Cuando Estrella tenía once años fué violada por su padre.
Eso se convirtió en un secreto entre ella y su madre, pues el tipo, aunque por un tiempo también compartió el secreto, no pudo hacerlo por mucho, o sí, pero en la tumba, ya que la niña lo envenenó con veneno para ratas.
No queriendo ser una victima de las cicunstancias, suceptible de ser violada otras veces, o de vivir con miedo de los hombres, ella tomó las riendas de su destino.
Si, una frase tan trillada puede ser a veces, también profunda.
Esos dos actos de su vida, ¡violación y asesinato!, como titularía un periodico amarillista, esos dos actos entonces, la convirtieron en una niña solitaria y fuerte, firme en sus convicciones, capaz de amar y de matar.
Esa fué la niña que el monstruo conoció, por supuesto sin saberlo, la niña que se lo llevó a la cama, y no al revés, como le gustaba pensar.
Cuando después de dos años de una vertiginosa relación, en la que hacieron literalmente TODO, inclusive robar a mano armada, orgías, etc..., cuando después de esos dos años, el huyó como un imbécil, Estrella cayó en desgracia.
Alguien descubrió su crimen, alguien la identificó por los robos, y así terminó en prisión. Allí pasó indecibles martirios, hasta que un guardacárceles se enamoro de ella, y usando sus influencias, pues tenía algunos negocios turbios con el director del presidio, logró sacarla y devolverla a su hogar, dulce hogar.
Si querían, lectores, algún relato romántico y a la vez rebuscado, han encontrado la horma de su zapato, no saben hasta que punto.
En su confusión y exitación, la niña ya no sabía si amaba al monstruo, y al no tenerlo a mano para poder decidirse, correspondió al amor del guardacárceles.
Al poco tiempo de haber vuelto a su hogar, conoció al hermano del gurdacárceles, que también se enamoró de ella, y ya un polvo es como un vaso de agua, correspondió también a este otro.
Esos eran entonces, los hermanos Ramirez, uno guardacárceles y el otro policía rural, con un turbio pasado del que ya nos vamos a enterar. Marcos y Julián Ramirez.
De repente ella se enteró que había quedado embarazada, pero no sabía de cual de los dos.
Los hermanos Ramirez no sabían a su vez, que la chica juegaba con ellos, pero lo sospechaban, ambos sentían que podían ser los padres de la criatura pero también que no, se amaban como hermanos, pero se odiaban también como hermanos.
Cuando la madre de ella se enteró del embarazo la echó de la casa, mudó después a toda la familia porque no soportó los rumores, y Estrella fue a dar con sus huesos a casa de los Ramirez, una casa alquilada, humilde pero amplia y confortable, que más adelante compraron.
En ese, su palacio, Estrella mantuvo mientras pudo, su poder de dominio sobre los hermanos.
Había algo más, algo que nadie sabía en esta historia, y era que la bebita que estaba por nacer, y que pronto nació, no era hija de ninguno de los Ramirez, ¿de quien entonces?, algo muy siniestro, o muy bello, aqui depende de las creencias de cada quien, le ocurrió en prisión a la madre mientras dormía o estaba drogada, algo de lo que nos enteraremos luego.
La pequeña, llamada Karen, creció en aquel ambiente hostil y se desarrolló, tanto que ahora tenía casi dieciocho y era igual a su madre, y es la persona que el monstruo creyó ver aquellas dos veces, y que de verdad había visto, pues no hay otra melena igual a esas dos en toda Costa Rica.
La pequeña, llamada Karen, es una apasionada lectora amante de la poesía, y por tal motivo acudió aquella vez a al universidad de Heredia.
En fin, que aunque todo esto parezca rebuscado, amable y paciente lector, debes saber que algunas veces, sino cada semana, las noticias de la prensa parecen obra de algún delirante y descarriado escritor de novelas, y que muy lejos está este relato, de pretenderse una telenovela mexicana, muy por el contrario, este relato avanza como una topadora destruyendo obiedades a su paso, por caminos insospechados, como la vida, y llegará a su punto culminante, cuando el monstruo y los hermanos Ramirez, como en un spagetti western, protagonicen un tiroteo por las intrincadas calles de San José. Pero para eso todavía falta.
Ahora, pensaba el monstro fríamente, ¿cuantas posibilidades reales había, de que Estrella sea la misma, esté mas bella, y aún lo ame?
Tal vez una entre diez.
La pobre Karen, que habiendo escuchado historias de la guerra de Vietnam, cuando las mujeres se ponían gilettes en sus vaginas para que los marines estadounidenses se corten al intentar violarlas, hizo por su parte lo propio, pues el guardacarceles borracho, al verla igual a la madre quiso abusar de ella, y terminó perdiendo mucha sangre, pues la ambulancia se demoró en llegar.
Perder sangre tan estúpidamente, habiendo gente que necesita una transfusión, pensó Karen mientras huía de su casa jurándose jamás volver.
Y se fué a vender su cuerpo, casi una niña, por las calles de una ciudad y un mundo, nos guste o nó, cada vez más incomprensible y descontrolado.
No hay dios, no hay plan, dijo en medio de dos escupitajos Charles Bukowsky.
Ahora la vida de Estrella transcurría, entre la duda por no saber que carcel era peór, si la del estado o la de los hermanos Ramirez, y la culpa por la huída de la pequeña Karen.
Si por lo menos no hubieras huído, se decía pensando en Rubén, si al menos el infierno te mandara de vuelta...
sábado, 29 de mayo de 2010
capítulo dieciocho
Con la novela publicada y las crónicas en el periódico, viendo que se hacía dificil dar con su musa, lo cual era ya una posibilidad al iniciar la busqueda, el monstruo decidió entonces instalarse.
Trazó algún escueto plan para garantizarse un mayor ingreso de divisas, tenía seguro que no quería terminar sus días de político ni de narco, y vió que lo que más le cuadraba era dar, por que no, algún taller literario, un tipo de su prestigio, etc...
Su novela había recibido, casi en igual medida, comentarios a favor y en contra por parte de la crítica especializada y el público, los más ortódoxos dictaminaron que lo del monstruo era un bleff, un invento, que no se lo habían tragado en otros países, y que ahora lo quería meter en Costa Rica, apelando a los nostálgicos que se creían sus embustes, y a los chiquillos inexpertos que se dejaban seducir por sus fuegos artificiales. El monstruo se sonrió leyendo estos comentarios, pensando en lo que tenían de cierto.
Los más fanáticos lo endiosaron al punto de decir, que tal vez solamente una vez por siglo, nace un escritor con esas ambiciones y apetito por decirlo todo, y que los que no lo leyeran yá, de todas maneras tendrían que hacerlo tarde o temprano, pues estaba destinado al cánon. El montruo sonrió también al leer esto, pensando que no pretendía tanto. De todas maneras la novela ganó un concurso, en un dudoso fallo, haciendo enrojecer de furia a sus detractores.
Así que, entre una cosa y otra, el monstruo se encontró de repente muy bien instalado, en un departamento en San Pedro, dando un taller literario.
Sus primeros alumnos fueron Edgar Allan y Katia, a la que el monstruo tuvo que cobrarle en contante y sonante, pues había decidido dejar de colaborar con la prostitución infantil. Además había empezado a tratar de beber menos, inspirado por la ilusión de que al encontrar a su amada, debía estar medianamente sobrio y presentable.
¿Sería que se estaba volviendo viejo?, se preguntaba a si mismo. Tal vez finalmente había madurado bien.
Huelga decir que no siempre tenía éxito en la empresa que se había propuesto, y más de una vez salió de un bar a los pichazos y borracho, por alguna discusión estúpida. Los que han dejado de beber saben que no es tan sencillo como parece, un amigo al verlo mal le propuso llevarlo a un grupo de alcoholicos anónimos, y creanlo o nó, hasta allí fué nuestro héroe, a contar la novela de su vida.
Hoy no bebo, mañana no sé.
Esa frase no le gustó, necesitaba mayores precisiones, y como no se las dieron no volvió, pero al menos le sirvió para dejar de beber un tiempo.
Quien esto escribe, deve aclarar ahora un hecho que no se tuvo en cuenta antes, y que al monstruo se le empezó a ocurrir a raíz de su nuevo estado de sobriedad, y también de que empezara a conocerse como una persona nueva, pues nunca había estado sobrio, por lo menos no después de que a los catorce se emborrachara por vez primera.
Y es que se le dió por pensar que tal vez Estrella, ya no fuera la que conoció, era muy probable que no lo fuera. O sea, por ejemplo que pensara de una manera totalmente diferente a como pensaba hacía veinte años, o que físicamente estuviera muy cambiada, que tuviese una familia a la que atender, marido e hijos, de hecho le habían hablado de una niña, ¿sería suya o de otro?.
En fin, que todos estos elementos, juntos o de a uno, eran totalmente posibles, y la vaga idea de que fuese la misma persona, era solo eso, una vaga posibilidad remota.
Entonces, una molesta pregunta comenzó a perturbar el vasto mar de su conciencia, como el tañir de una campana de iglesia perturba a un pecador arrepentido: ¿no sería solo una obsesión, la búsqueda del amor perdido y juvenil?, ¿no sería, acaso, un escape fantasioso e inalcanzable, y con no pocas probabilidades de terminar frustrado?
Si, era muy probable que así fuese, se repetía a si mismo una y mil veces, a veces en vos alta, caminando solo por la calle, o sentado en el Chelles, o la que fuera la Soda Palace, contigua al antiguo Cine Palace (cine que luego albergó una cadena de comida rápida de cuyo nombre...), para más datos de los nostálgicos que aman el pasado.
Esperando verla pasar como hacía veinte años, el tiempo no vuelve mae...Pero, ¿y aquella melena pelirroja?, ¿un fantasma...?
Aunque existía también al menos una posibilidad, una en un millón, de que Estrella, a pesar de haber transcurrido veinte largos años, se matuviese tan hermosa como antes, o aún más, como les pasa a ciertas hembras, y de que fuera aquella misma persona que él conoció.
La perra más perfécta y aguerrida en la cama que jamás hubiese probado, y modestia aparte, había probado algunas.
El especimen más acabado de belleza femenina que hubiese visto, en sus cuarenta y pocos, y la única a la que de verdad había amado. Si eso no valía la pena buscar hasta la muerte, entonces no lo valía nada, solo esperaba no encontrarse con una gorda horripilante y fétida criando monstruitos.
Aunque en un arranque de ternura, pensó que aún así, gorda y horrible, la seguría amando, y luego se cagó de la risa de sus pensamientos, y se cagó de la risa de todo.
Y podía ser también, porque no, que ella aún lo amase y también lo estubiese buscando,a pesar de haber sido un cobarde. Una posibilidad entre mil, ya no un millón.
Pero había algo que el monstruo no sabía, pues no conoció ni por asomo a la verdadera Estrella.
Ahora, si me lo permites amable lector, vas a conocerla tú.
Trazó algún escueto plan para garantizarse un mayor ingreso de divisas, tenía seguro que no quería terminar sus días de político ni de narco, y vió que lo que más le cuadraba era dar, por que no, algún taller literario, un tipo de su prestigio, etc...
Su novela había recibido, casi en igual medida, comentarios a favor y en contra por parte de la crítica especializada y el público, los más ortódoxos dictaminaron que lo del monstruo era un bleff, un invento, que no se lo habían tragado en otros países, y que ahora lo quería meter en Costa Rica, apelando a los nostálgicos que se creían sus embustes, y a los chiquillos inexpertos que se dejaban seducir por sus fuegos artificiales. El monstruo se sonrió leyendo estos comentarios, pensando en lo que tenían de cierto.
Los más fanáticos lo endiosaron al punto de decir, que tal vez solamente una vez por siglo, nace un escritor con esas ambiciones y apetito por decirlo todo, y que los que no lo leyeran yá, de todas maneras tendrían que hacerlo tarde o temprano, pues estaba destinado al cánon. El montruo sonrió también al leer esto, pensando que no pretendía tanto. De todas maneras la novela ganó un concurso, en un dudoso fallo, haciendo enrojecer de furia a sus detractores.
Así que, entre una cosa y otra, el monstruo se encontró de repente muy bien instalado, en un departamento en San Pedro, dando un taller literario.
Sus primeros alumnos fueron Edgar Allan y Katia, a la que el monstruo tuvo que cobrarle en contante y sonante, pues había decidido dejar de colaborar con la prostitución infantil. Además había empezado a tratar de beber menos, inspirado por la ilusión de que al encontrar a su amada, debía estar medianamente sobrio y presentable.
¿Sería que se estaba volviendo viejo?, se preguntaba a si mismo. Tal vez finalmente había madurado bien.
Huelga decir que no siempre tenía éxito en la empresa que se había propuesto, y más de una vez salió de un bar a los pichazos y borracho, por alguna discusión estúpida. Los que han dejado de beber saben que no es tan sencillo como parece, un amigo al verlo mal le propuso llevarlo a un grupo de alcoholicos anónimos, y creanlo o nó, hasta allí fué nuestro héroe, a contar la novela de su vida.
Hoy no bebo, mañana no sé.
Esa frase no le gustó, necesitaba mayores precisiones, y como no se las dieron no volvió, pero al menos le sirvió para dejar de beber un tiempo.
Quien esto escribe, deve aclarar ahora un hecho que no se tuvo en cuenta antes, y que al monstruo se le empezó a ocurrir a raíz de su nuevo estado de sobriedad, y también de que empezara a conocerse como una persona nueva, pues nunca había estado sobrio, por lo menos no después de que a los catorce se emborrachara por vez primera.
Y es que se le dió por pensar que tal vez Estrella, ya no fuera la que conoció, era muy probable que no lo fuera. O sea, por ejemplo que pensara de una manera totalmente diferente a como pensaba hacía veinte años, o que físicamente estuviera muy cambiada, que tuviese una familia a la que atender, marido e hijos, de hecho le habían hablado de una niña, ¿sería suya o de otro?.
En fin, que todos estos elementos, juntos o de a uno, eran totalmente posibles, y la vaga idea de que fuese la misma persona, era solo eso, una vaga posibilidad remota.
Entonces, una molesta pregunta comenzó a perturbar el vasto mar de su conciencia, como el tañir de una campana de iglesia perturba a un pecador arrepentido: ¿no sería solo una obsesión, la búsqueda del amor perdido y juvenil?, ¿no sería, acaso, un escape fantasioso e inalcanzable, y con no pocas probabilidades de terminar frustrado?
Si, era muy probable que así fuese, se repetía a si mismo una y mil veces, a veces en vos alta, caminando solo por la calle, o sentado en el Chelles, o la que fuera la Soda Palace, contigua al antiguo Cine Palace (cine que luego albergó una cadena de comida rápida de cuyo nombre...), para más datos de los nostálgicos que aman el pasado.
Esperando verla pasar como hacía veinte años, el tiempo no vuelve mae...Pero, ¿y aquella melena pelirroja?, ¿un fantasma...?
Aunque existía también al menos una posibilidad, una en un millón, de que Estrella, a pesar de haber transcurrido veinte largos años, se matuviese tan hermosa como antes, o aún más, como les pasa a ciertas hembras, y de que fuera aquella misma persona que él conoció.
La perra más perfécta y aguerrida en la cama que jamás hubiese probado, y modestia aparte, había probado algunas.
El especimen más acabado de belleza femenina que hubiese visto, en sus cuarenta y pocos, y la única a la que de verdad había amado. Si eso no valía la pena buscar hasta la muerte, entonces no lo valía nada, solo esperaba no encontrarse con una gorda horripilante y fétida criando monstruitos.
Aunque en un arranque de ternura, pensó que aún así, gorda y horrible, la seguría amando, y luego se cagó de la risa de sus pensamientos, y se cagó de la risa de todo.
Y podía ser también, porque no, que ella aún lo amase y también lo estubiese buscando,a pesar de haber sido un cobarde. Una posibilidad entre mil, ya no un millón.
Pero había algo que el monstruo no sabía, pues no conoció ni por asomo a la verdadera Estrella.
Ahora, si me lo permites amable lector, vas a conocerla tú.
jueves, 27 de mayo de 2010
capítulo diecisiete
A raíz de su luego muy comentada aparición en la universidad, y de la entrevista, el monstruo recibió dos ofertas, una para publicar su novela, no le ofrecían una fortuna pero era algo, y además tendría prensa y difusión por otros medios, tal vez televisión, y eso obnubilaba su razón.
La otra propuesta le pareció más interesante, lo invitaron a escribir unas crónicas semanales del acontecer josefino, casi sin restricciones ni censura, en un conocido periódico, todo un adelanto para un país bastante pacato, toda una tentación para él. La paga era decente, aunque no jugosa.
Se puso entonces manos a la obra escribiendo algo como una carta de presentación para iniciar su nueva sección:
Crónicas del país de las ranas
"Si tenemos en cuenta que la historia de un país, se inscribe no solamente en la historia oficial, la que nos enseñan en los libros de escuelas y colegios, o la del discurso del poder económico-político, sino también en esos pequeños grandes sucesos, que el inconsciente colectivo del pueblo deja guardados en algún lugar marginal de la memoria, como al costado de la carretera central de la vida, en los caminos de tierra, y aparecen de vez en cuando en forma de anécdotas, mitos, rumores en voz baja, secretos a voces.
En ese sentido, la historia costarricense, como cualquier otra, está hecha no solo de héroes, sino además de villanos, miserables y asesinos, y muchas veces de anónimos.
El crimen de Alajuelita por ejemplo, o la pandilla de rateros llamada "los chapulines", que te abrían un tajo en la panza a plena luz del día para sacarte la billetera, o cualquier objeto que brillase, y que los más perspicaces sospecharon como un invento del entonces ministro de seguridad, que luego adquirió protagonismo, pues los puso en vereda dándoles trabajo y estudio.
Muchas veces se aprende más de un pueblo en sus crónicas policiales que en cualquier otro lugar.
O ese presidente, que lanzó su ridículo plan, "volver a la tierra", y sembró toda la ciudad de San José con pequeñas finquitas esquineras, tan paupérrimas que el transeúnte no se decidía, al verlas, entre reírse o llorar, en un país donde todavía, por ahora, la selva le gana constantemente la pelea al cemento.
Y aquel otro, muy anterior, que fué interrogado una vez sobre ciertos dineros públicos que habían desaparecido, el país entero espectánte, y solo atinó a decir: -¡no, si yo esa plata me la comí en confites! Era tan querido por el pueblo, que le festejaron la ocurrencia, y luego se supo que el dinero fué para un noble fin, una de las costumbres perdidas por la clase política.
Lo cierto es, que en ningún libro de historia están reseñados esos sucesos, ni tantos otros, y sin embargo ocurrieron. Con el fin de reparar esa laguna mental que nos imponen los que escriben la historia, es que han nacido estas crónicas, bienvenidos al país de las ranas".
xxxxxxxxxxxxooooooooxxxxxxxxxxxooooooooxxxxxxxxxx
Una tarde, paseando con su primo Carlos por las calles del centro en automóvil, al monstruo le dió por recordar momentos idos con gran nostálgia, como el primer día de su llegada, solo que esta vez, su primo no estaba del mismo humor, y no fueron tan bien recibidos aquellos recuerdos.
-El problema de vivir en el pasado, mi querido primo, es que la memoria es sumamente selectiva, y nos pone trampas constantemente, o sea que elegimos lo que queremos recordar, y tapamos lo que no nos gusta, o nos lo tapan otros.
Otro de los peligros del pasado, es que no nos permita vivir el presente, es hermoso recordar, pero terrible perseguir fantásmas.
Mientras Carlos decía estas, hasta cierto punto sabias palabras, y el carro pasaba por el costado del mercado de la coca cola, una interminable fila de borrachos, indigentes y crackeros adornaba el paisaje, tirados en el piso sucios y malolientes. El monstruo pensó que su primo tenía razón, y que el futuro había llegado, de la peór manera, a su querida ciudad, y que toda sociedad de bienestar tiene sus chivos expiatórios.
Carlos terminó así su discurso: -el problema de la prostitución infantil, en este país no es incontrolable primito, lo que pasa es que a nadie le conviene que se arregle, porque es como la guerra, un buen negocio. El verdadero problema es el cliénte, y no solo los políticos o la policía.
El monstruo pensó en Estrella, no porque su primo hablara de putas, sino porque hacía veinte años que solo pensaba en ella.
La otra propuesta le pareció más interesante, lo invitaron a escribir unas crónicas semanales del acontecer josefino, casi sin restricciones ni censura, en un conocido periódico, todo un adelanto para un país bastante pacato, toda una tentación para él. La paga era decente, aunque no jugosa.
Se puso entonces manos a la obra escribiendo algo como una carta de presentación para iniciar su nueva sección:
Crónicas del país de las ranas
"Si tenemos en cuenta que la historia de un país, se inscribe no solamente en la historia oficial, la que nos enseñan en los libros de escuelas y colegios, o la del discurso del poder económico-político, sino también en esos pequeños grandes sucesos, que el inconsciente colectivo del pueblo deja guardados en algún lugar marginal de la memoria, como al costado de la carretera central de la vida, en los caminos de tierra, y aparecen de vez en cuando en forma de anécdotas, mitos, rumores en voz baja, secretos a voces.
En ese sentido, la historia costarricense, como cualquier otra, está hecha no solo de héroes, sino además de villanos, miserables y asesinos, y muchas veces de anónimos.
El crimen de Alajuelita por ejemplo, o la pandilla de rateros llamada "los chapulines", que te abrían un tajo en la panza a plena luz del día para sacarte la billetera, o cualquier objeto que brillase, y que los más perspicaces sospecharon como un invento del entonces ministro de seguridad, que luego adquirió protagonismo, pues los puso en vereda dándoles trabajo y estudio.
Muchas veces se aprende más de un pueblo en sus crónicas policiales que en cualquier otro lugar.
O ese presidente, que lanzó su ridículo plan, "volver a la tierra", y sembró toda la ciudad de San José con pequeñas finquitas esquineras, tan paupérrimas que el transeúnte no se decidía, al verlas, entre reírse o llorar, en un país donde todavía, por ahora, la selva le gana constantemente la pelea al cemento.
Y aquel otro, muy anterior, que fué interrogado una vez sobre ciertos dineros públicos que habían desaparecido, el país entero espectánte, y solo atinó a decir: -¡no, si yo esa plata me la comí en confites! Era tan querido por el pueblo, que le festejaron la ocurrencia, y luego se supo que el dinero fué para un noble fin, una de las costumbres perdidas por la clase política.
Lo cierto es, que en ningún libro de historia están reseñados esos sucesos, ni tantos otros, y sin embargo ocurrieron. Con el fin de reparar esa laguna mental que nos imponen los que escriben la historia, es que han nacido estas crónicas, bienvenidos al país de las ranas".
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Una tarde, paseando con su primo Carlos por las calles del centro en automóvil, al monstruo le dió por recordar momentos idos con gran nostálgia, como el primer día de su llegada, solo que esta vez, su primo no estaba del mismo humor, y no fueron tan bien recibidos aquellos recuerdos.
-El problema de vivir en el pasado, mi querido primo, es que la memoria es sumamente selectiva, y nos pone trampas constantemente, o sea que elegimos lo que queremos recordar, y tapamos lo que no nos gusta, o nos lo tapan otros.
Otro de los peligros del pasado, es que no nos permita vivir el presente, es hermoso recordar, pero terrible perseguir fantásmas.
Mientras Carlos decía estas, hasta cierto punto sabias palabras, y el carro pasaba por el costado del mercado de la coca cola, una interminable fila de borrachos, indigentes y crackeros adornaba el paisaje, tirados en el piso sucios y malolientes. El monstruo pensó que su primo tenía razón, y que el futuro había llegado, de la peór manera, a su querida ciudad, y que toda sociedad de bienestar tiene sus chivos expiatórios.
Carlos terminó así su discurso: -el problema de la prostitución infantil, en este país no es incontrolable primito, lo que pasa es que a nadie le conviene que se arregle, porque es como la guerra, un buen negocio. El verdadero problema es el cliénte, y no solo los políticos o la policía.
El monstruo pensó en Estrella, no porque su primo hablara de putas, sino porque hacía veinte años que solo pensaba en ella.
miércoles, 19 de mayo de 2010
capítulo dieciseis
Así llegaron a un restaurante a dos cuadras de la universidad, donde el poéta, en lugar del café, optó por una sopa de mariscos con mucho tabasco, pero ni así logró evitar un leve estado gripal y algunos estornudos, producto de su peregrinar bajo la lluvia en busca de un fantásma, o nó, luego lo sabremos. Se excusó diciendo que se había desacostumbrado a las lluvias tropicales.
Solo después de una birra, dizque para atenuar el picante, y luego si, un yodo, se sintió mejor.
-Ha, que rico cafecito mae, estaba harto del café colombiano que se consigue en Argentina.
Dijo para decir algo.
-Si es la misma vara, no jodás.
Dijo el chico, también para decir algo.
El monstruo iba a contestarle algo horrible, pero tuvo que salir corriendo al baño, donde se hechó una cagada, que al volver, calificó de histórica. Y entonces sí, ya más seriamente, recomendó a su ahora silencioso interlocutor, que tal como le dijera antes y como decía también Roberto Bolaño, mejor que escribir es leer. Pero que si insitía en ser un perdedor como él, tal vez podía indicarle algunos trucos.
-¿Y cual sería la primera lección?, digo, ya que estamos.
-Mae, vos no me has dicho tu nombre.
-Edgar Allan.
-Para escribir con ese nombre, vas a tener que esmerarte más de la cuenta, no todos se llaman Edgar Allan. La primera lección mi amigo es: tomarse un trago de guaro.
Salieron de aquel sitio entrada la noche, cantando y guareciéndose de la lluvia con el gran paraguas de Edgar Allan, bajo los techitos de madera y lata, el monstruo preguntó por Katia y Gisell López, pero el chico no sabía de que le estaba hablando.
Y lo que había pasado con las chicas era que al quedar solas, cuando el monstruo salió corriendo, las dos mujeres se miraron curiosas y embelezadas por sus respectivas bellezas, se presentaron ambas como amigas del poéta, y un pensamiento exáctamente igual cruzó por sus respectivas cabezas: ¡que rica está esta hijueputa!.
Entonces Gisell ofreció llevar a Katia en auto, dizque por la lluvia, y terminaron besándose apasionadamente en el auto bajo la cortina musical de la lluvia, y finalmente amándose en casa de Gisell, sin entrar en detalles. ¿O es que quieren detalles? Ustedes son más morbosos de lo que yo pensaba, comienzo a detestarlos.
Al llegar a San José, y caminar alrededor de una hora bajo los techos y sin rumbo fijo, respirando la brisa húmeda de la noche tropical, el joven poéta y el poéta maduro, se decidieron a tomar un café al paso en una soda, con unas tortas arregladas, esta vez no había duda que eran de carne, la borrachera había mermado, estaban por la zona roja.
Deambularon toda la noche por allí, birreando y recitando poémas, intimando con gente interesante según el criterio del monstruo, putas y traficantes al menudeo recién salidos de prisión.
Cuando los primeros rayos del sol se dejaban ver, Edgar Allan le pidió al monstruo una segunda lección, y este, totalmente serio y meditabundo, casi en un trance, le dijo: -la segunda lección, mi querido alumno, acabas de pedirmela en el lugar indicado, date vuelta, ¿ves aquella esquina?
Edgar Allan se dió la vuelta y asintió.
Entonces el monstruo, hacercándosele por detrás, le dijo al oído: -Pues mirala bien, que se te grabe, pues allí en esa lúgubre esquina de esta zona roja, donde a diario se codean los que ya perdieron todo, fué donde encontraron el cadáver inerte de mi amigo, el poéta David Madariaga, al que mataron por saber demasiadas cosas, y decirlas sin ningún reparo, por bomitarle su verdad a esta sociedad enferma, si algún día te propones de verdad escribir niño, hazlo con valor, aprende de mi amigo, pues los mejores escritores son los que se ríen del miedo en sus narices.
Y si no mejor no escribas nada, quedate en casa mirando la tele, que soñar con premios no cuesta nada, y ahora vamos, basta de lecciones por hoy.
Solo después de una birra, dizque para atenuar el picante, y luego si, un yodo, se sintió mejor.
-Ha, que rico cafecito mae, estaba harto del café colombiano que se consigue en Argentina.
Dijo para decir algo.
-Si es la misma vara, no jodás.
Dijo el chico, también para decir algo.
El monstruo iba a contestarle algo horrible, pero tuvo que salir corriendo al baño, donde se hechó una cagada, que al volver, calificó de histórica. Y entonces sí, ya más seriamente, recomendó a su ahora silencioso interlocutor, que tal como le dijera antes y como decía también Roberto Bolaño, mejor que escribir es leer. Pero que si insitía en ser un perdedor como él, tal vez podía indicarle algunos trucos.
-¿Y cual sería la primera lección?, digo, ya que estamos.
-Mae, vos no me has dicho tu nombre.
-Edgar Allan.
-Para escribir con ese nombre, vas a tener que esmerarte más de la cuenta, no todos se llaman Edgar Allan. La primera lección mi amigo es: tomarse un trago de guaro.
Salieron de aquel sitio entrada la noche, cantando y guareciéndose de la lluvia con el gran paraguas de Edgar Allan, bajo los techitos de madera y lata, el monstruo preguntó por Katia y Gisell López, pero el chico no sabía de que le estaba hablando.
Y lo que había pasado con las chicas era que al quedar solas, cuando el monstruo salió corriendo, las dos mujeres se miraron curiosas y embelezadas por sus respectivas bellezas, se presentaron ambas como amigas del poéta, y un pensamiento exáctamente igual cruzó por sus respectivas cabezas: ¡que rica está esta hijueputa!.
Entonces Gisell ofreció llevar a Katia en auto, dizque por la lluvia, y terminaron besándose apasionadamente en el auto bajo la cortina musical de la lluvia, y finalmente amándose en casa de Gisell, sin entrar en detalles. ¿O es que quieren detalles? Ustedes son más morbosos de lo que yo pensaba, comienzo a detestarlos.
Al llegar a San José, y caminar alrededor de una hora bajo los techos y sin rumbo fijo, respirando la brisa húmeda de la noche tropical, el joven poéta y el poéta maduro, se decidieron a tomar un café al paso en una soda, con unas tortas arregladas, esta vez no había duda que eran de carne, la borrachera había mermado, estaban por la zona roja.
Deambularon toda la noche por allí, birreando y recitando poémas, intimando con gente interesante según el criterio del monstruo, putas y traficantes al menudeo recién salidos de prisión.
Cuando los primeros rayos del sol se dejaban ver, Edgar Allan le pidió al monstruo una segunda lección, y este, totalmente serio y meditabundo, casi en un trance, le dijo: -la segunda lección, mi querido alumno, acabas de pedirmela en el lugar indicado, date vuelta, ¿ves aquella esquina?
Edgar Allan se dió la vuelta y asintió.
Entonces el monstruo, hacercándosele por detrás, le dijo al oído: -Pues mirala bien, que se te grabe, pues allí en esa lúgubre esquina de esta zona roja, donde a diario se codean los que ya perdieron todo, fué donde encontraron el cadáver inerte de mi amigo, el poéta David Madariaga, al que mataron por saber demasiadas cosas, y decirlas sin ningún reparo, por bomitarle su verdad a esta sociedad enferma, si algún día te propones de verdad escribir niño, hazlo con valor, aprende de mi amigo, pues los mejores escritores son los que se ríen del miedo en sus narices.
Y si no mejor no escribas nada, quedate en casa mirando la tele, que soñar con premios no cuesta nada, y ahora vamos, basta de lecciones por hoy.
lunes, 17 de mayo de 2010
capítulo quince
Y llegó el día señalado, en la universidad de Heredia se dió cita la crema de la intelectualidad, el público curioso que no sabía lo que le esperaba, y los seguidores incondicionales del poéta, más algunos otros que tenían solo referencias, más las nuevas camadas de lectores que el monstruo tenía en la sombra, lo cierto era que el auditorio estaba hasta el bote, y no cabía un alfiler.
Había quedado gente afuera que que esperaba poder entrar aunque fuera en un rincón, pero no había manera.
La cita estaba anunciada para las siete de la tarde, pero a las siete y veinte, no habían aún señales de Arrieta, y Estela Sánchez de Bustamante se olfateaba un fracaso, cuando de repente, unos potentes focos iluminaron, desde el escenario, el pasillo que separaba los dos sectores de asientos, y una música electrónica lo inundó todo, y de entre los que estaban sentados en el pasillo apareció el monstruo, caminando al ritmo de la música, y se encaminó decidido hacia el atril preparado en el escenario para tal fin.
Una vez parado detrás del atril, ordenó unos papeles mientras la música continuaba y un proyector pasaba imágenes digitales en la pared del fondo, los reflectores lo iluminaban de atrás y proyectaban, además, su sombra dimensionada, el efecto fué impactante.
Entonces cesó la música, se apagaron los reflectores de atrás y y se prendió otro que, de frente a él, le iluminó la cara y el torso, hubo unos instantes de silencio, y el público pudo percibir la mirada y la fuerte presencia del poéta allí en el atril., entonces, tomó el micrófono y comenzó a declamar:
¡El monstruo ha vuelto, heme aquí, ho, patéticos estáticos que me mirais sin ser vistos
el imán de la sangre, me ha traído de vuelta, si, a la ciudad que, hace ya más de cuarenta
años, me expelió con fuerza a este mundo vil.
Nada nuevo diré, de mí, pues mi historia conocida es
robé, maté, trafiqué drogas y armas..., no he sido un santo
pero también me enamoré perdidamente, y eso sirvió para redimirme
y en un mundo que se reproduce, se expande, y se autodestruye a velocidad pasmosa
yo, he sido favorecido con el donde la observación profunda, y eso es un lujo.
¿Acaso esperaban, tontuelos, en mi poesía una solución a los problemas cotidianos, una
denuncia, un duelo, o bellas palabras para conquistar a una dama? no seais ingenuos...
Cuando de poesía se trata, no admito competidores
Rimbaud, Artaud, Buckowsky ó el marqués de Sade, son todos niños de pecho
ninguno ha visto como yo, los ojos de la serpiente en el corazón de la selva
diciéndoles que es urgente, e inminente, escribir los últimos poémas del mundo, antes
de que los robots vengan y se encarguen de esto, ya que nosotros no pudimos.
Ninguno ha visto, como yo, la muerte cara a cara, en las cárceles de sudamérica cuando
cocinaron a los presos en el horno de la panadería, y ese fué el banquete
y los travestis desfilaron por varios días, haciendo las delicias de algún malvado barrabrava
al cual, nadie lo supo, pero yo lo ví, lamer la carne del travesti más grandote
y ser después la niña preferida de los asesinos seriales de putas en la ciudad de Mar del Plata
la ciudad feliz...
Allí tuve que batirme a duelo varias veces para salvar la honra, o si lo prefieren sin
eufemismos, el ano virgen, y no terminar como el barrabrava aquel...
Pues he aquí, que vengo del país de las ranas, de una tierra sacudida
por constántes movimientos telúricos, súmamente tétricos
por los truenos y las lluvias tropicales, y bien ganado me tengo, señores
ustedes ya lo saben, el apodo de monstruo
si, soy el monstruo, el monstruo ha vuelto, viva el monstruo!
Y dichas estas palabras, el poéta se agachó para agarrar bien fuerte una botella de guaro que tenía predispuesta debajo del atril, y se dispuso a tomarla del pico, mientras la música electrónica volvió a irrumpir con fuerza, y el estruendo de los aplausos se confundió con el fragor de la tormenta, que acababa de desatarse y que duró tres días con sus noches.
Después de ese poéma, que había escrito para la ocasión, con esa inclinación al escándalo tan propia de los escritores inmaduros, el monstruo leyó otros poémas, algunos muy antiguos, otros no tanto, todo menos lo de aquel libro que había dedicado a su Estrella, todo era válido para esa tarde, y hasta llegaron a pedirle a gritos alguno que se estaba olvidando, o un bis, como suele ocurrirle más a los cantantes famosos, que a los poétas malditos.
En los intermedios, insistía en tomar un gran trago de guaro, incluso cuando ese recurso ya estaba agotado como golpe de efecto, pues inclusive los más incondicionales se lamentaban y se asqueaban.
Terminó el recital completamente ebrio, y casi sin poder caminar, cayendose del atril un par de veces.
Y cuando dió por finalizado aquel espectáculo, que ya se iba tornando en uno de muy mal gusto, y se disponía a bajar del escenario, algunos fans y reporteros se le fueron encima, para pedirle autógrafo unos, otros para cuidar que no se caiga, otros para hacerle preguntas molestas, y uno que otro para tocarlo, solamente poder tocar a su ídolo. Entre todo el gentío, estaban también Katia y Giselle, que vinieron a rescatarlo, y entre todas las voces, se impuso la de un muchachito que encaró al monstruo con la consabida pregunta: -don Rubén, ¿que consejo le daría a un escritor que recién empieza?. El monstruo lo miró de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, y le dijo así: -que primero deje de mearse y de cagarse en la cama, y que aprenda antes a lavarse los calzoncillos, y que mejor que escribir es leer.
Luego se dispuso a darle a Katia un lenguetazo, pero en ese preciso instante, por el rabillo del ojo pudo ver, o creyó ver, aunque era casi seguro, a lo lejos, allí donde la multitud salía abriendo sus paraguas para simular guarecerse, pues más les hubiese valido usar esos paraguas de canoas, vió entonces entre aquella gente, una enorme y rulienta cabellera peliroja que se esforzaba entre el tumulto por salir del auditorio, y puso cara de horror al tiempo que gritaba: -¡¡Estrella!!. Y salió corriendo rumbo a la puerta presa de un pánico histérico, pero cuando llegó a esta, ya no había nadie de esas características, por lo que continuó su loca carrera a través del patio y los pasillos de la universidad, donde todos pudiesen verlo, empapado y dándo otro espectáculo, como si no le hubiese ya bastado con el anterior, en el medio del patio se arrodilló llorando, extendió los brazos al cielo, gimiendo de dolor, y gritando: -¿donde estás hijueputa, por que no puedo verte?
Entonces se le hacercó el muchachito aquel a quien había aconsejado como dar sus primeros pasos en la escritura, lo tapó con un inmenso paraguas, casi mojandose él, y le dijo: -no se moje don Rubén, se va a resfriar.
A lo que el monstruo contestó: -¡no me digas don Rubén hijueputa, si todos me dicen el monstruo, necesito una birra mae, ¿conocés una cantina?!
Aquel pobre chiquillo, sintió pena por ver tan derrotado al hombre al que tanto tiempo había admirado, al que había leído y releído en largas noches de insomnio, al hombre que lo había inspirado a ser escritor, al mito, y le dijo así: -¿no sería mejor un café?
Rubén, al escuchar esto último, pasó sin escalas, del llanto desgarrado, a la carcajada sarcástica, y le contestó: -¡pero si esto era la último que me faltaba, después de tantos años de resistir con valor para tratar de no ser un hijueputa, que venga un guila y me diga: ¿no sería mejor un café?, ¿que sos mae, playito?
El muchacho solo atinaba a taparlo con el paraguas y mirar al monstruo perplejo, por lo que el poéta termino por condescender: -bueno okey mae, vamos por ese yodo. Se levantó para dejarse guiar por su angel guardián, y se fueron de allí, ambos empapados, pero bajo un hermoso paraguas.
Había quedado gente afuera que que esperaba poder entrar aunque fuera en un rincón, pero no había manera.
La cita estaba anunciada para las siete de la tarde, pero a las siete y veinte, no habían aún señales de Arrieta, y Estela Sánchez de Bustamante se olfateaba un fracaso, cuando de repente, unos potentes focos iluminaron, desde el escenario, el pasillo que separaba los dos sectores de asientos, y una música electrónica lo inundó todo, y de entre los que estaban sentados en el pasillo apareció el monstruo, caminando al ritmo de la música, y se encaminó decidido hacia el atril preparado en el escenario para tal fin.
Una vez parado detrás del atril, ordenó unos papeles mientras la música continuaba y un proyector pasaba imágenes digitales en la pared del fondo, los reflectores lo iluminaban de atrás y proyectaban, además, su sombra dimensionada, el efecto fué impactante.
Entonces cesó la música, se apagaron los reflectores de atrás y y se prendió otro que, de frente a él, le iluminó la cara y el torso, hubo unos instantes de silencio, y el público pudo percibir la mirada y la fuerte presencia del poéta allí en el atril., entonces, tomó el micrófono y comenzó a declamar:
¡El monstruo ha vuelto, heme aquí, ho, patéticos estáticos que me mirais sin ser vistos
el imán de la sangre, me ha traído de vuelta, si, a la ciudad que, hace ya más de cuarenta
años, me expelió con fuerza a este mundo vil.
Nada nuevo diré, de mí, pues mi historia conocida es
robé, maté, trafiqué drogas y armas..., no he sido un santo
pero también me enamoré perdidamente, y eso sirvió para redimirme
y en un mundo que se reproduce, se expande, y se autodestruye a velocidad pasmosa
yo, he sido favorecido con el donde la observación profunda, y eso es un lujo.
¿Acaso esperaban, tontuelos, en mi poesía una solución a los problemas cotidianos, una
denuncia, un duelo, o bellas palabras para conquistar a una dama? no seais ingenuos...
Cuando de poesía se trata, no admito competidores
Rimbaud, Artaud, Buckowsky ó el marqués de Sade, son todos niños de pecho
ninguno ha visto como yo, los ojos de la serpiente en el corazón de la selva
diciéndoles que es urgente, e inminente, escribir los últimos poémas del mundo, antes
de que los robots vengan y se encarguen de esto, ya que nosotros no pudimos.
Ninguno ha visto, como yo, la muerte cara a cara, en las cárceles de sudamérica cuando
cocinaron a los presos en el horno de la panadería, y ese fué el banquete
y los travestis desfilaron por varios días, haciendo las delicias de algún malvado barrabrava
al cual, nadie lo supo, pero yo lo ví, lamer la carne del travesti más grandote
y ser después la niña preferida de los asesinos seriales de putas en la ciudad de Mar del Plata
la ciudad feliz...
Allí tuve que batirme a duelo varias veces para salvar la honra, o si lo prefieren sin
eufemismos, el ano virgen, y no terminar como el barrabrava aquel...
Pues he aquí, que vengo del país de las ranas, de una tierra sacudida
por constántes movimientos telúricos, súmamente tétricos
por los truenos y las lluvias tropicales, y bien ganado me tengo, señores
ustedes ya lo saben, el apodo de monstruo
si, soy el monstruo, el monstruo ha vuelto, viva el monstruo!
Y dichas estas palabras, el poéta se agachó para agarrar bien fuerte una botella de guaro que tenía predispuesta debajo del atril, y se dispuso a tomarla del pico, mientras la música electrónica volvió a irrumpir con fuerza, y el estruendo de los aplausos se confundió con el fragor de la tormenta, que acababa de desatarse y que duró tres días con sus noches.
Después de ese poéma, que había escrito para la ocasión, con esa inclinación al escándalo tan propia de los escritores inmaduros, el monstruo leyó otros poémas, algunos muy antiguos, otros no tanto, todo menos lo de aquel libro que había dedicado a su Estrella, todo era válido para esa tarde, y hasta llegaron a pedirle a gritos alguno que se estaba olvidando, o un bis, como suele ocurrirle más a los cantantes famosos, que a los poétas malditos.
En los intermedios, insistía en tomar un gran trago de guaro, incluso cuando ese recurso ya estaba agotado como golpe de efecto, pues inclusive los más incondicionales se lamentaban y se asqueaban.
Terminó el recital completamente ebrio, y casi sin poder caminar, cayendose del atril un par de veces.
Y cuando dió por finalizado aquel espectáculo, que ya se iba tornando en uno de muy mal gusto, y se disponía a bajar del escenario, algunos fans y reporteros se le fueron encima, para pedirle autógrafo unos, otros para cuidar que no se caiga, otros para hacerle preguntas molestas, y uno que otro para tocarlo, solamente poder tocar a su ídolo. Entre todo el gentío, estaban también Katia y Giselle, que vinieron a rescatarlo, y entre todas las voces, se impuso la de un muchachito que encaró al monstruo con la consabida pregunta: -don Rubén, ¿que consejo le daría a un escritor que recién empieza?. El monstruo lo miró de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, y le dijo así: -que primero deje de mearse y de cagarse en la cama, y que aprenda antes a lavarse los calzoncillos, y que mejor que escribir es leer.
Luego se dispuso a darle a Katia un lenguetazo, pero en ese preciso instante, por el rabillo del ojo pudo ver, o creyó ver, aunque era casi seguro, a lo lejos, allí donde la multitud salía abriendo sus paraguas para simular guarecerse, pues más les hubiese valido usar esos paraguas de canoas, vió entonces entre aquella gente, una enorme y rulienta cabellera peliroja que se esforzaba entre el tumulto por salir del auditorio, y puso cara de horror al tiempo que gritaba: -¡¡Estrella!!. Y salió corriendo rumbo a la puerta presa de un pánico histérico, pero cuando llegó a esta, ya no había nadie de esas características, por lo que continuó su loca carrera a través del patio y los pasillos de la universidad, donde todos pudiesen verlo, empapado y dándo otro espectáculo, como si no le hubiese ya bastado con el anterior, en el medio del patio se arrodilló llorando, extendió los brazos al cielo, gimiendo de dolor, y gritando: -¿donde estás hijueputa, por que no puedo verte?
Entonces se le hacercó el muchachito aquel a quien había aconsejado como dar sus primeros pasos en la escritura, lo tapó con un inmenso paraguas, casi mojandose él, y le dijo: -no se moje don Rubén, se va a resfriar.
A lo que el monstruo contestó: -¡no me digas don Rubén hijueputa, si todos me dicen el monstruo, necesito una birra mae, ¿conocés una cantina?!
Aquel pobre chiquillo, sintió pena por ver tan derrotado al hombre al que tanto tiempo había admirado, al que había leído y releído en largas noches de insomnio, al hombre que lo había inspirado a ser escritor, al mito, y le dijo así: -¿no sería mejor un café?
Rubén, al escuchar esto último, pasó sin escalas, del llanto desgarrado, a la carcajada sarcástica, y le contestó: -¡pero si esto era la último que me faltaba, después de tantos años de resistir con valor para tratar de no ser un hijueputa, que venga un guila y me diga: ¿no sería mejor un café?, ¿que sos mae, playito?
El muchacho solo atinaba a taparlo con el paraguas y mirar al monstruo perplejo, por lo que el poéta termino por condescender: -bueno okey mae, vamos por ese yodo. Se levantó para dejarse guiar por su angel guardián, y se fueron de allí, ambos empapados, pero bajo un hermoso paraguas.
sábado, 15 de mayo de 2010
capítulo catorce
Finalmente dió con Katia, se la encontró por la calle de casualidad mientras ella despachaba a un cliente, un jubilado yanki, tal vez un ex oficial de la marina o algún otro sospechoso oficio, con el que acababa de salir del hotel Costa Rica, frente al Teatro Nacional.
Iba descaradamente colgada de su cuello, y lo despidió con un sonoro beso a la vista de todos los que quisieran verla, y los que no.
A la vista de las personas decentes y de los predicadores.
Con la misma soltura y desfachatez, al ver al monstruo, se abalanzó para abrazarlo
-¡¡¿idiai mi amor, que te habías hecho?, estabas perdido!!
-que vá, si te estuve llamando, pero no me contestás el celular.
-es que ese me lo robaron, y ahora tengo otro, ¿tomamos una birrita?
-pura vida, que rico.
El día estaba espléndido, se acomodaron en una mesa al aire libre bajo las arcadas, ella le ofreció perico: -¿querés halar coquita mae?
-¡claro, me cuadra en puta!
-para ver entonces, acerqueme su manito que yo le doy.
Al abrir ella su cartera para sacar el polvo, él pudo distinguir entre sus cosas, un libro, y trató de ver que era pero no pudo. Ella le sirvió coca, en el hueco que se hace en el reverso de la mano, haciendo presión entre el pulgar y la muñeca, el monstruo esnifó con fuerza por la izquierda, después otro toque por la derecha, y se tiró hacia atrás en la silla, abriendo sus fosas nasales con los dedos y respirando hondo. Era muy buena.
-¡mmmm, que rica es esta cochinada, ¿verdad?!
-si, está muy rica.
-he visto que te gusta leer.
-me encanta, es que estudio literatura y quiero aprender a escrivir.
-¡no jodás!
-si mae, amo la literatura y los deportes, es casi lo único que hago, además de culear, ahora estoy leyendo "Sobre Heroes y Tumbas" de Ernesto Sábato, ¿lo leíste?
-¿que si que?, mae, lo leí tres veces, y además lo conocí a Sábato.
-¿adonde?, es mi máximo heroe.
-es que viví dieciocho años en Argentina.
-y yo que me muero por conocer Argentina y casarme con un argentino que me enseñe a bailar
tango. Pero si hay un escritor que me guste tanto como Sábato, es Roberto Bolaño.
-también lo conocí, ¿sabías que murió?
-hay no, que triste me pone eso. ¿pero como los conociste?
-porque yo soy escritor, y allá trabajé para una revista, y tuve que entevistarlos.
-¿y vos que escribís?
-poémas y cuentos, y acabo de terminar con una novela.
-¿donde está, la puedo leer?
-claro, cuando quieras.
-todo esto me está poniendo muy caliente, ¿vamos a culear? es que el viejito de ahora me tocó toda y me quedé con ganas.
-yo también tengo muchas ganas, ¿vamos yá?
-si, yo quiero yá.
-entonces vamos.
Cuando el mesero vino a atenderlos era ya demasiado tarde, y se pasaron la mañana culeando en una suite del hotel, en eso se gastó el monstruo sus últimos billetes, en eso y en pagarle a ella.
Finalmente quedaron tendidos en la cama mirando el techo.
-¿y hace cuanto que volviste al país?
-ya no recuerdo si diez o doce días.
-¿y por que volviste, extrañabas mucho?
-vine persiguiendo un fantasma.
-un monstruo persiguiendo un fantasma.
-exáctamente, eso soy yo.
Hicieron silencio un rato, luego ella se le subió encima y lo besó en la boca, para después preguntarle: -¿que te parece si hacemos un canje, vos me enseñás a escribir y yo no te cobro las culeadas?
-bueno, la idea me parece perfecta, pero para serte sincero, nadie te puede enseñar a escribir, porque escribir es como culear, uno va y culea, ya sabe hacerlo desde siempre, no espera que nadie le enseñe, y no te quiero estafar.
-¿entonces vos decís que yo puedo escrivir como Sábato?
-no sé si como Sábato, pero lo podés intentar.
Ella lo besó de nuevo.
El monstruo se durmió pensando que era un hombre afortunado, y que tal vez no lo merecía, pero tal vez si.
Se despertó a las seis de la tarde y Katia no estaba, una tormenta tropical arreciaba la ciudad, en el espejo del baño, con pintura de labios, ella le dejó su nuevo celular.
El monstruo se sentó a cagar, pero no le salió nada, y pensó que al fin había encontrado una lectora, al parecer fiable, para su novela, y tal vez una escritora.
Aunque enseguida una luz roja en su cabeza, le hizo pensar en que tal vez se entusiasmaba demasiado, engañandose a si mismo, reemplazando a Estrella por esta otra criatura, al recuerdo de Estrella, y se preguntó: -¿que va a ser ahora de tu vida monstruo?, ¿encontrar el amor perdido?, ¿seguir colaborando con la prostitución infantil funcional al turismo, pasandole billetes a Katia?, ¿trabajar para el gobierno corrupto?
Pero al fin se contestó: -nada de eso mae, nada de eso, lo que vas a hacer, si ella no aparece, es huír de este caquero infame, y encerrarte en una pensión de mala muerte en París, a escribir la historia de la humanidad, la biblia, eso sí.
Iba descaradamente colgada de su cuello, y lo despidió con un sonoro beso a la vista de todos los que quisieran verla, y los que no.
A la vista de las personas decentes y de los predicadores.
Con la misma soltura y desfachatez, al ver al monstruo, se abalanzó para abrazarlo
-¡¡¿idiai mi amor, que te habías hecho?, estabas perdido!!
-que vá, si te estuve llamando, pero no me contestás el celular.
-es que ese me lo robaron, y ahora tengo otro, ¿tomamos una birrita?
-pura vida, que rico.
El día estaba espléndido, se acomodaron en una mesa al aire libre bajo las arcadas, ella le ofreció perico: -¿querés halar coquita mae?
-¡claro, me cuadra en puta!
-para ver entonces, acerqueme su manito que yo le doy.
Al abrir ella su cartera para sacar el polvo, él pudo distinguir entre sus cosas, un libro, y trató de ver que era pero no pudo. Ella le sirvió coca, en el hueco que se hace en el reverso de la mano, haciendo presión entre el pulgar y la muñeca, el monstruo esnifó con fuerza por la izquierda, después otro toque por la derecha, y se tiró hacia atrás en la silla, abriendo sus fosas nasales con los dedos y respirando hondo. Era muy buena.
-¡mmmm, que rica es esta cochinada, ¿verdad?!
-si, está muy rica.
-he visto que te gusta leer.
-me encanta, es que estudio literatura y quiero aprender a escrivir.
-¡no jodás!
-si mae, amo la literatura y los deportes, es casi lo único que hago, además de culear, ahora estoy leyendo "Sobre Heroes y Tumbas" de Ernesto Sábato, ¿lo leíste?
-¿que si que?, mae, lo leí tres veces, y además lo conocí a Sábato.
-¿adonde?, es mi máximo heroe.
-es que viví dieciocho años en Argentina.
-y yo que me muero por conocer Argentina y casarme con un argentino que me enseñe a bailar
tango. Pero si hay un escritor que me guste tanto como Sábato, es Roberto Bolaño.
-también lo conocí, ¿sabías que murió?
-hay no, que triste me pone eso. ¿pero como los conociste?
-porque yo soy escritor, y allá trabajé para una revista, y tuve que entevistarlos.
-¿y vos que escribís?
-poémas y cuentos, y acabo de terminar con una novela.
-¿donde está, la puedo leer?
-claro, cuando quieras.
-todo esto me está poniendo muy caliente, ¿vamos a culear? es que el viejito de ahora me tocó toda y me quedé con ganas.
-yo también tengo muchas ganas, ¿vamos yá?
-si, yo quiero yá.
-entonces vamos.
Cuando el mesero vino a atenderlos era ya demasiado tarde, y se pasaron la mañana culeando en una suite del hotel, en eso se gastó el monstruo sus últimos billetes, en eso y en pagarle a ella.
Finalmente quedaron tendidos en la cama mirando el techo.
-¿y hace cuanto que volviste al país?
-ya no recuerdo si diez o doce días.
-¿y por que volviste, extrañabas mucho?
-vine persiguiendo un fantasma.
-un monstruo persiguiendo un fantasma.
-exáctamente, eso soy yo.
Hicieron silencio un rato, luego ella se le subió encima y lo besó en la boca, para después preguntarle: -¿que te parece si hacemos un canje, vos me enseñás a escribir y yo no te cobro las culeadas?
-bueno, la idea me parece perfecta, pero para serte sincero, nadie te puede enseñar a escribir, porque escribir es como culear, uno va y culea, ya sabe hacerlo desde siempre, no espera que nadie le enseñe, y no te quiero estafar.
-¿entonces vos decís que yo puedo escrivir como Sábato?
-no sé si como Sábato, pero lo podés intentar.
Ella lo besó de nuevo.
El monstruo se durmió pensando que era un hombre afortunado, y que tal vez no lo merecía, pero tal vez si.
Se despertó a las seis de la tarde y Katia no estaba, una tormenta tropical arreciaba la ciudad, en el espejo del baño, con pintura de labios, ella le dejó su nuevo celular.
El monstruo se sentó a cagar, pero no le salió nada, y pensó que al fin había encontrado una lectora, al parecer fiable, para su novela, y tal vez una escritora.
Aunque enseguida una luz roja en su cabeza, le hizo pensar en que tal vez se entusiasmaba demasiado, engañandose a si mismo, reemplazando a Estrella por esta otra criatura, al recuerdo de Estrella, y se preguntó: -¿que va a ser ahora de tu vida monstruo?, ¿encontrar el amor perdido?, ¿seguir colaborando con la prostitución infantil funcional al turismo, pasandole billetes a Katia?, ¿trabajar para el gobierno corrupto?
Pero al fin se contestó: -nada de eso mae, nada de eso, lo que vas a hacer, si ella no aparece, es huír de este caquero infame, y encerrarte en una pensión de mala muerte en París, a escribir la historia de la humanidad, la biblia, eso sí.
domingo, 9 de mayo de 2010
capítulo trece
La señora aquella entonces, le dijo unas cuantas cosas de la familia que vivía allí antes que ella, ella que había enviudado, tal vez prematuramente, y que tenía un hijo y una hija en los Estados Unidos, que la visitaban para las fiestas de navidad y fin de año, esas cosas del destino.
Muchos de los datos que le dió la señora, coincidían con los que le dieran otros vecinos, si no casi todos, pero un dato específico se distinguió de los demás, por poseer la característica de ser nuevo, y sobre todo específico.
Ella recordaba haberse cruzado con la más grande de aquellas niñas, ya toda una hembra, y con la criatura crecidita, tal vez de unos diez años, de eso hacía ya ocho, en un centro comercial de Hatillo, ¿pero cual Hatillo, si son ocho?, eso no lo recordaba, pero en todo caso no todos tenían un centro comercial, solo la mitad, o menos. O tal vez solo uno. Claro que de eso hace ocho años, tal vez ahora todos tenían un centro comercial, la señora no volvió nunca por aquella zona, el monstruo menos.
Lo que si era cierto, le dijo la señora, es que no era uno de esos nuevos y hermosos shoping malls como los de ahora, donde la llevan sus hijos de compras cuando la visitan, porque viven en los Estados Unidos, si señora, ya me lo había dicho, le dijo el monstruo.
La chica le dijo a ella, en esa ocasión, que había comprado una humilde casita por ese barrio, cerca de allí, a unas pocas cuadras, o tal vez enfrente, la maldita teoría de la relatividad posandose sobre todas las cosas.
No faltaría mucho tiempo más, para que el monstruo se adentrara en las entrañas de esos barrios, los Hatillos, barrios estos, de neto corte popular y de una arraigada tradición en el imaginario de las clases medias altas y burguesas, que suelen fantasear con la peligrosidad de vivir allende los límites, impuestos por quien sabe que oscuras conciencias, aquellas que dictaminan el bien y el mal según los ingresos per cápita, nada más lejano de la realidad, pues es sabido que satán mete la cola en cualquier casa, sea de la clase que sea.
No faltaría entonces mucho tiempo, para que el monstruo se adentrara, dijimos, en los Hatillos, a urgar como un endemoniado poseso, un detective salvaje con los ojos rojos por la mota y el aliento hediondo a guaro, asustando a las señoras del barrio, exitando a las chiquillas, con ese porte de galán de pelicula de terror clase b, de conde drácula vs. el enmascarado de plata.
No faltaría mucho tiempo, para que llamase la atención de la policía por sus actitudes sospechosas, y en especial de un policía, que al enterarse de que un atrevido estaba preguntando demasiado por Estrella, quiso saber quien era. Valla si lo supo.
No faltaría mucho, para que la vuelta del monstruo a su ciudad natal, se convirtiese en una pesadilla lisérgica, una espiral de odio, venganza y muerte, una carretera para conductores suicidas. No faltaría mucho, pero todavía no, pues este relato no es de los que apelan al morbo gratuito de los que buscan sangre en la lectura, sino que pretende ser algo un poco más profundo que eso.
He aquí entonces, que el día de la entrevista con Giselle López, el monstruo se puso tan de punta en blanco, que ni siquiera el mismo Tom Wolfe le hacía sombra, pues se calzó su mejor traje de Dior (la publicidad lamentáblemente, por ahora no se cobra), y un clavel rojisimo en el ojal, porque era con foto, y adoptó una pose de maldito que ha madurado bien y ahora sabía lo que quería, una pose de quien está en su mejor momento y escribe mejor que nunca, lo cual no era solo una pose, pero no basta con serlo, también hay que aparentarlo.
Gisell era su amiga desde bastante jóvenes, desde el nacimiento de las vanguardias de los años ochentas, e incluso habían sido amantes.
La entrevista desandó, así, terrenos conocidos por ambos, y deparó algunas sorpresas, un corto resumen escrito por ella misma, a manera de prólogo, decía lo siguiente:
"Rubén Arrieta, alias el monstruo, que supo ser un adelantado en la literatura costarricense, allá por los primeros años ochentas, dejando un legado brebe y casi desconocido para el público masivo, pero sólido como pocos, ha vuelto al país después de veinte años de exilio auto impuesto, con una nueva novela sin publicar aún bajo el brazo, y dispuesto a dar otra batalla de la imaginación, esperamos que esta entrevista sea el puntapié inicial, para ubicarlo en el lugar que se merece en nuestras letras ticas, y como no, latinoamericanas"
Y luego la entrevista:
Ella: Rubén Arrieta: ¿jura decir toda la verdad y nada más que la verdad?
Él: No sé si por suerte o desgracia, los que me conocen ya saben de mi fama de bocón, no puedo callarme nada de lo que sé o pienso.
Ella:¿Que se siente volver a la patria después de tanto tiempo?, ¿es cierto lo que dice el tango acerca de que veinte años no es nada?
Él: Que va, veite años es toda una vida, aunque a veces no se note, pero mi frente no está marchita todavía. En principio la alegría es total, la gente y los lugares que uno añoró tantas veces estando lejos, el recuerdo cercano de los amigos que ya no están, de las primeras novias. Pero luego aparece el maldito fantásma de la realidad, las cosas desagradables por las que uno se fué, en definitiva hay, primero una idealización, y luego un pequeño desencanto, y todo concluye con un fragil equilibrio de aceptar esa realidad, a veces tan opaca.
Ella: ¿Y cual dirías vos que fué el movil principal que te empujó a volver?
Él: Bueno, es que en el extranjero las noticias de Costa Rica son confusas, no las de la prensa, que son casi inexistentes, sino las del boca a boca de amigos y parientes, me decían que esto está hiper violento, que el turismo y el consumismo están arrasando con nuestro pequeño paisito, que el problema de la prostitución infantil es incontrolable, no quería perderme semejante fin de fiesta.
Ella: Dicen que te estuviste codeando con la realeza literaria en Colombia y en la Argentina.
Él: Se dicen demasiadas cosas, y algunas son ciertas, pero en lo personal siempre fuí de la idea, y sigo siendo, de que la mejor literatura está en los bajos fondos, y no en la realeza.
Ella: ¿Y como está el panorama literario en Argentina? si no me equivoco fué allí donde anclaste más tiempo.
Él: Si, allí casi me quedo para siempre, pero una fuerza interior me ayudó a salir, porque desde la muerte de Juan José Saér, el mundo literario de allá, se expresa solo a través de polémicas entre escritores, y a mi entender no hay un nivel interesante, aunque se publica bastante. Sin embargo, de lo más nuevo me han gustado Fabian Casas y Dafne Mociulsky, una chica que vende sus hermosas novelas en la calle.
Ella: ¿y por aquí?
Él: bueno, después de Osvaldo Sauma y Ana Istarú, la tercera pata de una mesa de tres en la poesía costarricense vengo a ser yó, y ahora que he vuelto, se va a poner muy interesante.
Ella: ¿Pensás publicar la novela que acabás de terminar?
Él: Tengo ganas, pero estoy esperando una buena oferta.
Ella: Poca gente sabe que tu padre es el ministro de economía.
Él: Lo que sucede giselita, es que mi vida privada carece por completo de importancia, soy un tipo muy aburrido y monotemático, lo único interesante de mi biografía es mi obra.
Ella: Si la poesía costarricense es una mesa de tres patas, ¿como definirías la poesía centroamericana?
Él: Me confieso completamente ignorante de lo que está pasando en nuestros hermanos países, pero podría decir que los clásicos, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, y Darío, conforman un juego completo de comedor, donde estarían las sillas y la mesa, todo de lujo.
Ella: ¿quien sería la mesa?
Él: Dificil pregunta, paso. Pero quiero además, rendir un homenaje a mi amigo David Madariaga, muerto en circunstancas misteriosas y nunca esclarecidas, y de seguro uno de los grandes que no pudo expresarlo todo, pero sabía mucho, tal vez demasiado, y tal vez por eso murió. Juntos nos emborrachamos incontables veces en la zona roja.
Ella: ¿Y como ves el futuro, ya no literario sino general?
Él: No demasiado diferente a lo que vemos hoy, recalentamiento, guerras, trenes voladores y robots, viajes a la luna en busca de silencio, en fin, muy exitante.
Ella: Vas a dar un recital de poesía en la universidad nacional de Heredia.
Él: No, los recitales de poesía son aburridísimos, será una performance con fuegos artificiales, el veinte del mes que viene.
Ella: Pues entonces ahí estaremos, muchas gracias por tu tiempo.
Él: Gracias a ustedes por soportarme.
Cuando terminó la entrevista, el monstruo se aflojó la corbata, se arregló un poco el pelo, e invitó a Gisell López a tomar un traguito, dizque para recordar mejores tiempos. Ella accedió con gusto.
Fueron a una cantina propuesta por él y aceptada por ella sin chistar, que quedaba en el límite entre la zona civilizada y la zona salvaje, se tomaron un litro, ella con limón, hielo y azucar, él a lo bestia, todo mientras le contaba estúpidas anécdotas de sus viajes, y la hacía reír a carcajadas.
Hasta que notó el monstruo, que Giselle, poco a poco se olvidaba de su novio, se olvidaba de quien era él, de quien era ella y donde estaba, en fin, que ambos se fueron relajando y acercandose, tal vez más de la cuenta, entonces la besó descaradamente y ella no pudo resistirse, la tocó un poco, hasta sentirla entrgarse por completo, y entonces la invitó a la cama.
Llegaron a un hotelucho, más de aquel lado que de este, y mientras subían las escaleras en la semi oscuridad, y la semi clandestinidad, pararon un par de veces para besarse y tocarse.
Al llegar a la habitación, la pregunta de rigor, aunque posiblemente tardía de Giselle: -mae, ¿trajiste preservativos?, fué contestada por Rubén con un gesto que pareció una publicidad de la tele, al sacar dos de estos preciados objetos y sacudirlos, sostenidos con las putas del pulgar y el anular derechos hacia abajo, y con una sonrisa cómplice, que ella a su vez contestó con un gemido de placer acompañado de un beso-mordisco a la yugular del poéta, el cual no se hizo esperar.
Y parado como estaba, duro como se puso, subió las enguas apretadas de su amiga, cortas pero no tanto, le bajó los medias negras de lycra, que ella se sacó levantando las
piernas de a una mientras se sostenía de la hermosa picha del poéta. Luego él la levantó de los muslos corriendole con una mano el calzoncito, y sintiendo su vaginita mojarse, así alzada la llevó caminando, hasta apoyarla en la pared, donde la penetró como quien penetra a una amante añorada.
Y comenzó la otra entrevista.
Ella: ¡haaayyy, rubencito mi amor, como extrañaba esa picha!
Él: ¡zorra mentirosa, a cuantos les dirás lo mismo!
Ella: ¡haaayyy, papiii, shhh, que ricooo!
Él: ¡veo que seguís cada vez más puta!
Ella: ¡hay, hay siii, hay siii, papiii, ricooo!
Así media hora, mientras ella se regó tres veces, y después en la cama le mamó un buen rato la verga, y él le metió un dedito en el culo, y se regó en el aire pegajoso del hotel ensuciando las sábanas, mintras ella se regó más, tal vez dos veces más. Luego se tiraron a fumar mota.
Y menos mal que se aclaró que esto no es porno soft para desauciados, es que el mercado extiende sus tentáculos por doquier, ya no se puede confiar en nadie.
Ella: mae, no se si de verdad sos la tercera pata de la poesía tica, pero que tenés la mejor tercera pata es indudable.
Se cagaron de la risa.
Él: ¿y vos cuantas patas conocés de la poesía nacional, para decretar semejante veredicto?
Ella: ¡¡hay!!, ¿como se te ocurre?, ¡yo ninguna!
Se volvieron a cagar de la risa, lo que sugirió que las conocía, si no todas, casi.
Más tarde el monstruo abrió las ventanas que daban a la calle y apareció la avenida central, llena de autos y humo, luces y marqesinas, música salsa, cumbia, flamenco y rock, sobre todo rock...
Y entre los cientos de personas que caminaban de prisa, o esperaban el bus para volver a casa antes de la lluvia, entre lluvia y lluvia, en medio de ese caos de paraguas y gente, el monstruo de repente pudo ver, o creyó ver, pues luego no pudo asegurarlo, una enorme y rulienta cabellera pelirroja que daba vuelta la esquina en dirección al parque central, y el corazón casi se le sale del pecho.
Se dió vuelta hacia Gisell, que yacía en el sopor de la hierba, y pálido como una momia le dijo:
-tengo que salir a la calle por una urgencia, ¿me podés acompañar?
-¿pero que te pasa? parece que hubieras visto un fantasma.
-algo parecido, por favor salgamos.
Se vistieron y bajaron las escaleras corriendo, y corriendo la hizo seguirlo un par de cuadras, tirando de su mano hasta llegar al parque central, y subir a la glorieta para mirar en derredor, y comprobar que había perdido a su fantasma.
Ambos estaban jadeando y sudorosos, con el olor del sexo casual, infiel e informal, olor que es igual al olor del otro sexo, al que, por no encontrar mejor nombre, llamaremos oficial.
Después, desesperado y abrumado, el monstruo le contó lo que le estaba pasando.
Muchos de los datos que le dió la señora, coincidían con los que le dieran otros vecinos, si no casi todos, pero un dato específico se distinguió de los demás, por poseer la característica de ser nuevo, y sobre todo específico.
Ella recordaba haberse cruzado con la más grande de aquellas niñas, ya toda una hembra, y con la criatura crecidita, tal vez de unos diez años, de eso hacía ya ocho, en un centro comercial de Hatillo, ¿pero cual Hatillo, si son ocho?, eso no lo recordaba, pero en todo caso no todos tenían un centro comercial, solo la mitad, o menos. O tal vez solo uno. Claro que de eso hace ocho años, tal vez ahora todos tenían un centro comercial, la señora no volvió nunca por aquella zona, el monstruo menos.
Lo que si era cierto, le dijo la señora, es que no era uno de esos nuevos y hermosos shoping malls como los de ahora, donde la llevan sus hijos de compras cuando la visitan, porque viven en los Estados Unidos, si señora, ya me lo había dicho, le dijo el monstruo.
La chica le dijo a ella, en esa ocasión, que había comprado una humilde casita por ese barrio, cerca de allí, a unas pocas cuadras, o tal vez enfrente, la maldita teoría de la relatividad posandose sobre todas las cosas.
No faltaría mucho tiempo más, para que el monstruo se adentrara en las entrañas de esos barrios, los Hatillos, barrios estos, de neto corte popular y de una arraigada tradición en el imaginario de las clases medias altas y burguesas, que suelen fantasear con la peligrosidad de vivir allende los límites, impuestos por quien sabe que oscuras conciencias, aquellas que dictaminan el bien y el mal según los ingresos per cápita, nada más lejano de la realidad, pues es sabido que satán mete la cola en cualquier casa, sea de la clase que sea.
No faltaría entonces mucho tiempo, para que el monstruo se adentrara, dijimos, en los Hatillos, a urgar como un endemoniado poseso, un detective salvaje con los ojos rojos por la mota y el aliento hediondo a guaro, asustando a las señoras del barrio, exitando a las chiquillas, con ese porte de galán de pelicula de terror clase b, de conde drácula vs. el enmascarado de plata.
No faltaría mucho tiempo, para que llamase la atención de la policía por sus actitudes sospechosas, y en especial de un policía, que al enterarse de que un atrevido estaba preguntando demasiado por Estrella, quiso saber quien era. Valla si lo supo.
No faltaría mucho, para que la vuelta del monstruo a su ciudad natal, se convirtiese en una pesadilla lisérgica, una espiral de odio, venganza y muerte, una carretera para conductores suicidas. No faltaría mucho, pero todavía no, pues este relato no es de los que apelan al morbo gratuito de los que buscan sangre en la lectura, sino que pretende ser algo un poco más profundo que eso.
He aquí entonces, que el día de la entrevista con Giselle López, el monstruo se puso tan de punta en blanco, que ni siquiera el mismo Tom Wolfe le hacía sombra, pues se calzó su mejor traje de Dior (la publicidad lamentáblemente, por ahora no se cobra), y un clavel rojisimo en el ojal, porque era con foto, y adoptó una pose de maldito que ha madurado bien y ahora sabía lo que quería, una pose de quien está en su mejor momento y escribe mejor que nunca, lo cual no era solo una pose, pero no basta con serlo, también hay que aparentarlo.
Gisell era su amiga desde bastante jóvenes, desde el nacimiento de las vanguardias de los años ochentas, e incluso habían sido amantes.
La entrevista desandó, así, terrenos conocidos por ambos, y deparó algunas sorpresas, un corto resumen escrito por ella misma, a manera de prólogo, decía lo siguiente:
"Rubén Arrieta, alias el monstruo, que supo ser un adelantado en la literatura costarricense, allá por los primeros años ochentas, dejando un legado brebe y casi desconocido para el público masivo, pero sólido como pocos, ha vuelto al país después de veinte años de exilio auto impuesto, con una nueva novela sin publicar aún bajo el brazo, y dispuesto a dar otra batalla de la imaginación, esperamos que esta entrevista sea el puntapié inicial, para ubicarlo en el lugar que se merece en nuestras letras ticas, y como no, latinoamericanas"
Y luego la entrevista:
Ella: Rubén Arrieta: ¿jura decir toda la verdad y nada más que la verdad?
Él: No sé si por suerte o desgracia, los que me conocen ya saben de mi fama de bocón, no puedo callarme nada de lo que sé o pienso.
Ella:¿Que se siente volver a la patria después de tanto tiempo?, ¿es cierto lo que dice el tango acerca de que veinte años no es nada?
Él: Que va, veite años es toda una vida, aunque a veces no se note, pero mi frente no está marchita todavía. En principio la alegría es total, la gente y los lugares que uno añoró tantas veces estando lejos, el recuerdo cercano de los amigos que ya no están, de las primeras novias. Pero luego aparece el maldito fantásma de la realidad, las cosas desagradables por las que uno se fué, en definitiva hay, primero una idealización, y luego un pequeño desencanto, y todo concluye con un fragil equilibrio de aceptar esa realidad, a veces tan opaca.
Ella: ¿Y cual dirías vos que fué el movil principal que te empujó a volver?
Él: Bueno, es que en el extranjero las noticias de Costa Rica son confusas, no las de la prensa, que son casi inexistentes, sino las del boca a boca de amigos y parientes, me decían que esto está hiper violento, que el turismo y el consumismo están arrasando con nuestro pequeño paisito, que el problema de la prostitución infantil es incontrolable, no quería perderme semejante fin de fiesta.
Ella: Dicen que te estuviste codeando con la realeza literaria en Colombia y en la Argentina.
Él: Se dicen demasiadas cosas, y algunas son ciertas, pero en lo personal siempre fuí de la idea, y sigo siendo, de que la mejor literatura está en los bajos fondos, y no en la realeza.
Ella: ¿Y como está el panorama literario en Argentina? si no me equivoco fué allí donde anclaste más tiempo.
Él: Si, allí casi me quedo para siempre, pero una fuerza interior me ayudó a salir, porque desde la muerte de Juan José Saér, el mundo literario de allá, se expresa solo a través de polémicas entre escritores, y a mi entender no hay un nivel interesante, aunque se publica bastante. Sin embargo, de lo más nuevo me han gustado Fabian Casas y Dafne Mociulsky, una chica que vende sus hermosas novelas en la calle.
Ella: ¿y por aquí?
Él: bueno, después de Osvaldo Sauma y Ana Istarú, la tercera pata de una mesa de tres en la poesía costarricense vengo a ser yó, y ahora que he vuelto, se va a poner muy interesante.
Ella: ¿Pensás publicar la novela que acabás de terminar?
Él: Tengo ganas, pero estoy esperando una buena oferta.
Ella: Poca gente sabe que tu padre es el ministro de economía.
Él: Lo que sucede giselita, es que mi vida privada carece por completo de importancia, soy un tipo muy aburrido y monotemático, lo único interesante de mi biografía es mi obra.
Ella: Si la poesía costarricense es una mesa de tres patas, ¿como definirías la poesía centroamericana?
Él: Me confieso completamente ignorante de lo que está pasando en nuestros hermanos países, pero podría decir que los clásicos, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, y Darío, conforman un juego completo de comedor, donde estarían las sillas y la mesa, todo de lujo.
Ella: ¿quien sería la mesa?
Él: Dificil pregunta, paso. Pero quiero además, rendir un homenaje a mi amigo David Madariaga, muerto en circunstancas misteriosas y nunca esclarecidas, y de seguro uno de los grandes que no pudo expresarlo todo, pero sabía mucho, tal vez demasiado, y tal vez por eso murió. Juntos nos emborrachamos incontables veces en la zona roja.
Ella: ¿Y como ves el futuro, ya no literario sino general?
Él: No demasiado diferente a lo que vemos hoy, recalentamiento, guerras, trenes voladores y robots, viajes a la luna en busca de silencio, en fin, muy exitante.
Ella: Vas a dar un recital de poesía en la universidad nacional de Heredia.
Él: No, los recitales de poesía son aburridísimos, será una performance con fuegos artificiales, el veinte del mes que viene.
Ella: Pues entonces ahí estaremos, muchas gracias por tu tiempo.
Él: Gracias a ustedes por soportarme.
Cuando terminó la entrevista, el monstruo se aflojó la corbata, se arregló un poco el pelo, e invitó a Gisell López a tomar un traguito, dizque para recordar mejores tiempos. Ella accedió con gusto.
Fueron a una cantina propuesta por él y aceptada por ella sin chistar, que quedaba en el límite entre la zona civilizada y la zona salvaje, se tomaron un litro, ella con limón, hielo y azucar, él a lo bestia, todo mientras le contaba estúpidas anécdotas de sus viajes, y la hacía reír a carcajadas.
Hasta que notó el monstruo, que Giselle, poco a poco se olvidaba de su novio, se olvidaba de quien era él, de quien era ella y donde estaba, en fin, que ambos se fueron relajando y acercandose, tal vez más de la cuenta, entonces la besó descaradamente y ella no pudo resistirse, la tocó un poco, hasta sentirla entrgarse por completo, y entonces la invitó a la cama.
Llegaron a un hotelucho, más de aquel lado que de este, y mientras subían las escaleras en la semi oscuridad, y la semi clandestinidad, pararon un par de veces para besarse y tocarse.
Al llegar a la habitación, la pregunta de rigor, aunque posiblemente tardía de Giselle: -mae, ¿trajiste preservativos?, fué contestada por Rubén con un gesto que pareció una publicidad de la tele, al sacar dos de estos preciados objetos y sacudirlos, sostenidos con las putas del pulgar y el anular derechos hacia abajo, y con una sonrisa cómplice, que ella a su vez contestó con un gemido de placer acompañado de un beso-mordisco a la yugular del poéta, el cual no se hizo esperar.
Y parado como estaba, duro como se puso, subió las enguas apretadas de su amiga, cortas pero no tanto, le bajó los medias negras de lycra, que ella se sacó levantando las
piernas de a una mientras se sostenía de la hermosa picha del poéta. Luego él la levantó de los muslos corriendole con una mano el calzoncito, y sintiendo su vaginita mojarse, así alzada la llevó caminando, hasta apoyarla en la pared, donde la penetró como quien penetra a una amante añorada.
Y comenzó la otra entrevista.
Ella: ¡haaayyy, rubencito mi amor, como extrañaba esa picha!
Él: ¡zorra mentirosa, a cuantos les dirás lo mismo!
Ella: ¡haaayyy, papiii, shhh, que ricooo!
Él: ¡veo que seguís cada vez más puta!
Ella: ¡hay, hay siii, hay siii, papiii, ricooo!
Así media hora, mientras ella se regó tres veces, y después en la cama le mamó un buen rato la verga, y él le metió un dedito en el culo, y se regó en el aire pegajoso del hotel ensuciando las sábanas, mintras ella se regó más, tal vez dos veces más. Luego se tiraron a fumar mota.
Y menos mal que se aclaró que esto no es porno soft para desauciados, es que el mercado extiende sus tentáculos por doquier, ya no se puede confiar en nadie.
Ella: mae, no se si de verdad sos la tercera pata de la poesía tica, pero que tenés la mejor tercera pata es indudable.
Se cagaron de la risa.
Él: ¿y vos cuantas patas conocés de la poesía nacional, para decretar semejante veredicto?
Ella: ¡¡hay!!, ¿como se te ocurre?, ¡yo ninguna!
Se volvieron a cagar de la risa, lo que sugirió que las conocía, si no todas, casi.
Más tarde el monstruo abrió las ventanas que daban a la calle y apareció la avenida central, llena de autos y humo, luces y marqesinas, música salsa, cumbia, flamenco y rock, sobre todo rock...
Y entre los cientos de personas que caminaban de prisa, o esperaban el bus para volver a casa antes de la lluvia, entre lluvia y lluvia, en medio de ese caos de paraguas y gente, el monstruo de repente pudo ver, o creyó ver, pues luego no pudo asegurarlo, una enorme y rulienta cabellera pelirroja que daba vuelta la esquina en dirección al parque central, y el corazón casi se le sale del pecho.
Se dió vuelta hacia Gisell, que yacía en el sopor de la hierba, y pálido como una momia le dijo:
-tengo que salir a la calle por una urgencia, ¿me podés acompañar?
-¿pero que te pasa? parece que hubieras visto un fantasma.
-algo parecido, por favor salgamos.
Se vistieron y bajaron las escaleras corriendo, y corriendo la hizo seguirlo un par de cuadras, tirando de su mano hasta llegar al parque central, y subir a la glorieta para mirar en derredor, y comprobar que había perdido a su fantasma.
Ambos estaban jadeando y sudorosos, con el olor del sexo casual, infiel e informal, olor que es igual al olor del otro sexo, al que, por no encontrar mejor nombre, llamaremos oficial.
Después, desesperado y abrumado, el monstruo le contó lo que le estaba pasando.
capítulo doce
Los primeros rumores de la vuelta del monstruo a su ciudad natal, pues sabemos ya que no es de los que pasan desapercibidos, comenzaron entonces a regarse como pólvora, alguien lo vió por allí, o por más allá, en algún bar de mala muerte en una calle, peleándo con un narco de poca monta en Barrio México, o tal vez Barrio Cuba.
¿Pero era reálmente Rubén Arrieta de quien se estaba hablando? preguntó Gisell López, la editora de una prestigiosa revista literaria, y preguntó Manuel Bermudez, escritor y especialista en la obra de Roberto Arlt, y sobre todo preguntó, además, Estela Sánchez de Bustamante, profesora de la carrera de letras de la Universidad de Heredia, que les hacía leer a sus alúmnos el mítico libro de Arrieta, "Aves nocturnas sobrevuelan los campos de la muerte", con esa inclinación a la tragedia, típica de los escritores inmaduros.
Y la respuesta tajante fué, una y mil veces: -sí, hablamos de Rubén Arrieta, el mismísimo monstruo.
Y si bien es cierto que las personas encargadas de divulgar la noticia eran, por lo menos en su mayoría, de fiar, las dudas de los otros, o sea los encargados de recibir aquella misma noticia, no carecían de fundamentos, porque durante mucho tiempo después de la partida del monstruo, hubieron algunos que se dedicaron a imitarlo, vistiéndose como él, haciendo poses de poétas reveldes y malditos, tal vez inclusive muy bien, ademas de imitarlo en su escritura, pero esto último no les salió tan bien.
Después aparecieron otros que imitaban a los imitadores, y podría decirse que mejor que los primeros (se llegó al extremo de imitarlo, sin saber a quien se estaba imitando, pues este último tipo de imitadores, no conocían al original, ni siquiera lo habían leído, tal vez tampoco sabían que escribía), o sea, que por eso tanta pregunta y desconfianza.
Inclusive corría un rumor mucho peór, algo sobre un clon en un turbio laboratorio genético, pergeñado, y pagado, por los adalides del mercado para un fraguar un negocio editorial sin precedentes, pero esto ya era demasiado ridículo para ser cierto, aunque tratándose del monstruo...
Pero esta vez era él, y finalmente dieron con él.
Y, muy poca gente lo sabía, pero había sobrevivido un pequeño culto de sus pocos cuentos y poémas, como corresponde a un auténtico maldito, entonces pasaron tres cosas:
1) Por un lado Gisell López logró concretar una entrevista, que saldría en un prestigioso semanario de los domingos.
2) Por el otro lado, Estela Sánchez de Bustamante lo contactó para ofrecerle el auditorio de la Universidad de Heredia para dar un recital de poesía, el monstruo le propuso más bien una performance poética, ella aceptó.
3) Por último, Manuel Bermudez lo invitó a beber guaro y birrita, acompañados con unas boquitas de pejiballe con mayonesa en un bar de Moravia, para hablar de literatura y de los viejos buenos tiempos, en los que habían compartido grandes gestas.
Eso hicieron entonces, hablaron de sus propias obras, no mucho, y de otros escritores y escritoras, algunos de primer orden, otros del segundo. Y otros, por que no decirlo, decididamente paupérrimos.
El negocio le había quedado redondo, pues la entrevista saldría unos días antes de la performance, que yá tenía fecha, para hacer algo de publicidad y asegurar buen de público.
¿Pero era reálmente Rubén Arrieta de quien se estaba hablando? preguntó Gisell López, la editora de una prestigiosa revista literaria, y preguntó Manuel Bermudez, escritor y especialista en la obra de Roberto Arlt, y sobre todo preguntó, además, Estela Sánchez de Bustamante, profesora de la carrera de letras de la Universidad de Heredia, que les hacía leer a sus alúmnos el mítico libro de Arrieta, "Aves nocturnas sobrevuelan los campos de la muerte", con esa inclinación a la tragedia, típica de los escritores inmaduros.
Y la respuesta tajante fué, una y mil veces: -sí, hablamos de Rubén Arrieta, el mismísimo monstruo.
Y si bien es cierto que las personas encargadas de divulgar la noticia eran, por lo menos en su mayoría, de fiar, las dudas de los otros, o sea los encargados de recibir aquella misma noticia, no carecían de fundamentos, porque durante mucho tiempo después de la partida del monstruo, hubieron algunos que se dedicaron a imitarlo, vistiéndose como él, haciendo poses de poétas reveldes y malditos, tal vez inclusive muy bien, ademas de imitarlo en su escritura, pero esto último no les salió tan bien.
Después aparecieron otros que imitaban a los imitadores, y podría decirse que mejor que los primeros (se llegó al extremo de imitarlo, sin saber a quien se estaba imitando, pues este último tipo de imitadores, no conocían al original, ni siquiera lo habían leído, tal vez tampoco sabían que escribía), o sea, que por eso tanta pregunta y desconfianza.
Inclusive corría un rumor mucho peór, algo sobre un clon en un turbio laboratorio genético, pergeñado, y pagado, por los adalides del mercado para un fraguar un negocio editorial sin precedentes, pero esto ya era demasiado ridículo para ser cierto, aunque tratándose del monstruo...
Pero esta vez era él, y finalmente dieron con él.
Y, muy poca gente lo sabía, pero había sobrevivido un pequeño culto de sus pocos cuentos y poémas, como corresponde a un auténtico maldito, entonces pasaron tres cosas:
1) Por un lado Gisell López logró concretar una entrevista, que saldría en un prestigioso semanario de los domingos.
2) Por el otro lado, Estela Sánchez de Bustamante lo contactó para ofrecerle el auditorio de la Universidad de Heredia para dar un recital de poesía, el monstruo le propuso más bien una performance poética, ella aceptó.
3) Por último, Manuel Bermudez lo invitó a beber guaro y birrita, acompañados con unas boquitas de pejiballe con mayonesa en un bar de Moravia, para hablar de literatura y de los viejos buenos tiempos, en los que habían compartido grandes gestas.
Eso hicieron entonces, hablaron de sus propias obras, no mucho, y de otros escritores y escritoras, algunos de primer orden, otros del segundo. Y otros, por que no decirlo, decididamente paupérrimos.
El negocio le había quedado redondo, pues la entrevista saldría unos días antes de la performance, que yá tenía fecha, para hacer algo de publicidad y asegurar buen de público.
sábado, 8 de mayo de 2010
capítulo once
Comenzó entonces el mismo recorrido y tuvo un par de sorpresas, o tal vez tres:
La primera, que donde antes le dijeron no recordar, o jamás haber visto a la persona que el les describía, ahora resultó que la recordaban muy bien, tal vez demasiado bien, incluso resultaron casi íntimos, llegando al extremo de destornillarse de risa con alguna anécdota con Estrella como protagonísta, y de entristecerse con otras. Pero hacía ya más de diez años que no sabían nada de ella, ¿pero ninguna noticia?, ninguna.
Pensó que le podían estar tomando el pelo.
La segunda sorpresa fué, que donde antes le habían dicho que todos los del barrio habían vivido allí toda la vida, y que jamás, ni por asomo alguno alguien se había mudado, ni lo haría por nada del mundo, de ese hermoso barrio, que a pesar de tener algunos deféctos, en fin, etc..., ahora se les ocurrió que no era tan así, pues la vecina de enfrente, que vivía con sus hijos hasta que estos partieron, había venido a vivir luego, tal vez veinte años atrás, y los vecinos anteriores se fueron, porque no pudieron soportar los chismes, al quedar una de las niñas embarazadas.
Eran dos hermanas de unos dieciseis, o tal vez más años.
Aunque podía ser, dijeron, que al irse la chica ya hubiera parido, aquí hubieron varias versiones y no llegaron a ningún acuerdo, inclusive alguien llegó a decir que tuvo a la criatura en brazos, pero los demás lo negaron, aduciendo que jamás le había gustado, a esa persona, tener un niño en brazos, y que no lo hizo ni con los suyos, y casi hay una pelea que el monstruo se vió en el deber de parar. Cuando los ánimos se enfriaron, pidió una descripción de aquellas niñas, y por lo menos una coincidió con el recuerdo de su Estrella.
Y así Estrella comienza a tomar forma, a ser algo más que un recuerdo personal y esquivo, a dejar de ser un fantásma de su pasado, para convertirse en algo un poco más real, no solamente un sueño, sino algo que de verdad ocurrió.
La tercera sorpresa fué, que cuando llegó a la casa señalada, en la que ya había estado preguntando el primer día de su búsqueda, ahora le pareció reconocerla, tal vez era de otro color, pero el jardín de la entrada era el mismo, la disposición de las ventanas la misma, la sangre le golpeó el corazón de nuevo, de la misma manera que la primera vez que la vió.
Al tocar el timbre, nadie abrió la puerta, y dercidió volver al otro día.
Se fué de allí con una nueva idea, de que la memoria recuerda a veces, solo lo que se la dá la gana, o peór aún, la memoria lo recuerda todo, pero lo trae de vuelta cuando se le ocurre y a cuentagotas, en comodos plazos y cuando quiere ella. Eso cuando no se le ocurre esconderlo todo para siempre.
La memoria se parece a los capitales buitre, tan característicos de la globalización, que vienen cuando les conviene, y se van cuando las papas queman.
La memoria tiene, muchas más veces de lo que quisieramos, una vida propia.
Esa misma noche llamó al celular de Katia, pero esta no contestó o le dió ocupado, y le escribió un mensaje: ¡quiero verte!
Tampoco obtuvo resultados, y se fué a dormir agotado.
Al otro día estaba parado frente a la casa temprano, tal vez las once de la mañana, y tocó el timbre.
Luego de un rato, la voz de una mujer le habló desde una de las ventanas: -¿a quien busca muchacho?
-buen día señora, pensé que tal vez usted me podría dar algún dato de las personas que vivían antes aquí, si no es molestia...
-espere un momento por favor.
Esperó un momento.
La puerta se abrió y salió una señora trigueña, de piel canela, y gorda, secándose las manos con un delantal de cocina, parecía tener unos sesenta años pero podía tener más, ella le hizo la misma pregunta, y él repitió la respuesta, entonces lo hizo pasar.
Cuando el monstruo cruzó el umbral de la puerta de entrada, toda la lluvia que durante siglos había caído en el país de las ranas, se le vino encima en un solo chaparrón, y definitivamente lo recordó todo..
Recordó que Estrella lo había llevado allí, no más de tres o cuatro veces, cuando no había nadie en casa, pero él había soñado con ese lugar durante más de diez años en sus viajes, y mientras vivió en Argentina. Recordó además, el olor, el color, el sabor y el tamaño, del sexo de Estrella, muy grande y sabroso por cierto, la cabidad y el calor de su boca, su risa, sus manos conteniendole el miembro, el lugar donde estaba el sillón, y donde ella se tiraba a hablar con amigas por telefono, despreocupada, a contarles sus hazañas sexuales, todos los polvos que habían echado, ese mismo sillón donde hacían el amor con el televisor prendido, cuando no existían celulares ni robots, ni mucho menos trenes voladores. Si es que acaso a eso podía llamarse amor, en el caso de él, esa lascibia.
Ahora cree que si.
-¿Le pasa algo muchacho? preguntó la señora.
-No nada, ¿que me puede decir de la gente que vivía aquí antes que usted?
Y aquella señora, le dijo unas cuantas cosas...
La primera, que donde antes le dijeron no recordar, o jamás haber visto a la persona que el les describía, ahora resultó que la recordaban muy bien, tal vez demasiado bien, incluso resultaron casi íntimos, llegando al extremo de destornillarse de risa con alguna anécdota con Estrella como protagonísta, y de entristecerse con otras. Pero hacía ya más de diez años que no sabían nada de ella, ¿pero ninguna noticia?, ninguna.
Pensó que le podían estar tomando el pelo.
La segunda sorpresa fué, que donde antes le habían dicho que todos los del barrio habían vivido allí toda la vida, y que jamás, ni por asomo alguno alguien se había mudado, ni lo haría por nada del mundo, de ese hermoso barrio, que a pesar de tener algunos deféctos, en fin, etc..., ahora se les ocurrió que no era tan así, pues la vecina de enfrente, que vivía con sus hijos hasta que estos partieron, había venido a vivir luego, tal vez veinte años atrás, y los vecinos anteriores se fueron, porque no pudieron soportar los chismes, al quedar una de las niñas embarazadas.
Eran dos hermanas de unos dieciseis, o tal vez más años.
Aunque podía ser, dijeron, que al irse la chica ya hubiera parido, aquí hubieron varias versiones y no llegaron a ningún acuerdo, inclusive alguien llegó a decir que tuvo a la criatura en brazos, pero los demás lo negaron, aduciendo que jamás le había gustado, a esa persona, tener un niño en brazos, y que no lo hizo ni con los suyos, y casi hay una pelea que el monstruo se vió en el deber de parar. Cuando los ánimos se enfriaron, pidió una descripción de aquellas niñas, y por lo menos una coincidió con el recuerdo de su Estrella.
Y así Estrella comienza a tomar forma, a ser algo más que un recuerdo personal y esquivo, a dejar de ser un fantásma de su pasado, para convertirse en algo un poco más real, no solamente un sueño, sino algo que de verdad ocurrió.
La tercera sorpresa fué, que cuando llegó a la casa señalada, en la que ya había estado preguntando el primer día de su búsqueda, ahora le pareció reconocerla, tal vez era de otro color, pero el jardín de la entrada era el mismo, la disposición de las ventanas la misma, la sangre le golpeó el corazón de nuevo, de la misma manera que la primera vez que la vió.
Al tocar el timbre, nadie abrió la puerta, y dercidió volver al otro día.
Se fué de allí con una nueva idea, de que la memoria recuerda a veces, solo lo que se la dá la gana, o peór aún, la memoria lo recuerda todo, pero lo trae de vuelta cuando se le ocurre y a cuentagotas, en comodos plazos y cuando quiere ella. Eso cuando no se le ocurre esconderlo todo para siempre.
La memoria se parece a los capitales buitre, tan característicos de la globalización, que vienen cuando les conviene, y se van cuando las papas queman.
La memoria tiene, muchas más veces de lo que quisieramos, una vida propia.
Esa misma noche llamó al celular de Katia, pero esta no contestó o le dió ocupado, y le escribió un mensaje: ¡quiero verte!
Tampoco obtuvo resultados, y se fué a dormir agotado.
Al otro día estaba parado frente a la casa temprano, tal vez las once de la mañana, y tocó el timbre.
Luego de un rato, la voz de una mujer le habló desde una de las ventanas: -¿a quien busca muchacho?
-buen día señora, pensé que tal vez usted me podría dar algún dato de las personas que vivían antes aquí, si no es molestia...
-espere un momento por favor.
Esperó un momento.
La puerta se abrió y salió una señora trigueña, de piel canela, y gorda, secándose las manos con un delantal de cocina, parecía tener unos sesenta años pero podía tener más, ella le hizo la misma pregunta, y él repitió la respuesta, entonces lo hizo pasar.
Cuando el monstruo cruzó el umbral de la puerta de entrada, toda la lluvia que durante siglos había caído en el país de las ranas, se le vino encima en un solo chaparrón, y definitivamente lo recordó todo..
Recordó que Estrella lo había llevado allí, no más de tres o cuatro veces, cuando no había nadie en casa, pero él había soñado con ese lugar durante más de diez años en sus viajes, y mientras vivió en Argentina. Recordó además, el olor, el color, el sabor y el tamaño, del sexo de Estrella, muy grande y sabroso por cierto, la cabidad y el calor de su boca, su risa, sus manos conteniendole el miembro, el lugar donde estaba el sillón, y donde ella se tiraba a hablar con amigas por telefono, despreocupada, a contarles sus hazañas sexuales, todos los polvos que habían echado, ese mismo sillón donde hacían el amor con el televisor prendido, cuando no existían celulares ni robots, ni mucho menos trenes voladores. Si es que acaso a eso podía llamarse amor, en el caso de él, esa lascibia.
Ahora cree que si.
-¿Le pasa algo muchacho? preguntó la señora.
-No nada, ¿que me puede decir de la gente que vivía aquí antes que usted?
Y aquella señora, le dijo unas cuantas cosas...
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