
Don Timoteo Sarduy había sido, además, colaborador de la comisión que investigó y juzgó a los militares argentinos después de la dictadura durante el gobierno de Alfonsín, investigación esta en la que también se vió implicado Zorbich.
Recién llegado a la Argentina, Zorbich se había convertido en uno de los protegidos del por entonces presidente Perón, que pagaron con oro nazi para poder vivir en paz, y se les fué asignada cierta cantidad de tierra en el sur del país, donde fundaron colonias como ingenuos campesinos.
Pero poco antes de la muerte del general Perón, Zorbich fué convocado para acesorar grupos de taréas del ejercito argentino, enseñando y aplicando sus conocimientos de medicina y psicología, para interrogar y torturar detenidos desaparecidos. Además, participó de partos y de la expropiación de hijos de algunos de estos detenidos. También estuvo infiltrado en grupos de psicología social, como ya se dijo, donde un sector de la militancia montonera trabajaba captando cuadros para pelear en la guerrilla revolucionaria.
Y algunos años antes del fin de la dictadura argentina, ya había conocido Costa Rica, enviado por el ejército para perpetuar un atentado con explosivos, contra las torres de transmisión de Radio Noticias del Continente, la radio que tenían los montoneros en san José.
Resultó que poco antes del juicio a las juntas militares en argentina, Zorbich logró huír nuevamente, para cuando don Timoteo dió con él en San José, ya el presidente Menem los había indultado a todos.
De todas maneras, el padre tiempos pretendía darle alcanze por sus presuntos crímenes en Alemanía, pero el otro practicaba muy bien el arte de la invisibilidad, pues cuando estaban por atraparlo siempre se hacía humo, y cuando se habían olvidado de él, reaparecía de nuevo, siempre fugazmente.
Pero todavía no les he dicho nada, pues parece ser que esa escuela de control mental que Keller había ido a fundar a Costa Rica, más como un disfraz para sus actividades de espía parapolicial que otra cosa, ya tenía antecedentes en una secta que estos nazis habían creado anteriormente en sus colonias en la Patagonia, el padre tiempos había investigado con esmero aquel antecedente, en esa secta se encargaban de continuar los experimentos del tercer reich con el cerebro humano, haciendo trepanaciones de craneo a los indiecitos patagones, a los que perseguían como animales con la absoluta aprobación del ejército, e inclusive con ayuda económica y logística.
Mantenían además, una comunidad de niños genios, que llegaron a ser, tal vez, unos 70, y que elegían entre los propios hijos y nietos de los colonos, pero también de las poblaciones cercanas, si algún bribonzuelo sobresalía notoriamente en inteligencia de sus compañeritos de escuela. En estos casos, ofrecían una jugosa beca a los padres o encargados, que en la mayoría de los casos era dificil rechazar, pues era grande la tentación, y muchos los apremios, sumado a la posibilidad de una "buena educación" para sus hijos.
En esa comunidad se hacían prácticas de percepción extrasensorial, comunicación mental, ayunos y vigilias, meditación trascerndental, en fin, toda una serie de artilugios, que algunos de estos alemanes habían aprendido en ocultos monasterios del Tíbet, donde monjes de la oscuridad enseñan la magia negra, y que no son tan conocidos por el gran público como si lo son los otros, en los que se enseña la luz. La única referencia, además de la de don Timoteo, que tengo de esto último, la encontré en un libro que por entonces consideraba, y aún hoy, de cabecera, "El retorno de los brujos", de Pauls y Bergés.
Don timoteo había recogido personalmente, algunos testimonios de estos alumnos ya siendo grandes.
El padre tiempos tenía sus oficinas en una de las tantas partes de la ciudad, a las que los arquitectos, los políticos y los inversionistas de las nuevas generaciones, habían decidido cambiar la fisonomía abruptamente, con pésimo gusto y nada de nostalgia, de hecho, el edificio que albergaba las oficinas de Timoteo "padre tiempos" Sarduy, donde además vivía, una pensión de mala muerte y un bar contiguo, estaba a punto de demolerse. Este conjunto se ubicaba junto a las vías de la estación de trenes al Atlántico, detrás de la Biblioteca Nacional.
El bar que allí se albergaba, no era otro que el mítico "Lobo púrpura", anteriormente llamado "El rincón gitano", cuna de poétas, pintores y místicos, además de una fauna por demás variopinta y extrabagante.
La tarde que visité a don Timoteo, era una típica tarde de mediados de mayo en san José, el cielo amenazando con venirse encima, negro y apocalíptico, y a medida que la charla se desarrolló, botella de guaro y limón de por medio, cumpliendo finalmente su promesa.
Según me dijo el padre tiempos, y le creí pues era más que probable, la pierna que le faltaba, la derecha, la había perdido investigando alrededor del mundo las correrías de Zorbich. Para empezar, Keller Zorbich había huído de Alemania, donde había tenido activa participación en las SS, pocos días antes del comienzo del Juicio de Nuremberg, allí arranca la pista más antigua que el padre tiempos pudo comprobar fehacientemente, en los registros de su salida de Alemania y entrada en Argentina a los que tuvo acceso.
Don Timoteo Sarduy había sido, además, colaborador de la comisión que investigó y juzgó a los militares argentinos después de la dictadura durante el gobierno de Alfonsín, investigación esta en la que también se vió implicado Zorbich.
Recién llegado a la Argentina, Zorbich se había convertido en uno de los protegidos del por entonces presidente Perón, que pagaron con oro nazi para poder vivir en paz, y se les fué asignada cierta cantidad de tierra en el sur del país, donde fundaron colonias como ingenuos campesinos.
Pero poco antes de la muerte del general Perón, Zorbich fué convocado para acesorar grupos de taréas del ejercito argentino, enseñando y aplicando sus conocimientos de medicina y psicología, para interrogar y torturar detenidos desaparecidos. Además, participó de partos y de la expropiación de hijos de algunos de estos detenidos. También estuvo infiltrado en grupos de psicología social, como ya se dijo, donde un sector de la militancia montonera trabajaba captando cuadros para pelear en la guerrilla revolucionaria.
Y algunos años antes del fin de la dictadura argentina, ya había conocido Costa Rica, enviado por el ejército para perpetuar un atentado con explosivos, contra las torres de transmisión de Radio Noticias del Continente, la radio que tenían los montoneros en san José.
Resultó que poco antes del juicio a las juntas militares en argentina, Zorbich logró huír nuevamente, para cuando don Timoteo dió con él en San José, ya el presidente Menem los había indultado a todos.
De todas maneras, el padre tiempos pretendía darle alcanze por sus presuntos crímenes en Alemanía, pero el otro practicaba muy bien el arte de la invisibilidad, pues cuando estaban por atraparlo siempre se hacía humo, y cuando se habían olvidado de él, reaparecía de nuevo, siempre fugazmente.
Pero todavía no les he dicho nada, pues parece ser que esa escuela de control mental que Keller había ido a fundar a Costa Rica, más como un disfraz para sus actividades de espía parapolicial que otra cosa, ya tenía antecedentes en una secta que estos nazis habían creado anteriormente en sus colonias en la Patagonia, el padre tiempos había investigado con esmero aquel antecedente, en esa secta se encargaban de continuar los experimentos del tercer reich con el cerebro humano, haciendo trepanaciones de craneo a los indiecitos patagones, a los que perseguían como animales con la absoluta aprobación del ejército, e inclusive con ayuda económica y logística.
Mantenían además, una comunidad de niños genios, que llegaron a ser, tal vez, unos 70, y que elegían entre los propios hijos y nietos de los colonos, pero también de las poblaciones cercanas, si algún bribonzuelo sobresalía notoriamente en inteligencia de sus compañeritos de escuela. En estos casos, ofrecían una jugosa beca a los padres o encargados, que en la mayoría de los casos era dificil rechazar, pues era grande la tentación, y muchos los apremios, sumado a la posibilidad de una "buena educación" para sus hijos.
En esa comunidad se hacían prácticas de percepción extrasensorial, comunicación mental, ayunos y vigilias, meditación trascerndental, en fin, toda una serie de artilugios, que algunos de estos alemanes habían aprendido en ocultos monasterios del Tíbet, donde monjes de la oscuridad enseñan la magia negra, y que no son tan conocidos por el gran público como si lo son los otros, en los que se enseña la luz. La única referencia, además de la de don Timoteo, que tengo de esto último, la encontré en un libro que por entonces consideraba, y aún hoy, de cabecera, "El retorno de los brujos", de Pauls y Bergés.
Don timoteo había recogido personalmente, algunos testimonios de estos alumnos ya siendo grandes.
domingo, 25 de julio de 2010
segunda parte - escuela de control mental - capítulo veinticinco
¿Y que hacía yo, un natural de San José de Costa Rica, un tico fana del Saprisa, el equipo de fútbol de mi niñez, que hacía en el barrio de La boca, en la calle Corrientes, en Palermo, en aquel remoto, exótico y estrafalario país, la república Argentina?
Pretendía aprender a escribir bien.
¿Y por que allí y no en otro sitio? Porque según las palábras del santo patrono de los escritores, el señor Roberto Bolaño, el escritor al que todos trataremos de copiar en vano en el próximo medio siglo, según sus palábras entonces, Argentina es el país donde hasta los malos escritores escriben bien.
Un piropo tal vez desmedido.
La obsesión de escribir bien es peór que la enfermedad de la lectura.
Por eso es mejor leer, o vivir, o hacer cualquier cosa que no te coma el higado, como le pasó a Bolaño.
Conocí a Keller Zorbich en San José allá por el año 1986, ni siquiera después en argentina, vería un porteño más porteño que ese, que había nacido en Alemania. Toda la pedantería, grandilocuencia y exeso de un perfecto hijo de puta, uno que se las sabe todas, lo cierto es que se instaló en el mítico barrio de Aranjuez, punto neurálgico de la bohemia josefina, y como obiarlo, polo espiritual y místico donde se nuclean las corrientes de la nueva era, los hare Krishna, la sociedad teosófica, y por donde deambulan los dementes con delirio mesiánico.
Ves por allí ese tipo de gente, sobre todo en las noches encendidas de la ciudad, llendo de Aranjuez y Barrio Amón hacia la zona de la universidad en San Pedro y visebersa, buscando drogas, putas y bares abiertos, cuando ya están todos cerrados.
El sujeto en cuestión, había captado la atención de de un grupo de personas, ni reducido ni demasiado amplio, mayormente damiselas y señoras de la sociedad, aburridas sin remedio en busca de emociones.
También logró captar la mía, y así lo escuché pregonar hacerca de su escuela, sita en los bajos de la galería de Jacobo Carpio en la calle en desnivel que corre por debajo de la avenida Nuñez en esa cuadra, que va después del parque nacional. Una calle que no tiene nada que envidiarle a las ciudades más hermosas, como toda mi ciudad.
El lugar se llenó de aprendices de Gurúes, de yupis aburridos tratando de aumentar su magnetismo personal, de tipos peligrosos.
Pronto el maéstro me tomó confianza y me adoptó como monaguillo.
Al principio todo era muy armónico, con meditaciones y saumerios, frases convincentes y ejercicios de destreza, después fué subiendo de tono, cuando nos conectamos con nuestro yo interior, pues este no siempre era lo agradable que uno hubiese querido, y si a veces, todo lo contrario.
Pero eso fué después, antes hubo inclusive sexo grupal y otras cosas del estilo, dizque para demostrar amor de manera tangible y real, y no solo con palabras vacuas.
No podría yo precisar, con total exactitud, cuando fué la primera vez que ví a Keller Zorbich, pero casi, pues hay solamente dos opciones firmes: la primera, en ocasión de la cena que él mismo brindara, a un selécto grupo de aristócratas, intelectuales y artistas, para presentar en sociedad su, a partir de entonces muy mentada, "escuela de control mental", alrededor de la cual luego se tejieron mitos y rumores, algunos con fundamento, otros infundados.
Fuí un testigo privilegiado de esa escuela.
En esa cena Zorbich, que habiendo nacido en Alemania, venía de vivir muchos años aquí, en argentina, donde había estudiado la psicología social de pichón Riviere, y luego creado una nueva rama, basada en el despertar de la conciencia, la intuición, la percepción, y otras facultades dormidas del cerebro humano, según sus propias palabras, pero que siendo fieles a la verdad, nunca fué mas allá de crear ilusiones en sus seguidores, atiborrandolos de plegarias, mantras, y drogas alucinógenas, en esa cena entonces, Zorbich sirvió ranas, enharinadas y fritas, y también en estofado.
Lo sabía todo con respecto a ese horrible y delicioso animalejo, pues tenía un criadero de ranas.
Y aunque en Costa Rica no comemos ranas, y tenemos un fuerte rechazo por todo lo que no sea arroz y frijoles, acompañado de algún agragado clásico, de carne vacuna o pollo, a lo sumo pescado, ensalada de repollo, y algún picadillo de verdura, esa vez el anfitrión había elegido bien a sus comezales, que eran gente de una actitud abierta, posibles alumnos de su doctrina.
Ranas y vinito blanco, frío.
La otra posible opción, fué aquella vez en que el prestigioso marchant Jacobo Carpio, trajo a su galería una muestra de Guillermo Kuitca, y al propio Kuitca, por aquel entonces en pleno ascenso vertiginoso, pero mucho antes aún, de que sus pinturas alcanzaran en Europa y New York, los exórbitantes precios de las pinturas de Van Gogh, ya más muerto que una tumba. En fin, lo ridículo y pretensioso del mercado del arte, mientras la mitad del mundo pasa hambre.
Carpio, que siendo costarricense había también vivido en Argentina, había conocido aquí a Zorbich.
Todo eso sucedió allá por el año 1985 en San José, y si bien, como ya dije, no puedo precisar ahora con exactitud, en cual de esas ocasiones lo ví por vez primera, si puedo decir, sin temor a equivocarme, sin margen posible de error alguno, una cosa: yo ví matar, a Keller Zorbich.
Si se pone un poco de atención, esta última frase puede ser interpretada de dos maneras, o sea que pude ver a Zorbich matar a alguien, o que ví como alguien le daba muerte a él. En este caso, ambas interpretaciones son correctas, ambas cosas sucedieron frente a mis narices, Zorbich mató a alguien, y luego otra persona lo mató a él.
Entonces, no podía explicarme, diez años después de verlo morir, como podía ser posible que me lo cruzara yo, caminando tan campante por la avenida Corrientes, aquí en Buenos Aires, un domingo por la noche a escasas dos cuadras del ovelisco.
¿Que como sucedió?, pues estaba yo ojeando algunos libros en una librería de esa calle, y en especial controlando que quedasen ejemplares, de un librito de poesía que me habían publicado hacía relativamente poco tiempo, ubicandolos en mejor lugar sin que se de cuenta el encargado, en fin, esas malas costumbres de ciertos movimientos poéticos. Cuando de repente se aparece él, así sin más, entre un nutrido grupo de transeuntes, de tal vez siete u ocho personas, hombres y mujeres que parecían estar entre los 50 y 60 y pico años de edad.
Mientras aquel grupo se paró en la puerta de la librería, para deliberar donde comer, yo dudé que fuera él y lo observé detenidamente, parecía no haberme visto, y todas mis dudas se despejaron dejando lugar al pavor, y una corriente eléctrica recorrió mi columna vertebral, cuando aquel fantásma alzó su voz por entre las demás diciendo: -¡bueno ,¿ranas o pizza?!
Maldito brujo, ¿ranas o pizza?, ¿era Zorbich?, ¿podía ser reál lo que me estaba pasando?
Luego, por un instante me pareció que nuestras miradas se cruzaron, pero él no me reconoció, o tal vez fingió. Cuando reanudaron la marcha decidí seguirlos desde lo que en ese momento juzgué, tal vez erroneamente, una distancia prudencial.
Debo aclarar, que nada de lo que yo había vivido anteriormente, y cuando digo nada es nada, o sea ninguna experiencia, me había preparado para esto, ver a un muerto caminar frente a mis propias narices. Ni haber estado entre peligrosos narcos, o pasar un año tras las rejas, ni siquiera las mismas experiencias psicotropicas en la escuela de control mental, nada de eso se comparaba con la fuerte conmoción que me produjo, ver a Zorbich con vida, después de haber presenciado su muerte.
Aquello tenía que tener una explicación racional, y yo iba a averiguarlo a cualquier precio.
Por supuesto que la primera reacción lógica, devería haber sido, pensar que tal vez su muerte no fue tal, sino solo una magnífica actuación, pero si yo me permitía poner en duda aquello que tan de cerca me tocó vivir, devía tambien poner en duda cada acontecimiento de mi vida toda, pues no habia manera de que aquel asesinato no se hubiese llevado a cabo, cuando la pistola con que se fraguó fue disparada, y sus sesos volaron por el aire intoxicándolo, y quedando luego pegados por doquier, mientras la sangre manaba a borbotones. ¿Van a decirme ustedes que lo soñé?, entonces lo soñamos varios.
Todo eso me decía a mi mismo, mientras seguía a aquel grupo a una cierta distancia que, entonces, consideré prudencial.
Pretendía aprender a escribir bien.
¿Y por que allí y no en otro sitio? Porque según las palábras del santo patrono de los escritores, el señor Roberto Bolaño, el escritor al que todos trataremos de copiar en vano en el próximo medio siglo, según sus palábras entonces, Argentina es el país donde hasta los malos escritores escriben bien.
Un piropo tal vez desmedido.
La obsesión de escribir bien es peór que la enfermedad de la lectura.
Por eso es mejor leer, o vivir, o hacer cualquier cosa que no te coma el higado, como le pasó a Bolaño.
Conocí a Keller Zorbich en San José allá por el año 1986, ni siquiera después en argentina, vería un porteño más porteño que ese, que había nacido en Alemania. Toda la pedantería, grandilocuencia y exeso de un perfecto hijo de puta, uno que se las sabe todas, lo cierto es que se instaló en el mítico barrio de Aranjuez, punto neurálgico de la bohemia josefina, y como obiarlo, polo espiritual y místico donde se nuclean las corrientes de la nueva era, los hare Krishna, la sociedad teosófica, y por donde deambulan los dementes con delirio mesiánico.
Ves por allí ese tipo de gente, sobre todo en las noches encendidas de la ciudad, llendo de Aranjuez y Barrio Amón hacia la zona de la universidad en San Pedro y visebersa, buscando drogas, putas y bares abiertos, cuando ya están todos cerrados.
El sujeto en cuestión, había captado la atención de de un grupo de personas, ni reducido ni demasiado amplio, mayormente damiselas y señoras de la sociedad, aburridas sin remedio en busca de emociones.
También logró captar la mía, y así lo escuché pregonar hacerca de su escuela, sita en los bajos de la galería de Jacobo Carpio en la calle en desnivel que corre por debajo de la avenida Nuñez en esa cuadra, que va después del parque nacional. Una calle que no tiene nada que envidiarle a las ciudades más hermosas, como toda mi ciudad.
El lugar se llenó de aprendices de Gurúes, de yupis aburridos tratando de aumentar su magnetismo personal, de tipos peligrosos.
Pronto el maéstro me tomó confianza y me adoptó como monaguillo.
Al principio todo era muy armónico, con meditaciones y saumerios, frases convincentes y ejercicios de destreza, después fué subiendo de tono, cuando nos conectamos con nuestro yo interior, pues este no siempre era lo agradable que uno hubiese querido, y si a veces, todo lo contrario.
Pero eso fué después, antes hubo inclusive sexo grupal y otras cosas del estilo, dizque para demostrar amor de manera tangible y real, y no solo con palabras vacuas.
No podría yo precisar, con total exactitud, cuando fué la primera vez que ví a Keller Zorbich, pero casi, pues hay solamente dos opciones firmes: la primera, en ocasión de la cena que él mismo brindara, a un selécto grupo de aristócratas, intelectuales y artistas, para presentar en sociedad su, a partir de entonces muy mentada, "escuela de control mental", alrededor de la cual luego se tejieron mitos y rumores, algunos con fundamento, otros infundados.
Fuí un testigo privilegiado de esa escuela.
En esa cena Zorbich, que habiendo nacido en Alemania, venía de vivir muchos años aquí, en argentina, donde había estudiado la psicología social de pichón Riviere, y luego creado una nueva rama, basada en el despertar de la conciencia, la intuición, la percepción, y otras facultades dormidas del cerebro humano, según sus propias palabras, pero que siendo fieles a la verdad, nunca fué mas allá de crear ilusiones en sus seguidores, atiborrandolos de plegarias, mantras, y drogas alucinógenas, en esa cena entonces, Zorbich sirvió ranas, enharinadas y fritas, y también en estofado.
Lo sabía todo con respecto a ese horrible y delicioso animalejo, pues tenía un criadero de ranas.
Y aunque en Costa Rica no comemos ranas, y tenemos un fuerte rechazo por todo lo que no sea arroz y frijoles, acompañado de algún agragado clásico, de carne vacuna o pollo, a lo sumo pescado, ensalada de repollo, y algún picadillo de verdura, esa vez el anfitrión había elegido bien a sus comezales, que eran gente de una actitud abierta, posibles alumnos de su doctrina.
Ranas y vinito blanco, frío.
La otra posible opción, fué aquella vez en que el prestigioso marchant Jacobo Carpio, trajo a su galería una muestra de Guillermo Kuitca, y al propio Kuitca, por aquel entonces en pleno ascenso vertiginoso, pero mucho antes aún, de que sus pinturas alcanzaran en Europa y New York, los exórbitantes precios de las pinturas de Van Gogh, ya más muerto que una tumba. En fin, lo ridículo y pretensioso del mercado del arte, mientras la mitad del mundo pasa hambre.
Carpio, que siendo costarricense había también vivido en Argentina, había conocido aquí a Zorbich.
Todo eso sucedió allá por el año 1985 en San José, y si bien, como ya dije, no puedo precisar ahora con exactitud, en cual de esas ocasiones lo ví por vez primera, si puedo decir, sin temor a equivocarme, sin margen posible de error alguno, una cosa: yo ví matar, a Keller Zorbich.
Si se pone un poco de atención, esta última frase puede ser interpretada de dos maneras, o sea que pude ver a Zorbich matar a alguien, o que ví como alguien le daba muerte a él. En este caso, ambas interpretaciones son correctas, ambas cosas sucedieron frente a mis narices, Zorbich mató a alguien, y luego otra persona lo mató a él.
Entonces, no podía explicarme, diez años después de verlo morir, como podía ser posible que me lo cruzara yo, caminando tan campante por la avenida Corrientes, aquí en Buenos Aires, un domingo por la noche a escasas dos cuadras del ovelisco.
¿Que como sucedió?, pues estaba yo ojeando algunos libros en una librería de esa calle, y en especial controlando que quedasen ejemplares, de un librito de poesía que me habían publicado hacía relativamente poco tiempo, ubicandolos en mejor lugar sin que se de cuenta el encargado, en fin, esas malas costumbres de ciertos movimientos poéticos. Cuando de repente se aparece él, así sin más, entre un nutrido grupo de transeuntes, de tal vez siete u ocho personas, hombres y mujeres que parecían estar entre los 50 y 60 y pico años de edad.
Mientras aquel grupo se paró en la puerta de la librería, para deliberar donde comer, yo dudé que fuera él y lo observé detenidamente, parecía no haberme visto, y todas mis dudas se despejaron dejando lugar al pavor, y una corriente eléctrica recorrió mi columna vertebral, cuando aquel fantásma alzó su voz por entre las demás diciendo: -¡bueno ,¿ranas o pizza?!
Maldito brujo, ¿ranas o pizza?, ¿era Zorbich?, ¿podía ser reál lo que me estaba pasando?
Luego, por un instante me pareció que nuestras miradas se cruzaron, pero él no me reconoció, o tal vez fingió. Cuando reanudaron la marcha decidí seguirlos desde lo que en ese momento juzgué, tal vez erroneamente, una distancia prudencial.
Debo aclarar, que nada de lo que yo había vivido anteriormente, y cuando digo nada es nada, o sea ninguna experiencia, me había preparado para esto, ver a un muerto caminar frente a mis propias narices. Ni haber estado entre peligrosos narcos, o pasar un año tras las rejas, ni siquiera las mismas experiencias psicotropicas en la escuela de control mental, nada de eso se comparaba con la fuerte conmoción que me produjo, ver a Zorbich con vida, después de haber presenciado su muerte.
Aquello tenía que tener una explicación racional, y yo iba a averiguarlo a cualquier precio.
Por supuesto que la primera reacción lógica, devería haber sido, pensar que tal vez su muerte no fue tal, sino solo una magnífica actuación, pero si yo me permitía poner en duda aquello que tan de cerca me tocó vivir, devía tambien poner en duda cada acontecimiento de mi vida toda, pues no habia manera de que aquel asesinato no se hubiese llevado a cabo, cuando la pistola con que se fraguó fue disparada, y sus sesos volaron por el aire intoxicándolo, y quedando luego pegados por doquier, mientras la sangre manaba a borbotones. ¿Van a decirme ustedes que lo soñé?, entonces lo soñamos varios.
Todo eso me decía a mi mismo, mientras seguía a aquel grupo a una cierta distancia que, entonces, consideré prudencial.
sábado, 24 de julio de 2010
capítulo veinticuatro
Alguna vez hubo, o tal vez aún hay, un cuadernillo fotocopiado, de la época en que el monstruo y Estrella eran muy jovenes, algunos memoriosos lo recordarán, y tal vez alguno atesore un ejemplar con cariño u horror, en cuya tapa podía, o puede leerse: "Escuela de control mental de Keller Zorbich".
Allá por los primeros años ochenta, ese folletín era repartido en círculos culturales y universitarios, por un personaje que, así como el monstruo, tampoco pasaba desapercibido, un gigante alemán de reluciente calva y ojos azules acuosos, de físico amenazante, y que rondaba por aquel entonces, muy probablemente, los sesenta y pico años de edad. Ese era Keller Zorbich.
Debe ya estar cansado el lector asiduo, de escuchar o leer, que toda ficción se compone de un alto contenido real, valla una novedad. En este caso, el libro que tienen en sus manos no es la excepción, entonces, el autor, y por lo tanto biógrafo del poéta Rubén Arrieta, declara: que todo lo que han leído, o están por leer, se compone en un cincuenta por ciento de ficción y otro cincuenta de realidad, y que los nombres propios han sido cambiados en su mayoría, para respetar la intimidad de los auténticos protagonistas, los cuales suponemos, se dividirán en partes iguales, entre los que disfruten verse aquí reflejados, y los que me odien por lo mismo.
Keller Zorbich se convirtió en una especie de mito, tanto o más que el monstruo, entre los integrantes de aquella generación, mas luego, en cierto momento, se le perdió el rastro público, y se llegó a dudar de que hubiese alguna vez existido.
Nuevamente el autor declara: Zorbich existió, vivió y tal vez murió, y podría citar una modesta pero muy fiable lista de testigos, todos gente respetable. Entiendase por esto último lo que se quiera.
Tal vez, cuando la realidad se torna dudosa, y las historias se mezclan con los mitos y los cuentos, y se pierden en el tiempo, tal vez lo mejor es recurrir a la ficción para esclarecer la verdad, pues la ficción alumbra.
Transcribo a continuación, un fragmento de la novela de arrieta , para que juzgen ustedes.
Allá por los primeros años ochenta, ese folletín era repartido en círculos culturales y universitarios, por un personaje que, así como el monstruo, tampoco pasaba desapercibido, un gigante alemán de reluciente calva y ojos azules acuosos, de físico amenazante, y que rondaba por aquel entonces, muy probablemente, los sesenta y pico años de edad. Ese era Keller Zorbich.
Debe ya estar cansado el lector asiduo, de escuchar o leer, que toda ficción se compone de un alto contenido real, valla una novedad. En este caso, el libro que tienen en sus manos no es la excepción, entonces, el autor, y por lo tanto biógrafo del poéta Rubén Arrieta, declara: que todo lo que han leído, o están por leer, se compone en un cincuenta por ciento de ficción y otro cincuenta de realidad, y que los nombres propios han sido cambiados en su mayoría, para respetar la intimidad de los auténticos protagonistas, los cuales suponemos, se dividirán en partes iguales, entre los que disfruten verse aquí reflejados, y los que me odien por lo mismo.
Keller Zorbich se convirtió en una especie de mito, tanto o más que el monstruo, entre los integrantes de aquella generación, mas luego, en cierto momento, se le perdió el rastro público, y se llegó a dudar de que hubiese alguna vez existido.
Nuevamente el autor declara: Zorbich existió, vivió y tal vez murió, y podría citar una modesta pero muy fiable lista de testigos, todos gente respetable. Entiendase por esto último lo que se quiera.
Tal vez, cuando la realidad se torna dudosa, y las historias se mezclan con los mitos y los cuentos, y se pierden en el tiempo, tal vez lo mejor es recurrir a la ficción para esclarecer la verdad, pues la ficción alumbra.
Transcribo a continuación, un fragmento de la novela de arrieta , para que juzgen ustedes.
capítulo veintitres
Ajena a todo esto que le pasaba al monstruo, y al giro que daría su vida de un momento a otro, Estrella se debatía entre el miedo a los hermanos Ramirez, y las ansias por saber algo de su pequeña niña Karen, librada a su suerte por las calles josefinas.
Los únicos momentos de privacidad y una cierta libertad que experimentaba ahora, eran los que pasaba en un ciber del centro comercial de Hatillo, chateando con amigos y preguntando si alguien ha visto a la chica, nadie la ha visto.
Pero ella no lograba superar esa frontera autoimpuesta, el centro comercial, unico aliciente a su rutina en la casa, lavando, planchando y cocinando para los hermanos, y siendo además, depositaria de todo tipo de fantasías sexuales por parte de estos. La condición de la mujer no había mejorado gran cosa por entonces. Pero he aquí, que una de esas tardes, Estrella encontró que alguien nuevo en facebook quería ser su amigo, y al acceder al pedido, disculpen la frase, pero no hay otra manera de decirlo tan claro, una profunda emoción se apoderó de su alma, al leer en el buzón de chat: -Estrella, mi amor, soy yo, Rubén.
Pero luego, pensando fríamente preguntó: -¿que Rubén?
-¿como que Rubén? Arrieta, el monstruo, ¿que otro?
-no se quien serás, pero una persona de confianza me hizo saber que Rubén Arrieta murió en una carcel de Argentina hace como dieciocho años, no me gusta esta broma...
-no, no, nada de eso, soy yo y estoy vivito y culeando, prendéte la web cam y comprobalo vos misma.
Eso hizo ella, y casi se muere del susto, y luego inclusive lloró de la emoción, después gritó y rió, en fin, etc, bla bla bla...
El monstruo entonces tecleó la siguiente pregunta: -¿y quien te dijo a vos que yo había muerto?
Y la respuesta lo dejó más mudo que la noticia de que Giselle López encontrara a Estrella, pues el nombre que apareció en la pantalla, era el nombre que jamás hubiese querido volver a oír o ver en lo que le quedaba de vida, pero era evidentemente, aquel nombre que siempre volvía, y que presagiaba problemas en serio: -me lo dijo Keller Zorbich.
Y la sola mención de ese nombre le puso la piel de gallina, y le preguntó: -¿cuando te dijo eso, cuando lo viste?
-hace un mes me lo encontré en la calle, fué de casualidad pero me pareció raro, hacía ya mucho tiempo, tal vez más de quince años que no lo veía.
-¿y donde estás ahora? dame la dirección y voy a verte yá.
Anotó la dirección.
Los únicos momentos de privacidad y una cierta libertad que experimentaba ahora, eran los que pasaba en un ciber del centro comercial de Hatillo, chateando con amigos y preguntando si alguien ha visto a la chica, nadie la ha visto.
Pero ella no lograba superar esa frontera autoimpuesta, el centro comercial, unico aliciente a su rutina en la casa, lavando, planchando y cocinando para los hermanos, y siendo además, depositaria de todo tipo de fantasías sexuales por parte de estos. La condición de la mujer no había mejorado gran cosa por entonces. Pero he aquí, que una de esas tardes, Estrella encontró que alguien nuevo en facebook quería ser su amigo, y al acceder al pedido, disculpen la frase, pero no hay otra manera de decirlo tan claro, una profunda emoción se apoderó de su alma, al leer en el buzón de chat: -Estrella, mi amor, soy yo, Rubén.
Pero luego, pensando fríamente preguntó: -¿que Rubén?
-¿como que Rubén? Arrieta, el monstruo, ¿que otro?
-no se quien serás, pero una persona de confianza me hizo saber que Rubén Arrieta murió en una carcel de Argentina hace como dieciocho años, no me gusta esta broma...
-no, no, nada de eso, soy yo y estoy vivito y culeando, prendéte la web cam y comprobalo vos misma.
Eso hizo ella, y casi se muere del susto, y luego inclusive lloró de la emoción, después gritó y rió, en fin, etc, bla bla bla...
El monstruo entonces tecleó la siguiente pregunta: -¿y quien te dijo a vos que yo había muerto?
Y la respuesta lo dejó más mudo que la noticia de que Giselle López encontrara a Estrella, pues el nombre que apareció en la pantalla, era el nombre que jamás hubiese querido volver a oír o ver en lo que le quedaba de vida, pero era evidentemente, aquel nombre que siempre volvía, y que presagiaba problemas en serio: -me lo dijo Keller Zorbich.
Y la sola mención de ese nombre le puso la piel de gallina, y le preguntó: -¿cuando te dijo eso, cuando lo viste?
-hace un mes me lo encontré en la calle, fué de casualidad pero me pareció raro, hacía ya mucho tiempo, tal vez más de quince años que no lo veía.
-¿y donde estás ahora? dame la dirección y voy a verte yá.
Anotó la dirección.
viernes, 23 de julio de 2010
capítulo veintidos
Ahora, completamente borracho en una cantina, pensando en que por lo menos lo había intentado, el monstruo levantaba la copa y brindaba diciendo: -mae, ¡regla numero once!, cuando tengan que decir mierdero digan mierdero, no se les ocurra decir otra cosa por favor, y si hay que decir hijueputa diganlo así, no hay mejor manera.
Entonces Edgar Allan, con esa mezcla de idealismo, ingenuidad y reveldía tan típica de los adolescentes, preguntó: -don Rubén, ¿y si tenemos que decir algo bonito, como lo decimos?
Y el monstruo fue tan terminante como pudo: -¿si tienen que decir algo bonito?... buena pregunta, pues si asi tiene que ser, entonces que sea lo más bello que jamás soñaron, pero en mi opinión, si tienen que decir algo bonito van a escribir basura, la vida no es bonita, solo la superficie, y los buenos escritores no se quedan en la superficie.
Cuando más tarde quedó solo, luego de que Edgar Allan y Katia se fueran alegando cansancio, pero en realidad hacía rato que se tenían ganas, el llegó a la conclusión después de sesudas reflexiones, de que ya no le hacía nada bien la bebida, o que tal vez nunca le había hecho bien, o que más que seguro que siempre le había hecho mal. Y que si no encontraba pronto a Estrella se iba a quedar solo en este mundo hostil y pernicioso, miren quien habla, pero si la encontraba y ella no lo amaba, o era indiferente y le daba lo mismo el monstruo que una cucaracha, o tal vez ni siquiera se acordaba de él, o peór aún, estaba demacrada y con hijos, o hermosa pero felizmente casada, o en fin... que si vamos a seguir los desvaríos de un borrachin esto se puede tornar aburridisimo.
La conclusión fué que se quedaría solo y borracho, debía dejar la bebida lo más pronto posible, encontrar algún grupo de autoayuda que le calzase como anillo al dedo.
De repente, en medio de estas sesudas reflexiones, sonó el celular, y se dijo sin saber por que:
-cuidado, puede ser el destino.
Y atendió: -¡sii! ¿quien habla?
-rubencito, mi amor, soy yo, Gisell López.
-diai, ¿que hubo mi amor, pura vida?
-si, si, te tengo una buena noticia, pero te la quiero dar personalmente para verte la cara.
-okey mae, pero mejor mañana temprano, ahora tuve un ataque de culpa en medio de una borrachera, algo que no le recomiendo a nadie, ¿que tal si almorzamos?
-me parece bien, ¿que tal a la una en el hotel Costa Rica?
-okey mae, twanis, la veo ahí, un besito.
-si, otro para vos, andate a dormir.
Se fué a dormir.
Y he aquí, ho lector, que Gisell López había hecho lo que cualquiera que no fuese el monstruo, y por lo tanto tuviese dos dedos de frente para usar en la vida real, hubiese hecho, buscó en internet, y en la recién inaugurada faceboock y, adivinen que, dió con Estrella.
En el encuentro que tuvieron al otro día para almorzar en el hotel Costa Rica, escenario de intrigas internacionales, donde las niñas ticas se ofrecen a los jubilados Yankis que vienen a descansar luego de haber bombardeado el mundo, o a los burguses y aristocratas locales, Giselle López trató de decirselo sin que lo afecte demasiado, pues había visto su reacción del día aquel, pero no encontrando un modo sutil, se lo descerrajó en la jeta sin aspavientos y sin vaselina:
-mae, encontré a tu Estrella.
El monstruo se puso verde.
Luego de los minutos en que le costó recobrar el habla y su pulso normal, pudo decir: -okey mae, ya vengo, voy al baño. Allí se miró al espejo preguntándose: -¿y ahora que te pasa hijueputa?
Y se sentó pues le había dado diarrea.
En todo ese tiempo, Giselle López pudo corroborar que, como siempre había supuesto, el monstruo lejos de ser el maldito que aparentaba ser, era en el fondo un tonto romantico, como tal vez lo son en el fondo todos los auténticos malditos.
Después de todo eso, el monsruo volvió del baño, se sentó con sigilo, y preguntó en voz mesurada: -okey mae, ¿y donde está?
Entonces ella le tiró sobre la mesa una página recién impresa cuya tinta estaba fresca, y que contenía los datos de su amada, luego le hizo las indicaciones pertinentes sobre como abrir una nueva cuenta de Faceboock.
Y el monstruo se quedó mudo otra vez.
Pasó una semana entera dandose valor para tomar contacto con ella, semana esta en que andubo algo aturdido y teniendo algunos traumas existenciales, con muchas preguntas, sintiendose nuevamente un cobarde, así que tal vez lo era.
Lo que había soñado durante veinte años de huír, finalmente había tocado a su puerta, y ahora le faltaba valor para enfrentar ese destino. Valla una frase de mierda, pensó, iba a incluírla en los ejemplos de frases que jamás deben escribirse, y sin embargo no había otra manera mejor de decirlo, VALOR PARA ENFRENTAR EL DESTINO.
Entonces Edgar Allan, con esa mezcla de idealismo, ingenuidad y reveldía tan típica de los adolescentes, preguntó: -don Rubén, ¿y si tenemos que decir algo bonito, como lo decimos?
Y el monstruo fue tan terminante como pudo: -¿si tienen que decir algo bonito?... buena pregunta, pues si asi tiene que ser, entonces que sea lo más bello que jamás soñaron, pero en mi opinión, si tienen que decir algo bonito van a escribir basura, la vida no es bonita, solo la superficie, y los buenos escritores no se quedan en la superficie.
Cuando más tarde quedó solo, luego de que Edgar Allan y Katia se fueran alegando cansancio, pero en realidad hacía rato que se tenían ganas, el llegó a la conclusión después de sesudas reflexiones, de que ya no le hacía nada bien la bebida, o que tal vez nunca le había hecho bien, o que más que seguro que siempre le había hecho mal. Y que si no encontraba pronto a Estrella se iba a quedar solo en este mundo hostil y pernicioso, miren quien habla, pero si la encontraba y ella no lo amaba, o era indiferente y le daba lo mismo el monstruo que una cucaracha, o tal vez ni siquiera se acordaba de él, o peór aún, estaba demacrada y con hijos, o hermosa pero felizmente casada, o en fin... que si vamos a seguir los desvaríos de un borrachin esto se puede tornar aburridisimo.
La conclusión fué que se quedaría solo y borracho, debía dejar la bebida lo más pronto posible, encontrar algún grupo de autoayuda que le calzase como anillo al dedo.
De repente, en medio de estas sesudas reflexiones, sonó el celular, y se dijo sin saber por que:
-cuidado, puede ser el destino.
Y atendió: -¡sii! ¿quien habla?
-rubencito, mi amor, soy yo, Gisell López.
-diai, ¿que hubo mi amor, pura vida?
-si, si, te tengo una buena noticia, pero te la quiero dar personalmente para verte la cara.
-okey mae, pero mejor mañana temprano, ahora tuve un ataque de culpa en medio de una borrachera, algo que no le recomiendo a nadie, ¿que tal si almorzamos?
-me parece bien, ¿que tal a la una en el hotel Costa Rica?
-okey mae, twanis, la veo ahí, un besito.
-si, otro para vos, andate a dormir.
Se fué a dormir.
Y he aquí, ho lector, que Gisell López había hecho lo que cualquiera que no fuese el monstruo, y por lo tanto tuviese dos dedos de frente para usar en la vida real, hubiese hecho, buscó en internet, y en la recién inaugurada faceboock y, adivinen que, dió con Estrella.
En el encuentro que tuvieron al otro día para almorzar en el hotel Costa Rica, escenario de intrigas internacionales, donde las niñas ticas se ofrecen a los jubilados Yankis que vienen a descansar luego de haber bombardeado el mundo, o a los burguses y aristocratas locales, Giselle López trató de decirselo sin que lo afecte demasiado, pues había visto su reacción del día aquel, pero no encontrando un modo sutil, se lo descerrajó en la jeta sin aspavientos y sin vaselina:
-mae, encontré a tu Estrella.
El monstruo se puso verde.
Luego de los minutos en que le costó recobrar el habla y su pulso normal, pudo decir: -okey mae, ya vengo, voy al baño. Allí se miró al espejo preguntándose: -¿y ahora que te pasa hijueputa?
Y se sentó pues le había dado diarrea.
En todo ese tiempo, Giselle López pudo corroborar que, como siempre había supuesto, el monstruo lejos de ser el maldito que aparentaba ser, era en el fondo un tonto romantico, como tal vez lo son en el fondo todos los auténticos malditos.
Después de todo eso, el monsruo volvió del baño, se sentó con sigilo, y preguntó en voz mesurada: -okey mae, ¿y donde está?
Entonces ella le tiró sobre la mesa una página recién impresa cuya tinta estaba fresca, y que contenía los datos de su amada, luego le hizo las indicaciones pertinentes sobre como abrir una nueva cuenta de Faceboock.
Y el monstruo se quedó mudo otra vez.
Pasó una semana entera dandose valor para tomar contacto con ella, semana esta en que andubo algo aturdido y teniendo algunos traumas existenciales, con muchas preguntas, sintiendose nuevamente un cobarde, así que tal vez lo era.
Lo que había soñado durante veinte años de huír, finalmente había tocado a su puerta, y ahora le faltaba valor para enfrentar ese destino. Valla una frase de mierda, pensó, iba a incluírla en los ejemplos de frases que jamás deben escribirse, y sin embargo no había otra manera mejor de decirlo, VALOR PARA ENFRENTAR EL DESTINO.
domingo, 18 de julio de 2010
capítulo veintiuno
Cuando el monstruo, después de vivir en Colombia viajó a la Argentina con una buena cantidad de droga en el equipaje y fué descubierto, pasó poco más de un año tras las rejas, tiempo que aprovechó para leer y escribir, y hacer mucho ejercicio, no teniendo en ese tiempo nada digno de contarse, más allá de un par de episodios violentos.
Al salir de allí, se dedicó a buscar trabajo como escritor, periodista literario ó traductor, pues le debía al hecho, circunstancial por cierto, de haber nacido en cuna de oro, el saber leer y escribir en inglés, además de hablarlo a la perfección. Y he aquí que la suerte jugó de su lado en todas sus aspiraciones, porque la suerte juega del lado de las mentes preparadas, entonces logró que le publicaran un libro de poémas y una novela, titulados "vacuidad" y "escuela de control mental" respectivamente, además de algunos relatos en revistas. También consiguió entrevistar para una revista que recién se iniciaba, a dos de sus escritores favoritos, y asistió a algúnos talleres literarios de escritores de segundo orden, o tal vez del tercero, pero en todo caso, muy buenos para dar consejos sobre lo que debe y no debe hacerse a la hora de escribir, por supuesto que el monstruo sacó sus propias conclusiones.
Pero más allá de todo esto, que dicho sea de paso lo hizo tocar su cielo con las manos, el monstruo hubiera considerado insuficiente su experiencia vital, en aquel remoto país, de no ser porque una tarde, en la ciudad de La Plata, a la que acudiera a un recital de poesía, aburrido como pocos por cierto, conoció a la artísta plastica Graciela Franccini, de la cual luego fué pareja varios años.
Fué así: el recital transcurría en el complejo cultural Dardo Rocha, la tarde en que le tocó leer al monstruo fué particularmente gris y depresiva, y varios de los poétas más aburridos del mundo compartían la fecha con él, por lo que nuestro amigo Rubén Arrieta, el poéta venido de Centroamérica, en fin, etc... que describe la realidad de nuestra América de modo visceral, bla bla..., y que yá había leído, se escabulló de aquel salón atestado de freeks y copetudos en corbata, y con la excusa de buscar el baño se fué a recorrer aquel gigantezco e imponente edificio, de una manzana de diametro y varios pisos de alto, con sinuosas escaleras y pasillos, y que según alguien le dijo databa de la época de la fundación de la ciudad que yá cumplía cientodiesiseis años, y que además había sido la primera estación de trenes en la época de vacas gordas y manteca al techo.
Tan grande era, y tan laberíntico, o tal vez no tanto pero así le pareció, que se perdió.
Luego recordaría para toda su vida aquel momento de confusión, pues buscando una puerta o un pasillo reconocible, dio con el salón donde Graciela Franccini inauguraba una exposición con sus últimas obras, primero le llamó la atención al monstruo él gentío, y de este una hembra en particular, y las copitas que se ofrecían, luego los monumentales cuadros, y finalmente, cuando se enteró de que aquella a la que no le había sacado los ojos de encima, y que tampoco se los sacaba a él, la portadora de semejante monumento al culo, pues dicho sea de paso fue lo primero que le vió, resulto ser la pintora, entonces todo el arsenal de su potencial seductor, que no es poco, un tipo fino y elegante, etc...fue teledirigido a conquistarla.
Y cuando al acercarse por atrás y tomarla del brazo para, sutil pero firmemente, darla vuelta hacia él, le dijo: -disculpáme pero te quiero felicitar, quedé muy impresionado con tus pinturas. Aunque, de la manera que la miró y se lo dijo, ella y todos los presentes, y tal vez tu, lector, se dieron cuenta de que en realidad le estaba queriendo decir, más o menos, esto: -te la quiero meter una hora sin parar y después bañarnos juntos.
Desde ese momento no dejaronde mirarse y hablar de arte todo el tiempo que duró el evento, el abandonó definitivamente el recital, y ella dejó de lado a sus invitados.
Los que, eventualmente, pasaban cerca de ellos y escuchaban algo de esa charla privada, lograban entender que cuando ella le decía: -yo hago arte con desechos urbanos para hablar de el tiempo y la destrucción. Lo que en verdad estaba queriendo decirle era: -papito que ganas de chupartela y tragarme toda la leche.
Y cuando el monstruo le propuso: - me encantaría escribir una nota de tu muestra en la revista, ella entonces entendió el metamensaje, que no vamos a traducir aquí para que no me tilden de pornográfico y erotómano irremediable, y ambos escaparon del mundanal ruido a una luna de miel que duró, en principio, varios días.
Aquella perra infernal de pelo lacio negro por la cintura, y ojos delineados a lo vamp, que parecía salida de una comedia de Olmedo y Porcel, era el mejor ejemplo de morocha argentina que hubiera visto el monstruo jamás.
Al salir de allí, se dedicó a buscar trabajo como escritor, periodista literario ó traductor, pues le debía al hecho, circunstancial por cierto, de haber nacido en cuna de oro, el saber leer y escribir en inglés, además de hablarlo a la perfección. Y he aquí que la suerte jugó de su lado en todas sus aspiraciones, porque la suerte juega del lado de las mentes preparadas, entonces logró que le publicaran un libro de poémas y una novela, titulados "vacuidad" y "escuela de control mental" respectivamente, además de algunos relatos en revistas. También consiguió entrevistar para una revista que recién se iniciaba, a dos de sus escritores favoritos, y asistió a algúnos talleres literarios de escritores de segundo orden, o tal vez del tercero, pero en todo caso, muy buenos para dar consejos sobre lo que debe y no debe hacerse a la hora de escribir, por supuesto que el monstruo sacó sus propias conclusiones.
Pero más allá de todo esto, que dicho sea de paso lo hizo tocar su cielo con las manos, el monstruo hubiera considerado insuficiente su experiencia vital, en aquel remoto país, de no ser porque una tarde, en la ciudad de La Plata, a la que acudiera a un recital de poesía, aburrido como pocos por cierto, conoció a la artísta plastica Graciela Franccini, de la cual luego fué pareja varios años.
Fué así: el recital transcurría en el complejo cultural Dardo Rocha, la tarde en que le tocó leer al monstruo fué particularmente gris y depresiva, y varios de los poétas más aburridos del mundo compartían la fecha con él, por lo que nuestro amigo Rubén Arrieta, el poéta venido de Centroamérica, en fin, etc... que describe la realidad de nuestra América de modo visceral, bla bla..., y que yá había leído, se escabulló de aquel salón atestado de freeks y copetudos en corbata, y con la excusa de buscar el baño se fué a recorrer aquel gigantezco e imponente edificio, de una manzana de diametro y varios pisos de alto, con sinuosas escaleras y pasillos, y que según alguien le dijo databa de la época de la fundación de la ciudad que yá cumplía cientodiesiseis años, y que además había sido la primera estación de trenes en la época de vacas gordas y manteca al techo.
Tan grande era, y tan laberíntico, o tal vez no tanto pero así le pareció, que se perdió.
Luego recordaría para toda su vida aquel momento de confusión, pues buscando una puerta o un pasillo reconocible, dio con el salón donde Graciela Franccini inauguraba una exposición con sus últimas obras, primero le llamó la atención al monstruo él gentío, y de este una hembra en particular, y las copitas que se ofrecían, luego los monumentales cuadros, y finalmente, cuando se enteró de que aquella a la que no le había sacado los ojos de encima, y que tampoco se los sacaba a él, la portadora de semejante monumento al culo, pues dicho sea de paso fue lo primero que le vió, resulto ser la pintora, entonces todo el arsenal de su potencial seductor, que no es poco, un tipo fino y elegante, etc...fue teledirigido a conquistarla.
Y cuando al acercarse por atrás y tomarla del brazo para, sutil pero firmemente, darla vuelta hacia él, le dijo: -disculpáme pero te quiero felicitar, quedé muy impresionado con tus pinturas. Aunque, de la manera que la miró y se lo dijo, ella y todos los presentes, y tal vez tu, lector, se dieron cuenta de que en realidad le estaba queriendo decir, más o menos, esto: -te la quiero meter una hora sin parar y después bañarnos juntos.
Desde ese momento no dejaronde mirarse y hablar de arte todo el tiempo que duró el evento, el abandonó definitivamente el recital, y ella dejó de lado a sus invitados.
Los que, eventualmente, pasaban cerca de ellos y escuchaban algo de esa charla privada, lograban entender que cuando ella le decía: -yo hago arte con desechos urbanos para hablar de el tiempo y la destrucción. Lo que en verdad estaba queriendo decirle era: -papito que ganas de chupartela y tragarme toda la leche.
Y cuando el monstruo le propuso: - me encantaría escribir una nota de tu muestra en la revista, ella entonces entendió el metamensaje, que no vamos a traducir aquí para que no me tilden de pornográfico y erotómano irremediable, y ambos escaparon del mundanal ruido a una luna de miel que duró, en principio, varios días.
Aquella perra infernal de pelo lacio negro por la cintura, y ojos delineados a lo vamp, que parecía salida de una comedia de Olmedo y Porcel, era el mejor ejemplo de morocha argentina que hubiera visto el monstruo jamás.
capítulo veinte
En su primera lección, los aspirantes a escritores aprendieron, que si a pesar de lo que había dicho Roberto Bolaño, que mejor que escribir es leer, ellos no se daban por vencidos e insistían en querer pasarla peór, entonces deberían, como bien dijo Ciorán, escribir solamente lo que jamás le confesarían a nadie.
Su nuevo e improvisado profe, comodamente instalado en un departamentico de barrio San Pedro les dijo así: no quiero engañarlos, nadie puede enseñarles a escribir, puedo si, enseñarles técnicas, métodos, trucos para que se estimulen, hacer críticas certeras de lo que ustedes van produciendo, pues desde el primer día van a tener que producir. Entonces, para empezar, van a escribir una espécie de decálogo, con las reglas que a mi parecer, son de oro:
Regla numero uno: no hay temas menores, hay escritores buenos, medianos y mediocres, que escriben sobre cualquier cosa que se les plazca. El resultado no depende del tema sino de quien lo escriba.
Regla numero dos: por cada cosa interesante que puedan llegar a escribir, van a escibir cien cosas estúpidas, traten de minimizar ese efécto, el efécto estupidez, tan en boga entre los escritores actuales.
Regla numero tres: cualquier cosa que escriban y les parezca buena debe pasar, antes de considerarse realmente buena, la prueba del tiempo, que va de seis meses a un año, si después de ese tiempo aún les parece buen material, probablemente lo sea.
Regla numero cuatro: mejor es escribir poco y bien, que escribir mucha mierda. Muchos escritores rompen esta regla porque no pueden con su ego, el ego es el peór enemigo de cualquier persona, pero para un escritor es un enemigo mortal.
Regla numero cinco: escribir bien es, también, saber mentir muy bien.
Regla numero seis: escribir bien es, también, decir la verdad.
Regla numero siete: el que nació para escribir, se va a pudrir escribiendo, el que no pues no.
Regla numero ocho: los que dicen que mejor que escribir es vivir, están completamente
equivocados, los que dicen lo contrario también.
Regla numero nueve: jamás sean complacientes con el público y con el mercado.
Regla numero diez: traten de no ser insoportables, el público y el mercado se los agradecerán.
-Entonces, esas son las reglas básicas, más alguna que se me escapa ahora, espero que hayan anotado todo o que tengan memoria de elefante, porque no megusta repetir las cosas, así que de ahora en adelante anoten todo lo que digo.
-¿Y ahora que hacemos profe? (preguntó Katia)
-Ahora cierren los cuadernos, y como tarea traigan un relato de una sola página para la próxima lección, y vamos a beber guaro, o a fumar motica, o a culear, que para saber escribir, primero hay que saber morir.
Su nuevo e improvisado profe, comodamente instalado en un departamentico de barrio San Pedro les dijo así: no quiero engañarlos, nadie puede enseñarles a escribir, puedo si, enseñarles técnicas, métodos, trucos para que se estimulen, hacer críticas certeras de lo que ustedes van produciendo, pues desde el primer día van a tener que producir. Entonces, para empezar, van a escribir una espécie de decálogo, con las reglas que a mi parecer, son de oro:
Regla numero uno: no hay temas menores, hay escritores buenos, medianos y mediocres, que escriben sobre cualquier cosa que se les plazca. El resultado no depende del tema sino de quien lo escriba.
Regla numero dos: por cada cosa interesante que puedan llegar a escribir, van a escibir cien cosas estúpidas, traten de minimizar ese efécto, el efécto estupidez, tan en boga entre los escritores actuales.
Regla numero tres: cualquier cosa que escriban y les parezca buena debe pasar, antes de considerarse realmente buena, la prueba del tiempo, que va de seis meses a un año, si después de ese tiempo aún les parece buen material, probablemente lo sea.
Regla numero cuatro: mejor es escribir poco y bien, que escribir mucha mierda. Muchos escritores rompen esta regla porque no pueden con su ego, el ego es el peór enemigo de cualquier persona, pero para un escritor es un enemigo mortal.
Regla numero cinco: escribir bien es, también, saber mentir muy bien.
Regla numero seis: escribir bien es, también, decir la verdad.
Regla numero siete: el que nació para escribir, se va a pudrir escribiendo, el que no pues no.
Regla numero ocho: los que dicen que mejor que escribir es vivir, están completamente
equivocados, los que dicen lo contrario también.
Regla numero nueve: jamás sean complacientes con el público y con el mercado.
Regla numero diez: traten de no ser insoportables, el público y el mercado se los agradecerán.
-Entonces, esas son las reglas básicas, más alguna que se me escapa ahora, espero que hayan anotado todo o que tengan memoria de elefante, porque no megusta repetir las cosas, así que de ahora en adelante anoten todo lo que digo.
-¿Y ahora que hacemos profe? (preguntó Katia)
-Ahora cierren los cuadernos, y como tarea traigan un relato de una sola página para la próxima lección, y vamos a beber guaro, o a fumar motica, o a culear, que para saber escribir, primero hay que saber morir.
sábado, 29 de mayo de 2010
capítulo diecinueve
Cuando Estrella tenía once años fué violada por su padre.
Eso se convirtió en un secreto entre ella y su madre, pues el tipo, aunque por un tiempo también compartió el secreto, no pudo hacerlo por mucho, o sí, pero en la tumba, ya que la niña lo envenenó con veneno para ratas.
No queriendo ser una victima de las cicunstancias, suceptible de ser violada otras veces, o de vivir con miedo de los hombres, ella tomó las riendas de su destino.
Si, una frase tan trillada puede ser a veces, también profunda.
Esos dos actos de su vida, ¡violación y asesinato!, como titularía un periodico amarillista, esos dos actos entonces, la convirtieron en una niña solitaria y fuerte, firme en sus convicciones, capaz de amar y de matar.
Esa fué la niña que el monstruo conoció, por supuesto sin saberlo, la niña que se lo llevó a la cama, y no al revés, como le gustaba pensar.
Cuando después de dos años de una vertiginosa relación, en la que hacieron literalmente TODO, inclusive robar a mano armada, orgías, etc..., cuando después de esos dos años, el huyó como un imbécil, Estrella cayó en desgracia.
Alguien descubrió su crimen, alguien la identificó por los robos, y así terminó en prisión. Allí pasó indecibles martirios, hasta que un guardacárceles se enamoro de ella, y usando sus influencias, pues tenía algunos negocios turbios con el director del presidio, logró sacarla y devolverla a su hogar, dulce hogar.
Si querían, lectores, algún relato romántico y a la vez rebuscado, han encontrado la horma de su zapato, no saben hasta que punto.
En su confusión y exitación, la niña ya no sabía si amaba al monstruo, y al no tenerlo a mano para poder decidirse, correspondió al amor del guardacárceles.
Al poco tiempo de haber vuelto a su hogar, conoció al hermano del gurdacárceles, que también se enamoró de ella, y ya un polvo es como un vaso de agua, correspondió también a este otro.
Esos eran entonces, los hermanos Ramirez, uno guardacárceles y el otro policía rural, con un turbio pasado del que ya nos vamos a enterar. Marcos y Julián Ramirez.
De repente ella se enteró que había quedado embarazada, pero no sabía de cual de los dos.
Los hermanos Ramirez no sabían a su vez, que la chica juegaba con ellos, pero lo sospechaban, ambos sentían que podían ser los padres de la criatura pero también que no, se amaban como hermanos, pero se odiaban también como hermanos.
Cuando la madre de ella se enteró del embarazo la echó de la casa, mudó después a toda la familia porque no soportó los rumores, y Estrella fue a dar con sus huesos a casa de los Ramirez, una casa alquilada, humilde pero amplia y confortable, que más adelante compraron.
En ese, su palacio, Estrella mantuvo mientras pudo, su poder de dominio sobre los hermanos.
Había algo más, algo que nadie sabía en esta historia, y era que la bebita que estaba por nacer, y que pronto nació, no era hija de ninguno de los Ramirez, ¿de quien entonces?, algo muy siniestro, o muy bello, aqui depende de las creencias de cada quien, le ocurrió en prisión a la madre mientras dormía o estaba drogada, algo de lo que nos enteraremos luego.
La pequeña, llamada Karen, creció en aquel ambiente hostil y se desarrolló, tanto que ahora tenía casi dieciocho y era igual a su madre, y es la persona que el monstruo creyó ver aquellas dos veces, y que de verdad había visto, pues no hay otra melena igual a esas dos en toda Costa Rica.
La pequeña, llamada Karen, es una apasionada lectora amante de la poesía, y por tal motivo acudió aquella vez a al universidad de Heredia.
En fin, que aunque todo esto parezca rebuscado, amable y paciente lector, debes saber que algunas veces, sino cada semana, las noticias de la prensa parecen obra de algún delirante y descarriado escritor de novelas, y que muy lejos está este relato, de pretenderse una telenovela mexicana, muy por el contrario, este relato avanza como una topadora destruyendo obiedades a su paso, por caminos insospechados, como la vida, y llegará a su punto culminante, cuando el monstruo y los hermanos Ramirez, como en un spagetti western, protagonicen un tiroteo por las intrincadas calles de San José. Pero para eso todavía falta.
Ahora, pensaba el monstro fríamente, ¿cuantas posibilidades reales había, de que Estrella sea la misma, esté mas bella, y aún lo ame?
Tal vez una entre diez.
La pobre Karen, que habiendo escuchado historias de la guerra de Vietnam, cuando las mujeres se ponían gilettes en sus vaginas para que los marines estadounidenses se corten al intentar violarlas, hizo por su parte lo propio, pues el guardacarceles borracho, al verla igual a la madre quiso abusar de ella, y terminó perdiendo mucha sangre, pues la ambulancia se demoró en llegar.
Perder sangre tan estúpidamente, habiendo gente que necesita una transfusión, pensó Karen mientras huía de su casa jurándose jamás volver.
Y se fué a vender su cuerpo, casi una niña, por las calles de una ciudad y un mundo, nos guste o nó, cada vez más incomprensible y descontrolado.
No hay dios, no hay plan, dijo en medio de dos escupitajos Charles Bukowsky.
Ahora la vida de Estrella transcurría, entre la duda por no saber que carcel era peór, si la del estado o la de los hermanos Ramirez, y la culpa por la huída de la pequeña Karen.
Si por lo menos no hubieras huído, se decía pensando en Rubén, si al menos el infierno te mandara de vuelta...
Eso se convirtió en un secreto entre ella y su madre, pues el tipo, aunque por un tiempo también compartió el secreto, no pudo hacerlo por mucho, o sí, pero en la tumba, ya que la niña lo envenenó con veneno para ratas.
No queriendo ser una victima de las cicunstancias, suceptible de ser violada otras veces, o de vivir con miedo de los hombres, ella tomó las riendas de su destino.
Si, una frase tan trillada puede ser a veces, también profunda.
Esos dos actos de su vida, ¡violación y asesinato!, como titularía un periodico amarillista, esos dos actos entonces, la convirtieron en una niña solitaria y fuerte, firme en sus convicciones, capaz de amar y de matar.
Esa fué la niña que el monstruo conoció, por supuesto sin saberlo, la niña que se lo llevó a la cama, y no al revés, como le gustaba pensar.
Cuando después de dos años de una vertiginosa relación, en la que hacieron literalmente TODO, inclusive robar a mano armada, orgías, etc..., cuando después de esos dos años, el huyó como un imbécil, Estrella cayó en desgracia.
Alguien descubrió su crimen, alguien la identificó por los robos, y así terminó en prisión. Allí pasó indecibles martirios, hasta que un guardacárceles se enamoro de ella, y usando sus influencias, pues tenía algunos negocios turbios con el director del presidio, logró sacarla y devolverla a su hogar, dulce hogar.
Si querían, lectores, algún relato romántico y a la vez rebuscado, han encontrado la horma de su zapato, no saben hasta que punto.
En su confusión y exitación, la niña ya no sabía si amaba al monstruo, y al no tenerlo a mano para poder decidirse, correspondió al amor del guardacárceles.
Al poco tiempo de haber vuelto a su hogar, conoció al hermano del gurdacárceles, que también se enamoró de ella, y ya un polvo es como un vaso de agua, correspondió también a este otro.
Esos eran entonces, los hermanos Ramirez, uno guardacárceles y el otro policía rural, con un turbio pasado del que ya nos vamos a enterar. Marcos y Julián Ramirez.
De repente ella se enteró que había quedado embarazada, pero no sabía de cual de los dos.
Los hermanos Ramirez no sabían a su vez, que la chica juegaba con ellos, pero lo sospechaban, ambos sentían que podían ser los padres de la criatura pero también que no, se amaban como hermanos, pero se odiaban también como hermanos.
Cuando la madre de ella se enteró del embarazo la echó de la casa, mudó después a toda la familia porque no soportó los rumores, y Estrella fue a dar con sus huesos a casa de los Ramirez, una casa alquilada, humilde pero amplia y confortable, que más adelante compraron.
En ese, su palacio, Estrella mantuvo mientras pudo, su poder de dominio sobre los hermanos.
Había algo más, algo que nadie sabía en esta historia, y era que la bebita que estaba por nacer, y que pronto nació, no era hija de ninguno de los Ramirez, ¿de quien entonces?, algo muy siniestro, o muy bello, aqui depende de las creencias de cada quien, le ocurrió en prisión a la madre mientras dormía o estaba drogada, algo de lo que nos enteraremos luego.
La pequeña, llamada Karen, creció en aquel ambiente hostil y se desarrolló, tanto que ahora tenía casi dieciocho y era igual a su madre, y es la persona que el monstruo creyó ver aquellas dos veces, y que de verdad había visto, pues no hay otra melena igual a esas dos en toda Costa Rica.
La pequeña, llamada Karen, es una apasionada lectora amante de la poesía, y por tal motivo acudió aquella vez a al universidad de Heredia.
En fin, que aunque todo esto parezca rebuscado, amable y paciente lector, debes saber que algunas veces, sino cada semana, las noticias de la prensa parecen obra de algún delirante y descarriado escritor de novelas, y que muy lejos está este relato, de pretenderse una telenovela mexicana, muy por el contrario, este relato avanza como una topadora destruyendo obiedades a su paso, por caminos insospechados, como la vida, y llegará a su punto culminante, cuando el monstruo y los hermanos Ramirez, como en un spagetti western, protagonicen un tiroteo por las intrincadas calles de San José. Pero para eso todavía falta.
Ahora, pensaba el monstro fríamente, ¿cuantas posibilidades reales había, de que Estrella sea la misma, esté mas bella, y aún lo ame?
Tal vez una entre diez.
La pobre Karen, que habiendo escuchado historias de la guerra de Vietnam, cuando las mujeres se ponían gilettes en sus vaginas para que los marines estadounidenses se corten al intentar violarlas, hizo por su parte lo propio, pues el guardacarceles borracho, al verla igual a la madre quiso abusar de ella, y terminó perdiendo mucha sangre, pues la ambulancia se demoró en llegar.
Perder sangre tan estúpidamente, habiendo gente que necesita una transfusión, pensó Karen mientras huía de su casa jurándose jamás volver.
Y se fué a vender su cuerpo, casi una niña, por las calles de una ciudad y un mundo, nos guste o nó, cada vez más incomprensible y descontrolado.
No hay dios, no hay plan, dijo en medio de dos escupitajos Charles Bukowsky.
Ahora la vida de Estrella transcurría, entre la duda por no saber que carcel era peór, si la del estado o la de los hermanos Ramirez, y la culpa por la huída de la pequeña Karen.
Si por lo menos no hubieras huído, se decía pensando en Rubén, si al menos el infierno te mandara de vuelta...
capítulo dieciocho
Con la novela publicada y las crónicas en el periódico, viendo que se hacía dificil dar con su musa, lo cual era ya una posibilidad al iniciar la busqueda, el monstruo decidió entonces instalarse.
Trazó algún escueto plan para garantizarse un mayor ingreso de divisas, tenía seguro que no quería terminar sus días de político ni de narco, y vió que lo que más le cuadraba era dar, por que no, algún taller literario, un tipo de su prestigio, etc...
Su novela había recibido, casi en igual medida, comentarios a favor y en contra por parte de la crítica especializada y el público, los más ortódoxos dictaminaron que lo del monstruo era un bleff, un invento, que no se lo habían tragado en otros países, y que ahora lo quería meter en Costa Rica, apelando a los nostálgicos que se creían sus embustes, y a los chiquillos inexpertos que se dejaban seducir por sus fuegos artificiales. El monstruo se sonrió leyendo estos comentarios, pensando en lo que tenían de cierto.
Los más fanáticos lo endiosaron al punto de decir, que tal vez solamente una vez por siglo, nace un escritor con esas ambiciones y apetito por decirlo todo, y que los que no lo leyeran yá, de todas maneras tendrían que hacerlo tarde o temprano, pues estaba destinado al cánon. El montruo sonrió también al leer esto, pensando que no pretendía tanto. De todas maneras la novela ganó un concurso, en un dudoso fallo, haciendo enrojecer de furia a sus detractores.
Así que, entre una cosa y otra, el monstruo se encontró de repente muy bien instalado, en un departamento en San Pedro, dando un taller literario.
Sus primeros alumnos fueron Edgar Allan y Katia, a la que el monstruo tuvo que cobrarle en contante y sonante, pues había decidido dejar de colaborar con la prostitución infantil. Además había empezado a tratar de beber menos, inspirado por la ilusión de que al encontrar a su amada, debía estar medianamente sobrio y presentable.
¿Sería que se estaba volviendo viejo?, se preguntaba a si mismo. Tal vez finalmente había madurado bien.
Huelga decir que no siempre tenía éxito en la empresa que se había propuesto, y más de una vez salió de un bar a los pichazos y borracho, por alguna discusión estúpida. Los que han dejado de beber saben que no es tan sencillo como parece, un amigo al verlo mal le propuso llevarlo a un grupo de alcoholicos anónimos, y creanlo o nó, hasta allí fué nuestro héroe, a contar la novela de su vida.
Hoy no bebo, mañana no sé.
Esa frase no le gustó, necesitaba mayores precisiones, y como no se las dieron no volvió, pero al menos le sirvió para dejar de beber un tiempo.
Quien esto escribe, deve aclarar ahora un hecho que no se tuvo en cuenta antes, y que al monstruo se le empezó a ocurrir a raíz de su nuevo estado de sobriedad, y también de que empezara a conocerse como una persona nueva, pues nunca había estado sobrio, por lo menos no después de que a los catorce se emborrachara por vez primera.
Y es que se le dió por pensar que tal vez Estrella, ya no fuera la que conoció, era muy probable que no lo fuera. O sea, por ejemplo que pensara de una manera totalmente diferente a como pensaba hacía veinte años, o que físicamente estuviera muy cambiada, que tuviese una familia a la que atender, marido e hijos, de hecho le habían hablado de una niña, ¿sería suya o de otro?.
En fin, que todos estos elementos, juntos o de a uno, eran totalmente posibles, y la vaga idea de que fuese la misma persona, era solo eso, una vaga posibilidad remota.
Entonces, una molesta pregunta comenzó a perturbar el vasto mar de su conciencia, como el tañir de una campana de iglesia perturba a un pecador arrepentido: ¿no sería solo una obsesión, la búsqueda del amor perdido y juvenil?, ¿no sería, acaso, un escape fantasioso e inalcanzable, y con no pocas probabilidades de terminar frustrado?
Si, era muy probable que así fuese, se repetía a si mismo una y mil veces, a veces en vos alta, caminando solo por la calle, o sentado en el Chelles, o la que fuera la Soda Palace, contigua al antiguo Cine Palace (cine que luego albergó una cadena de comida rápida de cuyo nombre...), para más datos de los nostálgicos que aman el pasado.
Esperando verla pasar como hacía veinte años, el tiempo no vuelve mae...Pero, ¿y aquella melena pelirroja?, ¿un fantasma...?
Aunque existía también al menos una posibilidad, una en un millón, de que Estrella, a pesar de haber transcurrido veinte largos años, se matuviese tan hermosa como antes, o aún más, como les pasa a ciertas hembras, y de que fuera aquella misma persona que él conoció.
La perra más perfécta y aguerrida en la cama que jamás hubiese probado, y modestia aparte, había probado algunas.
El especimen más acabado de belleza femenina que hubiese visto, en sus cuarenta y pocos, y la única a la que de verdad había amado. Si eso no valía la pena buscar hasta la muerte, entonces no lo valía nada, solo esperaba no encontrarse con una gorda horripilante y fétida criando monstruitos.
Aunque en un arranque de ternura, pensó que aún así, gorda y horrible, la seguría amando, y luego se cagó de la risa de sus pensamientos, y se cagó de la risa de todo.
Y podía ser también, porque no, que ella aún lo amase y también lo estubiese buscando,a pesar de haber sido un cobarde. Una posibilidad entre mil, ya no un millón.
Pero había algo que el monstruo no sabía, pues no conoció ni por asomo a la verdadera Estrella.
Ahora, si me lo permites amable lector, vas a conocerla tú.
Trazó algún escueto plan para garantizarse un mayor ingreso de divisas, tenía seguro que no quería terminar sus días de político ni de narco, y vió que lo que más le cuadraba era dar, por que no, algún taller literario, un tipo de su prestigio, etc...
Su novela había recibido, casi en igual medida, comentarios a favor y en contra por parte de la crítica especializada y el público, los más ortódoxos dictaminaron que lo del monstruo era un bleff, un invento, que no se lo habían tragado en otros países, y que ahora lo quería meter en Costa Rica, apelando a los nostálgicos que se creían sus embustes, y a los chiquillos inexpertos que se dejaban seducir por sus fuegos artificiales. El monstruo se sonrió leyendo estos comentarios, pensando en lo que tenían de cierto.
Los más fanáticos lo endiosaron al punto de decir, que tal vez solamente una vez por siglo, nace un escritor con esas ambiciones y apetito por decirlo todo, y que los que no lo leyeran yá, de todas maneras tendrían que hacerlo tarde o temprano, pues estaba destinado al cánon. El montruo sonrió también al leer esto, pensando que no pretendía tanto. De todas maneras la novela ganó un concurso, en un dudoso fallo, haciendo enrojecer de furia a sus detractores.
Así que, entre una cosa y otra, el monstruo se encontró de repente muy bien instalado, en un departamento en San Pedro, dando un taller literario.
Sus primeros alumnos fueron Edgar Allan y Katia, a la que el monstruo tuvo que cobrarle en contante y sonante, pues había decidido dejar de colaborar con la prostitución infantil. Además había empezado a tratar de beber menos, inspirado por la ilusión de que al encontrar a su amada, debía estar medianamente sobrio y presentable.
¿Sería que se estaba volviendo viejo?, se preguntaba a si mismo. Tal vez finalmente había madurado bien.
Huelga decir que no siempre tenía éxito en la empresa que se había propuesto, y más de una vez salió de un bar a los pichazos y borracho, por alguna discusión estúpida. Los que han dejado de beber saben que no es tan sencillo como parece, un amigo al verlo mal le propuso llevarlo a un grupo de alcoholicos anónimos, y creanlo o nó, hasta allí fué nuestro héroe, a contar la novela de su vida.
Hoy no bebo, mañana no sé.
Esa frase no le gustó, necesitaba mayores precisiones, y como no se las dieron no volvió, pero al menos le sirvió para dejar de beber un tiempo.
Quien esto escribe, deve aclarar ahora un hecho que no se tuvo en cuenta antes, y que al monstruo se le empezó a ocurrir a raíz de su nuevo estado de sobriedad, y también de que empezara a conocerse como una persona nueva, pues nunca había estado sobrio, por lo menos no después de que a los catorce se emborrachara por vez primera.
Y es que se le dió por pensar que tal vez Estrella, ya no fuera la que conoció, era muy probable que no lo fuera. O sea, por ejemplo que pensara de una manera totalmente diferente a como pensaba hacía veinte años, o que físicamente estuviera muy cambiada, que tuviese una familia a la que atender, marido e hijos, de hecho le habían hablado de una niña, ¿sería suya o de otro?.
En fin, que todos estos elementos, juntos o de a uno, eran totalmente posibles, y la vaga idea de que fuese la misma persona, era solo eso, una vaga posibilidad remota.
Entonces, una molesta pregunta comenzó a perturbar el vasto mar de su conciencia, como el tañir de una campana de iglesia perturba a un pecador arrepentido: ¿no sería solo una obsesión, la búsqueda del amor perdido y juvenil?, ¿no sería, acaso, un escape fantasioso e inalcanzable, y con no pocas probabilidades de terminar frustrado?
Si, era muy probable que así fuese, se repetía a si mismo una y mil veces, a veces en vos alta, caminando solo por la calle, o sentado en el Chelles, o la que fuera la Soda Palace, contigua al antiguo Cine Palace (cine que luego albergó una cadena de comida rápida de cuyo nombre...), para más datos de los nostálgicos que aman el pasado.
Esperando verla pasar como hacía veinte años, el tiempo no vuelve mae...Pero, ¿y aquella melena pelirroja?, ¿un fantasma...?
Aunque existía también al menos una posibilidad, una en un millón, de que Estrella, a pesar de haber transcurrido veinte largos años, se matuviese tan hermosa como antes, o aún más, como les pasa a ciertas hembras, y de que fuera aquella misma persona que él conoció.
La perra más perfécta y aguerrida en la cama que jamás hubiese probado, y modestia aparte, había probado algunas.
El especimen más acabado de belleza femenina que hubiese visto, en sus cuarenta y pocos, y la única a la que de verdad había amado. Si eso no valía la pena buscar hasta la muerte, entonces no lo valía nada, solo esperaba no encontrarse con una gorda horripilante y fétida criando monstruitos.
Aunque en un arranque de ternura, pensó que aún así, gorda y horrible, la seguría amando, y luego se cagó de la risa de sus pensamientos, y se cagó de la risa de todo.
Y podía ser también, porque no, que ella aún lo amase y también lo estubiese buscando,a pesar de haber sido un cobarde. Una posibilidad entre mil, ya no un millón.
Pero había algo que el monstruo no sabía, pues no conoció ni por asomo a la verdadera Estrella.
Ahora, si me lo permites amable lector, vas a conocerla tú.
jueves, 27 de mayo de 2010
capítulo diecisiete
A raíz de su luego muy comentada aparición en la universidad, y de la entrevista, el monstruo recibió dos ofertas, una para publicar su novela, no le ofrecían una fortuna pero era algo, y además tendría prensa y difusión por otros medios, tal vez televisión, y eso obnubilaba su razón.
La otra propuesta le pareció más interesante, lo invitaron a escribir unas crónicas semanales del acontecer josefino, casi sin restricciones ni censura, en un conocido periódico, todo un adelanto para un país bastante pacato, toda una tentación para él. La paga era decente, aunque no jugosa.
Se puso entonces manos a la obra escribiendo algo como una carta de presentación para iniciar su nueva sección:
Crónicas del país de las ranas
"Si tenemos en cuenta que la historia de un país, se inscribe no solamente en la historia oficial, la que nos enseñan en los libros de escuelas y colegios, o la del discurso del poder económico-político, sino también en esos pequeños grandes sucesos, que el inconsciente colectivo del pueblo deja guardados en algún lugar marginal de la memoria, como al costado de la carretera central de la vida, en los caminos de tierra, y aparecen de vez en cuando en forma de anécdotas, mitos, rumores en voz baja, secretos a voces.
En ese sentido, la historia costarricense, como cualquier otra, está hecha no solo de héroes, sino además de villanos, miserables y asesinos, y muchas veces de anónimos.
El crimen de Alajuelita por ejemplo, o la pandilla de rateros llamada "los chapulines", que te abrían un tajo en la panza a plena luz del día para sacarte la billetera, o cualquier objeto que brillase, y que los más perspicaces sospecharon como un invento del entonces ministro de seguridad, que luego adquirió protagonismo, pues los puso en vereda dándoles trabajo y estudio.
Muchas veces se aprende más de un pueblo en sus crónicas policiales que en cualquier otro lugar.
O ese presidente, que lanzó su ridículo plan, "volver a la tierra", y sembró toda la ciudad de San José con pequeñas finquitas esquineras, tan paupérrimas que el transeúnte no se decidía, al verlas, entre reírse o llorar, en un país donde todavía, por ahora, la selva le gana constantemente la pelea al cemento.
Y aquel otro, muy anterior, que fué interrogado una vez sobre ciertos dineros públicos que habían desaparecido, el país entero espectánte, y solo atinó a decir: -¡no, si yo esa plata me la comí en confites! Era tan querido por el pueblo, que le festejaron la ocurrencia, y luego se supo que el dinero fué para un noble fin, una de las costumbres perdidas por la clase política.
Lo cierto es, que en ningún libro de historia están reseñados esos sucesos, ni tantos otros, y sin embargo ocurrieron. Con el fin de reparar esa laguna mental que nos imponen los que escriben la historia, es que han nacido estas crónicas, bienvenidos al país de las ranas".
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Una tarde, paseando con su primo Carlos por las calles del centro en automóvil, al monstruo le dió por recordar momentos idos con gran nostálgia, como el primer día de su llegada, solo que esta vez, su primo no estaba del mismo humor, y no fueron tan bien recibidos aquellos recuerdos.
-El problema de vivir en el pasado, mi querido primo, es que la memoria es sumamente selectiva, y nos pone trampas constantemente, o sea que elegimos lo que queremos recordar, y tapamos lo que no nos gusta, o nos lo tapan otros.
Otro de los peligros del pasado, es que no nos permita vivir el presente, es hermoso recordar, pero terrible perseguir fantásmas.
Mientras Carlos decía estas, hasta cierto punto sabias palabras, y el carro pasaba por el costado del mercado de la coca cola, una interminable fila de borrachos, indigentes y crackeros adornaba el paisaje, tirados en el piso sucios y malolientes. El monstruo pensó que su primo tenía razón, y que el futuro había llegado, de la peór manera, a su querida ciudad, y que toda sociedad de bienestar tiene sus chivos expiatórios.
Carlos terminó así su discurso: -el problema de la prostitución infantil, en este país no es incontrolable primito, lo que pasa es que a nadie le conviene que se arregle, porque es como la guerra, un buen negocio. El verdadero problema es el cliénte, y no solo los políticos o la policía.
El monstruo pensó en Estrella, no porque su primo hablara de putas, sino porque hacía veinte años que solo pensaba en ella.
La otra propuesta le pareció más interesante, lo invitaron a escribir unas crónicas semanales del acontecer josefino, casi sin restricciones ni censura, en un conocido periódico, todo un adelanto para un país bastante pacato, toda una tentación para él. La paga era decente, aunque no jugosa.
Se puso entonces manos a la obra escribiendo algo como una carta de presentación para iniciar su nueva sección:
Crónicas del país de las ranas
"Si tenemos en cuenta que la historia de un país, se inscribe no solamente en la historia oficial, la que nos enseñan en los libros de escuelas y colegios, o la del discurso del poder económico-político, sino también en esos pequeños grandes sucesos, que el inconsciente colectivo del pueblo deja guardados en algún lugar marginal de la memoria, como al costado de la carretera central de la vida, en los caminos de tierra, y aparecen de vez en cuando en forma de anécdotas, mitos, rumores en voz baja, secretos a voces.
En ese sentido, la historia costarricense, como cualquier otra, está hecha no solo de héroes, sino además de villanos, miserables y asesinos, y muchas veces de anónimos.
El crimen de Alajuelita por ejemplo, o la pandilla de rateros llamada "los chapulines", que te abrían un tajo en la panza a plena luz del día para sacarte la billetera, o cualquier objeto que brillase, y que los más perspicaces sospecharon como un invento del entonces ministro de seguridad, que luego adquirió protagonismo, pues los puso en vereda dándoles trabajo y estudio.
Muchas veces se aprende más de un pueblo en sus crónicas policiales que en cualquier otro lugar.
O ese presidente, que lanzó su ridículo plan, "volver a la tierra", y sembró toda la ciudad de San José con pequeñas finquitas esquineras, tan paupérrimas que el transeúnte no se decidía, al verlas, entre reírse o llorar, en un país donde todavía, por ahora, la selva le gana constantemente la pelea al cemento.
Y aquel otro, muy anterior, que fué interrogado una vez sobre ciertos dineros públicos que habían desaparecido, el país entero espectánte, y solo atinó a decir: -¡no, si yo esa plata me la comí en confites! Era tan querido por el pueblo, que le festejaron la ocurrencia, y luego se supo que el dinero fué para un noble fin, una de las costumbres perdidas por la clase política.
Lo cierto es, que en ningún libro de historia están reseñados esos sucesos, ni tantos otros, y sin embargo ocurrieron. Con el fin de reparar esa laguna mental que nos imponen los que escriben la historia, es que han nacido estas crónicas, bienvenidos al país de las ranas".
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Una tarde, paseando con su primo Carlos por las calles del centro en automóvil, al monstruo le dió por recordar momentos idos con gran nostálgia, como el primer día de su llegada, solo que esta vez, su primo no estaba del mismo humor, y no fueron tan bien recibidos aquellos recuerdos.
-El problema de vivir en el pasado, mi querido primo, es que la memoria es sumamente selectiva, y nos pone trampas constantemente, o sea que elegimos lo que queremos recordar, y tapamos lo que no nos gusta, o nos lo tapan otros.
Otro de los peligros del pasado, es que no nos permita vivir el presente, es hermoso recordar, pero terrible perseguir fantásmas.
Mientras Carlos decía estas, hasta cierto punto sabias palabras, y el carro pasaba por el costado del mercado de la coca cola, una interminable fila de borrachos, indigentes y crackeros adornaba el paisaje, tirados en el piso sucios y malolientes. El monstruo pensó que su primo tenía razón, y que el futuro había llegado, de la peór manera, a su querida ciudad, y que toda sociedad de bienestar tiene sus chivos expiatórios.
Carlos terminó así su discurso: -el problema de la prostitución infantil, en este país no es incontrolable primito, lo que pasa es que a nadie le conviene que se arregle, porque es como la guerra, un buen negocio. El verdadero problema es el cliénte, y no solo los políticos o la policía.
El monstruo pensó en Estrella, no porque su primo hablara de putas, sino porque hacía veinte años que solo pensaba en ella.
miércoles, 19 de mayo de 2010
capítulo dieciseis
Así llegaron a un restaurante a dos cuadras de la universidad, donde el poéta, en lugar del café, optó por una sopa de mariscos con mucho tabasco, pero ni así logró evitar un leve estado gripal y algunos estornudos, producto de su peregrinar bajo la lluvia en busca de un fantásma, o nó, luego lo sabremos. Se excusó diciendo que se había desacostumbrado a las lluvias tropicales.
Solo después de una birra, dizque para atenuar el picante, y luego si, un yodo, se sintió mejor.
-Ha, que rico cafecito mae, estaba harto del café colombiano que se consigue en Argentina.
Dijo para decir algo.
-Si es la misma vara, no jodás.
Dijo el chico, también para decir algo.
El monstruo iba a contestarle algo horrible, pero tuvo que salir corriendo al baño, donde se hechó una cagada, que al volver, calificó de histórica. Y entonces sí, ya más seriamente, recomendó a su ahora silencioso interlocutor, que tal como le dijera antes y como decía también Roberto Bolaño, mejor que escribir es leer. Pero que si insitía en ser un perdedor como él, tal vez podía indicarle algunos trucos.
-¿Y cual sería la primera lección?, digo, ya que estamos.
-Mae, vos no me has dicho tu nombre.
-Edgar Allan.
-Para escribir con ese nombre, vas a tener que esmerarte más de la cuenta, no todos se llaman Edgar Allan. La primera lección mi amigo es: tomarse un trago de guaro.
Salieron de aquel sitio entrada la noche, cantando y guareciéndose de la lluvia con el gran paraguas de Edgar Allan, bajo los techitos de madera y lata, el monstruo preguntó por Katia y Gisell López, pero el chico no sabía de que le estaba hablando.
Y lo que había pasado con las chicas era que al quedar solas, cuando el monstruo salió corriendo, las dos mujeres se miraron curiosas y embelezadas por sus respectivas bellezas, se presentaron ambas como amigas del poéta, y un pensamiento exáctamente igual cruzó por sus respectivas cabezas: ¡que rica está esta hijueputa!.
Entonces Gisell ofreció llevar a Katia en auto, dizque por la lluvia, y terminaron besándose apasionadamente en el auto bajo la cortina musical de la lluvia, y finalmente amándose en casa de Gisell, sin entrar en detalles. ¿O es que quieren detalles? Ustedes son más morbosos de lo que yo pensaba, comienzo a detestarlos.
Al llegar a San José, y caminar alrededor de una hora bajo los techos y sin rumbo fijo, respirando la brisa húmeda de la noche tropical, el joven poéta y el poéta maduro, se decidieron a tomar un café al paso en una soda, con unas tortas arregladas, esta vez no había duda que eran de carne, la borrachera había mermado, estaban por la zona roja.
Deambularon toda la noche por allí, birreando y recitando poémas, intimando con gente interesante según el criterio del monstruo, putas y traficantes al menudeo recién salidos de prisión.
Cuando los primeros rayos del sol se dejaban ver, Edgar Allan le pidió al monstruo una segunda lección, y este, totalmente serio y meditabundo, casi en un trance, le dijo: -la segunda lección, mi querido alumno, acabas de pedirmela en el lugar indicado, date vuelta, ¿ves aquella esquina?
Edgar Allan se dió la vuelta y asintió.
Entonces el monstruo, hacercándosele por detrás, le dijo al oído: -Pues mirala bien, que se te grabe, pues allí en esa lúgubre esquina de esta zona roja, donde a diario se codean los que ya perdieron todo, fué donde encontraron el cadáver inerte de mi amigo, el poéta David Madariaga, al que mataron por saber demasiadas cosas, y decirlas sin ningún reparo, por bomitarle su verdad a esta sociedad enferma, si algún día te propones de verdad escribir niño, hazlo con valor, aprende de mi amigo, pues los mejores escritores son los que se ríen del miedo en sus narices.
Y si no mejor no escribas nada, quedate en casa mirando la tele, que soñar con premios no cuesta nada, y ahora vamos, basta de lecciones por hoy.
Solo después de una birra, dizque para atenuar el picante, y luego si, un yodo, se sintió mejor.
-Ha, que rico cafecito mae, estaba harto del café colombiano que se consigue en Argentina.
Dijo para decir algo.
-Si es la misma vara, no jodás.
Dijo el chico, también para decir algo.
El monstruo iba a contestarle algo horrible, pero tuvo que salir corriendo al baño, donde se hechó una cagada, que al volver, calificó de histórica. Y entonces sí, ya más seriamente, recomendó a su ahora silencioso interlocutor, que tal como le dijera antes y como decía también Roberto Bolaño, mejor que escribir es leer. Pero que si insitía en ser un perdedor como él, tal vez podía indicarle algunos trucos.
-¿Y cual sería la primera lección?, digo, ya que estamos.
-Mae, vos no me has dicho tu nombre.
-Edgar Allan.
-Para escribir con ese nombre, vas a tener que esmerarte más de la cuenta, no todos se llaman Edgar Allan. La primera lección mi amigo es: tomarse un trago de guaro.
Salieron de aquel sitio entrada la noche, cantando y guareciéndose de la lluvia con el gran paraguas de Edgar Allan, bajo los techitos de madera y lata, el monstruo preguntó por Katia y Gisell López, pero el chico no sabía de que le estaba hablando.
Y lo que había pasado con las chicas era que al quedar solas, cuando el monstruo salió corriendo, las dos mujeres se miraron curiosas y embelezadas por sus respectivas bellezas, se presentaron ambas como amigas del poéta, y un pensamiento exáctamente igual cruzó por sus respectivas cabezas: ¡que rica está esta hijueputa!.
Entonces Gisell ofreció llevar a Katia en auto, dizque por la lluvia, y terminaron besándose apasionadamente en el auto bajo la cortina musical de la lluvia, y finalmente amándose en casa de Gisell, sin entrar en detalles. ¿O es que quieren detalles? Ustedes son más morbosos de lo que yo pensaba, comienzo a detestarlos.
Al llegar a San José, y caminar alrededor de una hora bajo los techos y sin rumbo fijo, respirando la brisa húmeda de la noche tropical, el joven poéta y el poéta maduro, se decidieron a tomar un café al paso en una soda, con unas tortas arregladas, esta vez no había duda que eran de carne, la borrachera había mermado, estaban por la zona roja.
Deambularon toda la noche por allí, birreando y recitando poémas, intimando con gente interesante según el criterio del monstruo, putas y traficantes al menudeo recién salidos de prisión.
Cuando los primeros rayos del sol se dejaban ver, Edgar Allan le pidió al monstruo una segunda lección, y este, totalmente serio y meditabundo, casi en un trance, le dijo: -la segunda lección, mi querido alumno, acabas de pedirmela en el lugar indicado, date vuelta, ¿ves aquella esquina?
Edgar Allan se dió la vuelta y asintió.
Entonces el monstruo, hacercándosele por detrás, le dijo al oído: -Pues mirala bien, que se te grabe, pues allí en esa lúgubre esquina de esta zona roja, donde a diario se codean los que ya perdieron todo, fué donde encontraron el cadáver inerte de mi amigo, el poéta David Madariaga, al que mataron por saber demasiadas cosas, y decirlas sin ningún reparo, por bomitarle su verdad a esta sociedad enferma, si algún día te propones de verdad escribir niño, hazlo con valor, aprende de mi amigo, pues los mejores escritores son los que se ríen del miedo en sus narices.
Y si no mejor no escribas nada, quedate en casa mirando la tele, que soñar con premios no cuesta nada, y ahora vamos, basta de lecciones por hoy.
lunes, 17 de mayo de 2010
capítulo quince
Y llegó el día señalado, en la universidad de Heredia se dió cita la crema de la intelectualidad, el público curioso que no sabía lo que le esperaba, y los seguidores incondicionales del poéta, más algunos otros que tenían solo referencias, más las nuevas camadas de lectores que el monstruo tenía en la sombra, lo cierto era que el auditorio estaba hasta el bote, y no cabía un alfiler.
Había quedado gente afuera que que esperaba poder entrar aunque fuera en un rincón, pero no había manera.
La cita estaba anunciada para las siete de la tarde, pero a las siete y veinte, no habían aún señales de Arrieta, y Estela Sánchez de Bustamante se olfateaba un fracaso, cuando de repente, unos potentes focos iluminaron, desde el escenario, el pasillo que separaba los dos sectores de asientos, y una música electrónica lo inundó todo, y de entre los que estaban sentados en el pasillo apareció el monstruo, caminando al ritmo de la música, y se encaminó decidido hacia el atril preparado en el escenario para tal fin.
Una vez parado detrás del atril, ordenó unos papeles mientras la música continuaba y un proyector pasaba imágenes digitales en la pared del fondo, los reflectores lo iluminaban de atrás y proyectaban, además, su sombra dimensionada, el efecto fué impactante.
Entonces cesó la música, se apagaron los reflectores de atrás y y se prendió otro que, de frente a él, le iluminó la cara y el torso, hubo unos instantes de silencio, y el público pudo percibir la mirada y la fuerte presencia del poéta allí en el atril., entonces, tomó el micrófono y comenzó a declamar:
¡El monstruo ha vuelto, heme aquí, ho, patéticos estáticos que me mirais sin ser vistos
el imán de la sangre, me ha traído de vuelta, si, a la ciudad que, hace ya más de cuarenta
años, me expelió con fuerza a este mundo vil.
Nada nuevo diré, de mí, pues mi historia conocida es
robé, maté, trafiqué drogas y armas..., no he sido un santo
pero también me enamoré perdidamente, y eso sirvió para redimirme
y en un mundo que se reproduce, se expande, y se autodestruye a velocidad pasmosa
yo, he sido favorecido con el donde la observación profunda, y eso es un lujo.
¿Acaso esperaban, tontuelos, en mi poesía una solución a los problemas cotidianos, una
denuncia, un duelo, o bellas palabras para conquistar a una dama? no seais ingenuos...
Cuando de poesía se trata, no admito competidores
Rimbaud, Artaud, Buckowsky ó el marqués de Sade, son todos niños de pecho
ninguno ha visto como yo, los ojos de la serpiente en el corazón de la selva
diciéndoles que es urgente, e inminente, escribir los últimos poémas del mundo, antes
de que los robots vengan y se encarguen de esto, ya que nosotros no pudimos.
Ninguno ha visto, como yo, la muerte cara a cara, en las cárceles de sudamérica cuando
cocinaron a los presos en el horno de la panadería, y ese fué el banquete
y los travestis desfilaron por varios días, haciendo las delicias de algún malvado barrabrava
al cual, nadie lo supo, pero yo lo ví, lamer la carne del travesti más grandote
y ser después la niña preferida de los asesinos seriales de putas en la ciudad de Mar del Plata
la ciudad feliz...
Allí tuve que batirme a duelo varias veces para salvar la honra, o si lo prefieren sin
eufemismos, el ano virgen, y no terminar como el barrabrava aquel...
Pues he aquí, que vengo del país de las ranas, de una tierra sacudida
por constántes movimientos telúricos, súmamente tétricos
por los truenos y las lluvias tropicales, y bien ganado me tengo, señores
ustedes ya lo saben, el apodo de monstruo
si, soy el monstruo, el monstruo ha vuelto, viva el monstruo!
Y dichas estas palabras, el poéta se agachó para agarrar bien fuerte una botella de guaro que tenía predispuesta debajo del atril, y se dispuso a tomarla del pico, mientras la música electrónica volvió a irrumpir con fuerza, y el estruendo de los aplausos se confundió con el fragor de la tormenta, que acababa de desatarse y que duró tres días con sus noches.
Después de ese poéma, que había escrito para la ocasión, con esa inclinación al escándalo tan propia de los escritores inmaduros, el monstruo leyó otros poémas, algunos muy antiguos, otros no tanto, todo menos lo de aquel libro que había dedicado a su Estrella, todo era válido para esa tarde, y hasta llegaron a pedirle a gritos alguno que se estaba olvidando, o un bis, como suele ocurrirle más a los cantantes famosos, que a los poétas malditos.
En los intermedios, insistía en tomar un gran trago de guaro, incluso cuando ese recurso ya estaba agotado como golpe de efecto, pues inclusive los más incondicionales se lamentaban y se asqueaban.
Terminó el recital completamente ebrio, y casi sin poder caminar, cayendose del atril un par de veces.
Y cuando dió por finalizado aquel espectáculo, que ya se iba tornando en uno de muy mal gusto, y se disponía a bajar del escenario, algunos fans y reporteros se le fueron encima, para pedirle autógrafo unos, otros para cuidar que no se caiga, otros para hacerle preguntas molestas, y uno que otro para tocarlo, solamente poder tocar a su ídolo. Entre todo el gentío, estaban también Katia y Giselle, que vinieron a rescatarlo, y entre todas las voces, se impuso la de un muchachito que encaró al monstruo con la consabida pregunta: -don Rubén, ¿que consejo le daría a un escritor que recién empieza?. El monstruo lo miró de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, y le dijo así: -que primero deje de mearse y de cagarse en la cama, y que aprenda antes a lavarse los calzoncillos, y que mejor que escribir es leer.
Luego se dispuso a darle a Katia un lenguetazo, pero en ese preciso instante, por el rabillo del ojo pudo ver, o creyó ver, aunque era casi seguro, a lo lejos, allí donde la multitud salía abriendo sus paraguas para simular guarecerse, pues más les hubiese valido usar esos paraguas de canoas, vió entonces entre aquella gente, una enorme y rulienta cabellera peliroja que se esforzaba entre el tumulto por salir del auditorio, y puso cara de horror al tiempo que gritaba: -¡¡Estrella!!. Y salió corriendo rumbo a la puerta presa de un pánico histérico, pero cuando llegó a esta, ya no había nadie de esas características, por lo que continuó su loca carrera a través del patio y los pasillos de la universidad, donde todos pudiesen verlo, empapado y dándo otro espectáculo, como si no le hubiese ya bastado con el anterior, en el medio del patio se arrodilló llorando, extendió los brazos al cielo, gimiendo de dolor, y gritando: -¿donde estás hijueputa, por que no puedo verte?
Entonces se le hacercó el muchachito aquel a quien había aconsejado como dar sus primeros pasos en la escritura, lo tapó con un inmenso paraguas, casi mojandose él, y le dijo: -no se moje don Rubén, se va a resfriar.
A lo que el monstruo contestó: -¡no me digas don Rubén hijueputa, si todos me dicen el monstruo, necesito una birra mae, ¿conocés una cantina?!
Aquel pobre chiquillo, sintió pena por ver tan derrotado al hombre al que tanto tiempo había admirado, al que había leído y releído en largas noches de insomnio, al hombre que lo había inspirado a ser escritor, al mito, y le dijo así: -¿no sería mejor un café?
Rubén, al escuchar esto último, pasó sin escalas, del llanto desgarrado, a la carcajada sarcástica, y le contestó: -¡pero si esto era la último que me faltaba, después de tantos años de resistir con valor para tratar de no ser un hijueputa, que venga un guila y me diga: ¿no sería mejor un café?, ¿que sos mae, playito?
El muchacho solo atinaba a taparlo con el paraguas y mirar al monstruo perplejo, por lo que el poéta termino por condescender: -bueno okey mae, vamos por ese yodo. Se levantó para dejarse guiar por su angel guardián, y se fueron de allí, ambos empapados, pero bajo un hermoso paraguas.
Había quedado gente afuera que que esperaba poder entrar aunque fuera en un rincón, pero no había manera.
La cita estaba anunciada para las siete de la tarde, pero a las siete y veinte, no habían aún señales de Arrieta, y Estela Sánchez de Bustamante se olfateaba un fracaso, cuando de repente, unos potentes focos iluminaron, desde el escenario, el pasillo que separaba los dos sectores de asientos, y una música electrónica lo inundó todo, y de entre los que estaban sentados en el pasillo apareció el monstruo, caminando al ritmo de la música, y se encaminó decidido hacia el atril preparado en el escenario para tal fin.
Una vez parado detrás del atril, ordenó unos papeles mientras la música continuaba y un proyector pasaba imágenes digitales en la pared del fondo, los reflectores lo iluminaban de atrás y proyectaban, además, su sombra dimensionada, el efecto fué impactante.
Entonces cesó la música, se apagaron los reflectores de atrás y y se prendió otro que, de frente a él, le iluminó la cara y el torso, hubo unos instantes de silencio, y el público pudo percibir la mirada y la fuerte presencia del poéta allí en el atril., entonces, tomó el micrófono y comenzó a declamar:
¡El monstruo ha vuelto, heme aquí, ho, patéticos estáticos que me mirais sin ser vistos
el imán de la sangre, me ha traído de vuelta, si, a la ciudad que, hace ya más de cuarenta
años, me expelió con fuerza a este mundo vil.
Nada nuevo diré, de mí, pues mi historia conocida es
robé, maté, trafiqué drogas y armas..., no he sido un santo
pero también me enamoré perdidamente, y eso sirvió para redimirme
y en un mundo que se reproduce, se expande, y se autodestruye a velocidad pasmosa
yo, he sido favorecido con el donde la observación profunda, y eso es un lujo.
¿Acaso esperaban, tontuelos, en mi poesía una solución a los problemas cotidianos, una
denuncia, un duelo, o bellas palabras para conquistar a una dama? no seais ingenuos...
Cuando de poesía se trata, no admito competidores
Rimbaud, Artaud, Buckowsky ó el marqués de Sade, son todos niños de pecho
ninguno ha visto como yo, los ojos de la serpiente en el corazón de la selva
diciéndoles que es urgente, e inminente, escribir los últimos poémas del mundo, antes
de que los robots vengan y se encarguen de esto, ya que nosotros no pudimos.
Ninguno ha visto, como yo, la muerte cara a cara, en las cárceles de sudamérica cuando
cocinaron a los presos en el horno de la panadería, y ese fué el banquete
y los travestis desfilaron por varios días, haciendo las delicias de algún malvado barrabrava
al cual, nadie lo supo, pero yo lo ví, lamer la carne del travesti más grandote
y ser después la niña preferida de los asesinos seriales de putas en la ciudad de Mar del Plata
la ciudad feliz...
Allí tuve que batirme a duelo varias veces para salvar la honra, o si lo prefieren sin
eufemismos, el ano virgen, y no terminar como el barrabrava aquel...
Pues he aquí, que vengo del país de las ranas, de una tierra sacudida
por constántes movimientos telúricos, súmamente tétricos
por los truenos y las lluvias tropicales, y bien ganado me tengo, señores
ustedes ya lo saben, el apodo de monstruo
si, soy el monstruo, el monstruo ha vuelto, viva el monstruo!
Y dichas estas palabras, el poéta se agachó para agarrar bien fuerte una botella de guaro que tenía predispuesta debajo del atril, y se dispuso a tomarla del pico, mientras la música electrónica volvió a irrumpir con fuerza, y el estruendo de los aplausos se confundió con el fragor de la tormenta, que acababa de desatarse y que duró tres días con sus noches.
Después de ese poéma, que había escrito para la ocasión, con esa inclinación al escándalo tan propia de los escritores inmaduros, el monstruo leyó otros poémas, algunos muy antiguos, otros no tanto, todo menos lo de aquel libro que había dedicado a su Estrella, todo era válido para esa tarde, y hasta llegaron a pedirle a gritos alguno que se estaba olvidando, o un bis, como suele ocurrirle más a los cantantes famosos, que a los poétas malditos.
En los intermedios, insistía en tomar un gran trago de guaro, incluso cuando ese recurso ya estaba agotado como golpe de efecto, pues inclusive los más incondicionales se lamentaban y se asqueaban.
Terminó el recital completamente ebrio, y casi sin poder caminar, cayendose del atril un par de veces.
Y cuando dió por finalizado aquel espectáculo, que ya se iba tornando en uno de muy mal gusto, y se disponía a bajar del escenario, algunos fans y reporteros se le fueron encima, para pedirle autógrafo unos, otros para cuidar que no se caiga, otros para hacerle preguntas molestas, y uno que otro para tocarlo, solamente poder tocar a su ídolo. Entre todo el gentío, estaban también Katia y Giselle, que vinieron a rescatarlo, y entre todas las voces, se impuso la de un muchachito que encaró al monstruo con la consabida pregunta: -don Rubén, ¿que consejo le daría a un escritor que recién empieza?. El monstruo lo miró de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, y le dijo así: -que primero deje de mearse y de cagarse en la cama, y que aprenda antes a lavarse los calzoncillos, y que mejor que escribir es leer.
Luego se dispuso a darle a Katia un lenguetazo, pero en ese preciso instante, por el rabillo del ojo pudo ver, o creyó ver, aunque era casi seguro, a lo lejos, allí donde la multitud salía abriendo sus paraguas para simular guarecerse, pues más les hubiese valido usar esos paraguas de canoas, vió entonces entre aquella gente, una enorme y rulienta cabellera peliroja que se esforzaba entre el tumulto por salir del auditorio, y puso cara de horror al tiempo que gritaba: -¡¡Estrella!!. Y salió corriendo rumbo a la puerta presa de un pánico histérico, pero cuando llegó a esta, ya no había nadie de esas características, por lo que continuó su loca carrera a través del patio y los pasillos de la universidad, donde todos pudiesen verlo, empapado y dándo otro espectáculo, como si no le hubiese ya bastado con el anterior, en el medio del patio se arrodilló llorando, extendió los brazos al cielo, gimiendo de dolor, y gritando: -¿donde estás hijueputa, por que no puedo verte?
Entonces se le hacercó el muchachito aquel a quien había aconsejado como dar sus primeros pasos en la escritura, lo tapó con un inmenso paraguas, casi mojandose él, y le dijo: -no se moje don Rubén, se va a resfriar.
A lo que el monstruo contestó: -¡no me digas don Rubén hijueputa, si todos me dicen el monstruo, necesito una birra mae, ¿conocés una cantina?!
Aquel pobre chiquillo, sintió pena por ver tan derrotado al hombre al que tanto tiempo había admirado, al que había leído y releído en largas noches de insomnio, al hombre que lo había inspirado a ser escritor, al mito, y le dijo así: -¿no sería mejor un café?
Rubén, al escuchar esto último, pasó sin escalas, del llanto desgarrado, a la carcajada sarcástica, y le contestó: -¡pero si esto era la último que me faltaba, después de tantos años de resistir con valor para tratar de no ser un hijueputa, que venga un guila y me diga: ¿no sería mejor un café?, ¿que sos mae, playito?
El muchacho solo atinaba a taparlo con el paraguas y mirar al monstruo perplejo, por lo que el poéta termino por condescender: -bueno okey mae, vamos por ese yodo. Se levantó para dejarse guiar por su angel guardián, y se fueron de allí, ambos empapados, pero bajo un hermoso paraguas.
sábado, 15 de mayo de 2010
capítulo catorce
Finalmente dió con Katia, se la encontró por la calle de casualidad mientras ella despachaba a un cliente, un jubilado yanki, tal vez un ex oficial de la marina o algún otro sospechoso oficio, con el que acababa de salir del hotel Costa Rica, frente al Teatro Nacional.
Iba descaradamente colgada de su cuello, y lo despidió con un sonoro beso a la vista de todos los que quisieran verla, y los que no.
A la vista de las personas decentes y de los predicadores.
Con la misma soltura y desfachatez, al ver al monstruo, se abalanzó para abrazarlo
-¡¡¿idiai mi amor, que te habías hecho?, estabas perdido!!
-que vá, si te estuve llamando, pero no me contestás el celular.
-es que ese me lo robaron, y ahora tengo otro, ¿tomamos una birrita?
-pura vida, que rico.
El día estaba espléndido, se acomodaron en una mesa al aire libre bajo las arcadas, ella le ofreció perico: -¿querés halar coquita mae?
-¡claro, me cuadra en puta!
-para ver entonces, acerqueme su manito que yo le doy.
Al abrir ella su cartera para sacar el polvo, él pudo distinguir entre sus cosas, un libro, y trató de ver que era pero no pudo. Ella le sirvió coca, en el hueco que se hace en el reverso de la mano, haciendo presión entre el pulgar y la muñeca, el monstruo esnifó con fuerza por la izquierda, después otro toque por la derecha, y se tiró hacia atrás en la silla, abriendo sus fosas nasales con los dedos y respirando hondo. Era muy buena.
-¡mmmm, que rica es esta cochinada, ¿verdad?!
-si, está muy rica.
-he visto que te gusta leer.
-me encanta, es que estudio literatura y quiero aprender a escrivir.
-¡no jodás!
-si mae, amo la literatura y los deportes, es casi lo único que hago, además de culear, ahora estoy leyendo "Sobre Heroes y Tumbas" de Ernesto Sábato, ¿lo leíste?
-¿que si que?, mae, lo leí tres veces, y además lo conocí a Sábato.
-¿adonde?, es mi máximo heroe.
-es que viví dieciocho años en Argentina.
-y yo que me muero por conocer Argentina y casarme con un argentino que me enseñe a bailar
tango. Pero si hay un escritor que me guste tanto como Sábato, es Roberto Bolaño.
-también lo conocí, ¿sabías que murió?
-hay no, que triste me pone eso. ¿pero como los conociste?
-porque yo soy escritor, y allá trabajé para una revista, y tuve que entevistarlos.
-¿y vos que escribís?
-poémas y cuentos, y acabo de terminar con una novela.
-¿donde está, la puedo leer?
-claro, cuando quieras.
-todo esto me está poniendo muy caliente, ¿vamos a culear? es que el viejito de ahora me tocó toda y me quedé con ganas.
-yo también tengo muchas ganas, ¿vamos yá?
-si, yo quiero yá.
-entonces vamos.
Cuando el mesero vino a atenderlos era ya demasiado tarde, y se pasaron la mañana culeando en una suite del hotel, en eso se gastó el monstruo sus últimos billetes, en eso y en pagarle a ella.
Finalmente quedaron tendidos en la cama mirando el techo.
-¿y hace cuanto que volviste al país?
-ya no recuerdo si diez o doce días.
-¿y por que volviste, extrañabas mucho?
-vine persiguiendo un fantasma.
-un monstruo persiguiendo un fantasma.
-exáctamente, eso soy yo.
Hicieron silencio un rato, luego ella se le subió encima y lo besó en la boca, para después preguntarle: -¿que te parece si hacemos un canje, vos me enseñás a escribir y yo no te cobro las culeadas?
-bueno, la idea me parece perfecta, pero para serte sincero, nadie te puede enseñar a escribir, porque escribir es como culear, uno va y culea, ya sabe hacerlo desde siempre, no espera que nadie le enseñe, y no te quiero estafar.
-¿entonces vos decís que yo puedo escrivir como Sábato?
-no sé si como Sábato, pero lo podés intentar.
Ella lo besó de nuevo.
El monstruo se durmió pensando que era un hombre afortunado, y que tal vez no lo merecía, pero tal vez si.
Se despertó a las seis de la tarde y Katia no estaba, una tormenta tropical arreciaba la ciudad, en el espejo del baño, con pintura de labios, ella le dejó su nuevo celular.
El monstruo se sentó a cagar, pero no le salió nada, y pensó que al fin había encontrado una lectora, al parecer fiable, para su novela, y tal vez una escritora.
Aunque enseguida una luz roja en su cabeza, le hizo pensar en que tal vez se entusiasmaba demasiado, engañandose a si mismo, reemplazando a Estrella por esta otra criatura, al recuerdo de Estrella, y se preguntó: -¿que va a ser ahora de tu vida monstruo?, ¿encontrar el amor perdido?, ¿seguir colaborando con la prostitución infantil funcional al turismo, pasandole billetes a Katia?, ¿trabajar para el gobierno corrupto?
Pero al fin se contestó: -nada de eso mae, nada de eso, lo que vas a hacer, si ella no aparece, es huír de este caquero infame, y encerrarte en una pensión de mala muerte en París, a escribir la historia de la humanidad, la biblia, eso sí.
Iba descaradamente colgada de su cuello, y lo despidió con un sonoro beso a la vista de todos los que quisieran verla, y los que no.
A la vista de las personas decentes y de los predicadores.
Con la misma soltura y desfachatez, al ver al monstruo, se abalanzó para abrazarlo
-¡¡¿idiai mi amor, que te habías hecho?, estabas perdido!!
-que vá, si te estuve llamando, pero no me contestás el celular.
-es que ese me lo robaron, y ahora tengo otro, ¿tomamos una birrita?
-pura vida, que rico.
El día estaba espléndido, se acomodaron en una mesa al aire libre bajo las arcadas, ella le ofreció perico: -¿querés halar coquita mae?
-¡claro, me cuadra en puta!
-para ver entonces, acerqueme su manito que yo le doy.
Al abrir ella su cartera para sacar el polvo, él pudo distinguir entre sus cosas, un libro, y trató de ver que era pero no pudo. Ella le sirvió coca, en el hueco que se hace en el reverso de la mano, haciendo presión entre el pulgar y la muñeca, el monstruo esnifó con fuerza por la izquierda, después otro toque por la derecha, y se tiró hacia atrás en la silla, abriendo sus fosas nasales con los dedos y respirando hondo. Era muy buena.
-¡mmmm, que rica es esta cochinada, ¿verdad?!
-si, está muy rica.
-he visto que te gusta leer.
-me encanta, es que estudio literatura y quiero aprender a escrivir.
-¡no jodás!
-si mae, amo la literatura y los deportes, es casi lo único que hago, además de culear, ahora estoy leyendo "Sobre Heroes y Tumbas" de Ernesto Sábato, ¿lo leíste?
-¿que si que?, mae, lo leí tres veces, y además lo conocí a Sábato.
-¿adonde?, es mi máximo heroe.
-es que viví dieciocho años en Argentina.
-y yo que me muero por conocer Argentina y casarme con un argentino que me enseñe a bailar
tango. Pero si hay un escritor que me guste tanto como Sábato, es Roberto Bolaño.
-también lo conocí, ¿sabías que murió?
-hay no, que triste me pone eso. ¿pero como los conociste?
-porque yo soy escritor, y allá trabajé para una revista, y tuve que entevistarlos.
-¿y vos que escribís?
-poémas y cuentos, y acabo de terminar con una novela.
-¿donde está, la puedo leer?
-claro, cuando quieras.
-todo esto me está poniendo muy caliente, ¿vamos a culear? es que el viejito de ahora me tocó toda y me quedé con ganas.
-yo también tengo muchas ganas, ¿vamos yá?
-si, yo quiero yá.
-entonces vamos.
Cuando el mesero vino a atenderlos era ya demasiado tarde, y se pasaron la mañana culeando en una suite del hotel, en eso se gastó el monstruo sus últimos billetes, en eso y en pagarle a ella.
Finalmente quedaron tendidos en la cama mirando el techo.
-¿y hace cuanto que volviste al país?
-ya no recuerdo si diez o doce días.
-¿y por que volviste, extrañabas mucho?
-vine persiguiendo un fantasma.
-un monstruo persiguiendo un fantasma.
-exáctamente, eso soy yo.
Hicieron silencio un rato, luego ella se le subió encima y lo besó en la boca, para después preguntarle: -¿que te parece si hacemos un canje, vos me enseñás a escribir y yo no te cobro las culeadas?
-bueno, la idea me parece perfecta, pero para serte sincero, nadie te puede enseñar a escribir, porque escribir es como culear, uno va y culea, ya sabe hacerlo desde siempre, no espera que nadie le enseñe, y no te quiero estafar.
-¿entonces vos decís que yo puedo escrivir como Sábato?
-no sé si como Sábato, pero lo podés intentar.
Ella lo besó de nuevo.
El monstruo se durmió pensando que era un hombre afortunado, y que tal vez no lo merecía, pero tal vez si.
Se despertó a las seis de la tarde y Katia no estaba, una tormenta tropical arreciaba la ciudad, en el espejo del baño, con pintura de labios, ella le dejó su nuevo celular.
El monstruo se sentó a cagar, pero no le salió nada, y pensó que al fin había encontrado una lectora, al parecer fiable, para su novela, y tal vez una escritora.
Aunque enseguida una luz roja en su cabeza, le hizo pensar en que tal vez se entusiasmaba demasiado, engañandose a si mismo, reemplazando a Estrella por esta otra criatura, al recuerdo de Estrella, y se preguntó: -¿que va a ser ahora de tu vida monstruo?, ¿encontrar el amor perdido?, ¿seguir colaborando con la prostitución infantil funcional al turismo, pasandole billetes a Katia?, ¿trabajar para el gobierno corrupto?
Pero al fin se contestó: -nada de eso mae, nada de eso, lo que vas a hacer, si ella no aparece, es huír de este caquero infame, y encerrarte en una pensión de mala muerte en París, a escribir la historia de la humanidad, la biblia, eso sí.
domingo, 9 de mayo de 2010
capítulo trece
La señora aquella entonces, le dijo unas cuantas cosas de la familia que vivía allí antes que ella, ella que había enviudado, tal vez prematuramente, y que tenía un hijo y una hija en los Estados Unidos, que la visitaban para las fiestas de navidad y fin de año, esas cosas del destino.
Muchos de los datos que le dió la señora, coincidían con los que le dieran otros vecinos, si no casi todos, pero un dato específico se distinguió de los demás, por poseer la característica de ser nuevo, y sobre todo específico.
Ella recordaba haberse cruzado con la más grande de aquellas niñas, ya toda una hembra, y con la criatura crecidita, tal vez de unos diez años, de eso hacía ya ocho, en un centro comercial de Hatillo, ¿pero cual Hatillo, si son ocho?, eso no lo recordaba, pero en todo caso no todos tenían un centro comercial, solo la mitad, o menos. O tal vez solo uno. Claro que de eso hace ocho años, tal vez ahora todos tenían un centro comercial, la señora no volvió nunca por aquella zona, el monstruo menos.
Lo que si era cierto, le dijo la señora, es que no era uno de esos nuevos y hermosos shoping malls como los de ahora, donde la llevan sus hijos de compras cuando la visitan, porque viven en los Estados Unidos, si señora, ya me lo había dicho, le dijo el monstruo.
La chica le dijo a ella, en esa ocasión, que había comprado una humilde casita por ese barrio, cerca de allí, a unas pocas cuadras, o tal vez enfrente, la maldita teoría de la relatividad posandose sobre todas las cosas.
No faltaría mucho tiempo más, para que el monstruo se adentrara en las entrañas de esos barrios, los Hatillos, barrios estos, de neto corte popular y de una arraigada tradición en el imaginario de las clases medias altas y burguesas, que suelen fantasear con la peligrosidad de vivir allende los límites, impuestos por quien sabe que oscuras conciencias, aquellas que dictaminan el bien y el mal según los ingresos per cápita, nada más lejano de la realidad, pues es sabido que satán mete la cola en cualquier casa, sea de la clase que sea.
No faltaría entonces mucho tiempo, para que el monstruo se adentrara, dijimos, en los Hatillos, a urgar como un endemoniado poseso, un detective salvaje con los ojos rojos por la mota y el aliento hediondo a guaro, asustando a las señoras del barrio, exitando a las chiquillas, con ese porte de galán de pelicula de terror clase b, de conde drácula vs. el enmascarado de plata.
No faltaría mucho tiempo, para que llamase la atención de la policía por sus actitudes sospechosas, y en especial de un policía, que al enterarse de que un atrevido estaba preguntando demasiado por Estrella, quiso saber quien era. Valla si lo supo.
No faltaría mucho, para que la vuelta del monstruo a su ciudad natal, se convirtiese en una pesadilla lisérgica, una espiral de odio, venganza y muerte, una carretera para conductores suicidas. No faltaría mucho, pero todavía no, pues este relato no es de los que apelan al morbo gratuito de los que buscan sangre en la lectura, sino que pretende ser algo un poco más profundo que eso.
He aquí entonces, que el día de la entrevista con Giselle López, el monstruo se puso tan de punta en blanco, que ni siquiera el mismo Tom Wolfe le hacía sombra, pues se calzó su mejor traje de Dior (la publicidad lamentáblemente, por ahora no se cobra), y un clavel rojisimo en el ojal, porque era con foto, y adoptó una pose de maldito que ha madurado bien y ahora sabía lo que quería, una pose de quien está en su mejor momento y escribe mejor que nunca, lo cual no era solo una pose, pero no basta con serlo, también hay que aparentarlo.
Gisell era su amiga desde bastante jóvenes, desde el nacimiento de las vanguardias de los años ochentas, e incluso habían sido amantes.
La entrevista desandó, así, terrenos conocidos por ambos, y deparó algunas sorpresas, un corto resumen escrito por ella misma, a manera de prólogo, decía lo siguiente:
"Rubén Arrieta, alias el monstruo, que supo ser un adelantado en la literatura costarricense, allá por los primeros años ochentas, dejando un legado brebe y casi desconocido para el público masivo, pero sólido como pocos, ha vuelto al país después de veinte años de exilio auto impuesto, con una nueva novela sin publicar aún bajo el brazo, y dispuesto a dar otra batalla de la imaginación, esperamos que esta entrevista sea el puntapié inicial, para ubicarlo en el lugar que se merece en nuestras letras ticas, y como no, latinoamericanas"
Y luego la entrevista:
Ella: Rubén Arrieta: ¿jura decir toda la verdad y nada más que la verdad?
Él: No sé si por suerte o desgracia, los que me conocen ya saben de mi fama de bocón, no puedo callarme nada de lo que sé o pienso.
Ella:¿Que se siente volver a la patria después de tanto tiempo?, ¿es cierto lo que dice el tango acerca de que veinte años no es nada?
Él: Que va, veite años es toda una vida, aunque a veces no se note, pero mi frente no está marchita todavía. En principio la alegría es total, la gente y los lugares que uno añoró tantas veces estando lejos, el recuerdo cercano de los amigos que ya no están, de las primeras novias. Pero luego aparece el maldito fantásma de la realidad, las cosas desagradables por las que uno se fué, en definitiva hay, primero una idealización, y luego un pequeño desencanto, y todo concluye con un fragil equilibrio de aceptar esa realidad, a veces tan opaca.
Ella: ¿Y cual dirías vos que fué el movil principal que te empujó a volver?
Él: Bueno, es que en el extranjero las noticias de Costa Rica son confusas, no las de la prensa, que son casi inexistentes, sino las del boca a boca de amigos y parientes, me decían que esto está hiper violento, que el turismo y el consumismo están arrasando con nuestro pequeño paisito, que el problema de la prostitución infantil es incontrolable, no quería perderme semejante fin de fiesta.
Ella: Dicen que te estuviste codeando con la realeza literaria en Colombia y en la Argentina.
Él: Se dicen demasiadas cosas, y algunas son ciertas, pero en lo personal siempre fuí de la idea, y sigo siendo, de que la mejor literatura está en los bajos fondos, y no en la realeza.
Ella: ¿Y como está el panorama literario en Argentina? si no me equivoco fué allí donde anclaste más tiempo.
Él: Si, allí casi me quedo para siempre, pero una fuerza interior me ayudó a salir, porque desde la muerte de Juan José Saér, el mundo literario de allá, se expresa solo a través de polémicas entre escritores, y a mi entender no hay un nivel interesante, aunque se publica bastante. Sin embargo, de lo más nuevo me han gustado Fabian Casas y Dafne Mociulsky, una chica que vende sus hermosas novelas en la calle.
Ella: ¿y por aquí?
Él: bueno, después de Osvaldo Sauma y Ana Istarú, la tercera pata de una mesa de tres en la poesía costarricense vengo a ser yó, y ahora que he vuelto, se va a poner muy interesante.
Ella: ¿Pensás publicar la novela que acabás de terminar?
Él: Tengo ganas, pero estoy esperando una buena oferta.
Ella: Poca gente sabe que tu padre es el ministro de economía.
Él: Lo que sucede giselita, es que mi vida privada carece por completo de importancia, soy un tipo muy aburrido y monotemático, lo único interesante de mi biografía es mi obra.
Ella: Si la poesía costarricense es una mesa de tres patas, ¿como definirías la poesía centroamericana?
Él: Me confieso completamente ignorante de lo que está pasando en nuestros hermanos países, pero podría decir que los clásicos, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, y Darío, conforman un juego completo de comedor, donde estarían las sillas y la mesa, todo de lujo.
Ella: ¿quien sería la mesa?
Él: Dificil pregunta, paso. Pero quiero además, rendir un homenaje a mi amigo David Madariaga, muerto en circunstancas misteriosas y nunca esclarecidas, y de seguro uno de los grandes que no pudo expresarlo todo, pero sabía mucho, tal vez demasiado, y tal vez por eso murió. Juntos nos emborrachamos incontables veces en la zona roja.
Ella: ¿Y como ves el futuro, ya no literario sino general?
Él: No demasiado diferente a lo que vemos hoy, recalentamiento, guerras, trenes voladores y robots, viajes a la luna en busca de silencio, en fin, muy exitante.
Ella: Vas a dar un recital de poesía en la universidad nacional de Heredia.
Él: No, los recitales de poesía son aburridísimos, será una performance con fuegos artificiales, el veinte del mes que viene.
Ella: Pues entonces ahí estaremos, muchas gracias por tu tiempo.
Él: Gracias a ustedes por soportarme.
Cuando terminó la entrevista, el monstruo se aflojó la corbata, se arregló un poco el pelo, e invitó a Gisell López a tomar un traguito, dizque para recordar mejores tiempos. Ella accedió con gusto.
Fueron a una cantina propuesta por él y aceptada por ella sin chistar, que quedaba en el límite entre la zona civilizada y la zona salvaje, se tomaron un litro, ella con limón, hielo y azucar, él a lo bestia, todo mientras le contaba estúpidas anécdotas de sus viajes, y la hacía reír a carcajadas.
Hasta que notó el monstruo, que Giselle, poco a poco se olvidaba de su novio, se olvidaba de quien era él, de quien era ella y donde estaba, en fin, que ambos se fueron relajando y acercandose, tal vez más de la cuenta, entonces la besó descaradamente y ella no pudo resistirse, la tocó un poco, hasta sentirla entrgarse por completo, y entonces la invitó a la cama.
Llegaron a un hotelucho, más de aquel lado que de este, y mientras subían las escaleras en la semi oscuridad, y la semi clandestinidad, pararon un par de veces para besarse y tocarse.
Al llegar a la habitación, la pregunta de rigor, aunque posiblemente tardía de Giselle: -mae, ¿trajiste preservativos?, fué contestada por Rubén con un gesto que pareció una publicidad de la tele, al sacar dos de estos preciados objetos y sacudirlos, sostenidos con las putas del pulgar y el anular derechos hacia abajo, y con una sonrisa cómplice, que ella a su vez contestó con un gemido de placer acompañado de un beso-mordisco a la yugular del poéta, el cual no se hizo esperar.
Y parado como estaba, duro como se puso, subió las enguas apretadas de su amiga, cortas pero no tanto, le bajó los medias negras de lycra, que ella se sacó levantando las
piernas de a una mientras se sostenía de la hermosa picha del poéta. Luego él la levantó de los muslos corriendole con una mano el calzoncito, y sintiendo su vaginita mojarse, así alzada la llevó caminando, hasta apoyarla en la pared, donde la penetró como quien penetra a una amante añorada.
Y comenzó la otra entrevista.
Ella: ¡haaayyy, rubencito mi amor, como extrañaba esa picha!
Él: ¡zorra mentirosa, a cuantos les dirás lo mismo!
Ella: ¡haaayyy, papiii, shhh, que ricooo!
Él: ¡veo que seguís cada vez más puta!
Ella: ¡hay, hay siii, hay siii, papiii, ricooo!
Así media hora, mientras ella se regó tres veces, y después en la cama le mamó un buen rato la verga, y él le metió un dedito en el culo, y se regó en el aire pegajoso del hotel ensuciando las sábanas, mintras ella se regó más, tal vez dos veces más. Luego se tiraron a fumar mota.
Y menos mal que se aclaró que esto no es porno soft para desauciados, es que el mercado extiende sus tentáculos por doquier, ya no se puede confiar en nadie.
Ella: mae, no se si de verdad sos la tercera pata de la poesía tica, pero que tenés la mejor tercera pata es indudable.
Se cagaron de la risa.
Él: ¿y vos cuantas patas conocés de la poesía nacional, para decretar semejante veredicto?
Ella: ¡¡hay!!, ¿como se te ocurre?, ¡yo ninguna!
Se volvieron a cagar de la risa, lo que sugirió que las conocía, si no todas, casi.
Más tarde el monstruo abrió las ventanas que daban a la calle y apareció la avenida central, llena de autos y humo, luces y marqesinas, música salsa, cumbia, flamenco y rock, sobre todo rock...
Y entre los cientos de personas que caminaban de prisa, o esperaban el bus para volver a casa antes de la lluvia, entre lluvia y lluvia, en medio de ese caos de paraguas y gente, el monstruo de repente pudo ver, o creyó ver, pues luego no pudo asegurarlo, una enorme y rulienta cabellera pelirroja que daba vuelta la esquina en dirección al parque central, y el corazón casi se le sale del pecho.
Se dió vuelta hacia Gisell, que yacía en el sopor de la hierba, y pálido como una momia le dijo:
-tengo que salir a la calle por una urgencia, ¿me podés acompañar?
-¿pero que te pasa? parece que hubieras visto un fantasma.
-algo parecido, por favor salgamos.
Se vistieron y bajaron las escaleras corriendo, y corriendo la hizo seguirlo un par de cuadras, tirando de su mano hasta llegar al parque central, y subir a la glorieta para mirar en derredor, y comprobar que había perdido a su fantasma.
Ambos estaban jadeando y sudorosos, con el olor del sexo casual, infiel e informal, olor que es igual al olor del otro sexo, al que, por no encontrar mejor nombre, llamaremos oficial.
Después, desesperado y abrumado, el monstruo le contó lo que le estaba pasando.
Muchos de los datos que le dió la señora, coincidían con los que le dieran otros vecinos, si no casi todos, pero un dato específico se distinguió de los demás, por poseer la característica de ser nuevo, y sobre todo específico.
Ella recordaba haberse cruzado con la más grande de aquellas niñas, ya toda una hembra, y con la criatura crecidita, tal vez de unos diez años, de eso hacía ya ocho, en un centro comercial de Hatillo, ¿pero cual Hatillo, si son ocho?, eso no lo recordaba, pero en todo caso no todos tenían un centro comercial, solo la mitad, o menos. O tal vez solo uno. Claro que de eso hace ocho años, tal vez ahora todos tenían un centro comercial, la señora no volvió nunca por aquella zona, el monstruo menos.
Lo que si era cierto, le dijo la señora, es que no era uno de esos nuevos y hermosos shoping malls como los de ahora, donde la llevan sus hijos de compras cuando la visitan, porque viven en los Estados Unidos, si señora, ya me lo había dicho, le dijo el monstruo.
La chica le dijo a ella, en esa ocasión, que había comprado una humilde casita por ese barrio, cerca de allí, a unas pocas cuadras, o tal vez enfrente, la maldita teoría de la relatividad posandose sobre todas las cosas.
No faltaría mucho tiempo más, para que el monstruo se adentrara en las entrañas de esos barrios, los Hatillos, barrios estos, de neto corte popular y de una arraigada tradición en el imaginario de las clases medias altas y burguesas, que suelen fantasear con la peligrosidad de vivir allende los límites, impuestos por quien sabe que oscuras conciencias, aquellas que dictaminan el bien y el mal según los ingresos per cápita, nada más lejano de la realidad, pues es sabido que satán mete la cola en cualquier casa, sea de la clase que sea.
No faltaría entonces mucho tiempo, para que el monstruo se adentrara, dijimos, en los Hatillos, a urgar como un endemoniado poseso, un detective salvaje con los ojos rojos por la mota y el aliento hediondo a guaro, asustando a las señoras del barrio, exitando a las chiquillas, con ese porte de galán de pelicula de terror clase b, de conde drácula vs. el enmascarado de plata.
No faltaría mucho tiempo, para que llamase la atención de la policía por sus actitudes sospechosas, y en especial de un policía, que al enterarse de que un atrevido estaba preguntando demasiado por Estrella, quiso saber quien era. Valla si lo supo.
No faltaría mucho, para que la vuelta del monstruo a su ciudad natal, se convirtiese en una pesadilla lisérgica, una espiral de odio, venganza y muerte, una carretera para conductores suicidas. No faltaría mucho, pero todavía no, pues este relato no es de los que apelan al morbo gratuito de los que buscan sangre en la lectura, sino que pretende ser algo un poco más profundo que eso.
He aquí entonces, que el día de la entrevista con Giselle López, el monstruo se puso tan de punta en blanco, que ni siquiera el mismo Tom Wolfe le hacía sombra, pues se calzó su mejor traje de Dior (la publicidad lamentáblemente, por ahora no se cobra), y un clavel rojisimo en el ojal, porque era con foto, y adoptó una pose de maldito que ha madurado bien y ahora sabía lo que quería, una pose de quien está en su mejor momento y escribe mejor que nunca, lo cual no era solo una pose, pero no basta con serlo, también hay que aparentarlo.
Gisell era su amiga desde bastante jóvenes, desde el nacimiento de las vanguardias de los años ochentas, e incluso habían sido amantes.
La entrevista desandó, así, terrenos conocidos por ambos, y deparó algunas sorpresas, un corto resumen escrito por ella misma, a manera de prólogo, decía lo siguiente:
"Rubén Arrieta, alias el monstruo, que supo ser un adelantado en la literatura costarricense, allá por los primeros años ochentas, dejando un legado brebe y casi desconocido para el público masivo, pero sólido como pocos, ha vuelto al país después de veinte años de exilio auto impuesto, con una nueva novela sin publicar aún bajo el brazo, y dispuesto a dar otra batalla de la imaginación, esperamos que esta entrevista sea el puntapié inicial, para ubicarlo en el lugar que se merece en nuestras letras ticas, y como no, latinoamericanas"
Y luego la entrevista:
Ella: Rubén Arrieta: ¿jura decir toda la verdad y nada más que la verdad?
Él: No sé si por suerte o desgracia, los que me conocen ya saben de mi fama de bocón, no puedo callarme nada de lo que sé o pienso.
Ella:¿Que se siente volver a la patria después de tanto tiempo?, ¿es cierto lo que dice el tango acerca de que veinte años no es nada?
Él: Que va, veite años es toda una vida, aunque a veces no se note, pero mi frente no está marchita todavía. En principio la alegría es total, la gente y los lugares que uno añoró tantas veces estando lejos, el recuerdo cercano de los amigos que ya no están, de las primeras novias. Pero luego aparece el maldito fantásma de la realidad, las cosas desagradables por las que uno se fué, en definitiva hay, primero una idealización, y luego un pequeño desencanto, y todo concluye con un fragil equilibrio de aceptar esa realidad, a veces tan opaca.
Ella: ¿Y cual dirías vos que fué el movil principal que te empujó a volver?
Él: Bueno, es que en el extranjero las noticias de Costa Rica son confusas, no las de la prensa, que son casi inexistentes, sino las del boca a boca de amigos y parientes, me decían que esto está hiper violento, que el turismo y el consumismo están arrasando con nuestro pequeño paisito, que el problema de la prostitución infantil es incontrolable, no quería perderme semejante fin de fiesta.
Ella: Dicen que te estuviste codeando con la realeza literaria en Colombia y en la Argentina.
Él: Se dicen demasiadas cosas, y algunas son ciertas, pero en lo personal siempre fuí de la idea, y sigo siendo, de que la mejor literatura está en los bajos fondos, y no en la realeza.
Ella: ¿Y como está el panorama literario en Argentina? si no me equivoco fué allí donde anclaste más tiempo.
Él: Si, allí casi me quedo para siempre, pero una fuerza interior me ayudó a salir, porque desde la muerte de Juan José Saér, el mundo literario de allá, se expresa solo a través de polémicas entre escritores, y a mi entender no hay un nivel interesante, aunque se publica bastante. Sin embargo, de lo más nuevo me han gustado Fabian Casas y Dafne Mociulsky, una chica que vende sus hermosas novelas en la calle.
Ella: ¿y por aquí?
Él: bueno, después de Osvaldo Sauma y Ana Istarú, la tercera pata de una mesa de tres en la poesía costarricense vengo a ser yó, y ahora que he vuelto, se va a poner muy interesante.
Ella: ¿Pensás publicar la novela que acabás de terminar?
Él: Tengo ganas, pero estoy esperando una buena oferta.
Ella: Poca gente sabe que tu padre es el ministro de economía.
Él: Lo que sucede giselita, es que mi vida privada carece por completo de importancia, soy un tipo muy aburrido y monotemático, lo único interesante de mi biografía es mi obra.
Ella: Si la poesía costarricense es una mesa de tres patas, ¿como definirías la poesía centroamericana?
Él: Me confieso completamente ignorante de lo que está pasando en nuestros hermanos países, pero podría decir que los clásicos, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, y Darío, conforman un juego completo de comedor, donde estarían las sillas y la mesa, todo de lujo.
Ella: ¿quien sería la mesa?
Él: Dificil pregunta, paso. Pero quiero además, rendir un homenaje a mi amigo David Madariaga, muerto en circunstancas misteriosas y nunca esclarecidas, y de seguro uno de los grandes que no pudo expresarlo todo, pero sabía mucho, tal vez demasiado, y tal vez por eso murió. Juntos nos emborrachamos incontables veces en la zona roja.
Ella: ¿Y como ves el futuro, ya no literario sino general?
Él: No demasiado diferente a lo que vemos hoy, recalentamiento, guerras, trenes voladores y robots, viajes a la luna en busca de silencio, en fin, muy exitante.
Ella: Vas a dar un recital de poesía en la universidad nacional de Heredia.
Él: No, los recitales de poesía son aburridísimos, será una performance con fuegos artificiales, el veinte del mes que viene.
Ella: Pues entonces ahí estaremos, muchas gracias por tu tiempo.
Él: Gracias a ustedes por soportarme.
Cuando terminó la entrevista, el monstruo se aflojó la corbata, se arregló un poco el pelo, e invitó a Gisell López a tomar un traguito, dizque para recordar mejores tiempos. Ella accedió con gusto.
Fueron a una cantina propuesta por él y aceptada por ella sin chistar, que quedaba en el límite entre la zona civilizada y la zona salvaje, se tomaron un litro, ella con limón, hielo y azucar, él a lo bestia, todo mientras le contaba estúpidas anécdotas de sus viajes, y la hacía reír a carcajadas.
Hasta que notó el monstruo, que Giselle, poco a poco se olvidaba de su novio, se olvidaba de quien era él, de quien era ella y donde estaba, en fin, que ambos se fueron relajando y acercandose, tal vez más de la cuenta, entonces la besó descaradamente y ella no pudo resistirse, la tocó un poco, hasta sentirla entrgarse por completo, y entonces la invitó a la cama.
Llegaron a un hotelucho, más de aquel lado que de este, y mientras subían las escaleras en la semi oscuridad, y la semi clandestinidad, pararon un par de veces para besarse y tocarse.
Al llegar a la habitación, la pregunta de rigor, aunque posiblemente tardía de Giselle: -mae, ¿trajiste preservativos?, fué contestada por Rubén con un gesto que pareció una publicidad de la tele, al sacar dos de estos preciados objetos y sacudirlos, sostenidos con las putas del pulgar y el anular derechos hacia abajo, y con una sonrisa cómplice, que ella a su vez contestó con un gemido de placer acompañado de un beso-mordisco a la yugular del poéta, el cual no se hizo esperar.
Y parado como estaba, duro como se puso, subió las enguas apretadas de su amiga, cortas pero no tanto, le bajó los medias negras de lycra, que ella se sacó levantando las
piernas de a una mientras se sostenía de la hermosa picha del poéta. Luego él la levantó de los muslos corriendole con una mano el calzoncito, y sintiendo su vaginita mojarse, así alzada la llevó caminando, hasta apoyarla en la pared, donde la penetró como quien penetra a una amante añorada.
Y comenzó la otra entrevista.
Ella: ¡haaayyy, rubencito mi amor, como extrañaba esa picha!
Él: ¡zorra mentirosa, a cuantos les dirás lo mismo!
Ella: ¡haaayyy, papiii, shhh, que ricooo!
Él: ¡veo que seguís cada vez más puta!
Ella: ¡hay, hay siii, hay siii, papiii, ricooo!
Así media hora, mientras ella se regó tres veces, y después en la cama le mamó un buen rato la verga, y él le metió un dedito en el culo, y se regó en el aire pegajoso del hotel ensuciando las sábanas, mintras ella se regó más, tal vez dos veces más. Luego se tiraron a fumar mota.
Y menos mal que se aclaró que esto no es porno soft para desauciados, es que el mercado extiende sus tentáculos por doquier, ya no se puede confiar en nadie.
Ella: mae, no se si de verdad sos la tercera pata de la poesía tica, pero que tenés la mejor tercera pata es indudable.
Se cagaron de la risa.
Él: ¿y vos cuantas patas conocés de la poesía nacional, para decretar semejante veredicto?
Ella: ¡¡hay!!, ¿como se te ocurre?, ¡yo ninguna!
Se volvieron a cagar de la risa, lo que sugirió que las conocía, si no todas, casi.
Más tarde el monstruo abrió las ventanas que daban a la calle y apareció la avenida central, llena de autos y humo, luces y marqesinas, música salsa, cumbia, flamenco y rock, sobre todo rock...
Y entre los cientos de personas que caminaban de prisa, o esperaban el bus para volver a casa antes de la lluvia, entre lluvia y lluvia, en medio de ese caos de paraguas y gente, el monstruo de repente pudo ver, o creyó ver, pues luego no pudo asegurarlo, una enorme y rulienta cabellera pelirroja que daba vuelta la esquina en dirección al parque central, y el corazón casi se le sale del pecho.
Se dió vuelta hacia Gisell, que yacía en el sopor de la hierba, y pálido como una momia le dijo:
-tengo que salir a la calle por una urgencia, ¿me podés acompañar?
-¿pero que te pasa? parece que hubieras visto un fantasma.
-algo parecido, por favor salgamos.
Se vistieron y bajaron las escaleras corriendo, y corriendo la hizo seguirlo un par de cuadras, tirando de su mano hasta llegar al parque central, y subir a la glorieta para mirar en derredor, y comprobar que había perdido a su fantasma.
Ambos estaban jadeando y sudorosos, con el olor del sexo casual, infiel e informal, olor que es igual al olor del otro sexo, al que, por no encontrar mejor nombre, llamaremos oficial.
Después, desesperado y abrumado, el monstruo le contó lo que le estaba pasando.
capítulo doce
Los primeros rumores de la vuelta del monstruo a su ciudad natal, pues sabemos ya que no es de los que pasan desapercibidos, comenzaron entonces a regarse como pólvora, alguien lo vió por allí, o por más allá, en algún bar de mala muerte en una calle, peleándo con un narco de poca monta en Barrio México, o tal vez Barrio Cuba.
¿Pero era reálmente Rubén Arrieta de quien se estaba hablando? preguntó Gisell López, la editora de una prestigiosa revista literaria, y preguntó Manuel Bermudez, escritor y especialista en la obra de Roberto Arlt, y sobre todo preguntó, además, Estela Sánchez de Bustamante, profesora de la carrera de letras de la Universidad de Heredia, que les hacía leer a sus alúmnos el mítico libro de Arrieta, "Aves nocturnas sobrevuelan los campos de la muerte", con esa inclinación a la tragedia, típica de los escritores inmaduros.
Y la respuesta tajante fué, una y mil veces: -sí, hablamos de Rubén Arrieta, el mismísimo monstruo.
Y si bien es cierto que las personas encargadas de divulgar la noticia eran, por lo menos en su mayoría, de fiar, las dudas de los otros, o sea los encargados de recibir aquella misma noticia, no carecían de fundamentos, porque durante mucho tiempo después de la partida del monstruo, hubieron algunos que se dedicaron a imitarlo, vistiéndose como él, haciendo poses de poétas reveldes y malditos, tal vez inclusive muy bien, ademas de imitarlo en su escritura, pero esto último no les salió tan bien.
Después aparecieron otros que imitaban a los imitadores, y podría decirse que mejor que los primeros (se llegó al extremo de imitarlo, sin saber a quien se estaba imitando, pues este último tipo de imitadores, no conocían al original, ni siquiera lo habían leído, tal vez tampoco sabían que escribía), o sea, que por eso tanta pregunta y desconfianza.
Inclusive corría un rumor mucho peór, algo sobre un clon en un turbio laboratorio genético, pergeñado, y pagado, por los adalides del mercado para un fraguar un negocio editorial sin precedentes, pero esto ya era demasiado ridículo para ser cierto, aunque tratándose del monstruo...
Pero esta vez era él, y finalmente dieron con él.
Y, muy poca gente lo sabía, pero había sobrevivido un pequeño culto de sus pocos cuentos y poémas, como corresponde a un auténtico maldito, entonces pasaron tres cosas:
1) Por un lado Gisell López logró concretar una entrevista, que saldría en un prestigioso semanario de los domingos.
2) Por el otro lado, Estela Sánchez de Bustamante lo contactó para ofrecerle el auditorio de la Universidad de Heredia para dar un recital de poesía, el monstruo le propuso más bien una performance poética, ella aceptó.
3) Por último, Manuel Bermudez lo invitó a beber guaro y birrita, acompañados con unas boquitas de pejiballe con mayonesa en un bar de Moravia, para hablar de literatura y de los viejos buenos tiempos, en los que habían compartido grandes gestas.
Eso hicieron entonces, hablaron de sus propias obras, no mucho, y de otros escritores y escritoras, algunos de primer orden, otros del segundo. Y otros, por que no decirlo, decididamente paupérrimos.
El negocio le había quedado redondo, pues la entrevista saldría unos días antes de la performance, que yá tenía fecha, para hacer algo de publicidad y asegurar buen de público.
¿Pero era reálmente Rubén Arrieta de quien se estaba hablando? preguntó Gisell López, la editora de una prestigiosa revista literaria, y preguntó Manuel Bermudez, escritor y especialista en la obra de Roberto Arlt, y sobre todo preguntó, además, Estela Sánchez de Bustamante, profesora de la carrera de letras de la Universidad de Heredia, que les hacía leer a sus alúmnos el mítico libro de Arrieta, "Aves nocturnas sobrevuelan los campos de la muerte", con esa inclinación a la tragedia, típica de los escritores inmaduros.
Y la respuesta tajante fué, una y mil veces: -sí, hablamos de Rubén Arrieta, el mismísimo monstruo.
Y si bien es cierto que las personas encargadas de divulgar la noticia eran, por lo menos en su mayoría, de fiar, las dudas de los otros, o sea los encargados de recibir aquella misma noticia, no carecían de fundamentos, porque durante mucho tiempo después de la partida del monstruo, hubieron algunos que se dedicaron a imitarlo, vistiéndose como él, haciendo poses de poétas reveldes y malditos, tal vez inclusive muy bien, ademas de imitarlo en su escritura, pero esto último no les salió tan bien.
Después aparecieron otros que imitaban a los imitadores, y podría decirse que mejor que los primeros (se llegó al extremo de imitarlo, sin saber a quien se estaba imitando, pues este último tipo de imitadores, no conocían al original, ni siquiera lo habían leído, tal vez tampoco sabían que escribía), o sea, que por eso tanta pregunta y desconfianza.
Inclusive corría un rumor mucho peór, algo sobre un clon en un turbio laboratorio genético, pergeñado, y pagado, por los adalides del mercado para un fraguar un negocio editorial sin precedentes, pero esto ya era demasiado ridículo para ser cierto, aunque tratándose del monstruo...
Pero esta vez era él, y finalmente dieron con él.
Y, muy poca gente lo sabía, pero había sobrevivido un pequeño culto de sus pocos cuentos y poémas, como corresponde a un auténtico maldito, entonces pasaron tres cosas:
1) Por un lado Gisell López logró concretar una entrevista, que saldría en un prestigioso semanario de los domingos.
2) Por el otro lado, Estela Sánchez de Bustamante lo contactó para ofrecerle el auditorio de la Universidad de Heredia para dar un recital de poesía, el monstruo le propuso más bien una performance poética, ella aceptó.
3) Por último, Manuel Bermudez lo invitó a beber guaro y birrita, acompañados con unas boquitas de pejiballe con mayonesa en un bar de Moravia, para hablar de literatura y de los viejos buenos tiempos, en los que habían compartido grandes gestas.
Eso hicieron entonces, hablaron de sus propias obras, no mucho, y de otros escritores y escritoras, algunos de primer orden, otros del segundo. Y otros, por que no decirlo, decididamente paupérrimos.
El negocio le había quedado redondo, pues la entrevista saldría unos días antes de la performance, que yá tenía fecha, para hacer algo de publicidad y asegurar buen de público.
sábado, 8 de mayo de 2010
capítulo once
Comenzó entonces el mismo recorrido y tuvo un par de sorpresas, o tal vez tres:
La primera, que donde antes le dijeron no recordar, o jamás haber visto a la persona que el les describía, ahora resultó que la recordaban muy bien, tal vez demasiado bien, incluso resultaron casi íntimos, llegando al extremo de destornillarse de risa con alguna anécdota con Estrella como protagonísta, y de entristecerse con otras. Pero hacía ya más de diez años que no sabían nada de ella, ¿pero ninguna noticia?, ninguna.
Pensó que le podían estar tomando el pelo.
La segunda sorpresa fué, que donde antes le habían dicho que todos los del barrio habían vivido allí toda la vida, y que jamás, ni por asomo alguno alguien se había mudado, ni lo haría por nada del mundo, de ese hermoso barrio, que a pesar de tener algunos deféctos, en fin, etc..., ahora se les ocurrió que no era tan así, pues la vecina de enfrente, que vivía con sus hijos hasta que estos partieron, había venido a vivir luego, tal vez veinte años atrás, y los vecinos anteriores se fueron, porque no pudieron soportar los chismes, al quedar una de las niñas embarazadas.
Eran dos hermanas de unos dieciseis, o tal vez más años.
Aunque podía ser, dijeron, que al irse la chica ya hubiera parido, aquí hubieron varias versiones y no llegaron a ningún acuerdo, inclusive alguien llegó a decir que tuvo a la criatura en brazos, pero los demás lo negaron, aduciendo que jamás le había gustado, a esa persona, tener un niño en brazos, y que no lo hizo ni con los suyos, y casi hay una pelea que el monstruo se vió en el deber de parar. Cuando los ánimos se enfriaron, pidió una descripción de aquellas niñas, y por lo menos una coincidió con el recuerdo de su Estrella.
Y así Estrella comienza a tomar forma, a ser algo más que un recuerdo personal y esquivo, a dejar de ser un fantásma de su pasado, para convertirse en algo un poco más real, no solamente un sueño, sino algo que de verdad ocurrió.
La tercera sorpresa fué, que cuando llegó a la casa señalada, en la que ya había estado preguntando el primer día de su búsqueda, ahora le pareció reconocerla, tal vez era de otro color, pero el jardín de la entrada era el mismo, la disposición de las ventanas la misma, la sangre le golpeó el corazón de nuevo, de la misma manera que la primera vez que la vió.
Al tocar el timbre, nadie abrió la puerta, y dercidió volver al otro día.
Se fué de allí con una nueva idea, de que la memoria recuerda a veces, solo lo que se la dá la gana, o peór aún, la memoria lo recuerda todo, pero lo trae de vuelta cuando se le ocurre y a cuentagotas, en comodos plazos y cuando quiere ella. Eso cuando no se le ocurre esconderlo todo para siempre.
La memoria se parece a los capitales buitre, tan característicos de la globalización, que vienen cuando les conviene, y se van cuando las papas queman.
La memoria tiene, muchas más veces de lo que quisieramos, una vida propia.
Esa misma noche llamó al celular de Katia, pero esta no contestó o le dió ocupado, y le escribió un mensaje: ¡quiero verte!
Tampoco obtuvo resultados, y se fué a dormir agotado.
Al otro día estaba parado frente a la casa temprano, tal vez las once de la mañana, y tocó el timbre.
Luego de un rato, la voz de una mujer le habló desde una de las ventanas: -¿a quien busca muchacho?
-buen día señora, pensé que tal vez usted me podría dar algún dato de las personas que vivían antes aquí, si no es molestia...
-espere un momento por favor.
Esperó un momento.
La puerta se abrió y salió una señora trigueña, de piel canela, y gorda, secándose las manos con un delantal de cocina, parecía tener unos sesenta años pero podía tener más, ella le hizo la misma pregunta, y él repitió la respuesta, entonces lo hizo pasar.
Cuando el monstruo cruzó el umbral de la puerta de entrada, toda la lluvia que durante siglos había caído en el país de las ranas, se le vino encima en un solo chaparrón, y definitivamente lo recordó todo..
Recordó que Estrella lo había llevado allí, no más de tres o cuatro veces, cuando no había nadie en casa, pero él había soñado con ese lugar durante más de diez años en sus viajes, y mientras vivió en Argentina. Recordó además, el olor, el color, el sabor y el tamaño, del sexo de Estrella, muy grande y sabroso por cierto, la cabidad y el calor de su boca, su risa, sus manos conteniendole el miembro, el lugar donde estaba el sillón, y donde ella se tiraba a hablar con amigas por telefono, despreocupada, a contarles sus hazañas sexuales, todos los polvos que habían echado, ese mismo sillón donde hacían el amor con el televisor prendido, cuando no existían celulares ni robots, ni mucho menos trenes voladores. Si es que acaso a eso podía llamarse amor, en el caso de él, esa lascibia.
Ahora cree que si.
-¿Le pasa algo muchacho? preguntó la señora.
-No nada, ¿que me puede decir de la gente que vivía aquí antes que usted?
Y aquella señora, le dijo unas cuantas cosas...
La primera, que donde antes le dijeron no recordar, o jamás haber visto a la persona que el les describía, ahora resultó que la recordaban muy bien, tal vez demasiado bien, incluso resultaron casi íntimos, llegando al extremo de destornillarse de risa con alguna anécdota con Estrella como protagonísta, y de entristecerse con otras. Pero hacía ya más de diez años que no sabían nada de ella, ¿pero ninguna noticia?, ninguna.
Pensó que le podían estar tomando el pelo.
La segunda sorpresa fué, que donde antes le habían dicho que todos los del barrio habían vivido allí toda la vida, y que jamás, ni por asomo alguno alguien se había mudado, ni lo haría por nada del mundo, de ese hermoso barrio, que a pesar de tener algunos deféctos, en fin, etc..., ahora se les ocurrió que no era tan así, pues la vecina de enfrente, que vivía con sus hijos hasta que estos partieron, había venido a vivir luego, tal vez veinte años atrás, y los vecinos anteriores se fueron, porque no pudieron soportar los chismes, al quedar una de las niñas embarazadas.
Eran dos hermanas de unos dieciseis, o tal vez más años.
Aunque podía ser, dijeron, que al irse la chica ya hubiera parido, aquí hubieron varias versiones y no llegaron a ningún acuerdo, inclusive alguien llegó a decir que tuvo a la criatura en brazos, pero los demás lo negaron, aduciendo que jamás le había gustado, a esa persona, tener un niño en brazos, y que no lo hizo ni con los suyos, y casi hay una pelea que el monstruo se vió en el deber de parar. Cuando los ánimos se enfriaron, pidió una descripción de aquellas niñas, y por lo menos una coincidió con el recuerdo de su Estrella.
Y así Estrella comienza a tomar forma, a ser algo más que un recuerdo personal y esquivo, a dejar de ser un fantásma de su pasado, para convertirse en algo un poco más real, no solamente un sueño, sino algo que de verdad ocurrió.
La tercera sorpresa fué, que cuando llegó a la casa señalada, en la que ya había estado preguntando el primer día de su búsqueda, ahora le pareció reconocerla, tal vez era de otro color, pero el jardín de la entrada era el mismo, la disposición de las ventanas la misma, la sangre le golpeó el corazón de nuevo, de la misma manera que la primera vez que la vió.
Al tocar el timbre, nadie abrió la puerta, y dercidió volver al otro día.
Se fué de allí con una nueva idea, de que la memoria recuerda a veces, solo lo que se la dá la gana, o peór aún, la memoria lo recuerda todo, pero lo trae de vuelta cuando se le ocurre y a cuentagotas, en comodos plazos y cuando quiere ella. Eso cuando no se le ocurre esconderlo todo para siempre.
La memoria se parece a los capitales buitre, tan característicos de la globalización, que vienen cuando les conviene, y se van cuando las papas queman.
La memoria tiene, muchas más veces de lo que quisieramos, una vida propia.
Esa misma noche llamó al celular de Katia, pero esta no contestó o le dió ocupado, y le escribió un mensaje: ¡quiero verte!
Tampoco obtuvo resultados, y se fué a dormir agotado.
Al otro día estaba parado frente a la casa temprano, tal vez las once de la mañana, y tocó el timbre.
Luego de un rato, la voz de una mujer le habló desde una de las ventanas: -¿a quien busca muchacho?
-buen día señora, pensé que tal vez usted me podría dar algún dato de las personas que vivían antes aquí, si no es molestia...
-espere un momento por favor.
Esperó un momento.
La puerta se abrió y salió una señora trigueña, de piel canela, y gorda, secándose las manos con un delantal de cocina, parecía tener unos sesenta años pero podía tener más, ella le hizo la misma pregunta, y él repitió la respuesta, entonces lo hizo pasar.
Cuando el monstruo cruzó el umbral de la puerta de entrada, toda la lluvia que durante siglos había caído en el país de las ranas, se le vino encima en un solo chaparrón, y definitivamente lo recordó todo..
Recordó que Estrella lo había llevado allí, no más de tres o cuatro veces, cuando no había nadie en casa, pero él había soñado con ese lugar durante más de diez años en sus viajes, y mientras vivió en Argentina. Recordó además, el olor, el color, el sabor y el tamaño, del sexo de Estrella, muy grande y sabroso por cierto, la cabidad y el calor de su boca, su risa, sus manos conteniendole el miembro, el lugar donde estaba el sillón, y donde ella se tiraba a hablar con amigas por telefono, despreocupada, a contarles sus hazañas sexuales, todos los polvos que habían echado, ese mismo sillón donde hacían el amor con el televisor prendido, cuando no existían celulares ni robots, ni mucho menos trenes voladores. Si es que acaso a eso podía llamarse amor, en el caso de él, esa lascibia.
Ahora cree que si.
-¿Le pasa algo muchacho? preguntó la señora.
-No nada, ¿que me puede decir de la gente que vivía aquí antes que usted?
Y aquella señora, le dijo unas cuantas cosas...
miércoles, 28 de abril de 2010
capítulo diez
A decir verdad, el monstruo no era muy amigo de acostarse con las putas, aunque si había tenido un par de etapas de su vida en las que salió con algunas, incluso con alguna en especial, más de lo aconsajable. Pero lo cierto es que no lo exitaba gran cosa la idea del comercio carnal sin más, no le gustaba la mujer que finge orgasmos, aunque sea su trabajo.
Si acaso se acostaba con una puta, pretendía al menos que esta gozara, para lo cual, decía él, tenía que haber algo prebio, como una atracción mutua, seducción, charla, acercamiento, piel, algo de acción...buena química. Entonces no tenía problema en pagar.
Esta vez era indudable que hubo acción, y la chica a su lado estaba toda mojada, por lo que la volvió a culear.
(Nota del escritor: puta no es una mala palabra, con perdón de los creyentes).
xxxxxxxxxxxxxxoooooooooooxxxxxxxxxxxxxoooooooxxxxxxxxxxx
Cuando el monsruo tenía la edad que ahora tenía Katia, años más o menos, Nelson Hoffmann, el famoso conductor televisivo, comenzaba su reinado de décadas en el programa de videoclips "Hola juventud", desde el cual se metía en todos los aparatos y las casas de los adolescentes ticos, ejerciendo su extraña influencia musical, un programa de formato bastánte audaz, y muy adelantado para su época, en cuanto a contenido.
Todavía no habían nacido las mega-cadenas del gran país del norte que luego acapararían el negocio de la música en clip.
Hoffmann no solamente tenía un muy buen criterio, sino que además interpretaba muy bien el gusto popular de la juventud tica, y de no haber sido por ese programa, jamás hubieran visto en movimieto a los Rolings stones interpretando "Undecover", u otros de la época, o a The police, con "Cada pequeña cosa que ella hace es magia", o a los Kiss, con la fabulosa y cosquillosa lengua de Gene Simons.
Aunque también es bueno reconocer, que de no haber estado Hoffmann con su programa se habrían evitado el mal trago de "Menudo", o "Los chicos", o "Los abejorros", grupos estos, de los que más tarde saldrían incontables clones. Pero bueno, la oferta del programa era amplia y democrática, y la industria discográfica nacional, por demás módica.
Bastante tiempo después, hizo su aparición Rupert Alvarado, en Radio uno, y fué allí, donde un grupo de valientes, "Café con leche y Los de a bordo", le ganaron al menos por una vez, a aquellas poderosas mega-cadenas del país del norte, cuando la canción "Los pollitos", le ganó a "La isla bonita" de la todopoderosa reina de la industria discográfica, ya no del norte sino de el mundo todo, Madonna, la cual, más que seguro, tal vez nunca se enteró de esto. O tal vez si, tal vez su impresionante cuenta bancaria sufrió un leve descenso esa semana, y a ella, pobrecita, se le atragantó el desayuno.
Esos eran los últimos días de la movida-vanguardia, el apocalípsis definitivo de toda esperanza de salvación para el arte por amor al arte, el advenimiento de un fantasma como no se había soñado jamás, el dios mercado.
Aquellos días en que los "Cafe con leche" desgranaban sus canciones y monólogos en una disco purete y pola de la avenida central que ya no exíste.
Ahora, mientras Katia dormía, el monstruo, que cada vez dormía menos menos, pensaba en que tal vez sería bueno volver a juntar a su grupo de rock, el regreso de "Los fármacos", con un remixado de grandes éxitos.
Cuando se lo comunicó a su primo, este fué bastante más pesimista, y le dijo así: -si claro mae, buenísimo, pero le podrías poner mejor "Las momias", o ¿que tal "Jurasic park segundas partes nunca fueron buenas"? por favor primito, no seas tán huvón, ¡el rock ha muerto, viva la música electrónica!
Y más tarde, ante la persistente tendencia de su primo Carlos a criticarlo y ver la parte negativa de todo, el monstruo sacaría la conclusión de que tal vez estaban pasando demasiado tiempo juntos, y que quien era él para aprovecharse del tiempo de los demás, solo por haberse decidido a ser artísta, lo que equivalía en esa familia y esa sociedad, al suicidio, pués los demás tenían vidas comunes y corrientes, y querían seguirlas teniendo, y estaban en su derecho.
El monstruo entendió todo esto, y decidió dejar de verlo por un tiempo. Pero también concluyó por pensar, que su primo tal vez tenía razón, y lo mejor era olvidarse de todo y dedicarse a aquel presente, al menos en lo que se refería a esos temas.
Todo era tal vez, y odió ponerse tan relativo.
Decidió entonces continuar con su búsqueda y volver al mismo lugar, porque se le ocurrió que tal vez (maldición), las personas que había entrevistado recordarían ahora un dato que no túvieron antes en cuenta, que no tenían muy fresco y luego sí, o que alguien que acaso conocía a Estrella y no estaba esa vez, estaría esta otra, esas cosas que pasan...
Si acaso se acostaba con una puta, pretendía al menos que esta gozara, para lo cual, decía él, tenía que haber algo prebio, como una atracción mutua, seducción, charla, acercamiento, piel, algo de acción...buena química. Entonces no tenía problema en pagar.
Esta vez era indudable que hubo acción, y la chica a su lado estaba toda mojada, por lo que la volvió a culear.
(Nota del escritor: puta no es una mala palabra, con perdón de los creyentes).
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Cuando el monsruo tenía la edad que ahora tenía Katia, años más o menos, Nelson Hoffmann, el famoso conductor televisivo, comenzaba su reinado de décadas en el programa de videoclips "Hola juventud", desde el cual se metía en todos los aparatos y las casas de los adolescentes ticos, ejerciendo su extraña influencia musical, un programa de formato bastánte audaz, y muy adelantado para su época, en cuanto a contenido.
Todavía no habían nacido las mega-cadenas del gran país del norte que luego acapararían el negocio de la música en clip.
Hoffmann no solamente tenía un muy buen criterio, sino que además interpretaba muy bien el gusto popular de la juventud tica, y de no haber sido por ese programa, jamás hubieran visto en movimieto a los Rolings stones interpretando "Undecover", u otros de la época, o a The police, con "Cada pequeña cosa que ella hace es magia", o a los Kiss, con la fabulosa y cosquillosa lengua de Gene Simons.
Aunque también es bueno reconocer, que de no haber estado Hoffmann con su programa se habrían evitado el mal trago de "Menudo", o "Los chicos", o "Los abejorros", grupos estos, de los que más tarde saldrían incontables clones. Pero bueno, la oferta del programa era amplia y democrática, y la industria discográfica nacional, por demás módica.
Bastante tiempo después, hizo su aparición Rupert Alvarado, en Radio uno, y fué allí, donde un grupo de valientes, "Café con leche y Los de a bordo", le ganaron al menos por una vez, a aquellas poderosas mega-cadenas del país del norte, cuando la canción "Los pollitos", le ganó a "La isla bonita" de la todopoderosa reina de la industria discográfica, ya no del norte sino de el mundo todo, Madonna, la cual, más que seguro, tal vez nunca se enteró de esto. O tal vez si, tal vez su impresionante cuenta bancaria sufrió un leve descenso esa semana, y a ella, pobrecita, se le atragantó el desayuno.
Esos eran los últimos días de la movida-vanguardia, el apocalípsis definitivo de toda esperanza de salvación para el arte por amor al arte, el advenimiento de un fantasma como no se había soñado jamás, el dios mercado.
Aquellos días en que los "Cafe con leche" desgranaban sus canciones y monólogos en una disco purete y pola de la avenida central que ya no exíste.
Ahora, mientras Katia dormía, el monstruo, que cada vez dormía menos menos, pensaba en que tal vez sería bueno volver a juntar a su grupo de rock, el regreso de "Los fármacos", con un remixado de grandes éxitos.
Cuando se lo comunicó a su primo, este fué bastante más pesimista, y le dijo así: -si claro mae, buenísimo, pero le podrías poner mejor "Las momias", o ¿que tal "Jurasic park segundas partes nunca fueron buenas"? por favor primito, no seas tán huvón, ¡el rock ha muerto, viva la música electrónica!
Y más tarde, ante la persistente tendencia de su primo Carlos a criticarlo y ver la parte negativa de todo, el monstruo sacaría la conclusión de que tal vez estaban pasando demasiado tiempo juntos, y que quien era él para aprovecharse del tiempo de los demás, solo por haberse decidido a ser artísta, lo que equivalía en esa familia y esa sociedad, al suicidio, pués los demás tenían vidas comunes y corrientes, y querían seguirlas teniendo, y estaban en su derecho.
El monstruo entendió todo esto, y decidió dejar de verlo por un tiempo. Pero también concluyó por pensar, que su primo tal vez tenía razón, y lo mejor era olvidarse de todo y dedicarse a aquel presente, al menos en lo que se refería a esos temas.
Todo era tal vez, y odió ponerse tan relativo.
Decidió entonces continuar con su búsqueda y volver al mismo lugar, porque se le ocurrió que tal vez (maldición), las personas que había entrevistado recordarían ahora un dato que no túvieron antes en cuenta, que no tenían muy fresco y luego sí, o que alguien que acaso conocía a Estrella y no estaba esa vez, estaría esta otra, esas cosas que pasan...
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