Winona y César descansan en Limón de todo el mundanal ruido y el trabajo abrumador, en Portete, en la casa de los abuelos de la chica.
Aquellas playas de arenas negras llenas de juncos y demás desechos naturales, con zopilotes sobrevolando, playas tan bellas en su suciedad y descuido natural.
O en los hermosos atardeceres de Cahuita, que van del rosa anaranjado del cielo, al verde esmeralda del agua (te sugiero, lector, unas prontas vacaciones allí, o que te vallas a vivir pescando, no olvides llevar repelente de mosquitos), ellos hacen el amor al llegar la noche, a veces hasta la salida del sol. Así van a traér niños al mundo, un mundo que quieren nuevo.
Pero de vuelta en San José y en el trabajo, mientras él vende paquetes vacacionales a jubilados yanquis y toca el bajo, ella se sumerge en los archivos del O.I.J al llegar a casa, cuando no tiene que encubrir y pasar por alto las trapisondas de algún superior, o llevar tazas de café.
Y de repente, en un golpe de suerte, que es en estos casos tan necesaria, ya que no basta con el tezón y la voluntad que ella tiene, descubre como caída del cielo, casi literalmente, las nóminas de los policías que integraban los escuadrones aquellos, rurales y urbanos, menudo hallazgo, algunos inclusive con fotos y direcciónes.
Así, desliza todo lo que puede en su maletín, tantas carpetas como para no llamar la atención pero estar a punto, y en una larga noche de insomnio, cigarrillos, y algunas Babarias, mientras el deportísta duerme, leyendo una brebe reseña de la razón de ser y el funcionamiento de estos comandos, se entera del entrenamiento que recibían en casa o lejos, en alguna parte del gran país del norte, con mercenarios y marines yanquis, algunos veteranos de una o más guerras.
La tortura y las ejecuciones sumarias eran parte integral del entrenamiento de estos grupos, y lo son todavía, para obtener información del enemigo, o sobre este.
Porque básicamente, las formaciones estaban dirigidas y encaminadas a la lucha contra una hipotética guerrilla, guerrilla que en Costa Rica no existía en la vida reál, pero si en las teorías conspirativas y preventivas de los que manejan el mercado y los gobiernos. O sea por dudas, no vaya a ser cuestión...
Entonces imagina lector, la frustración de un soldadito al que han enseñado varias y efectivas formas de matar y torturar, pero no puede hacerlo, ya que no exíste un enemigo, más allá de trabajadores y trabajadoras, criando a sus hijos, y si, algunos rateros de poca monta.
Imaginen a ese soldadito estimulado con drogas duras y alcohol, o no, pero en todo caso terriblemente exitado oliendo sangre, perdido en la selva buscando narcotraficantes y guerrilleros que no existían por aquel entonces allá, que no aparecían por ningún lado, ni en la cordillera de Talamanca, ni en el cantón de Alajuelita.
El grupo al que le tocó aquella zona, estaba dirigido por dos hermanos de apellido Ramirez, y tenían, hasta cierto punto, carta blanca para actuar impunemente.
Imaginen, además, a varios o a uno, o dos de esos soldaditos, con el miembro duro, la cabeza enferma y el gatillo fácil, frente a un grupo de hermosas niñas indefensas, sabiendo que ellos no tienen que rendir cuentas a nadie de sus actos, ya que trabajan para este o aquel gobierno, o tal vez si deban rendir, pero llegado cierto punto ya que importa, puesto que les dieron armas, son dios, y están más locos que un caballo.
Imaginemos entonces, ya que estamos, a ese o esos soldaditos, perdidos en la cordillera de Talamanca, o en los alrrededores de la cruz de Alajuelita, y tendremos un probable escenario de lo que pasó.
Según parece, el grupo al que le tocaba aquella zona, estaba dirigido por dos hermanos de apellido Ramirez, ¿o eso ya lo dije?.
Obando Fonseca sugiere que fué el opus dei.
Eugenio Ramirez, catedrático universitario, dice que fué un psicopata que de ninguna manera podía ser de la poli.
Joaquin Torres, a modo de pregunta, plantea la hipotesis del ex-contra nica.
Winona dice que no, yo digo que no. Madame Bobary ces´t moi, dijo Flaubert.
Unos papeles llenos de polvo, en una olvidada oficina judicial, nos dicen otra cosa, y así se arma una novela, con partes iguales de ficción y realidad.
Si alguno de esos soldaditos cometió ese crimen y sigue con vida devería estar preso, y también sus jefes, y yo tengo todo el derecho a sospechar lo que se me de la regalada gana, ya que nadie dá una respuesta satisfactoria a tantas preguntas, y tu lector, también puedes pensar lo que quieras.
El país de las ranas es el paraíso, donde la infancia pobre se pasea por las calles oliendo cemento, prostituyendose y robando para comer a la vista de todos los gobiernos, tal vez inclusive antes que en Méjico o Colombia.
Veamos ahora que dice, otra brebe reseña histórica publicada también en internet, por el foro univision-comunidad de Costa Rica, a nombre de un tal Sancherito miembro-bronze el 20-9-07, acerca de aquel remoto lugar en el mundo, la cruz de Alajuelita...
domingo, 7 de agosto de 2011
capitulo cuareta y seis
En algunos diarios de la época, que Winona logra rastrear en internet, y otros que consigue en colecciones privadas, principalmente la de Tomás Saraví, uno de los mayores coleccionistas de diarios de los que se tenga memoria, ya que los allegados juran que no se podía caminar por su departamento debido a las montañas de diarios, e incluso cuando ya no le quedaba lugar para guardarlos llegó al extremo de vaciar el refrigerador de molesta comida, y lo usó para guardar más diarios, todo lo cual dificultaba el proceso de búsqueda si no se le consultaba a él primero, pues su prodigiosa memoria recordaba donde estaba cada noticia, sobre todo si había sido relevante. En esos diarios entonces, ella encuentra los datos que respaldan su teoría: el ministro de seguridad de aquel entonces, ¿Fishmann?, algo así, durante uno, o tal vez dos gobiernos, fué el mentor de un muy cuestionado por la izquierda (que muy pronto sería la centro-izquierda, debido al mercado, que metió sus tentáculos principalmente en la política), y alabado por la derecha (que se convirtió en la ultra-derecha, pero disfrazada por el mercado de centro-derecha), un muy cuestionado decía, "escuadrón policial para combatir el delito" (comillas mías), tan efectivo como asesino, que actuaba en las zonas rurales, donde perseguía dizque al narcotráfico.
Fué además el artífice de un poderoso aparato de represión, que tenía a su servicio para utilizar en conflictos urbanos, una policía militarizada muy bien equipada, que sacó a la calle a modo de presentación, en las protestas sociales que protagonizaron los vendedores ambulantes tratando de, y luego lográndolo, defender sus puestos de trabajo, y que tuvieron en vilo al centro de la ciudad desde la iglesia de La Merced hasta Cuesta de Moras durante tres o cuatro días, días estos de una gran tensión, con tropas y vendedores en la calle, en los que se temió un estallido más profundo, que gracias a dios o a quien corresponda según las creencias de cada quien, jamás ocurrió, ya que los conflictos, como se dijo, lograron resolverse. Al parecer, y casi con seguridad, aquí no hubieron muertos, pero mi memoria puede fallar, y por supuesto las noticias tergiversarse.
Donde sí hubieron, fué en una intervención de los escuadrones rurales, fallida como de costumbre, en la que murieron integrantes de la comunidad indígena, puede que bri bris en la zona de Talamanca, que nada tenían que ver con el narcotráfico que se decía perseguir ni con ningún otro delito.
Otra muerte de un inocente, se se les "escapó" (mías, estoy pareciendome a Obando Fonseca) en un allanamiento que llevó a cabo la policía de San José, a la vivienda de un conocido por todos los del ambiente artístico y los mafufos, distribuidor minorista de hierba. Al entrar la policía por la fuerza en su domicilio, y disparar a mansalva, el único que resultó muerto fué un hijo suyo, un niño de doce años, desarmado e inocente. Daños colaterales, les ha puesto el lenguaje técnico del poder, con el respaldo de los medios, a este tipo de acidentes, piensen lo que quieran, o lo que puedan, pero traten con todas las fuerzas de su espíritu de no dejarse engañar tan fácil, oh lectores.
Aquella policía se reivindicó, y tuvo sus quince minutos de fama, atrapando a una peligrosa banda de ladrones de banco venezolanos que ya habían saqueado varios, y esperaban huír con el botín, cuando fueron atrapados festejando, y se recuperó también buena parte del botín, dudemos de que se haya recuperado todo, dudemos de todo y nos hacercaremos a los hechos.
Pero allí no hubieron muertos, ya que a pesar de estar armados tal vez hasta los dientes, esta vez se les concedió la opción de rendirse.
Y luego aquel ministro, de cuyo nombre, y ahora si haré como Fonseca Obando, ya no quiero acordarme, con permiso de Cervantes, se reivindicó también decíamos,el ministro aquel, como hombre comprensivo y bondadoso, cuando encarriló a la famosa pandilla de Los Chapulines, unos pre-adolescentes que te abrían la panza de un tajo para llevarse tu reloj a plena luz del día en la avenida segunda. El ministro dizque los sacó de la calle y los puso en vereda, dándoles educación y trabajo, luego él y ellos fueron portada en varios diarios y salieron en la tele muchas veces, como les gusta a los ministros.
Todos estos datos pueden rastrearse en un ensayo de próxima aparición, titulado Historia de la represión en Costa Rica, cuyo autor es el escritor argentino-costarricense Estanislao Balder, seudónimo del autor de esta novela que por suerte, aún pueden soportar, los felicito por su valentía y persevarancia a pesar de todo.
Fué además el artífice de un poderoso aparato de represión, que tenía a su servicio para utilizar en conflictos urbanos, una policía militarizada muy bien equipada, que sacó a la calle a modo de presentación, en las protestas sociales que protagonizaron los vendedores ambulantes tratando de, y luego lográndolo, defender sus puestos de trabajo, y que tuvieron en vilo al centro de la ciudad desde la iglesia de La Merced hasta Cuesta de Moras durante tres o cuatro días, días estos de una gran tensión, con tropas y vendedores en la calle, en los que se temió un estallido más profundo, que gracias a dios o a quien corresponda según las creencias de cada quien, jamás ocurrió, ya que los conflictos, como se dijo, lograron resolverse. Al parecer, y casi con seguridad, aquí no hubieron muertos, pero mi memoria puede fallar, y por supuesto las noticias tergiversarse.
Donde sí hubieron, fué en una intervención de los escuadrones rurales, fallida como de costumbre, en la que murieron integrantes de la comunidad indígena, puede que bri bris en la zona de Talamanca, que nada tenían que ver con el narcotráfico que se decía perseguir ni con ningún otro delito.
Otra muerte de un inocente, se se les "escapó" (mías, estoy pareciendome a Obando Fonseca) en un allanamiento que llevó a cabo la policía de San José, a la vivienda de un conocido por todos los del ambiente artístico y los mafufos, distribuidor minorista de hierba. Al entrar la policía por la fuerza en su domicilio, y disparar a mansalva, el único que resultó muerto fué un hijo suyo, un niño de doce años, desarmado e inocente. Daños colaterales, les ha puesto el lenguaje técnico del poder, con el respaldo de los medios, a este tipo de acidentes, piensen lo que quieran, o lo que puedan, pero traten con todas las fuerzas de su espíritu de no dejarse engañar tan fácil, oh lectores.
Aquella policía se reivindicó, y tuvo sus quince minutos de fama, atrapando a una peligrosa banda de ladrones de banco venezolanos que ya habían saqueado varios, y esperaban huír con el botín, cuando fueron atrapados festejando, y se recuperó también buena parte del botín, dudemos de que se haya recuperado todo, dudemos de todo y nos hacercaremos a los hechos.
Pero allí no hubieron muertos, ya que a pesar de estar armados tal vez hasta los dientes, esta vez se les concedió la opción de rendirse.
Y luego aquel ministro, de cuyo nombre, y ahora si haré como Fonseca Obando, ya no quiero acordarme, con permiso de Cervantes, se reivindicó también decíamos,el ministro aquel, como hombre comprensivo y bondadoso, cuando encarriló a la famosa pandilla de Los Chapulines, unos pre-adolescentes que te abrían la panza de un tajo para llevarse tu reloj a plena luz del día en la avenida segunda. El ministro dizque los sacó de la calle y los puso en vereda, dándoles educación y trabajo, luego él y ellos fueron portada en varios diarios y salieron en la tele muchas veces, como les gusta a los ministros.
Todos estos datos pueden rastrearse en un ensayo de próxima aparición, titulado Historia de la represión en Costa Rica, cuyo autor es el escritor argentino-costarricense Estanislao Balder, seudónimo del autor de esta novela que por suerte, aún pueden soportar, los felicito por su valentía y persevarancia a pesar de todo.
martes, 2 de agosto de 2011
capitulo cuarenta y cinco
Entre esos cabos sueltos están:
A- Las carpetas del O.I.J con el caso cerrado, o sea la historia opficial, aquella que reza que una banda de conocidos delincuentes apodados Galleta, Viruta y Tres pelos, fueron incriminados y luego aparecieron muertos, el último de ellos, Tres pelos, luego de varios procesos judiciales, hay otro cuarto, Arnoldillo, que es el único que queda con vida.
B- La nota que colgó en internet Ricardo Obando Fonseca, donde sugiere que el Opus Dei está implicado en el asunto, y donde enlaza estos asesinatos, con el caso de un colombiano de apellidos Gutierrez Ramirez ("cualquier parecido..."). Comillas mías.
Gutierrez Ramirez presuntamente sirvió de intermediario para la contratación de pistoleros en otro crimen sin esclarecer, el de Parmenio Medina Perez.
En otra causa, Gutierrez fué detenido por un violento "cobronazo" de una deuda, según informó el O.I.J, Obando fonseca aclara: "saltan enormes dudas, un colombiano metido en broncas que se mal suponen menores, alquilando raterillos locales acusados de asaltar bancos, uno de ellos ya "convenientemente" muerto, el otro un descerebrado irremediable apodado Indio, con historias infantiles sobre su participación en los asaltos de que se lo acusa: "estaba con tragos y no me dí cuenta de nada", fué lo que declaró El Indio a un telenoticiero local". Todas las comillas internas suyas, creo, ahora ya me enredé.
C- El exaustivo trabajo que publicara Eugenio Ramirez (imposible no pensar en Gutierrez Ramirez, el colombiano), aquel licenciado en administración de empresas, etc, etc, bla , bla, bla...
Este señor de tan respetable curriculum, está obsesionado con la idea de que es imposible que el asesino provenga de las filas de la Guardia Rural josefina, la policía local, pero no aporta ningún dato coherente o firme para que debamos descartar de plano esa teoría, que de hecho, es solo un rumor que corre, un secreto a voces, y el señor Eugenio Ramirez, debería tal vez explicarnos, por que se tomó semejante trabajo en desmentir un rumor, o sea, que todo su impresionante talento parece estar puesto al servicio de dicha empresa, desmentir ese rumor. A mi me huele mal, a Winona también.
O sea, winona, la protagonista de la historia, que en realidad es el autor travestido, y por lo tanto ambos tienen otra idea de la naturaleza de los acontecimientos, pues tanto ella como yo, estamos obsesionadísimos, al igual que Ramirez pero a la inversa, tenemos plena convicción de que el criminal proviene de las filas del estado, es o era, policía.
Sin embargo, a pesar de ser la misma persona, hay algo en lo que la protagonista y el autor no se parecen en lo más mínimo, ella está convencida de sus ideales y es tenaz al respécto, quiere justicia y no se detendrá hasta obtenerla. El autor, por el contrario, ya dejó de ser un idealista, los años lo han vuelto un cínico, por si no se notaba.
Sin embargo todos sabemos, hasta el autor, o incluso tú lector, que si bien la justicia es un raro milagro, algunas veces se impone, se manifiesta, gana. Si así no fuera, nada tendría sentido, ni siquiera esta novela que nos ocupa ahora, o mejor dicho, esta novela menos que nada.
Entonces ella, Winona, es mejor persona que el autor, pero he aquí que es una construcción ficcional del autor, creada por él, menuda esperanza en la especie humana que les prodigo.
D- Otro artículo publicado en internet, aparecido en El Nuevo Diario, de Managua, el lunes 22 de abril de 2002, que desde el título se pregunta: ¿Aesino en serie de Costa Rica es ex GN y ex contra? El artículo asegura que de todas maneras, el sospechoso ya está muerto. Está firmado por Joaquín Torres y respalda la teoría de Ramirez, o sea que tal vez ambos estén entongados con algo mayor, una de esas pesadas tapas que cuando se abren todo se pone muy ediondo, un poder que quiere silenciar. ¿De que manera un crimen puede declararse de lesa humanidad y por lo tanto no proscribir como delito?, si acaso es fraguado y ejecutado desde el estado, con el poder del estado, con su aparato represor.
A- Las carpetas del O.I.J con el caso cerrado, o sea la historia opficial, aquella que reza que una banda de conocidos delincuentes apodados Galleta, Viruta y Tres pelos, fueron incriminados y luego aparecieron muertos, el último de ellos, Tres pelos, luego de varios procesos judiciales, hay otro cuarto, Arnoldillo, que es el único que queda con vida.
B- La nota que colgó en internet Ricardo Obando Fonseca, donde sugiere que el Opus Dei está implicado en el asunto, y donde enlaza estos asesinatos, con el caso de un colombiano de apellidos Gutierrez Ramirez ("cualquier parecido..."). Comillas mías.
Gutierrez Ramirez presuntamente sirvió de intermediario para la contratación de pistoleros en otro crimen sin esclarecer, el de Parmenio Medina Perez.
En otra causa, Gutierrez fué detenido por un violento "cobronazo" de una deuda, según informó el O.I.J, Obando fonseca aclara: "saltan enormes dudas, un colombiano metido en broncas que se mal suponen menores, alquilando raterillos locales acusados de asaltar bancos, uno de ellos ya "convenientemente" muerto, el otro un descerebrado irremediable apodado Indio, con historias infantiles sobre su participación en los asaltos de que se lo acusa: "estaba con tragos y no me dí cuenta de nada", fué lo que declaró El Indio a un telenoticiero local". Todas las comillas internas suyas, creo, ahora ya me enredé.
C- El exaustivo trabajo que publicara Eugenio Ramirez (imposible no pensar en Gutierrez Ramirez, el colombiano), aquel licenciado en administración de empresas, etc, etc, bla , bla, bla...
Este señor de tan respetable curriculum, está obsesionado con la idea de que es imposible que el asesino provenga de las filas de la Guardia Rural josefina, la policía local, pero no aporta ningún dato coherente o firme para que debamos descartar de plano esa teoría, que de hecho, es solo un rumor que corre, un secreto a voces, y el señor Eugenio Ramirez, debería tal vez explicarnos, por que se tomó semejante trabajo en desmentir un rumor, o sea, que todo su impresionante talento parece estar puesto al servicio de dicha empresa, desmentir ese rumor. A mi me huele mal, a Winona también.
O sea, winona, la protagonista de la historia, que en realidad es el autor travestido, y por lo tanto ambos tienen otra idea de la naturaleza de los acontecimientos, pues tanto ella como yo, estamos obsesionadísimos, al igual que Ramirez pero a la inversa, tenemos plena convicción de que el criminal proviene de las filas del estado, es o era, policía.
Sin embargo, a pesar de ser la misma persona, hay algo en lo que la protagonista y el autor no se parecen en lo más mínimo, ella está convencida de sus ideales y es tenaz al respécto, quiere justicia y no se detendrá hasta obtenerla. El autor, por el contrario, ya dejó de ser un idealista, los años lo han vuelto un cínico, por si no se notaba.
Sin embargo todos sabemos, hasta el autor, o incluso tú lector, que si bien la justicia es un raro milagro, algunas veces se impone, se manifiesta, gana. Si así no fuera, nada tendría sentido, ni siquiera esta novela que nos ocupa ahora, o mejor dicho, esta novela menos que nada.
Entonces ella, Winona, es mejor persona que el autor, pero he aquí que es una construcción ficcional del autor, creada por él, menuda esperanza en la especie humana que les prodigo.
D- Otro artículo publicado en internet, aparecido en El Nuevo Diario, de Managua, el lunes 22 de abril de 2002, que desde el título se pregunta: ¿Aesino en serie de Costa Rica es ex GN y ex contra? El artículo asegura que de todas maneras, el sospechoso ya está muerto. Está firmado por Joaquín Torres y respalda la teoría de Ramirez, o sea que tal vez ambos estén entongados con algo mayor, una de esas pesadas tapas que cuando se abren todo se pone muy ediondo, un poder que quiere silenciar. ¿De que manera un crimen puede declararse de lesa humanidad y por lo tanto no proscribir como delito?, si acaso es fraguado y ejecutado desde el estado, con el poder del estado, con su aparato represor.
jueves, 28 de julio de 2011
capitulo cuarenta y cuatro
Sucede que la chica que acabamos de conocer, dió sus primeros pasos en la provincia de Limón, en la costa atlántica, y más precisamente en el mercado central de Limón, entre los cajones de fruta y los zopilotes que por allí pululan. Los buitres entonces, vemos, la acechan desde su niñez, pero definitivamente, aquellos pájaros de su infancia, tan domésticos ellos, como las palomas que ves en cualquier plaza aunque del tamaño de un perro de mediano a grande, eran mucho más simpaticos y atractivos, infinitamente más, que los buitres con los que tubo que lidiar de grande, pesados como usted o yó, digamos.
Winona se crió entonces allí en el mercado, lugar pintoresco si los hay, pues su abuelita tenía un puesto de patis, pan boom y plantintá, exquisitas y tipicas comidas de aquella zona. (Llegado este punto, es preciso alclarar que el pati limonense es muy superior, y nada tiene que ver, con el paty argentino).
Paso a relatar ahora, una brebe historia de la provincia de limón, fiel reflejo de nuestra América mestiza y multicolor: trabajadores jamaiquinos fueron traídos para trabajar en la contrucción del camino del ferrocarril, ferrocarril que comunicaría este importante y empobrecido puerto con la rica capital, pero he aquí, que cuando llegaron a la mitad del camino, más o menos a la altura de Siquirres, se decidió dejar el trabajo en manos de orientales, que fueron traídos también para tal fin, ya que los gobernantes y la sociedad pujante de aquella época no querían a los negros en San José.
No fué sino hasta que un querido y por siempre recordado por los más humildes, presidente progresista, que también concedió el voto a las mujeres, no recuerdo con exatitud cuando, pero puede que principios de los años 50 (la historia no es mi fuerte), que finalmente pudieron hacer lo que se les daba la gana, ir y venir por doquier como cualquier mortal. O sea que los beneficios de que ahora gozaba nuestra protagonista, como mujer y afro descendiente, el natural derecho a estudiar y abrirse camino, etc...se los debía en gran medida a aquel ex presidente ya muerto, uno de los últimos caudillos latinoamericanos a la vieja usanza.
Aquella niña entonces, sumó a su natural piel de ébano, el color que le dieron las tardes de sol en Playa Portete, y la mezcla fue letal, podría haber sido miss Costa Rica y miss mundo si la hubiesen criado para tontuela, pero no.
Porque sumada también a su natural perspicacia, una dieta rica en hierro y fósforo (arroz, frijoles, pescado fresco y plátano, giuneos, guanabanas de tres quilos que se comía sola, en fin, etc...bla, bla, bla...), toda aquella mezcla hizo de aquel retoñito, la bomba de tiempo nuclear, lista a detonarse en cualquier momento, en que se convirtió.
Completando un poco el panorama que devemos tener para hacernos una idea de la provincia de Limón, observamos que además de su mayoría afro descendiente, hay también un porcentaje de población blanca, mestiza, algunos emigrantes de países limítrofes, sobre todo de Nicaragua, y también yankis y europeos que se enamoran del paisaje y su gente y se instalan aquí, luego de haber venido a conocer como turistas y no poder soportar la idea de tener que volver a sus miserabler rutinas, habiendo conocido el paraíso en la tierra. Además hay una pequeña y pujante comunidad china, y creanlo o no, bastantes argentinos, que remedio. Todos conviven en una relativa armonia, con excepción del narcotráfico que siempre jode (miren quien habla) y los políticos y policías corruptos que nunca faltan.
El abuelo de Winona es un viejo pescador alemán, marino en su juventud, que se quedó a vivir en Limón cuando se enamoró de su abuelita, que romantico.
El viejo incentivó la imaginación de aquella criatura, a la que llenó la cabeza con relatos de intrépidas aventuras en las que no faltaban pulpos gigantes, ballenas blancas, y sirenas de cantos hipnóticos, pero en los que, de cualquier manera, el bien y la justicia siempre triunfaban, lo cual la convirtió en una luchadora idealista.
La madre de Winona se fué un día a probar suerte como cantante a la ciudad de New York, y cuentan las malas lenguas, que terminó vendiendo sus encantos al mejor postor y murió víctima del crack, el frío y la soledad, pero otros dicen que se casó con un acaudalado texano y se hizo la cirujía para no ser reconocida por nadie, lo cierto es que nunca, pero nunca más, se tuvieron noticias ciertas de su destino... algunos dicen que era tan hermosa como la niña, otros dicen que tal vez un poquitín menos, lo cual es más que probable.
Su padre puede ser cualquiera. De hecho, cuando se empezó a convertir en una terrible hembra, aparecieron varios postulantes, algunos a padre y otros a novio, todos querían revolotearle de cerca, pero todos fueron repelidos por los viejitos, que la cuidaron como lo que era, un tesoro de incalculable valor, que tierno.
De todas maneras, como siempre pasa, al cumplir los quince se escapó un poquito y provó el sexo y la mota en playa Cahuita, ¿adivinen con quien?, si! con uno al que apodaban el monstruo, y que decía ser poéta, tenía delirios mesianicos y mucho rock en la sangre. Pero no mucho más que eso.
Al cumplir la chica los dieciseis, su tía que había amasado una pequeña fortuna en la capital, ya que tenía una peluquería de barrio y un marido taxísta, la mandó llamar para quie termine el secundario y estudie lo que quiera. Lo demás ya lo sabemos.
¡Hey!, se me olvida mencionar que recién llegada a San José, dentro del circulo de amiguitas que tenía, había dos niñas que luego serían víctimas en la masacre de Alajuelita, y eso caló muy hondo en su conciencia y su pequeño y justiciero corazoncito.
La historia de César es harto diferente, ya que este se crió en las aristocráticas calles del barrio de La Recoleta en la ciudad de Buenos Aires, estudió en las mejores instituciones ingés y francés, aprendió a esquiar en los inviernos en Bariloche, hizo rudby y natación, y estaba todo preparado para que su mamá y papá, festejaran por haber traído al mundo un energúmeno más, que se encargara de administrar los negocios de la familia y de explotar a sus empleados...pero les salió el tiro popr la culata, pues el pive creció demasiado, hasta parecer un gigante y poder desafiar a papá. Fué así que escuchó esa horripilante música de negros, el jazz, y miró películas hasta quedar catatónico, y en ese lamentable estado, escuchó que un día alguien le habló de un paisito en centroamérica, la Suiza centroamericana, el país de las ranas, y hacia allá hizó sus banderas, cargando el bajo Fender y la tabla de surf.
Volvería muchos años después, con hijos mulatitos y una mujer negra, pero esa es otra historia, pues les aviso anticipadamente que nadie comerá perdices en mi novela.
Después de hacer el amor, los domingos por la mañana desayunan juntos y hablan de sus respectivos trabajos, se apoyan mutuamente en sus proyectos. Podríamos decir, lector, que son un ejemplo de amor y convivencia, en un mundo y una novela ultra violentos y sin paz.
No faltará el aguafiestas, que quiera ver en esto algún tipo de corrección política de parte del autor, ya saben, una pareja multiétnica que se ama, convive en perfecta armonía como en la canción, etc..., además de un personaje femenino fuerte y valiente, bla, bla, bla. Puede ser que así sea, que haya una búsqueda de correción, pero trayendola al conciente, pretendo desarticular cualquier crítica, que tanto joder, en definitiva digo lo que se me canta.
Más tarde César se va a correr y hacer pesas, luego tocará el bajo y escuchará como un poseso a Marcus Miller, queriendo tocar como él alguna vez en su vida, pero sabiendo que es prácticamente imposible. Aún es domingo.
Winona entonces vuelve a su investigación, que solo puede encarar en sus tiempos libres pues nadie le paga por eso.
La apasionan las posibilidades que puede darle su actual trabajo como investigadora judicial, pero no sin un pequeño desencanto, que no llega a ser total puesto que algo ya intuía, se percata de que varios de sus superiores la ningunean, le ocultan la verdadera información. Ella está pasando por el típico colador, la máquina de picar carne fresca, en la que debe adaptarse a como son las cosas en la vida real, mucha corrupción y poca justicia.
En su escritorio acumula varias carpetas que poseen, la no poca pero ambigua información, que ha bajado de internet, y algunas cosas que logró sustraer de los archivos en las oficinas del O.I.J.
Algunos profesores y amigos de confianza, le han recomendado no meterse en esa camisa de once varas que es la masacre de Alajuelita, pero que remedio, ¿sobre que si no va a escribir su tésis?
Ahora ella, aprovechando que no está su novio, fuma un Delta y se agarra la cabeza, pensando en como atar los cabos sueltos.
Winona se crió entonces allí en el mercado, lugar pintoresco si los hay, pues su abuelita tenía un puesto de patis, pan boom y plantintá, exquisitas y tipicas comidas de aquella zona. (Llegado este punto, es preciso alclarar que el pati limonense es muy superior, y nada tiene que ver, con el paty argentino).
Paso a relatar ahora, una brebe historia de la provincia de limón, fiel reflejo de nuestra América mestiza y multicolor: trabajadores jamaiquinos fueron traídos para trabajar en la contrucción del camino del ferrocarril, ferrocarril que comunicaría este importante y empobrecido puerto con la rica capital, pero he aquí, que cuando llegaron a la mitad del camino, más o menos a la altura de Siquirres, se decidió dejar el trabajo en manos de orientales, que fueron traídos también para tal fin, ya que los gobernantes y la sociedad pujante de aquella época no querían a los negros en San José.
No fué sino hasta que un querido y por siempre recordado por los más humildes, presidente progresista, que también concedió el voto a las mujeres, no recuerdo con exatitud cuando, pero puede que principios de los años 50 (la historia no es mi fuerte), que finalmente pudieron hacer lo que se les daba la gana, ir y venir por doquier como cualquier mortal. O sea que los beneficios de que ahora gozaba nuestra protagonista, como mujer y afro descendiente, el natural derecho a estudiar y abrirse camino, etc...se los debía en gran medida a aquel ex presidente ya muerto, uno de los últimos caudillos latinoamericanos a la vieja usanza.
Aquella niña entonces, sumó a su natural piel de ébano, el color que le dieron las tardes de sol en Playa Portete, y la mezcla fue letal, podría haber sido miss Costa Rica y miss mundo si la hubiesen criado para tontuela, pero no.
Porque sumada también a su natural perspicacia, una dieta rica en hierro y fósforo (arroz, frijoles, pescado fresco y plátano, giuneos, guanabanas de tres quilos que se comía sola, en fin, etc...bla, bla, bla...), toda aquella mezcla hizo de aquel retoñito, la bomba de tiempo nuclear, lista a detonarse en cualquier momento, en que se convirtió.
Completando un poco el panorama que devemos tener para hacernos una idea de la provincia de Limón, observamos que además de su mayoría afro descendiente, hay también un porcentaje de población blanca, mestiza, algunos emigrantes de países limítrofes, sobre todo de Nicaragua, y también yankis y europeos que se enamoran del paisaje y su gente y se instalan aquí, luego de haber venido a conocer como turistas y no poder soportar la idea de tener que volver a sus miserabler rutinas, habiendo conocido el paraíso en la tierra. Además hay una pequeña y pujante comunidad china, y creanlo o no, bastantes argentinos, que remedio. Todos conviven en una relativa armonia, con excepción del narcotráfico que siempre jode (miren quien habla) y los políticos y policías corruptos que nunca faltan.
El abuelo de Winona es un viejo pescador alemán, marino en su juventud, que se quedó a vivir en Limón cuando se enamoró de su abuelita, que romantico.
El viejo incentivó la imaginación de aquella criatura, a la que llenó la cabeza con relatos de intrépidas aventuras en las que no faltaban pulpos gigantes, ballenas blancas, y sirenas de cantos hipnóticos, pero en los que, de cualquier manera, el bien y la justicia siempre triunfaban, lo cual la convirtió en una luchadora idealista.
La madre de Winona se fué un día a probar suerte como cantante a la ciudad de New York, y cuentan las malas lenguas, que terminó vendiendo sus encantos al mejor postor y murió víctima del crack, el frío y la soledad, pero otros dicen que se casó con un acaudalado texano y se hizo la cirujía para no ser reconocida por nadie, lo cierto es que nunca, pero nunca más, se tuvieron noticias ciertas de su destino... algunos dicen que era tan hermosa como la niña, otros dicen que tal vez un poquitín menos, lo cual es más que probable.
Su padre puede ser cualquiera. De hecho, cuando se empezó a convertir en una terrible hembra, aparecieron varios postulantes, algunos a padre y otros a novio, todos querían revolotearle de cerca, pero todos fueron repelidos por los viejitos, que la cuidaron como lo que era, un tesoro de incalculable valor, que tierno.
De todas maneras, como siempre pasa, al cumplir los quince se escapó un poquito y provó el sexo y la mota en playa Cahuita, ¿adivinen con quien?, si! con uno al que apodaban el monstruo, y que decía ser poéta, tenía delirios mesianicos y mucho rock en la sangre. Pero no mucho más que eso.
Al cumplir la chica los dieciseis, su tía que había amasado una pequeña fortuna en la capital, ya que tenía una peluquería de barrio y un marido taxísta, la mandó llamar para quie termine el secundario y estudie lo que quiera. Lo demás ya lo sabemos.
¡Hey!, se me olvida mencionar que recién llegada a San José, dentro del circulo de amiguitas que tenía, había dos niñas que luego serían víctimas en la masacre de Alajuelita, y eso caló muy hondo en su conciencia y su pequeño y justiciero corazoncito.
La historia de César es harto diferente, ya que este se crió en las aristocráticas calles del barrio de La Recoleta en la ciudad de Buenos Aires, estudió en las mejores instituciones ingés y francés, aprendió a esquiar en los inviernos en Bariloche, hizo rudby y natación, y estaba todo preparado para que su mamá y papá, festejaran por haber traído al mundo un energúmeno más, que se encargara de administrar los negocios de la familia y de explotar a sus empleados...pero les salió el tiro popr la culata, pues el pive creció demasiado, hasta parecer un gigante y poder desafiar a papá. Fué así que escuchó esa horripilante música de negros, el jazz, y miró películas hasta quedar catatónico, y en ese lamentable estado, escuchó que un día alguien le habló de un paisito en centroamérica, la Suiza centroamericana, el país de las ranas, y hacia allá hizó sus banderas, cargando el bajo Fender y la tabla de surf.
Volvería muchos años después, con hijos mulatitos y una mujer negra, pero esa es otra historia, pues les aviso anticipadamente que nadie comerá perdices en mi novela.
Después de hacer el amor, los domingos por la mañana desayunan juntos y hablan de sus respectivos trabajos, se apoyan mutuamente en sus proyectos. Podríamos decir, lector, que son un ejemplo de amor y convivencia, en un mundo y una novela ultra violentos y sin paz.
No faltará el aguafiestas, que quiera ver en esto algún tipo de corrección política de parte del autor, ya saben, una pareja multiétnica que se ama, convive en perfecta armonía como en la canción, etc..., además de un personaje femenino fuerte y valiente, bla, bla, bla. Puede ser que así sea, que haya una búsqueda de correción, pero trayendola al conciente, pretendo desarticular cualquier crítica, que tanto joder, en definitiva digo lo que se me canta.
Más tarde César se va a correr y hacer pesas, luego tocará el bajo y escuchará como un poseso a Marcus Miller, queriendo tocar como él alguna vez en su vida, pero sabiendo que es prácticamente imposible. Aún es domingo.
Winona entonces vuelve a su investigación, que solo puede encarar en sus tiempos libres pues nadie le paga por eso.
La apasionan las posibilidades que puede darle su actual trabajo como investigadora judicial, pero no sin un pequeño desencanto, que no llega a ser total puesto que algo ya intuía, se percata de que varios de sus superiores la ningunean, le ocultan la verdadera información. Ella está pasando por el típico colador, la máquina de picar carne fresca, en la que debe adaptarse a como son las cosas en la vida real, mucha corrupción y poca justicia.
En su escritorio acumula varias carpetas que poseen, la no poca pero ambigua información, que ha bajado de internet, y algunas cosas que logró sustraer de los archivos en las oficinas del O.I.J.
Algunos profesores y amigos de confianza, le han recomendado no meterse en esa camisa de once varas que es la masacre de Alajuelita, pero que remedio, ¿sobre que si no va a escribir su tésis?
Ahora ella, aprovechando que no está su novio, fuma un Delta y se agarra la cabeza, pensando en como atar los cabos sueltos.
martes, 26 de julio de 2011
capitulo cuarenta y tres
Es una mujer, tiene entre 30 y 35 años, y la lente de mi imaginación hace un zoom lento pero seguro, cuando la ve venir caminando con un maletín de cuero negro en la mano izquierda por el Parque Nacional, frente a la biblioteca, una cuadra antes de lo que alguna vez, hace ya demasiado tiempo, o tal vez no tanto, fue la fábrica nacional de licores.
Es una chica decidida y camina con paso firme, es muy atractiva, tal vez demasiado, o sea que provoca los bocinazos de los conductores, tal vez una frenada abrupta, por que no un pequeño choque, los tipos le dicen cosas al pasar, a veces hermosas y tiernas, a veces no tanto. Ella hace caso omiso, los ticos son demasiado babosos. Es negra, alta, tal vez un metro ochenta y dos, delgada pero macisa, muy elegante al estilo ejecutivo, medias negras, tacos, en fin, etc. Es de apellido Dixon, o Campbell, o alguno por el estilo (es ficción), se llama Winona, empezemos de nuevo.
Una tarde de finales de verano, como cualquiera de esas hermosas tardes de finales de verano en San José (aqui debo informar al lector, que en Costa Rica verano e invierno se definen, no por calor y frío, sino por temporada seca y lluviosa, respectivamente) Winona Campbell (o Dixon, o como sea) camina con paso firme por el Parque Nacional rumbo a la biblioteca. Está exultante, a punto de rendir su tesis de criminología en la universidad, y hace poco entró a trabajar en el organismo de investigación judicial, el O.I.J.
Después de sacar unos libros de la biblioteca, al pasar por el paredón del Museo de Arte Costarricense, recuerda su niñez y el olor a guaro dulce que se desprendía de lo que antes era la fábrica de licores. Al llegar al puente, delibera por un instante si cruzarlo y dar la vuelta en la esquina, o bajar por las escaleras, se inclina por lo último, dirigiendose a la avenida central, y una vez allí, da vuelta hacia la derecha y se encamina al bar Chelles, donde se sienta frente a la ventana abierta que mira a la avenida y pide una birra, helada en lo posible, y por favor que sea una Bavaria. Y prende un cigarrillo Delta, o Ticos, jamás un Rex. Recién entonces saca unos papeles del maletín y se dispone a revisarlos.
Son unas fotocopias de periódicos de hace veinticinco años atrás, y algunas páginas que bajó de internet, y que se refieren a la masacre de Alajuelita. Ella se pasó ocho años de su vida quemándose las pestañas en la universidad, casi exclusivamente para investigar este crimen, ya veremos porqué.
Luego del tercer cigarrillo y la segunda birra pide la cuenta, toma el celular del maletín y llama a su novio, César, un argentino que trabaja cerca de allí en una agencia de viajes, más precisamente a dos cuadras del Chelles, como quien va para el centro comercial Ovni, si acaso todavía exíste...
-¡¡idiay papitoo, ¿que hubo?, lo estoy esperando aquí solita!!
-hola mi amor, perdón mucho trabajo, pero yá terminé, en 15 minutos estoy allá.
-okey, pero zóquele, apúrese, que este lugar se está llenando de zopilotes (buitres).
Efectivamente, un par de mesas se han ido llenando, y todas con hombres, turístas y marines yankis, o locales, pero de cualquier manera todos clavan las miradas en ella, como lo haríamos ustedes o yo si estuviesemos allí, para que mentirnos.
Winona pide un café negro pequeño para minimizar el efécto de la birra y el aliento a tabaco, ya que Cesar es deportísta y no le gusta que ella beba o fume, pero que remedio, con semejante hembra tiene que hacer algunas concesiones, de todas maneras ella pide el café.
Cesar además toca el bajo en un cuarteto de free jazz. Eso por ahora.
Viene Cesar, mide dos metros y tiene más físico que cualquiera de los turistas o marines que están en el Chelles, ojos color miel, es rubio y se le nota solamente por las cejas ya que está rapado, parece un skin head pero no lo es, nada más lejano, cualquiera se lo pensaría un poco antes de contradecirlo, aunque fuese un rudo marine acostumbrado a torturar en la guerra, sobre todo por el tamaño de sus manos y por su mirada, la tiene de asesino serial cuando no la está mirando a ella, y aveces cuando la mira a ella también, pero ella sabe que es tierno y dulce como un osito de peluche, los demás no lo saben.
Se dan un romántico y apasionado beso, el pide un licuado de mango en leche, lo bebe con fruición y disfrutándolo mucho, es de esa clase de persona que disfruta mucho cada cosa, es mi alter ego, uno de tantos que tengo.
Luego ella paga el licuado y salen de la mano, el no ha cobrado aún el sueldo y ayer pagó el alquiler. Los del Chelles se babean mirando ese culo moreno (como sin dudarlo un segundo, haríamos ustedes o yo de estar ahí) bambolearse a diestra y siniestra de manera salvaje, se imaginan cosas, Cesar se da vuelta amenazante, todos disimulan, algunos inclusive silvando una estúpida tonada, en fin, una hermosa postal josefina.
Más tarde van al cine, una de pedrito Almodovar, al salir toman otros dos refrescos, esta vez de cas, esta vez en Manolo´s, y se van caminando hasta el departamento que alquilan a unas pocas cuadras de allí, donde al llegar, se desnudan y hacen el amor como los dioses por dos horas, con algunos recesos, pero aquí no entraremos en detalles. Luego se duermen hasta el otro día, así todos los días, viven el paraíso en la tierra, aunque lamento informarles que no por demasiado tiempo...
Es una chica decidida y camina con paso firme, es muy atractiva, tal vez demasiado, o sea que provoca los bocinazos de los conductores, tal vez una frenada abrupta, por que no un pequeño choque, los tipos le dicen cosas al pasar, a veces hermosas y tiernas, a veces no tanto. Ella hace caso omiso, los ticos son demasiado babosos. Es negra, alta, tal vez un metro ochenta y dos, delgada pero macisa, muy elegante al estilo ejecutivo, medias negras, tacos, en fin, etc. Es de apellido Dixon, o Campbell, o alguno por el estilo (es ficción), se llama Winona, empezemos de nuevo.
Una tarde de finales de verano, como cualquiera de esas hermosas tardes de finales de verano en San José (aqui debo informar al lector, que en Costa Rica verano e invierno se definen, no por calor y frío, sino por temporada seca y lluviosa, respectivamente) Winona Campbell (o Dixon, o como sea) camina con paso firme por el Parque Nacional rumbo a la biblioteca. Está exultante, a punto de rendir su tesis de criminología en la universidad, y hace poco entró a trabajar en el organismo de investigación judicial, el O.I.J.
Después de sacar unos libros de la biblioteca, al pasar por el paredón del Museo de Arte Costarricense, recuerda su niñez y el olor a guaro dulce que se desprendía de lo que antes era la fábrica de licores. Al llegar al puente, delibera por un instante si cruzarlo y dar la vuelta en la esquina, o bajar por las escaleras, se inclina por lo último, dirigiendose a la avenida central, y una vez allí, da vuelta hacia la derecha y se encamina al bar Chelles, donde se sienta frente a la ventana abierta que mira a la avenida y pide una birra, helada en lo posible, y por favor que sea una Bavaria. Y prende un cigarrillo Delta, o Ticos, jamás un Rex. Recién entonces saca unos papeles del maletín y se dispone a revisarlos.
Son unas fotocopias de periódicos de hace veinticinco años atrás, y algunas páginas que bajó de internet, y que se refieren a la masacre de Alajuelita. Ella se pasó ocho años de su vida quemándose las pestañas en la universidad, casi exclusivamente para investigar este crimen, ya veremos porqué.
Luego del tercer cigarrillo y la segunda birra pide la cuenta, toma el celular del maletín y llama a su novio, César, un argentino que trabaja cerca de allí en una agencia de viajes, más precisamente a dos cuadras del Chelles, como quien va para el centro comercial Ovni, si acaso todavía exíste...
-¡¡idiay papitoo, ¿que hubo?, lo estoy esperando aquí solita!!
-hola mi amor, perdón mucho trabajo, pero yá terminé, en 15 minutos estoy allá.
-okey, pero zóquele, apúrese, que este lugar se está llenando de zopilotes (buitres).
Efectivamente, un par de mesas se han ido llenando, y todas con hombres, turístas y marines yankis, o locales, pero de cualquier manera todos clavan las miradas en ella, como lo haríamos ustedes o yo si estuviesemos allí, para que mentirnos.
Winona pide un café negro pequeño para minimizar el efécto de la birra y el aliento a tabaco, ya que Cesar es deportísta y no le gusta que ella beba o fume, pero que remedio, con semejante hembra tiene que hacer algunas concesiones, de todas maneras ella pide el café.
Cesar además toca el bajo en un cuarteto de free jazz. Eso por ahora.
Viene Cesar, mide dos metros y tiene más físico que cualquiera de los turistas o marines que están en el Chelles, ojos color miel, es rubio y se le nota solamente por las cejas ya que está rapado, parece un skin head pero no lo es, nada más lejano, cualquiera se lo pensaría un poco antes de contradecirlo, aunque fuese un rudo marine acostumbrado a torturar en la guerra, sobre todo por el tamaño de sus manos y por su mirada, la tiene de asesino serial cuando no la está mirando a ella, y aveces cuando la mira a ella también, pero ella sabe que es tierno y dulce como un osito de peluche, los demás no lo saben.
Se dan un romántico y apasionado beso, el pide un licuado de mango en leche, lo bebe con fruición y disfrutándolo mucho, es de esa clase de persona que disfruta mucho cada cosa, es mi alter ego, uno de tantos que tengo.
Luego ella paga el licuado y salen de la mano, el no ha cobrado aún el sueldo y ayer pagó el alquiler. Los del Chelles se babean mirando ese culo moreno (como sin dudarlo un segundo, haríamos ustedes o yo de estar ahí) bambolearse a diestra y siniestra de manera salvaje, se imaginan cosas, Cesar se da vuelta amenazante, todos disimulan, algunos inclusive silvando una estúpida tonada, en fin, una hermosa postal josefina.
Más tarde van al cine, una de pedrito Almodovar, al salir toman otros dos refrescos, esta vez de cas, esta vez en Manolo´s, y se van caminando hasta el departamento que alquilan a unas pocas cuadras de allí, donde al llegar, se desnudan y hacen el amor como los dioses por dos horas, con algunos recesos, pero aquí no entraremos en detalles. Luego se duermen hasta el otro día, así todos los días, viven el paraíso en la tierra, aunque lamento informarles que no por demasiado tiempo...
lunes, 7 de febrero de 2011
tercera parte crímenes de lesa humanidad capítulo cuarenta y dos
Podría empezar aclarando que me hubiera gustado, que lo que van a leer a continuación hubiese tenido un tratamiento más formal, más literario si se quiere, ya que el tema en cuestión lo merece, pero confieso que ya me ha tomado demasiado tiempo la novela que tienen entre manos, y fiel a mi propuesta de desnudar los procesos de la escritura, de borrar esa imprecisa línea que divide ficción y realidad, confieso que se hace más urgente terminar de una buena vez por todas con el asunto. Tal vez podría yo podar este relato al infinito, o darle alimento balanceado hasta hacerlo crecer de manera descomunal, en fin, mejorarlo o empeorarlo, sacar todo rastro de imperfección con procedimientos a mi alcance, etc, bla bla, bla... en definitiva, preferí mostrar mi alma (ya que eso es un relato, una porción del alma), terriblemente imperfecta, y aunque estoy en proceso de perfeccionarla, mejor dicho toda mi vioda es un proceso para ese fin, también estoy en un proceso para aceptarla tal cual es.
Tomense todo el asunto como un experimento al que pueden, y deben, completar en sus respectivas cabezas, o sea, imaginar las partes que no les gustan de mejor manera, imaginarlas como las habrían escrito ustedes, manosear la novela, discutir con el escritor, pensar que es malísimo, que por que mierda se embarcaron en esta trampa fangosa y resbalosa, o tal vez disfrutarlo de a ratos porque ya están metidos hasta el cuello, y no les queda más que seguir leyendo, ya que les prometí alto voltaje y tal vez cumpla.
Vamos al grano.
En el año 1986 un suceso aberrante sacudió las conciencias de los costarricenses, la masacre de Alajuelita.
Dos mujeres y cinco niñas, que habían asistido a un acto religioso en la famosa cruz ubicada en aquel cantón, fueron encontradas muertas, dos de las niñas violadas, todos los cadáveres apilados en orden, una al lado de la otra acostadas boca abajo, y cada una con las muñecas atadas hacia atrás. Todas asesinadas por la espalda, o fusiladas para ser más exáctos, ejecutadas sin ningún tipo de piedad. El escenario no encontraba indicios de que las víctimas hayan presentado algún tipo de contratiempo a su asesino, es de suponer que acataron las órdenes de este, o estos, por temor o prudencia, es decir, pensando que tal vez si accedían a sus ordenes se salvarían, o paralizadas por el miedo.
De todas las noticias a las que tuve acceso en mi vida (léase esto de modo literal, al decir todas me refiero a todas, la caída del muro de berlín, los bombardeos televisados en medio oriente, la plaza de Tian an mei sembrada de cadáveres, Avigaíl Guzmán enjaulado a la vista de todos, ¿en Londres? creo que si, vaya una época agitada que me-nos tocó), fué esa masacre la que más me marcó, y no solamente a mí, si no también a toda una generación de costarricenses. El símbolo de una época, si se quiere.
Tal vez el hecho de no haber sido resuelto jamás, es lo que convierte aquel macabro acto en algo tan fascinante, esa pesadilla recurrente, ese dejavú que vuelve cada vez que tenemos noticias de feminicidios en Ciudad Juarez, en algún remoto paraje del conurbano bonaerense argentino, o un agreste y frío lugar tal vez en Noruega, en fin, en cualquier lugar exótico, como Téxas ó Puente Vallecas.
Nosotros los ticos ya lo vivimos antes, nosotros lo inauguramos, cuando la palabra feminicidio no existía.
La incógnita que se me presenta ahora como escritor, y por lo tanto como investigador o analísta de lo social, es la siguiente: ¿por que accedemos a creer lo que nos dicen?, ¿por que aceptamos que nos mientan tan impunemente y en nuestras propias narices?, ¿por que sentimos olor a rosas si es evidente que hiede a mierda? Tal vez por comodidad, ya que preferimos no complicarnos la vida con más preguntas.
Tal vez porque conocer la verdad nos enseñe algo que somos y que puede no gustarnos, una sociedad enferma.
Se llama teoría conspirativa, a aquella teoría que contradice a las teorías oficiales.
Las teorías oficiales son aquellas que instalan los gobiernos, el poder político y los medios de información, el poder económico, las academias. Son estas teorías las que circulan en los circuitos de mayor difusión y las que se instalan como verdades indiscutibles, muchas veces no lo son.
Por el contrario, las teorías conspirativas circulan en folletines, literatura de segundo orden, películas de culto, lugares marginales, o se transmiten de boca en boca y quedan asimiladas como rumores oscuros pero posibles.
Lo que van a leer contiene bastante de teoría conspirativa, de algo que es posible pero no está probado, y que compite con una teoría oficial que como tantas otras, si no la mayoría, hace agua por todas partes. Sabido es que vivimos en un mundo de ilusión, que se construye en base a la ley de la oferta y la demanda.
Lo primero que necesito, ya encontrada la trama, para escribir un relato, son los personajes, creo haberlo mencionado, y en especial uno.
¿Pero quien estaría dispuesto a ir tras un asunto tan engorroso, a ir hasta el fondo mismo de un crimen del que ya pasó tanto tiempo, y está tan enterrado como sus pobres víctimas?
Un escritor, seguro, y tal vez un periodista, aunque quien sabe, porque ya no es noticia.
Entonces tiene que poseer o estar poseído por una pasión desmedida, una persona sumamente idealista en busca de justicia.
Si es un idealista con una pasión desmedida, es muy probable que no haya pasado la barrera de los treinta o treinta y cinco, ya que sabemos que pasada esa barrera hay un desencantamiento y un adaptarse a las reglas, y una vez que se pasa, es casi imposible volver atrás.
Notese que dije casi, o sea que podría ser más grande y un idealista de todos modos, pero no, me quedo con alguien más joven, ¿ustedes?
Buscando información en internet para documentarme, encontré algunos datos interesantes, algunos van por el lado oficial, otros por el lado conspirativo. Yo tengo mi propia teoría.
Empezaré por aclarar ahora, que como aquel crimen jamás fue resuelto, uno de los motivos que plantean las autoridades para dejar un caso sin resolver, es que si acaso hoy llegase a descubrirse
la verdad, no podría juzgarse, ya que como delito está proscripto, es imposible de juzgar.
Tratando de enmendar esta imperfección en la ley y la justicia, es que fue inventada la figura de lesa humanidad, ya que esta no proscribe jamás.
Yo y mi personaje imaginaremos entonces dos cosas, ya que somos el tipo de persona que se permite soñar con cambiar las cosas: 1-que los asesinos están aún con vida, y 2-que puede cambiarse la ley y declarar la figura de feminicidio, con el atenuante de provenir de parte del poder político y policial (tal mi teoría), como de lesa humanidad, y por lo tanto ser juzgada. En Costa Rica y en la China.
En un artículo encontrado en internet, publicado en El Nuevo Diario de Managua fechado el 22 de abril del 2.002 y firmado por Joaquín Torres A. se plantea que acaso el asesino podría ser un ex contra, proveniente de aquella fracción del ejército sandinista revolucionario, que se separó de éste para combatirlo cuando llegaron al poder. En ese artículo se reafirma la teoría de el psicópata, a la que abona también el señor Eugenio Ramirez, catedrático universitario en maestría de gerencia de salud (¿un privatista?), licenciado en administración de empresas, graduado en Estados Unidos como investigador criminal profesional, profesión que nunca ejerció por haberse dedicado a tiempo completo como consultor en gestión empresarial, recursos humanos, calidad y planificación estratégica, y que también publicó un artículo en internet sobre el tema que ahora nos concierne, artículo arduo, soberbio, y respaldado por todos sus títulos, time is money, como no estar de acuerdo con semejante animal de los claustros del saber, semejante ratón de biblioteca.
Sin embargo puede estar equivocado.
En la página http://www.herenciacristiana.com, cuya última actualización al momento de tomar yo los datos, data del 6 de febrero de 2.002, y cuyos derechos están reservados, puede leerse el artículo "Clerofascismo en Costa Rica", de Ricardo Obando Fonseca, cedula de identidad num. 1-506-556, fechado el 22 de diciembre de 2.002 (???).
En su artículo, Obando Fonseca alude a un grupo ortodoxo "religioso" de cuyo nombre dice no querer acordarse (en esa parte le pide permiso a Cervantes, cosa que yo no, yo no le pido permiso a nadie). Según dice, él mismo conoció a ese grupúsculo de fanatismo extremo en sus años colegiales, y que lanzaban, dice, amenazas a aquellos que en las clases de filosofía "cometíamos el sacrilegio" de poner en duda la existencia del mitológico "dios".
Obando Fonseca no acusa abiertamente a ese grupo, solo dice que se rumora una conexión con los asesinatos, y aclara que ese grupo nació en España durante el franquismo, y que era el mimado de Franco en toda ceremonia oficial. Es evidente que habla del Opus Dei.
a continuación, para respaldar su teoría, por demás conspirativa, hace una brebe reseña histórica de resonados casos de genocidio perpetrados por grupos catolicos. Habla de Josef Tiso, jefe de estado de Eslovaquia y sacerdote catolico, que cooperó activamente con los alemanes, al igual que muchos otros sacerdotes católicos.
Habla de que en Croacia, los fascistas de la secta "catolica" exterminaron masivamente a miles de sus hermanos yugoslavos de la secta prima de la "religión" " ortodoxa", inclusive con campo de concentración donde muchas veces se quemaba vivos a los "cristianos" "ortodóxos"(aunque no puedan creerlo, abusa de todas esas comillas, no vallan a pensar que son mías, de ahora en más eliminaré las que crea innecesarias), que se negaban a bautizarse según el rito de la secta.
Y sigue: "En Croacia existían numerosos campos de exterminio, creados y mantenidos por los ustashas catolicos bajo su dictador Ante Pavelic, un ferviente catolico y visitante regular del Vaticano y del papa.
Habían hasta campos de concentración exclusivamente para niños. En estos campos, el más notorio el de Jasenovar manejado por un fraile franciscano, cristianos ortodoxos serbios y un gran numero de judíos fueron asesinados. Como los nazis, los catolicos de Ustasha quemaban a sus victimas en hornos de ladrillos refractarios estando vivos (los nazis se sentían más "decentes" porque los mataban primero). De todos modos, la mayoria de las victimas eran simplemente apuñaladas, cortadas, o acribilladas a balazos.
Se estima que el numero de victimas es de entre trescientos y seicientos mil, en ese diminuto país, y que la mayoría de los asesinos eran frailes franciscanos. Las atrocidades eran de tal magnitud, que veedores nazis de la "sicherheitsdienst der SS" se quejaron ante Hitler, a quien por supuesto no se le movió un pelo. El papa estaba en pleno conocimiento de esos hechos, pero no hizo nada para prevenirlos ni darles fin. (MV)"
Lo mismo puede confirmarse en el exelente libro de John Cornwell "Hitler´s pope", el cual contiene un capítulo llamado "amigo de Croacia", en alusión al apoyo criminal que Pancelli, impío
Xll, brindó al genocida gobierno pro nazi de Croacia.
La teoría de Obando Fonseca es por demás jugosa y atractiva, y nos enteramos de datos que habíamos pasado por alto u olvidado, y por lo tanto se agradece.
Pero a mi no me cierra, yo tengo otra aún más audaz.
Tanta carnicería me empacha, y necesito un poco de aire fresco, cuando vuelvo a la vida real está Graciela, mi nueva novia y musa, pintando el mundo exterior, o la destrucción de este. Paisajes desoladores de una belleza violenta, un mundo post nuclear a la vuelta de la esquina, hecho de pinturas asfálticas y metales oxidados que el tiempo erosiona, una obra enigmatica e hipnótica.
Luego paseamos por el bosque platense, por suerte todavía verde, hacemos el amor, hablamos del clima...
Ella está pintando unos cuadros de dimensiones imposibles para un concurso, que en mi opinión son fantásticos y deverían ganar.
Más tarde comemos algún trozo de vaca en una parrilla del centro de la ciudad, y el personaje que estoy buscando parece poco a poco atreverse a aparecer, al principio de manera timida, luego abrúptamente...
Tomense todo el asunto como un experimento al que pueden, y deben, completar en sus respectivas cabezas, o sea, imaginar las partes que no les gustan de mejor manera, imaginarlas como las habrían escrito ustedes, manosear la novela, discutir con el escritor, pensar que es malísimo, que por que mierda se embarcaron en esta trampa fangosa y resbalosa, o tal vez disfrutarlo de a ratos porque ya están metidos hasta el cuello, y no les queda más que seguir leyendo, ya que les prometí alto voltaje y tal vez cumpla.
Vamos al grano.
En el año 1986 un suceso aberrante sacudió las conciencias de los costarricenses, la masacre de Alajuelita.
Dos mujeres y cinco niñas, que habían asistido a un acto religioso en la famosa cruz ubicada en aquel cantón, fueron encontradas muertas, dos de las niñas violadas, todos los cadáveres apilados en orden, una al lado de la otra acostadas boca abajo, y cada una con las muñecas atadas hacia atrás. Todas asesinadas por la espalda, o fusiladas para ser más exáctos, ejecutadas sin ningún tipo de piedad. El escenario no encontraba indicios de que las víctimas hayan presentado algún tipo de contratiempo a su asesino, es de suponer que acataron las órdenes de este, o estos, por temor o prudencia, es decir, pensando que tal vez si accedían a sus ordenes se salvarían, o paralizadas por el miedo.
De todas las noticias a las que tuve acceso en mi vida (léase esto de modo literal, al decir todas me refiero a todas, la caída del muro de berlín, los bombardeos televisados en medio oriente, la plaza de Tian an mei sembrada de cadáveres, Avigaíl Guzmán enjaulado a la vista de todos, ¿en Londres? creo que si, vaya una época agitada que me-nos tocó), fué esa masacre la que más me marcó, y no solamente a mí, si no también a toda una generación de costarricenses. El símbolo de una época, si se quiere.
Tal vez el hecho de no haber sido resuelto jamás, es lo que convierte aquel macabro acto en algo tan fascinante, esa pesadilla recurrente, ese dejavú que vuelve cada vez que tenemos noticias de feminicidios en Ciudad Juarez, en algún remoto paraje del conurbano bonaerense argentino, o un agreste y frío lugar tal vez en Noruega, en fin, en cualquier lugar exótico, como Téxas ó Puente Vallecas.
Nosotros los ticos ya lo vivimos antes, nosotros lo inauguramos, cuando la palabra feminicidio no existía.
La incógnita que se me presenta ahora como escritor, y por lo tanto como investigador o analísta de lo social, es la siguiente: ¿por que accedemos a creer lo que nos dicen?, ¿por que aceptamos que nos mientan tan impunemente y en nuestras propias narices?, ¿por que sentimos olor a rosas si es evidente que hiede a mierda? Tal vez por comodidad, ya que preferimos no complicarnos la vida con más preguntas.
Tal vez porque conocer la verdad nos enseñe algo que somos y que puede no gustarnos, una sociedad enferma.
Se llama teoría conspirativa, a aquella teoría que contradice a las teorías oficiales.
Las teorías oficiales son aquellas que instalan los gobiernos, el poder político y los medios de información, el poder económico, las academias. Son estas teorías las que circulan en los circuitos de mayor difusión y las que se instalan como verdades indiscutibles, muchas veces no lo son.
Por el contrario, las teorías conspirativas circulan en folletines, literatura de segundo orden, películas de culto, lugares marginales, o se transmiten de boca en boca y quedan asimiladas como rumores oscuros pero posibles.
Lo que van a leer contiene bastante de teoría conspirativa, de algo que es posible pero no está probado, y que compite con una teoría oficial que como tantas otras, si no la mayoría, hace agua por todas partes. Sabido es que vivimos en un mundo de ilusión, que se construye en base a la ley de la oferta y la demanda.
Lo primero que necesito, ya encontrada la trama, para escribir un relato, son los personajes, creo haberlo mencionado, y en especial uno.
¿Pero quien estaría dispuesto a ir tras un asunto tan engorroso, a ir hasta el fondo mismo de un crimen del que ya pasó tanto tiempo, y está tan enterrado como sus pobres víctimas?
Un escritor, seguro, y tal vez un periodista, aunque quien sabe, porque ya no es noticia.
Entonces tiene que poseer o estar poseído por una pasión desmedida, una persona sumamente idealista en busca de justicia.
Si es un idealista con una pasión desmedida, es muy probable que no haya pasado la barrera de los treinta o treinta y cinco, ya que sabemos que pasada esa barrera hay un desencantamiento y un adaptarse a las reglas, y una vez que se pasa, es casi imposible volver atrás.
Notese que dije casi, o sea que podría ser más grande y un idealista de todos modos, pero no, me quedo con alguien más joven, ¿ustedes?
Buscando información en internet para documentarme, encontré algunos datos interesantes, algunos van por el lado oficial, otros por el lado conspirativo. Yo tengo mi propia teoría.
Empezaré por aclarar ahora, que como aquel crimen jamás fue resuelto, uno de los motivos que plantean las autoridades para dejar un caso sin resolver, es que si acaso hoy llegase a descubrirse
la verdad, no podría juzgarse, ya que como delito está proscripto, es imposible de juzgar.
Tratando de enmendar esta imperfección en la ley y la justicia, es que fue inventada la figura de lesa humanidad, ya que esta no proscribe jamás.
Yo y mi personaje imaginaremos entonces dos cosas, ya que somos el tipo de persona que se permite soñar con cambiar las cosas: 1-que los asesinos están aún con vida, y 2-que puede cambiarse la ley y declarar la figura de feminicidio, con el atenuante de provenir de parte del poder político y policial (tal mi teoría), como de lesa humanidad, y por lo tanto ser juzgada. En Costa Rica y en la China.
En un artículo encontrado en internet, publicado en El Nuevo Diario de Managua fechado el 22 de abril del 2.002 y firmado por Joaquín Torres A. se plantea que acaso el asesino podría ser un ex contra, proveniente de aquella fracción del ejército sandinista revolucionario, que se separó de éste para combatirlo cuando llegaron al poder. En ese artículo se reafirma la teoría de el psicópata, a la que abona también el señor Eugenio Ramirez, catedrático universitario en maestría de gerencia de salud (¿un privatista?), licenciado en administración de empresas, graduado en Estados Unidos como investigador criminal profesional, profesión que nunca ejerció por haberse dedicado a tiempo completo como consultor en gestión empresarial, recursos humanos, calidad y planificación estratégica, y que también publicó un artículo en internet sobre el tema que ahora nos concierne, artículo arduo, soberbio, y respaldado por todos sus títulos, time is money, como no estar de acuerdo con semejante animal de los claustros del saber, semejante ratón de biblioteca.
Sin embargo puede estar equivocado.
En la página http://www.herenciacristiana.com, cuya última actualización al momento de tomar yo los datos, data del 6 de febrero de 2.002, y cuyos derechos están reservados, puede leerse el artículo "Clerofascismo en Costa Rica", de Ricardo Obando Fonseca, cedula de identidad num. 1-506-556, fechado el 22 de diciembre de 2.002 (???).
En su artículo, Obando Fonseca alude a un grupo ortodoxo "religioso" de cuyo nombre dice no querer acordarse (en esa parte le pide permiso a Cervantes, cosa que yo no, yo no le pido permiso a nadie). Según dice, él mismo conoció a ese grupúsculo de fanatismo extremo en sus años colegiales, y que lanzaban, dice, amenazas a aquellos que en las clases de filosofía "cometíamos el sacrilegio" de poner en duda la existencia del mitológico "dios".
Obando Fonseca no acusa abiertamente a ese grupo, solo dice que se rumora una conexión con los asesinatos, y aclara que ese grupo nació en España durante el franquismo, y que era el mimado de Franco en toda ceremonia oficial. Es evidente que habla del Opus Dei.
a continuación, para respaldar su teoría, por demás conspirativa, hace una brebe reseña histórica de resonados casos de genocidio perpetrados por grupos catolicos. Habla de Josef Tiso, jefe de estado de Eslovaquia y sacerdote catolico, que cooperó activamente con los alemanes, al igual que muchos otros sacerdotes católicos.
Habla de que en Croacia, los fascistas de la secta "catolica" exterminaron masivamente a miles de sus hermanos yugoslavos de la secta prima de la "religión" " ortodoxa", inclusive con campo de concentración donde muchas veces se quemaba vivos a los "cristianos" "ortodóxos"(aunque no puedan creerlo, abusa de todas esas comillas, no vallan a pensar que son mías, de ahora en más eliminaré las que crea innecesarias), que se negaban a bautizarse según el rito de la secta.
Y sigue: "En Croacia existían numerosos campos de exterminio, creados y mantenidos por los ustashas catolicos bajo su dictador Ante Pavelic, un ferviente catolico y visitante regular del Vaticano y del papa.
Habían hasta campos de concentración exclusivamente para niños. En estos campos, el más notorio el de Jasenovar manejado por un fraile franciscano, cristianos ortodoxos serbios y un gran numero de judíos fueron asesinados. Como los nazis, los catolicos de Ustasha quemaban a sus victimas en hornos de ladrillos refractarios estando vivos (los nazis se sentían más "decentes" porque los mataban primero). De todos modos, la mayoria de las victimas eran simplemente apuñaladas, cortadas, o acribilladas a balazos.
Se estima que el numero de victimas es de entre trescientos y seicientos mil, en ese diminuto país, y que la mayoría de los asesinos eran frailes franciscanos. Las atrocidades eran de tal magnitud, que veedores nazis de la "sicherheitsdienst der SS" se quejaron ante Hitler, a quien por supuesto no se le movió un pelo. El papa estaba en pleno conocimiento de esos hechos, pero no hizo nada para prevenirlos ni darles fin. (MV)"
Lo mismo puede confirmarse en el exelente libro de John Cornwell "Hitler´s pope", el cual contiene un capítulo llamado "amigo de Croacia", en alusión al apoyo criminal que Pancelli, impío
Xll, brindó al genocida gobierno pro nazi de Croacia.
La teoría de Obando Fonseca es por demás jugosa y atractiva, y nos enteramos de datos que habíamos pasado por alto u olvidado, y por lo tanto se agradece.
Pero a mi no me cierra, yo tengo otra aún más audaz.
Tanta carnicería me empacha, y necesito un poco de aire fresco, cuando vuelvo a la vida real está Graciela, mi nueva novia y musa, pintando el mundo exterior, o la destrucción de este. Paisajes desoladores de una belleza violenta, un mundo post nuclear a la vuelta de la esquina, hecho de pinturas asfálticas y metales oxidados que el tiempo erosiona, una obra enigmatica e hipnótica.
Luego paseamos por el bosque platense, por suerte todavía verde, hacemos el amor, hablamos del clima...
Ella está pintando unos cuadros de dimensiones imposibles para un concurso, que en mi opinión son fantásticos y deverían ganar.
Más tarde comemos algún trozo de vaca en una parrilla del centro de la ciudad, y el personaje que estoy buscando parece poco a poco atreverse a aparecer, al principio de manera timida, luego abrúptamente...
sábado, 5 de febrero de 2011
capítulo cuarenta y uno
Ya superado el trauma demoldeor de la hoja en blanco, se presentó el fantasma, menos demoledor vamos a decirlo, del éxito que tienta a todo escritor. Pero si uno es un artísta sincero que no escribe para el mercado o los concursos lameculos de turno, sino para la gente sensible y con buen gusto, para un público popular y selecto a la vez, entonces uno le dá una buena patada a ese o cualquier otro fantasma. Si uno es consecuente con sus principios, uno se aboca a decir su verdad, algún tipo de verdad, aunque no sea LA VERDAD.
Pongamoslo así: en un arrebato de lucidez, o de genio (aquel ingrediente tan caro y barato a la vez, que no se consigue en supermercado alguno), uno se propone una obra total y descomunal, sea lo que fuere que eso signifique.
Tal vez uno es demasiado ambicioso.
Ya superados, decía, los fantasmas propios y ajenos, los internos y externos, ya teniendo un tema, se necesitan personajes.
Mis personajes deberán poseer unas facultades escepcionales, pues irán tras la pista de asesinos, pero si acaso los asesinos conforman un ente sin cuerpo, o mejor, con ramificaciones en varios cuerpos, que se extienden por todo el tejido social, entonces el asesino es la complicidad del silencio, el asesino es el miedo.
Asesinos que exísten pero no se dejan ver.
Trato de explicarme mejor: buscando tema para escribir, se me ha presentado la jugosa oportunidad de un policial, y quiero hacer visible, a un hipotético lector, el mecanismo interno que me conduce a un tema.
Si bien una novela, debe ser también un entretenimiento y un juego, es interesante cuando nos despierta zonas adormecidas de nuestra conciencia y aviva la memoria.
Y si bien los escritores elegantes, e interesantes, al encarar estos procedimientos, solo los sugieren sutilmente, yo trataré de hacerlos explícitos, pornográficos podría decirse.
Tal vez la suciedad, perdón, la sociedad, no sea más que una máquina devastadora de la realidad y la devore y distorsione constantemente, como en un sueño-pesadilla, la memoria recuerda mal o no quiere recordar, la sociedad normaliza los hechos que no logra comprender.
Y los artistas, los locos, las personas desequilibradas, se niegan a normalizar la patología social.
Tal vez podría haber evitado ese mal trago al hipotetico lector, pero preferí que no.
Mis escritores favoritos, Onetti, Arlt, Bolaño, Dostoievski, han trabajado en base a tabúes, como el incesto y el crimen.
Para no seguir monologando abreviaré, si hasta ahora este relato ha pretendido ser ameno, gracioso si se quiere, he llegado a la encrucijada, como escritor, de plantearme ir un poco más a fondo en el pozo ciego del alma humana, porque si hay una cosa que el alma no es, eso es graciosa, sino más bien, triste y miserable en la mayoría de los casos.
LO QUE LES VOY A CONTAR NO ES GRACIOSO.
Pongamoslo así: en un arrebato de lucidez, o de genio (aquel ingrediente tan caro y barato a la vez, que no se consigue en supermercado alguno), uno se propone una obra total y descomunal, sea lo que fuere que eso signifique.
Tal vez uno es demasiado ambicioso.
Ya superados, decía, los fantasmas propios y ajenos, los internos y externos, ya teniendo un tema, se necesitan personajes.
Mis personajes deberán poseer unas facultades escepcionales, pues irán tras la pista de asesinos, pero si acaso los asesinos conforman un ente sin cuerpo, o mejor, con ramificaciones en varios cuerpos, que se extienden por todo el tejido social, entonces el asesino es la complicidad del silencio, el asesino es el miedo.
Asesinos que exísten pero no se dejan ver.
Trato de explicarme mejor: buscando tema para escribir, se me ha presentado la jugosa oportunidad de un policial, y quiero hacer visible, a un hipotético lector, el mecanismo interno que me conduce a un tema.
Si bien una novela, debe ser también un entretenimiento y un juego, es interesante cuando nos despierta zonas adormecidas de nuestra conciencia y aviva la memoria.
Y si bien los escritores elegantes, e interesantes, al encarar estos procedimientos, solo los sugieren sutilmente, yo trataré de hacerlos explícitos, pornográficos podría decirse.
Tal vez la suciedad, perdón, la sociedad, no sea más que una máquina devastadora de la realidad y la devore y distorsione constantemente, como en un sueño-pesadilla, la memoria recuerda mal o no quiere recordar, la sociedad normaliza los hechos que no logra comprender.
Y los artistas, los locos, las personas desequilibradas, se niegan a normalizar la patología social.
Tal vez podría haber evitado ese mal trago al hipotetico lector, pero preferí que no.
Mis escritores favoritos, Onetti, Arlt, Bolaño, Dostoievski, han trabajado en base a tabúes, como el incesto y el crimen.
Para no seguir monologando abreviaré, si hasta ahora este relato ha pretendido ser ameno, gracioso si se quiere, he llegado a la encrucijada, como escritor, de plantearme ir un poco más a fondo en el pozo ciego del alma humana, porque si hay una cosa que el alma no es, eso es graciosa, sino más bien, triste y miserable en la mayoría de los casos.
LO QUE LES VOY A CONTAR NO ES GRACIOSO.
capítulo cuarenta
Pero escribir, ¿sobre que?
Se me ocurrió escribir sobre Jimi, se merecía toda una novela, una fábula alegórica que hablase tal vez de la carnicería como instinto de supervivencia, una vez lo ví devorar una paloma, se dió un atrcón frente a mis narices, sangre pluma y huesitos por doquier, se la iba comiendo viva, mientras yo pensaba en la crueldad de la vida, en lo bello de esa crueldad, yo me había tomado un ácido lisergico, y Jimi, como si hubiera sabido, me regaló un espectáculo que jamás olvidaría.
Más tarde, aquella vez en San José, fumando con mi amigo Salomón Sabá (¿que será de Salo, estará aún con vida hablando con fantásmas, libre o en algún loquero? desde aquí mis mejores deseos para él), le relaté el banquete de Jimi, y mi amigo, como si lo estubiese viendo, ponia esa cara suya de Charles Manson, quería mucho a aquel animalito.
A Jimi lo agarró un tren, fué triste.
O podría inspirarme en mi nueva mujer.
Ella tenía un pasado familiar por demás interesante, sus abuelos habían venido de una antigua ciudad amurallada, en alguna parte del desierto en medio oriente, hacía ya cien años a la Argentina, y su abuelo había vivido cien años. Decía que su tía conservaba aún una biblia que él le había dejado antes de morir, manuscrita en arameo, y que antes de venir había tirado en un pozo de agua ya seco, una espada de oro y diamantes, para que los que conquistaron su ciudad no puedan apoderarse de ella, me perseguían las historias de tesoros.
Pero la hoja seguía en blanco.
Y de repente, como por arte de magia, el tema apareció, había estado conmigo toda mi vida, pero recién entonces se hizo visible, escribiríría sobre un suceso que conmovió a toda mi generación, el crimen de Alajuelita, me puse a buscar datos en internet y aparecieron cientos de artículos recopilados a través de los años, pues ya habían pasado 20 de aquel espeluznante hecho.
Ví además, que otro autor había escrito sobre lo mismo, pero no quise leer su material para no tentarme con un plágio, lo mezclaría con hechos actuales y tendría en mis manos, en pocos meses, un bomba molotov lista para ser tirada en mi triunfal regreso a Costa Rica, e incendiar todo a mi paso, la firmaría con el seudónimo de Nerón.
Se me ocurrió escribir sobre Jimi, se merecía toda una novela, una fábula alegórica que hablase tal vez de la carnicería como instinto de supervivencia, una vez lo ví devorar una paloma, se dió un atrcón frente a mis narices, sangre pluma y huesitos por doquier, se la iba comiendo viva, mientras yo pensaba en la crueldad de la vida, en lo bello de esa crueldad, yo me había tomado un ácido lisergico, y Jimi, como si hubiera sabido, me regaló un espectáculo que jamás olvidaría.
Más tarde, aquella vez en San José, fumando con mi amigo Salomón Sabá (¿que será de Salo, estará aún con vida hablando con fantásmas, libre o en algún loquero? desde aquí mis mejores deseos para él), le relaté el banquete de Jimi, y mi amigo, como si lo estubiese viendo, ponia esa cara suya de Charles Manson, quería mucho a aquel animalito.
A Jimi lo agarró un tren, fué triste.
O podría inspirarme en mi nueva mujer.
Ella tenía un pasado familiar por demás interesante, sus abuelos habían venido de una antigua ciudad amurallada, en alguna parte del desierto en medio oriente, hacía ya cien años a la Argentina, y su abuelo había vivido cien años. Decía que su tía conservaba aún una biblia que él le había dejado antes de morir, manuscrita en arameo, y que antes de venir había tirado en un pozo de agua ya seco, una espada de oro y diamantes, para que los que conquistaron su ciudad no puedan apoderarse de ella, me perseguían las historias de tesoros.
Pero la hoja seguía en blanco.
Y de repente, como por arte de magia, el tema apareció, había estado conmigo toda mi vida, pero recién entonces se hizo visible, escribiríría sobre un suceso que conmovió a toda mi generación, el crimen de Alajuelita, me puse a buscar datos en internet y aparecieron cientos de artículos recopilados a través de los años, pues ya habían pasado 20 de aquel espeluznante hecho.
Ví además, que otro autor había escrito sobre lo mismo, pero no quise leer su material para no tentarme con un plágio, lo mezclaría con hechos actuales y tendría en mis manos, en pocos meses, un bomba molotov lista para ser tirada en mi triunfal regreso a Costa Rica, e incendiar todo a mi paso, la firmaría con el seudónimo de Nerón.
capítulo treinta y nueve
Recordaría siempre con cariño aquellas semanas de aventuras junto a mi amigo, ya que habían superado todas las que hasta entonces había vivido, ya sea pasar droga en aeropuertos, defender mi honor en la carcel, publicar mis relatos y poemas en revistas, y tener sexo con mujeres que parecen muñecas inflables. Nada de todo eso me había sido tan grato como perseguir un muerto-vivo por los laberintos de Buenos Aires, o ver al robot arturito en acción, y a Timoteo constantemente exitado por su increíble sed de justicia.
Las espectativas que se me presentaban a continuación no eran muy alentadoras. Necesitaba escribir, si, pero ¿escribir que?, para escrivir siempre necesité una musa, no la tenía.
Una tarde me invitaron a leer en un aburridísimo recital de poesía en el pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, por lo demás, aburrido como cada recital de poesía donde hubiese leído, pero en esta ocasión, la vida me volvió a demostrar que es una inagotable caja de sorpresas, para todo aquel que está dispuesto a vivirla a fondo, pues conocí a la artísta plástica Graciela Francinni, que luego fué mi mujer.
Yo me había perdido por los pasillos del sitio en cuestión, un gigantezco edificio de una manzana, que había albergado la primera estación de trenes de la ciudad, y ahora estaba destinado a eventos artísticos de todo tipo, estaba buscando el baño y un lugar en el que refrescar el gaznate con un trago, y dí por casualidad, o más bien "causalidad", con una exposición que inauguraba la mencionada dama, en ese entonces, aún para mi desconocida.
El flechazo fue instantaneo, y luego de capturar su atención, logré sacarla de los tentáculos de parientes y amigos que la acosaban, y me la llevé de allí a una luna de miel, que duró en principio varios días, luego años.
Ella me había dicho: yo hago arte con desechos tóxicos para hablar del tiempo y la destrucción. Pero evidentemente me estaba queriendo decir otra cosa, y sus ojos como dagas se hundieron en mi corazón, tanto que dejé de soñar con Estrella por primera vez en quince años.
He aquí que las pasiones de la nena eran, además del arte (el cual era solo un pasatiempo mientras obtenía la más preciada de esas pasiones), la velocidad y el sexo. Manejar a 220 kmph la perdía, mientras fumabamos un porro atrás de otro, y yo ponía en el equipo un cd de Los Natas, el "Munchen sesions", y en especial una canción, "humo de marihuana", y luego hacíamos el amor como si fuese la última vez cada vez, en cualquier hotel de las rutas argentinas.
Finalmente había conseguido a mi musa, y le puse el cariñoso apodo de "peligro", ya no tenía escusas para no sentarme a escribir.
A veces yo quería competir con ella en velocidad, pero cuando agarraba el volante nunca me animaba a pasar de los 150, entonces ella, arrogante pero gentil me decía, a ver bebé, ¿por que no le das el volante a mamá?
y cuando se cansaba de Los Natas, ponía cumbia villera , o Rodrigo, incluso Gilda, aqellos ya fallecidos ídolos de la canción. O a veces Jimi Hendrix.
Eso me recordaba un gato que tuve en mi adolescencia, al que bautizé Jimi, en honor a aquel gran genio de la guitarra. ¿Han visto a un gato cazando?, es uno de los espectáculos más hermosos y perféctos de la naturaleza. Pues mi gato Jimi era un experto y zagaz cazador de ratones, palomas, incluso un par de vívoras.
Pero yo tenía que escribir, ya no tenía escusa alguna para no hacerlo, entonces ella y yo nos establecimos.
Las espectativas que se me presentaban a continuación no eran muy alentadoras. Necesitaba escribir, si, pero ¿escribir que?, para escrivir siempre necesité una musa, no la tenía.
Una tarde me invitaron a leer en un aburridísimo recital de poesía en el pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, por lo demás, aburrido como cada recital de poesía donde hubiese leído, pero en esta ocasión, la vida me volvió a demostrar que es una inagotable caja de sorpresas, para todo aquel que está dispuesto a vivirla a fondo, pues conocí a la artísta plástica Graciela Francinni, que luego fué mi mujer.
Yo me había perdido por los pasillos del sitio en cuestión, un gigantezco edificio de una manzana, que había albergado la primera estación de trenes de la ciudad, y ahora estaba destinado a eventos artísticos de todo tipo, estaba buscando el baño y un lugar en el que refrescar el gaznate con un trago, y dí por casualidad, o más bien "causalidad", con una exposición que inauguraba la mencionada dama, en ese entonces, aún para mi desconocida.
El flechazo fue instantaneo, y luego de capturar su atención, logré sacarla de los tentáculos de parientes y amigos que la acosaban, y me la llevé de allí a una luna de miel, que duró en principio varios días, luego años.
Ella me había dicho: yo hago arte con desechos tóxicos para hablar del tiempo y la destrucción. Pero evidentemente me estaba queriendo decir otra cosa, y sus ojos como dagas se hundieron en mi corazón, tanto que dejé de soñar con Estrella por primera vez en quince años.
He aquí que las pasiones de la nena eran, además del arte (el cual era solo un pasatiempo mientras obtenía la más preciada de esas pasiones), la velocidad y el sexo. Manejar a 220 kmph la perdía, mientras fumabamos un porro atrás de otro, y yo ponía en el equipo un cd de Los Natas, el "Munchen sesions", y en especial una canción, "humo de marihuana", y luego hacíamos el amor como si fuese la última vez cada vez, en cualquier hotel de las rutas argentinas.
Finalmente había conseguido a mi musa, y le puse el cariñoso apodo de "peligro", ya no tenía escusas para no sentarme a escribir.
A veces yo quería competir con ella en velocidad, pero cuando agarraba el volante nunca me animaba a pasar de los 150, entonces ella, arrogante pero gentil me decía, a ver bebé, ¿por que no le das el volante a mamá?
y cuando se cansaba de Los Natas, ponía cumbia villera , o Rodrigo, incluso Gilda, aqellos ya fallecidos ídolos de la canción. O a veces Jimi Hendrix.
Eso me recordaba un gato que tuve en mi adolescencia, al que bautizé Jimi, en honor a aquel gran genio de la guitarra. ¿Han visto a un gato cazando?, es uno de los espectáculos más hermosos y perféctos de la naturaleza. Pues mi gato Jimi era un experto y zagaz cazador de ratones, palomas, incluso un par de vívoras.
Pero yo tenía que escribir, ya no tenía escusa alguna para no hacerlo, entonces ella y yo nos establecimos.
sábado, 29 de enero de 2011
capítulo treinta y ocho
Nos dimos cita en la elegante cafetería de un hotel en La Recoleta. Mientras esperábamos, Timoteo no podía ocultar su nerviosismo, me pidió que lo acompañara al baño, allí me dijo: -La puta madre, a esta altura Zorbich debe estar tomando sol en las Bahamas, y con sus planos algún inescrupuloso comerciante, de seguro está fabricando Hitlers y chinos como chorizos, mientras nosotros pretendemos sacarle una moneda al pirata Morgan de la embajada de Inglaterra, ¿te das cuenta que no tiene mucho sentido?
Traté de tranquilizarlo diciendole que, si ésta nos salía bien, nos haríamos de algún billete para continuar la busqueda, que tuviera un poco de paciencia.Increíblemente nos salió de maravilla, cuando volvimos a la mesa, el pirata Morgan ya estaba allí revisando el mapa del tesoro con un experto, y al comprobar su autenticidad, les extendió a las chicas un cheque con varios ceros.Después de acompañarlas a buscar el cheque, las chicas nos invitaron a comer y escucharon nuestra historia, que juzgaron aún más increible que la suya, pero de todas maneras nos pagaron por lo que supuestamente había sido un servicio, no mucho, pero tampoco una suma despreciable, tanto como para tirar modéstamente un par de semanas.Nunca más volvimos a verlas.Ya no quedaba tiempo para buscar a Zorbich, el avión de Timoteo salía al otro día, la noche anterior a su partida comimos unos chorizos con vino y ensalada y caminamos por la costanera norte, mientras se hacía la digestión. Nos fuimos a acostar temprano.Por la mañana lo acompañé al aeropuerto, y el me dijo a modo de despedida, las siguientes simbólicas palabras: -nene, cada vez que veas, o escuches croar una rana, recordá que Keller Zorbich está vivo y suelto en algún lugar, nuestra misión última en la vida es darle muerte.
Cuando más tarde quedé solo viendo despegar los aviones, recordé un entretenimiento que en mi infancia, ocupaba un lugar preferencial, patear ranas y sapos desde el jardín de mi casa a la calle, que terminaban siendo aplastados por los autos, y de los cuales quedaba solamente el cuero, dibujando sus siluetas contra el asfalto caliente por el sol tropical.
Y me juré a mi mismo, y a mi amigo Timoteo, que si acaso Zorbich, tenía alguna otra vez la osadez de cruzarse en mi camino, terminaría sus días como aquellos animalitos de mi infancia.
El ruido de las turbinas del avión de el padre tiempos me sacó de mis cavilaciones, y con un gesto mecánico dije adiós con la mano, con la vaga esperanza de que me viese.
Algún día, tal vez no muy lejano, tendría que volver yo mismo a San José, pues no se puede, dicen, vivir huyendo del pasado.
viernes, 28 de enero de 2011
capítulo treinta y siete
La situación en que nos encontramos nos desmoralizó un poco, para ser sincero.
A eso se sumaba el hecho de haber quedado desfinanciados casi por completo, no nos quedaba mucho tiempo de vida en nuestras respectivas billeteras, fue en ese dificil trance, que una noche conocimos a dos simpáticas chicas que decían poseer el mapa del tesoro de Sobremonte.
Carola y Fabiola, al principio nos miraban sonrientes desde una mesa alejada de la nuestra en La Continental, nos miraban y comentaban entre ellas. Ambas eran muy lindas chicas, con la diferencia de que Carola era mas bien estilizada, cinturita de avispa y un culo descomunal al parecer, pelo negro lago, muy lacio, poco busto, y Fabiola todo lo contrario, bastante gordita pero sin llegar a lo desagradable, rubia, con rulos y tetona. Esta última fué la que eligió el padre tiempos, dijo: -Yo la tetona pive, creo que me la merezco.
Así que allí estabamos los cuatro, compartiendo charla y unas birras.
Cuando llegamos a entrar en confianza, las chicas nos contaron un plan que tenían para venderle el mapa, que decían tener, a un acaudalado funcionario corrupto de la embajada de Inglaterra, pero que tenían un poco de miedo de ser estafadas, y que no les vendría nada mal la ayuda protectora de dos hombres "fuertes y valientes".
Accedimos, más que nada por amor a la aventura, ya que se caía de maduro que las estafadoras eran ellas. Pero antes de acceder, se nos ocurrió preguntarles , que si acaso el mapa era auténtico, por que no habían buscado ellas el tesoro.
Carola dijo que el motivo era que el propietario del terreno donde estaba el tesoro oculto, creía en la leyenda de los fantasmas que lo cuidaban, y que sacaba a los tiros a cualquiera que se atreva a entrar en sus dominios. Mientras tanto Fabiola movía la cabeza de forma afirmativa y con los ojos abiertos como platos, para darle un marco de verosimilitud a la sanata de su amiga.
Luego nos contaron que ellas se habían conocido hacía un año, y justamente fué ese mapa el motivo de que se hicieran amigas, fue así: Carola leía la borra del café a domicilio, se anunciaba en la prensa, Fabiola dió con ella y se hizo leer la borra de su café, en esta decía, entre otras cosas, que aparecería en su vida un documento muy valioso, de mucho valor económico.
Fabiloa recordó, y se lo dijo a Carola, que había recibido como herencia de su recién difunta abuela, una cantidad de cajas con papeles viejos que parecían no tener ningún valor, Carola le aseguró que allí encontraría lo prometido, Fabiola le pidió ayuda, ya que era una cantidad descomunal para buscar sola. Así apareció el papel, y nació su amistad.
Luego de una año de buscar un comprador a la altura de su oferta, hallaron en un bar a este tipo, lo visitaron en la embajada, y el les ofreció buen dinero si comprobaba la autenticidad del mapa.
Lo único que quedaba por resolver, era el hecho de que ¿por qué confiar en dos desconocidos, como lo eramos nosotros, para semejante misión?. La respuesta al parecer era sencila, Carola, al ser vidente, había detectado que eramos gente de fiar, y no corrian peligro, además de que ellas no tenán a nadie en quien confiar en este mundo, solo se tenían ellas dos.
A eso se sumaba el hecho de haber quedado desfinanciados casi por completo, no nos quedaba mucho tiempo de vida en nuestras respectivas billeteras, fue en ese dificil trance, que una noche conocimos a dos simpáticas chicas que decían poseer el mapa del tesoro de Sobremonte.
Carola y Fabiola, al principio nos miraban sonrientes desde una mesa alejada de la nuestra en La Continental, nos miraban y comentaban entre ellas. Ambas eran muy lindas chicas, con la diferencia de que Carola era mas bien estilizada, cinturita de avispa y un culo descomunal al parecer, pelo negro lago, muy lacio, poco busto, y Fabiola todo lo contrario, bastante gordita pero sin llegar a lo desagradable, rubia, con rulos y tetona. Esta última fué la que eligió el padre tiempos, dijo: -Yo la tetona pive, creo que me la merezco.
Así que allí estabamos los cuatro, compartiendo charla y unas birras.
Cuando llegamos a entrar en confianza, las chicas nos contaron un plan que tenían para venderle el mapa, que decían tener, a un acaudalado funcionario corrupto de la embajada de Inglaterra, pero que tenían un poco de miedo de ser estafadas, y que no les vendría nada mal la ayuda protectora de dos hombres "fuertes y valientes".
Accedimos, más que nada por amor a la aventura, ya que se caía de maduro que las estafadoras eran ellas. Pero antes de acceder, se nos ocurrió preguntarles , que si acaso el mapa era auténtico, por que no habían buscado ellas el tesoro.
Carola dijo que el motivo era que el propietario del terreno donde estaba el tesoro oculto, creía en la leyenda de los fantasmas que lo cuidaban, y que sacaba a los tiros a cualquiera que se atreva a entrar en sus dominios. Mientras tanto Fabiola movía la cabeza de forma afirmativa y con los ojos abiertos como platos, para darle un marco de verosimilitud a la sanata de su amiga.
Luego nos contaron que ellas se habían conocido hacía un año, y justamente fué ese mapa el motivo de que se hicieran amigas, fue así: Carola leía la borra del café a domicilio, se anunciaba en la prensa, Fabiola dió con ella y se hizo leer la borra de su café, en esta decía, entre otras cosas, que aparecería en su vida un documento muy valioso, de mucho valor económico.
Fabiloa recordó, y se lo dijo a Carola, que había recibido como herencia de su recién difunta abuela, una cantidad de cajas con papeles viejos que parecían no tener ningún valor, Carola le aseguró que allí encontraría lo prometido, Fabiola le pidió ayuda, ya que era una cantidad descomunal para buscar sola. Así apareció el papel, y nació su amistad.
Luego de una año de buscar un comprador a la altura de su oferta, hallaron en un bar a este tipo, lo visitaron en la embajada, y el les ofreció buen dinero si comprobaba la autenticidad del mapa.
Lo único que quedaba por resolver, era el hecho de que ¿por qué confiar en dos desconocidos, como lo eramos nosotros, para semejante misión?. La respuesta al parecer era sencila, Carola, al ser vidente, había detectado que eramos gente de fiar, y no corrian peligro, además de que ellas no tenán a nadie en quien confiar en este mundo, solo se tenían ellas dos.
jueves, 27 de enero de 2011
capítulo treinta y seis
Y alzando la pierna con aquella hermosa prótesis que tanto había acariciado, acercó el pie a su mano, se sacó el zapato y presionó un botón. Debajo del pantalón las lucesitas volvieron a centellar, y unos circuitos electrónicos se prendieron, con un sonido como de turbina pero contenido, disculpen, es lo más cerca que estoy con mi prosa de poder describirlo, tal vez ustedes puedan ayudarme un poco con su imaginación.
Un rayo rasgó la tela del pantalón de Timoteo, y como si fuese un telón, a través de él la pierna se desprendió para abajo y comenzó a caminar, del muslo salieron dos brazos y emergió una cabeza, que miró a su dueño y preguntó: -¿cual es la situación jefe?
Timoteo miró al cielo resignado diciendo como para sí: -que robot pelotudo, y luego al robot: -¿no escuchás el tic-tac? tenés 22 segundos para desconectár aquel artefácto a tu espalda.
-no hay problema señor.
Y mientras el robot hacía lo que le indicaron, el padre tiempos me dijo: -te presento a arturito, la prueba irrefutable de que los científicos latinoamericanos no comen pintura, como pueden creer los alemanes.
El bicho aquel tenía, dicho sea de paso, un diseño de líneas y formas ultramoderno, una soltura y elegancia al moverse, un control tan exquisito de sus articulaciones, que al verlo hacía recordar a un atleta africano.
Entonces se dió vuelta y dijo: -misión cumplida, ¿ahora que puedo hacer por usted?
-¿no ves que no me puedo mover? desatame y desatalo a mi amigo.
-como no, en el acto.
Con sus rayos quemó las sogas de Timoteo y después las mías, ambos estuvimos un buen rato masajeandonos los maltratados brazos y disfrutando el momento.
Al fin Timoteo ordenó al robot que se acoplara de nuevo, y este volvió a su sitio como un soldado.
Más tarde, de regreso en el hotel donde se alojaban Timoteo, y ahora debo decir arturito, me esperaba una carta de Tatiana:
"Ya no agunto más, siempre te vas sin decirme adonde, venís cuando querés para comer y cojerme, todavía no me escribiste ningún poéma, sos un mentiroso, con todas esas historias de robots y fantasmas, creo que estás medio loco pero no te tengo miedo, no se como pude darte pelota, cháu, no te quiero ver más, no me llames. ¡¡por mí te podés morir que dá lo mismo!!"
Bueno, finalmente había tomado coraje para decirmelo, aunque fuera de manera tan impersonal. Tal vez era mejor así, era hora de cerrar aquel capítulo.
Un rayo rasgó la tela del pantalón de Timoteo, y como si fuese un telón, a través de él la pierna se desprendió para abajo y comenzó a caminar, del muslo salieron dos brazos y emergió una cabeza, que miró a su dueño y preguntó: -¿cual es la situación jefe?
Timoteo miró al cielo resignado diciendo como para sí: -que robot pelotudo, y luego al robot: -¿no escuchás el tic-tac? tenés 22 segundos para desconectár aquel artefácto a tu espalda.
-no hay problema señor.
Y mientras el robot hacía lo que le indicaron, el padre tiempos me dijo: -te presento a arturito, la prueba irrefutable de que los científicos latinoamericanos no comen pintura, como pueden creer los alemanes.
El bicho aquel tenía, dicho sea de paso, un diseño de líneas y formas ultramoderno, una soltura y elegancia al moverse, un control tan exquisito de sus articulaciones, que al verlo hacía recordar a un atleta africano.
Entonces se dió vuelta y dijo: -misión cumplida, ¿ahora que puedo hacer por usted?
-¿no ves que no me puedo mover? desatame y desatalo a mi amigo.
-como no, en el acto.
Con sus rayos quemó las sogas de Timoteo y después las mías, ambos estuvimos un buen rato masajeandonos los maltratados brazos y disfrutando el momento.
Al fin Timoteo ordenó al robot que se acoplara de nuevo, y este volvió a su sitio como un soldado.
Más tarde, de regreso en el hotel donde se alojaban Timoteo, y ahora debo decir arturito, me esperaba una carta de Tatiana:
"Ya no agunto más, siempre te vas sin decirme adonde, venís cuando querés para comer y cojerme, todavía no me escribiste ningún poéma, sos un mentiroso, con todas esas historias de robots y fantasmas, creo que estás medio loco pero no te tengo miedo, no se como pude darte pelota, cháu, no te quiero ver más, no me llames. ¡¡por mí te podés morir que dá lo mismo!!"
Bueno, finalmente había tomado coraje para decirmelo, aunque fuera de manera tan impersonal. Tal vez era mejor así, era hora de cerrar aquel capítulo.
capítulo treinta y cinco
Era un lugar selvático con esa vegetación subtropical tan característica de la zona, y algunos sectores con playa, desde donde podía verse la ciudad a lo lejos.
Nos esperaba Zorbich, y no uno, sino varios chinos, todos igualitos.
-¡bueneo, bueno, ¿que tenemos aquí?, nada menos que al viejo padre tiempos, te felicito por tu pierna nueva, no vas a disfrutarla por mucho tiempo, y veo que viene con su aliado incondicional, que dicho sea de paso, como poéta no vale un cobre! ¿estaban buscando un poco de acción?, les presento a mi amigo Kato y sus hermanitos clonados, ellos se encargarán de proporcionarles toda la acción que necesiten, ya que no tuvieron suficiente con los túneles secretos de Buenos Aires, construidos por los españoles para escapar con el botín, llegado el caso de una revolución, nada boludos ¿no? ¡muchachos, a ellos!
Y, como en esas viejas películas de artes marciales, la escena se aceleró llenándose de zooms y chinos dando volteretas en el aire que se nos venían encima gritando al estilo Bruce Lee.
Como siempre, el primero en reaccionar fué Timoteo, que en un movimiento ultra rápido se había agachado a recoger un junco, con el que hizo las veces de beisbolista de las grandes ligas, reventando la cabeza del primero de los chinos que llegó hasta nosotros. lo cual reveló que de robots no tenían nada, pues este sangró y cayó al suelo desmayado como cualquier mortal.
Pero aún qudaban cinco.
Y he aquí, que a pesar de que detésto hablar de mi mismo, ha llegado el momento de confesar mi pasado como deportista destacado, pues en mi primera juventud, hasta los dieciseis años fuí campeón, nacional primero y centroamericano después, de tae won do, y a los diecisiete, de estilo libre en competencias clandestinas, y eso es como andar en bicicleta, una vez bien aprendido no se olvida más.
Por lo tanto no les fué fácil a aquellos pichones de pacotilla reducirme, me trencé con dos de ellos y les rompí las narices, antes de que finalmente pudieran conmigo, pues el tercero me superó.
A Timoteo no le había ido mejor, los otros lo tenían en el suelo amordazado.
Luego nos ataron y subimos a una lancha a los empujones.
A pesar de estar ahora en desventaja, una fé ciega se apoderó de mí, si el padre tiempos había logrado sacarnos con vida de aquel tenebroso lugar, tal vez esto era también, circunstancial.
Antes de aventurarnos en esta odisea, la noche anterior él me había mandado un mensaje de texto que decía: -tranquilo, me tiré las cartas y tiré las tuyas, todavía no nos toca la parca, hay cuerda y fortuna para rato. Y tengo un as debajo de la manga.
De repente nuestros captores nos inyectaron algo y nos desvanecimos.
Despertamos en un galpón, atados a dos postes de madera como en un ritual indio, y no pude creer lo que vieron mis ojos, aquel sitio era una especie de laboratorio invernadero, lleno de plantas exóticas, y del insoportable croar de miles de ranas encerradas en jaulas de vidrio con respiraderos, empañadas y mohosas, un espectáculo tropical y fantástico, a la vez que absurdo.
Por la puerta abierta del galpón se colaba la luz del crepúsculo y se veía la costa, tal vez las Islas del Tigre, o Isla Paulino, o algún punto impreciso entre esos dos, daba lo mismo.
Zorbich entró, y alzando un poco la voz, recitó un monólogo que quiso impresionarnos:
-¡Ranas, si señores, y botánica, he aquí mis pasiones. Además de estudiar la robótica y la genética, he dedicado mi vida a conocer este santuario, lo que ven aquí, es el resultado de 50 años de viajes e investigaciones, ranas y plantas de todas partes, algunas mortales, otras psicotrópicas, otras curativas. A ver, mi amigo Rubén, ¿sabías que Costa Rica es el país de mayor biodiversidad en el mundo? deverías saberlo. Padre tiempos, el brujo metafísico, ¿sabías que los indios del Amazonas bañan las agujas de sus dardos con la baba asesina de esas simpáticas y pequeñas ranitas de vivos colores? bueno, ahora eso puede verse en cualquier documental!.
¡Pues hoy junto con ustades, morirán estas salvajes e inhallables especies.
Cuanto daría la ciencia por tener estos documentos que me llevo conmigo, donde tal vez esté la cura de todos los males. Puede que los venda, quien sabe. Lo que si voy a vender ahora es otra fórmula, el plano para construir el prototipo perfecto de clon humano y robot, la super raza que poblará el universo luego de conquistar la tierra, así que ahora tengo que irme, unos amigos me esperan con una cuantiosa suma de dinero, que de seguro aliviará las penas, tantos años de desvelarme, quemando mis pestañas estudiando, investigando, no como los inéptos que se dedican a escribir mala poesía, o a la magia, que cosa tan ridícula!
En fin, padre tiempos, Rubén, "orvuá", "chivediamo dopo", "arrivederchi bambini", los dejo con mi querida amiga, LA BOMBA DE TIEMPO.
Y dicho esto, apretó el botón de un aparatejo que tenía unos buenos cartuchos de TNT, con un cronómetro que, mintras descendía a partir de 120, hacía un insoportable tic-tac, tic-tac...para dramatizar nuestro fin.
Ese fué su error.
Y he aquí, que sucedió lo imprevisible nuevamente, y van...
Yo, que me creía preparado para cualquier cosa, que creía tener un criterio amplio y pensaba que lo había visto todo, no contaba con esto. O sea, que mi imaginación no hubiese dado para tanto, y es más que seguro que a la mayoría de ustedes les costará creerlo. Yo mismo no lo creería, si no lo hubiese visto con mis propios ojos.
Porque de aquellos dos minutos que quedaban para que la bomba hiciera: ¡booom!, uno de ellos se fué mientras Zorbich y los chinos huían en la lancha, quedaba solo uno, que fué suficiente para que Timoteo me mirara con una sonrisa de oreja a oreja y me diga: -nene, bienvenido al futuro.
Nos esperaba Zorbich, y no uno, sino varios chinos, todos igualitos.
-¡bueneo, bueno, ¿que tenemos aquí?, nada menos que al viejo padre tiempos, te felicito por tu pierna nueva, no vas a disfrutarla por mucho tiempo, y veo que viene con su aliado incondicional, que dicho sea de paso, como poéta no vale un cobre! ¿estaban buscando un poco de acción?, les presento a mi amigo Kato y sus hermanitos clonados, ellos se encargarán de proporcionarles toda la acción que necesiten, ya que no tuvieron suficiente con los túneles secretos de Buenos Aires, construidos por los españoles para escapar con el botín, llegado el caso de una revolución, nada boludos ¿no? ¡muchachos, a ellos!
Y, como en esas viejas películas de artes marciales, la escena se aceleró llenándose de zooms y chinos dando volteretas en el aire que se nos venían encima gritando al estilo Bruce Lee.
Como siempre, el primero en reaccionar fué Timoteo, que en un movimiento ultra rápido se había agachado a recoger un junco, con el que hizo las veces de beisbolista de las grandes ligas, reventando la cabeza del primero de los chinos que llegó hasta nosotros. lo cual reveló que de robots no tenían nada, pues este sangró y cayó al suelo desmayado como cualquier mortal.
Pero aún qudaban cinco.
Y he aquí, que a pesar de que detésto hablar de mi mismo, ha llegado el momento de confesar mi pasado como deportista destacado, pues en mi primera juventud, hasta los dieciseis años fuí campeón, nacional primero y centroamericano después, de tae won do, y a los diecisiete, de estilo libre en competencias clandestinas, y eso es como andar en bicicleta, una vez bien aprendido no se olvida más.
Por lo tanto no les fué fácil a aquellos pichones de pacotilla reducirme, me trencé con dos de ellos y les rompí las narices, antes de que finalmente pudieran conmigo, pues el tercero me superó.
A Timoteo no le había ido mejor, los otros lo tenían en el suelo amordazado.
Luego nos ataron y subimos a una lancha a los empujones.
A pesar de estar ahora en desventaja, una fé ciega se apoderó de mí, si el padre tiempos había logrado sacarnos con vida de aquel tenebroso lugar, tal vez esto era también, circunstancial.
Antes de aventurarnos en esta odisea, la noche anterior él me había mandado un mensaje de texto que decía: -tranquilo, me tiré las cartas y tiré las tuyas, todavía no nos toca la parca, hay cuerda y fortuna para rato. Y tengo un as debajo de la manga.
De repente nuestros captores nos inyectaron algo y nos desvanecimos.
Despertamos en un galpón, atados a dos postes de madera como en un ritual indio, y no pude creer lo que vieron mis ojos, aquel sitio era una especie de laboratorio invernadero, lleno de plantas exóticas, y del insoportable croar de miles de ranas encerradas en jaulas de vidrio con respiraderos, empañadas y mohosas, un espectáculo tropical y fantástico, a la vez que absurdo.
Por la puerta abierta del galpón se colaba la luz del crepúsculo y se veía la costa, tal vez las Islas del Tigre, o Isla Paulino, o algún punto impreciso entre esos dos, daba lo mismo.
Zorbich entró, y alzando un poco la voz, recitó un monólogo que quiso impresionarnos:
-¡Ranas, si señores, y botánica, he aquí mis pasiones. Además de estudiar la robótica y la genética, he dedicado mi vida a conocer este santuario, lo que ven aquí, es el resultado de 50 años de viajes e investigaciones, ranas y plantas de todas partes, algunas mortales, otras psicotrópicas, otras curativas. A ver, mi amigo Rubén, ¿sabías que Costa Rica es el país de mayor biodiversidad en el mundo? deverías saberlo. Padre tiempos, el brujo metafísico, ¿sabías que los indios del Amazonas bañan las agujas de sus dardos con la baba asesina de esas simpáticas y pequeñas ranitas de vivos colores? bueno, ahora eso puede verse en cualquier documental!.
¡Pues hoy junto con ustades, morirán estas salvajes e inhallables especies.
Cuanto daría la ciencia por tener estos documentos que me llevo conmigo, donde tal vez esté la cura de todos los males. Puede que los venda, quien sabe. Lo que si voy a vender ahora es otra fórmula, el plano para construir el prototipo perfecto de clon humano y robot, la super raza que poblará el universo luego de conquistar la tierra, así que ahora tengo que irme, unos amigos me esperan con una cuantiosa suma de dinero, que de seguro aliviará las penas, tantos años de desvelarme, quemando mis pestañas estudiando, investigando, no como los inéptos que se dedican a escribir mala poesía, o a la magia, que cosa tan ridícula!
En fin, padre tiempos, Rubén, "orvuá", "chivediamo dopo", "arrivederchi bambini", los dejo con mi querida amiga, LA BOMBA DE TIEMPO.
Y dicho esto, apretó el botón de un aparatejo que tenía unos buenos cartuchos de TNT, con un cronómetro que, mintras descendía a partir de 120, hacía un insoportable tic-tac, tic-tac...para dramatizar nuestro fin.
Ese fué su error.
Y he aquí, que sucedió lo imprevisible nuevamente, y van...
Yo, que me creía preparado para cualquier cosa, que creía tener un criterio amplio y pensaba que lo había visto todo, no contaba con esto. O sea, que mi imaginación no hubiese dado para tanto, y es más que seguro que a la mayoría de ustedes les costará creerlo. Yo mismo no lo creería, si no lo hubiese visto con mis propios ojos.
Porque de aquellos dos minutos que quedaban para que la bomba hiciera: ¡booom!, uno de ellos se fué mientras Zorbich y los chinos huían en la lancha, quedaba solo uno, que fué suficiente para que Timoteo me mirara con una sonrisa de oreja a oreja y me diga: -nene, bienvenido al futuro.
miércoles, 26 de enero de 2011
capítulo treinta y cuatro
Finalmente logramos descender toda la escalera, un pasillo muy estrecho y bajo se exendió ante nosotros, al parecer habíamos descendido al mismo infierno, ¿cuanto tiempo estuvimos allí? imposible decirlo con presición, yo calculé tres horas, pero pudo ser más, o tal vez solo una.
Poniendome un poco literario, podría decir: "Las paredes sudaban un hedor húmedo de siglos, que era la más fiel representación de la maldad y el tiempo, el alma de aquella gigantezca ciudad se materializaba en ese sudor, tan repulsivo y sutil, como inexplicable, por la imposibilidad de poder compararlo con algo conocido, o a través de vacuas metáforas"
O si no: "Tal vez sí había una forma de metaforizar o describir aquella perfidia, ese aroma malévolo, pues podría decirse que toda la sangre derramada por siglos, se había filtrado por las paredes, depurandose así a través de la tierra, para venir a concentrarse allí abajo, mezclandose con el inconsciente colectivo de las peóres conciencias, con esa fuerza psíquica, casi eléctrica, que emana de las mentes, un perfume concentrado, un extrácto con el cual se embadurnarían el mismo satanás, el conde Drácula, o Lucrecia Borgia y Cruella D´evill, para una fiesta de gala"
O si no de esta manera: "Asquerosas y gigantezcas ratas huían ante la visión del fuego de la antorcha, y alguna bandada de murciélagos sobrevoló nuestras cabezas, forzándonos a agacharnos, e inclusive pegar un manotazo a alguno, para evitar ser mordidos, además de tropezar de vez en cuando con cráneos humanos, todo lo cual no hizo más que inspirar, en el ánimo ya crispado de mi amigo, una tupida colección de improperios, por no decir puteadas, ya que al parecer, sus conjuros de guerrero brujo no tenían efécto en esa tumba".
Podría decirlo de ese modo si me pusiera literario, y a pesar de toda esa parafernalia barroca de la que me burlo, no encontraría mejor forma de describir aquel lugar, por donde perseguíamos a Keller y su guardaespaldas, confieso que en algunos momentos creí enloquecer, sobre todo cuando, después de un largo trecho en un tramo del camino, el tunel se bifurcaba, y de no haber sido porque, a lo lejos y a último momento, veíamos la antorcha de nuestros enemigos iluminarse o torcer por una curva, o por la confianza ciega de mi guía, en su razón e intuición, entonces no estaría contandoles esto, pues más que seguro sería yo uno de esos cráneos ahí abajo.
Con el último aliento logramos ver la luz del sol al final del túnel, más o menos a una cuadra de distancia, desesperados corrimos hacia aquel milagro, y para nuestra sorpresa, salimos a un paraje de la costa del río.
Poniendome un poco literario, podría decir: "Las paredes sudaban un hedor húmedo de siglos, que era la más fiel representación de la maldad y el tiempo, el alma de aquella gigantezca ciudad se materializaba en ese sudor, tan repulsivo y sutil, como inexplicable, por la imposibilidad de poder compararlo con algo conocido, o a través de vacuas metáforas"
O si no: "Tal vez sí había una forma de metaforizar o describir aquella perfidia, ese aroma malévolo, pues podría decirse que toda la sangre derramada por siglos, se había filtrado por las paredes, depurandose así a través de la tierra, para venir a concentrarse allí abajo, mezclandose con el inconsciente colectivo de las peóres conciencias, con esa fuerza psíquica, casi eléctrica, que emana de las mentes, un perfume concentrado, un extrácto con el cual se embadurnarían el mismo satanás, el conde Drácula, o Lucrecia Borgia y Cruella D´evill, para una fiesta de gala"
O si no de esta manera: "Asquerosas y gigantezcas ratas huían ante la visión del fuego de la antorcha, y alguna bandada de murciélagos sobrevoló nuestras cabezas, forzándonos a agacharnos, e inclusive pegar un manotazo a alguno, para evitar ser mordidos, además de tropezar de vez en cuando con cráneos humanos, todo lo cual no hizo más que inspirar, en el ánimo ya crispado de mi amigo, una tupida colección de improperios, por no decir puteadas, ya que al parecer, sus conjuros de guerrero brujo no tenían efécto en esa tumba".
Podría decirlo de ese modo si me pusiera literario, y a pesar de toda esa parafernalia barroca de la que me burlo, no encontraría mejor forma de describir aquel lugar, por donde perseguíamos a Keller y su guardaespaldas, confieso que en algunos momentos creí enloquecer, sobre todo cuando, después de un largo trecho en un tramo del camino, el tunel se bifurcaba, y de no haber sido porque, a lo lejos y a último momento, veíamos la antorcha de nuestros enemigos iluminarse o torcer por una curva, o por la confianza ciega de mi guía, en su razón e intuición, entonces no estaría contandoles esto, pues más que seguro sería yo uno de esos cráneos ahí abajo.
Con el último aliento logramos ver la luz del sol al final del túnel, más o menos a una cuadra de distancia, desesperados corrimos hacia aquel milagro, y para nuestra sorpresa, salimos a un paraje de la costa del río.
capítulo treinta y tres
El padre tiempos me llamó a las diez de la mañana, el maldito celular con su ring tone no dejaba dudas de la gravedad del asunto...
Todavá medio dormido atendí, Timoteo eufórico terminó de despertarme: -¡nene, es aí: tomate un taxi y venite para el centro, estoy en una confitería frente al ovelisco, bingo querido, bingo, Zorbich está acá en frenta tomando sol con una especie de guardaespaldas oriental con tremenda pinta de asesino, debe ser el que te pegó a vos, venite yá!
Me dí una ducha de dos minutos para refrescarme y bajé a la calle, Tatiana dormía.
Subía a un taxi le prometí al taxista el doble si volaba a través del tránsito, el pidió el triple, y antes de que me pronunciara yo a favor, el veículo se disparó como un torpedo por la avnida Santa Fé, esquivando todo a su paso y saltandose un par de semaforos rojos. Llegamos.
Timoteo estaba sentado en una mesa sobre la diagonal y disimulaba leyendo el diario, me senté junto a él. Me señaló a Zorbich y su guardaespalda que, si, tomaban sol.
Un sol espléndido por cierto.
- Que querés que te diga nene, para mi que el chino se lo mueve al viejo, jamás le conocí una hembra a ese hijo de puta.
- ¿te parece?
-¡pero si, mirá como se hacen los turistas!
Se me ocurrió pensar que no tenía nada que ver una cosa con la otra, pero era inutil discutir con Timoteo, que en ese sentido es tan argentino, o sea, dueño de algún tipo de verdad absoluta e inobjetable por mandato divino.
-¡ché parece que se van, vamos a seguirlos!
Y eso hicimos, un par de cuadras por Corrientes para el lado del bajo, donde dieron vueltaa la derecha y subieron a un auto.
Nosotros subimos a un taxi, indicando al taxista los siguiese con prudencia, el tipo se dió vuelta y dijo: -siempre soñé con esto.
El auto, que manejaba el chino, y del cual nos separaba otro auto, era un hermoso jaguar negro modelo 85, lustroso y de vidrios polarizados, uno de esos lujos caprichosos para pocos, la teoría del romance de sus ocupantes tomaba forma.
Se desplazaba despacio, como si fuera uan hermosa mañana de domingo, ya que precisamente, era uan hermosa mañana de domingo.
Se desplazaba, como si sus ocupantes no intuyeran que alguien los seguía, o no importandoles.
Luego de un rodeo de quince minutos, se detuvo en las inmediaciones de la manzana de las luces, Timoteo le dijo al taxista que siguiera de largo y doblara en la primera esquina, y al pasar frente a ellos, nos agachamos para no ser vistos, o al menos pretender no ser vistos, pues yo no quería decirlo, pero a esta altura de los acontecimientos, era más que evidente que ibamos de cabeza a una trampa.
Cuando pagamos el viaje y nos disponíamos a bajar, el taxista no pudo con su genio y preguntó: -¿se puede saber que está pasando?
Se me ocurrió hacerme el gracioso y contestar: -nada grave, estamos desbaratando una banda que quiere apoderarse del mundo resucitando el cadavaer de Hitler.
Al tipo no pareció causarle la menor gracia, Timoteo le acercó un billete de cien y le dijo: -esto es para vos, pero aquí no ha pasado nada, ¿de acuerdo?
-seré una tumba señor.
Y se fué.
Yo me asomé por la esquina siguiendo las indicaciones por señas de mi amigo, justo para ver como Zorbich y su presunta media naranja, entraban por una de las puertas del histórico y antiguo edificio de la manzana de las luces.
Zorbich cerró la puerta, no sin antes hacer un ademán, ya payasesco, de asegurarse que no los seguía nadie.
Apuramos el paso y llegamos a la puerta, que estaba cerrada, Keller insitía en dilatar el desenlace.
Timoteo sacó una llve maestra y abrió con facilidad, entramos y cerré la puerta a nuestras espaldas, nos encontramos en un pasillo largo y ancho de techo circular, casi oscuro por completo, a escepción de una luz natural que salía de otra puerta a unos 50 metros, y que iluminaba tenuemente la segunda mitad del pasillo. hacia allí nos dirigimos.
Al entrar, estábamos en un amplio salón iluminado por la luz del sol, que entraba de lleno por unos ventanales en lo alto, había varios muebles antiguos y una enorme biblioteca, en la que quise distraerme pero no podía, al lado de la cual, otra puerta estaba abierta, esta daba a una escalera que descendía a la oscuridad total, por lo que tomamos una antorcha que había a un costado pasando el umbral. La prendimos y bajamos.
Resultó ser más larga de lo que uno espera de cualquier escalera, a pesar de no conocerla, incluso llegó a parecer interminable, eso, sumado a que el aire se enrrarecía de humedad y encierro, logró tal vez asustarme un poco, pero enseguida mi amigo, que iba adelante con la antorcha, me recuperó de mi desidia con su característica y abasallante personalidad.
-dale Rubén, no te me vengas abajo justo ahora, eso es lo que quiere Keller, desmoralizarnos antes de llegar a la recta final.
Todavá medio dormido atendí, Timoteo eufórico terminó de despertarme: -¡nene, es aí: tomate un taxi y venite para el centro, estoy en una confitería frente al ovelisco, bingo querido, bingo, Zorbich está acá en frenta tomando sol con una especie de guardaespaldas oriental con tremenda pinta de asesino, debe ser el que te pegó a vos, venite yá!
Me dí una ducha de dos minutos para refrescarme y bajé a la calle, Tatiana dormía.
Subía a un taxi le prometí al taxista el doble si volaba a través del tránsito, el pidió el triple, y antes de que me pronunciara yo a favor, el veículo se disparó como un torpedo por la avnida Santa Fé, esquivando todo a su paso y saltandose un par de semaforos rojos. Llegamos.
Timoteo estaba sentado en una mesa sobre la diagonal y disimulaba leyendo el diario, me senté junto a él. Me señaló a Zorbich y su guardaespalda que, si, tomaban sol.
Un sol espléndido por cierto.
- Que querés que te diga nene, para mi que el chino se lo mueve al viejo, jamás le conocí una hembra a ese hijo de puta.
- ¿te parece?
-¡pero si, mirá como se hacen los turistas!
Se me ocurrió pensar que no tenía nada que ver una cosa con la otra, pero era inutil discutir con Timoteo, que en ese sentido es tan argentino, o sea, dueño de algún tipo de verdad absoluta e inobjetable por mandato divino.
-¡ché parece que se van, vamos a seguirlos!
Y eso hicimos, un par de cuadras por Corrientes para el lado del bajo, donde dieron vueltaa la derecha y subieron a un auto.
Nosotros subimos a un taxi, indicando al taxista los siguiese con prudencia, el tipo se dió vuelta y dijo: -siempre soñé con esto.
El auto, que manejaba el chino, y del cual nos separaba otro auto, era un hermoso jaguar negro modelo 85, lustroso y de vidrios polarizados, uno de esos lujos caprichosos para pocos, la teoría del romance de sus ocupantes tomaba forma.
Se desplazaba despacio, como si fuera uan hermosa mañana de domingo, ya que precisamente, era uan hermosa mañana de domingo.
Se desplazaba, como si sus ocupantes no intuyeran que alguien los seguía, o no importandoles.
Luego de un rodeo de quince minutos, se detuvo en las inmediaciones de la manzana de las luces, Timoteo le dijo al taxista que siguiera de largo y doblara en la primera esquina, y al pasar frente a ellos, nos agachamos para no ser vistos, o al menos pretender no ser vistos, pues yo no quería decirlo, pero a esta altura de los acontecimientos, era más que evidente que ibamos de cabeza a una trampa.
Cuando pagamos el viaje y nos disponíamos a bajar, el taxista no pudo con su genio y preguntó: -¿se puede saber que está pasando?
Se me ocurrió hacerme el gracioso y contestar: -nada grave, estamos desbaratando una banda que quiere apoderarse del mundo resucitando el cadavaer de Hitler.
Al tipo no pareció causarle la menor gracia, Timoteo le acercó un billete de cien y le dijo: -esto es para vos, pero aquí no ha pasado nada, ¿de acuerdo?
-seré una tumba señor.
Y se fué.
Yo me asomé por la esquina siguiendo las indicaciones por señas de mi amigo, justo para ver como Zorbich y su presunta media naranja, entraban por una de las puertas del histórico y antiguo edificio de la manzana de las luces.
Zorbich cerró la puerta, no sin antes hacer un ademán, ya payasesco, de asegurarse que no los seguía nadie.
Apuramos el paso y llegamos a la puerta, que estaba cerrada, Keller insitía en dilatar el desenlace.
Timoteo sacó una llve maestra y abrió con facilidad, entramos y cerré la puerta a nuestras espaldas, nos encontramos en un pasillo largo y ancho de techo circular, casi oscuro por completo, a escepción de una luz natural que salía de otra puerta a unos 50 metros, y que iluminaba tenuemente la segunda mitad del pasillo. hacia allí nos dirigimos.
Al entrar, estábamos en un amplio salón iluminado por la luz del sol, que entraba de lleno por unos ventanales en lo alto, había varios muebles antiguos y una enorme biblioteca, en la que quise distraerme pero no podía, al lado de la cual, otra puerta estaba abierta, esta daba a una escalera que descendía a la oscuridad total, por lo que tomamos una antorcha que había a un costado pasando el umbral. La prendimos y bajamos.
Resultó ser más larga de lo que uno espera de cualquier escalera, a pesar de no conocerla, incluso llegó a parecer interminable, eso, sumado a que el aire se enrrarecía de humedad y encierro, logró tal vez asustarme un poco, pero enseguida mi amigo, que iba adelante con la antorcha, me recuperó de mi desidia con su característica y abasallante personalidad.
-dale Rubén, no te me vengas abajo justo ahora, eso es lo que quiere Keller, desmoralizarnos antes de llegar a la recta final.
lunes, 24 de enero de 2011
capítulo treinta y dos
Al otro día nos despertamos temprano y fuimos a desayunar a La Colonial, pedimos café con leche y medias lunas, Timoteo me confesó que, si bien él le era fiel al gallo pinto en la mañana, ultimamente se sentía un poco hastiado de aquel plato, y me hizo un repaso de los dos ó tres lugares en San José donde servían el mejor gallo pinto, lugares estos, que le había costado años detectar.
También me pasó el dato de media docena de lugares donde, ni por asomo, devería ocurrirseme pedir, ya no solo esa, sino ninguna comida. Le dije que no estaba en mis planes volver por un buen rato, pero llegado el caso, lo buscaría para refrescarme la memoria.
Después me habló de las tres o cuatro diferencias básicas, entre las empanadas ticas y las argentinas, que eso merecía un capítulo aparte, dijo.
- Para empezar nene, la empanada tica no es de harina de trigo, sino de maíz, eso ya lo sabés, y es estríctamente frita. Las diferencias más sutiles están en los rellenos, las ticas tienen cuatro sabores básicos, de papa con picadillo de carne, o de frijol, o de frijol con queso, o de pollo, muy pocas veces de carne, pero en ese caso es de carne en hebras, nunca carne picada. También está la opción de la empanada arreglada con repollo blanco, mejor si este está bien rallado, a la que además se le agregan salsa de tomate y mayonesa, salsa inglesa, tabasco, en fin...
Una cosa llevó a la otra, y siguió la charla hablando de mujeres.
-Escuchame lo que te digo nene, la mujer tica está cada vez más globalizada, vive a la moda, sobre todo en San José, se ha mimetizado con la mujer global, esa que es igual en todos lados. Pero a mi, ¿que querés que te diga?, a mi me gusta el proletariado, me gusta la mina popular ¿viste?, la tica bien tica.
Mientras el padre tiempos desgranaba sus soliloquios de erudito, yo miraba por la ventana las calles del centro de Buenos Aires, escenario del perrerío más infernal que cualquier hombre pueda soñar jamás.
Al medio día fuimos a Guerrín a comer pizza y tomar vino, Timoteo me hizo llevarlo cuando le dije que hasta allí había seguido a Zorbich la primera noche.
No sé si lo mencioné, pero la pizzería Guerrín es el reducto de la fauna más freeck de Buenos Aires, lo cual ya es mucho, pero mucho decir.
Mi amigo sugirió, y no pude sino estar de acuerdo, abocarnos al asunto que nos preocupaba, que no era menor, pues como ya sabemos, Keller Zorbich estaba vivo en algún lugar y tramaba el tan mentado, y nunca bien ponderado, fin del mundo.
Dijo que a partir de ese momento, lo mejor sería estar constantemente en contácto, entonces intercambiamos los numeros de celulares, y me propuso, dada la gravedad del asunto, ponerle al mío el mismo ring tone que tenía él para el suyo, le hize una llamada pedida para saber de que se trataba, y al sonar su celular, una voz urgente se hacía escuchar diciendo: -¡¡¡atendeme hijo de puta, ¿estás ahí?!!!
Nunca me llevé bien con todos estos adelantos tecnológicos, pero me hizo destornillar de la risa y adopté su ring tone.
Al pedir el segundo litro de tinto de la casa, nos habíamos olvidado de Zorbich y nos dedicabamos a divagar sobre poétas y pintores.
Timoteo insistía en defenestrar a Juan Gelman y Guillermo Kuitca, yo en defenderlos.
Después recitó de memoria un poéma de Jorge Bocanera, según dijo, del libro "sordomuda". El poéma no estaba nada mal.
Al anochecer salimos de Gerrín y nos fuimos de bar en bar recorriendo la ciudad hasta llegar a La Boca. El alba muy nublada nos encontró en el puerto, debajo del puente de hierro, cerca de la calle caminito.
Hicimos silencio por espacio de una media hora apróximadamente. De repente el padre tiempos rompió aquel silencio, y levantando los puños al cielo gritó: -¡Zorbich, hijo de puta, vengo a por tu alma!
Y de repente un trueno, seguido de un rayo, seguido a su vez de una tormenta que duró todo ese día, irrumpió en la ciudad de Buenos Aires, escenario involuntario de la batalla que decidiría, tal vez, el destino de la raza humana sobre la tierra.
Nos fuimos al hotel, cuando llegamos a la puerta de su habitación le pedí que me mostrara la pierna y accedió, lo que pude ver me dejó perplejo, de aquel aparato centellaban unas luces de colores brillantes y emitía un ruidito simpático, Timoteo sonreía complacido y la acariciaba diciendo: este es el secreto mejor guardado de la tecnología cubana nene, Fidel me encargó personalmente que lo pruebe.
Después nos fuimos a dormir.
Al otro día desayunamos tafirol y té con limón, por la tarde me fuí a verla a Tatiana, llovía y no se podía estar en la calle buscando a Zorbich ni a nadie.
Después de hacer el amor como pocas veces en la vida con ella, nos quedamos tendidos, ella se durmió y yo miraba el techo, me puse a pensar, si acaso Tatiana o cualquier otra persona, podría dormir con aquella paz si supiera del peligro que nos hacechaba. Después me dormí yo.
Tuve un sueño, no se si calificarlo de extraño, o de sumamente extraño, me inclino por lo último.
Soñe que Paul Mc carney aparecía en una propaganda de televisión, hablando sobre su campaña en contra de la industria vacuna y el consumo irrestricto de carne, decía que la mejor manera de mantener vivo el recuerdo de su difunta Linda era concientizandonos a todos sobre estos temas, sobre la toxicidad de aquella industria y sus nefastas consecuencias.
Según pude entender, el secreto está en los gases que emiten las vacas, ya que sus pedos en proporciones industriales, son incluso más malignos que los automóviles o los desodorantes, para la salud de nuestra atmósfera, valla, pensé dormido, seguro que no faltará el idiota que se ría con algo tan serio.
Desperté con la amarga sensación, de que si acaso las revelaciones de mi sueño fueran ciertas, las pobres vacas y sus pedos serían tal vez más peligrosas que Zorbich y su ejército clonado y robótico, en tal caso, todo lo que aquí se cuenta no sería más que un oportunista relato, en busca de lectores ingenuos, y que utilizando el recurso tan en boga de la caza de nazis, pasa por alto problemas ecológicos profundos.
Luego pensé en lo ridículo de la post-modernidad.
En el advenimiento de la Hipermodernidad.
En como se confunden tanto las cosas llegado cierto punto.
En Timoteo Sarduy.
En Keller Zorbich.
En la pobre y difunta Linda Mc carney.
En Estrella.
En Tatiana, con ese hermoso culo a mi lado, reposando ajena a todo esto.
En el futuro.
En otros planetas.
Pensé incluso, en no pensar, en que tal vez lo único que necesitaba era caminar por la ciudad oscura y fría para apaciguar mi mente.
Luego tomé a Tatiana por la cintura y le descerrajé el culo y la concha a pijazos, ella se despertó y se regó incontables veces.
También me pasó el dato de media docena de lugares donde, ni por asomo, devería ocurrirseme pedir, ya no solo esa, sino ninguna comida. Le dije que no estaba en mis planes volver por un buen rato, pero llegado el caso, lo buscaría para refrescarme la memoria.
Después me habló de las tres o cuatro diferencias básicas, entre las empanadas ticas y las argentinas, que eso merecía un capítulo aparte, dijo.
- Para empezar nene, la empanada tica no es de harina de trigo, sino de maíz, eso ya lo sabés, y es estríctamente frita. Las diferencias más sutiles están en los rellenos, las ticas tienen cuatro sabores básicos, de papa con picadillo de carne, o de frijol, o de frijol con queso, o de pollo, muy pocas veces de carne, pero en ese caso es de carne en hebras, nunca carne picada. También está la opción de la empanada arreglada con repollo blanco, mejor si este está bien rallado, a la que además se le agregan salsa de tomate y mayonesa, salsa inglesa, tabasco, en fin...
Una cosa llevó a la otra, y siguió la charla hablando de mujeres.
-Escuchame lo que te digo nene, la mujer tica está cada vez más globalizada, vive a la moda, sobre todo en San José, se ha mimetizado con la mujer global, esa que es igual en todos lados. Pero a mi, ¿que querés que te diga?, a mi me gusta el proletariado, me gusta la mina popular ¿viste?, la tica bien tica.
Mientras el padre tiempos desgranaba sus soliloquios de erudito, yo miraba por la ventana las calles del centro de Buenos Aires, escenario del perrerío más infernal que cualquier hombre pueda soñar jamás.
Al medio día fuimos a Guerrín a comer pizza y tomar vino, Timoteo me hizo llevarlo cuando le dije que hasta allí había seguido a Zorbich la primera noche.
No sé si lo mencioné, pero la pizzería Guerrín es el reducto de la fauna más freeck de Buenos Aires, lo cual ya es mucho, pero mucho decir.
Mi amigo sugirió, y no pude sino estar de acuerdo, abocarnos al asunto que nos preocupaba, que no era menor, pues como ya sabemos, Keller Zorbich estaba vivo en algún lugar y tramaba el tan mentado, y nunca bien ponderado, fin del mundo.
Dijo que a partir de ese momento, lo mejor sería estar constantemente en contácto, entonces intercambiamos los numeros de celulares, y me propuso, dada la gravedad del asunto, ponerle al mío el mismo ring tone que tenía él para el suyo, le hize una llamada pedida para saber de que se trataba, y al sonar su celular, una voz urgente se hacía escuchar diciendo: -¡¡¡atendeme hijo de puta, ¿estás ahí?!!!
Nunca me llevé bien con todos estos adelantos tecnológicos, pero me hizo destornillar de la risa y adopté su ring tone.
Al pedir el segundo litro de tinto de la casa, nos habíamos olvidado de Zorbich y nos dedicabamos a divagar sobre poétas y pintores.
Timoteo insistía en defenestrar a Juan Gelman y Guillermo Kuitca, yo en defenderlos.
Después recitó de memoria un poéma de Jorge Bocanera, según dijo, del libro "sordomuda". El poéma no estaba nada mal.
Al anochecer salimos de Gerrín y nos fuimos de bar en bar recorriendo la ciudad hasta llegar a La Boca. El alba muy nublada nos encontró en el puerto, debajo del puente de hierro, cerca de la calle caminito.
Hicimos silencio por espacio de una media hora apróximadamente. De repente el padre tiempos rompió aquel silencio, y levantando los puños al cielo gritó: -¡Zorbich, hijo de puta, vengo a por tu alma!
Y de repente un trueno, seguido de un rayo, seguido a su vez de una tormenta que duró todo ese día, irrumpió en la ciudad de Buenos Aires, escenario involuntario de la batalla que decidiría, tal vez, el destino de la raza humana sobre la tierra.
Nos fuimos al hotel, cuando llegamos a la puerta de su habitación le pedí que me mostrara la pierna y accedió, lo que pude ver me dejó perplejo, de aquel aparato centellaban unas luces de colores brillantes y emitía un ruidito simpático, Timoteo sonreía complacido y la acariciaba diciendo: este es el secreto mejor guardado de la tecnología cubana nene, Fidel me encargó personalmente que lo pruebe.
Después nos fuimos a dormir.
Al otro día desayunamos tafirol y té con limón, por la tarde me fuí a verla a Tatiana, llovía y no se podía estar en la calle buscando a Zorbich ni a nadie.
Después de hacer el amor como pocas veces en la vida con ella, nos quedamos tendidos, ella se durmió y yo miraba el techo, me puse a pensar, si acaso Tatiana o cualquier otra persona, podría dormir con aquella paz si supiera del peligro que nos hacechaba. Después me dormí yo.
Tuve un sueño, no se si calificarlo de extraño, o de sumamente extraño, me inclino por lo último.
Soñe que Paul Mc carney aparecía en una propaganda de televisión, hablando sobre su campaña en contra de la industria vacuna y el consumo irrestricto de carne, decía que la mejor manera de mantener vivo el recuerdo de su difunta Linda era concientizandonos a todos sobre estos temas, sobre la toxicidad de aquella industria y sus nefastas consecuencias.
Según pude entender, el secreto está en los gases que emiten las vacas, ya que sus pedos en proporciones industriales, son incluso más malignos que los automóviles o los desodorantes, para la salud de nuestra atmósfera, valla, pensé dormido, seguro que no faltará el idiota que se ría con algo tan serio.
Desperté con la amarga sensación, de que si acaso las revelaciones de mi sueño fueran ciertas, las pobres vacas y sus pedos serían tal vez más peligrosas que Zorbich y su ejército clonado y robótico, en tal caso, todo lo que aquí se cuenta no sería más que un oportunista relato, en busca de lectores ingenuos, y que utilizando el recurso tan en boga de la caza de nazis, pasa por alto problemas ecológicos profundos.
Luego pensé en lo ridículo de la post-modernidad.
En el advenimiento de la Hipermodernidad.
En como se confunden tanto las cosas llegado cierto punto.
En Timoteo Sarduy.
En Keller Zorbich.
En la pobre y difunta Linda Mc carney.
En Estrella.
En Tatiana, con ese hermoso culo a mi lado, reposando ajena a todo esto.
En el futuro.
En otros planetas.
Pensé incluso, en no pensar, en que tal vez lo único que necesitaba era caminar por la ciudad oscura y fría para apaciguar mi mente.
Luego tomé a Tatiana por la cintura y le descerrajé el culo y la concha a pijazos, ella se despertó y se regó incontables veces.
sábado, 22 de enero de 2011
capítulo treinta y uno
Cuando salí no había nadie, ni en el hall de entrtada, ni en el baño, ni en la calle, ni una sola alma, para colma llovía.
Caminé bajo los techos mientras pude, lo mismo que nada, un par de cuadras antes de llgar a la Avenida de Mayo, en una callejuela oscura, alguien chistó, torcí el cuello en esa dirección y me estremecí, bajo un umbral estaba Zorbich, que con una mirada penetrante y vos profunda me preguntó: -¿me buscabas a mi pive?
La visión duró un par de segundos, pues un fuerte golpe que me asestaron en la nuca me hizo desmayar.
Cuando me desperté el sol me daba fuerte en la cara, me dolía la nuca y la cabeza, y al parecer me habían golpeado más que eso, pero pude incorporarme y vi que me habían tirado en un basural, un terreno baldío cerca de donde encontré a zorbich, y a quien quiera que fuera que lo acompañase
Salí de allí llamando la atención de los transeúntes, consulté mi reloj: las dos de la tarde, no fui a buscar a Timoteo al aeropuerto.
Pero cuando llegué al hotel él me esperaba a mí.
- ¿Que te pasó che? pensé que me ibas a estar esperando, ¡como te dieron!, ya sé, no me digas nada: Keller te cagó a palos y huyó.
- Casi, fué alguien que estaba con él pero no lo pude ver.
- bueno, no te preocupes, el ya te encontró a vos, y cuando se entere de que yo vine, si acaso ya no lo sabe, va a volver a atacar, se va a armar una buena y tenemos que estar preparados. ¿por que mejor no te vas a descansar?, no te ves nada bien.
El padre tiempos estaba igual o mejor que hacía diez años, la única diferencia notoria, a su favor también, era una prótesis en la pierna que le faltaba, la cual acariciaba con placer mientras me decía: -mirá, ¿te gusta mi bebé?.
Me fuí a duchar y a dormir, dejé a Timoteo en La Colonial tomando un aperitivo con ingredientes.
Pasadas las doce de la noche me desperté de mi siesta, fuimos a cenar al mismo lugar y me puso más o menos al tanto de los devenires de mi lejano país, en el que, según sus palabras, siempre pasan cosas interesantes, y no es que yo no le creyera, era solo que no opinaba igual.
Finalizó su exposición diciendo: -espero terminar pronto con el trámite Zorbich, no quiero estar acá cuando venga el infierno, digo, el invierno, ¿como hacés para aguantarte el frío nene?
No sabiendo muy bien que responder, acudí a mi manual de frases hechas diciendo algo así como: -bueno, nadie es profeta en su tierra, o: peór es el invierno del alma, o alguna estupidez por el estilo.
Luego de un silencio me preguntó: -¿y estás escribiendo algo?
- No, me publicaron un par de libros y después me trabé, estoy entrevistando escritores para una revista.
Después de la comida, que consistió en sendos pasteles de papa y vino de la casa, fuimos al grano, Timoteo me contó las andanzas de Zorbich, durante más de dos horas me relató una historia que, en cualquier otra circunstancia hubiese sonado increíble, pero a aquella altura del partido, mi mente yá había creado todo tipo de anticuerpos contra el escepticísmo: nada me resultaba imposible. Empezó así: -nene, esto que te voy a contar es; LA VERDAD DE LA MILANESA.
¿sabés algo sobre los últimos adelantos de la ciencia en cuanto a clonación y robótica?
- Algo, lo que sale en los diarios.
- Te pregunto porque el grueso de la gente, cuando se habla de estos temas se piensan que uno está un poco tocado. ¿Vos como lo ves?
- bueno..., medianamente infomado etoy, como te dije, sé lo que está pasando hasta cierto punto.
- La cosa es así: con Hitler en el poder, los alemanes avanzaron mucho en esos campos, si bien ellos filtraron mucha información sobre teorías ridículas con las que decían estar experimentando, se guardaron muy bien la información valiosa, porque eran cualquier cosa menos boludos, y los que sobrevivieron a la guerra y lograron escapar de la justicia, como Keller, siguieron en esa línea de inverstigación.
Pidió mas vino al corroborar que no quedaba una gota y siguió: - si decís que algo sabés, suopongo que no te digo nada nuevo si te digo que en general, los científicos, no siempre le dicen a los diarios o los noticieros todo lo que han avanzado, solamente tiran alguna punta, a ver: si vimos en la tele a la oveja Dolly, podemos apostar dinero con los ojos cerrados, a que ya hay entre nosotros experimentos de clonación humana, si nos enteramos de que la Sony presentó en sociedad, en la última exposición de robótica en Tokyo, su prototipo de robot para este siglo que viene, tenemos que dar por hecho que el año que viene los empiezan a fabricar en serie, Terminator ya no es solo una ingenua película...
Después de más vino continuó con una pequeña historia de la genética y la robótica, el descubrimiento del A.D.N, y confieso que bostezé un poco, a pesar del entendible entusiasmo de Timoteo, pero aún dormido como estaba, llegué a escuchr cosas sueltas: el aterrizaje en La Luna, Stanley Kubric, grandes mentiras... cuando me recuperé, ya Timoteo parecía estar terminando.
- En definitiva, mi querido Rubén Arrieta, los únicos tipos que reálmente avanzaron fusionando ambos campos han sido los nazis, y no me extrañarían tres cosas: 1. que no sea uno, sino varios Keller Zorbich los que nos hacechan, 2. que estos no séan solamente clones, sino también robots...
Luego se quedó pensando, buscando provocar en mí un efécto de ansiedad, lo cual no le costó mucho, y le pregunté: -¿y la tercera cosa?
-la tercera cosa, Rubén, es la más nefásta de todas, pues mucho me temo que en algún lugar de este país, hay un ejército de pequeños retoños de Adolf Hitler, mitad robots, mitad quien sabe qué, esperando para conquistar el mundo, no sé si me explico: ¡Huston, tenemos un problema!
La cara de loco que puso cuando dijo esto último, logró asustar al mozo, que en ese momento nos dejaba la cuenta en la mesa, haciendonos entender que yá cerraban.
Estabamos cansados, pagamos y nos fuimos a dormir.
En el camino al hotel lo felicité por su nueva pierna, a decir verdad no había reparado mucho en ella, era un artefacto asombroso.
Caminé bajo los techos mientras pude, lo mismo que nada, un par de cuadras antes de llgar a la Avenida de Mayo, en una callejuela oscura, alguien chistó, torcí el cuello en esa dirección y me estremecí, bajo un umbral estaba Zorbich, que con una mirada penetrante y vos profunda me preguntó: -¿me buscabas a mi pive?
La visión duró un par de segundos, pues un fuerte golpe que me asestaron en la nuca me hizo desmayar.
Cuando me desperté el sol me daba fuerte en la cara, me dolía la nuca y la cabeza, y al parecer me habían golpeado más que eso, pero pude incorporarme y vi que me habían tirado en un basural, un terreno baldío cerca de donde encontré a zorbich, y a quien quiera que fuera que lo acompañase
Salí de allí llamando la atención de los transeúntes, consulté mi reloj: las dos de la tarde, no fui a buscar a Timoteo al aeropuerto.
Pero cuando llegué al hotel él me esperaba a mí.
- ¿Que te pasó che? pensé que me ibas a estar esperando, ¡como te dieron!, ya sé, no me digas nada: Keller te cagó a palos y huyó.
- Casi, fué alguien que estaba con él pero no lo pude ver.
- bueno, no te preocupes, el ya te encontró a vos, y cuando se entere de que yo vine, si acaso ya no lo sabe, va a volver a atacar, se va a armar una buena y tenemos que estar preparados. ¿por que mejor no te vas a descansar?, no te ves nada bien.
El padre tiempos estaba igual o mejor que hacía diez años, la única diferencia notoria, a su favor también, era una prótesis en la pierna que le faltaba, la cual acariciaba con placer mientras me decía: -mirá, ¿te gusta mi bebé?.
Me fuí a duchar y a dormir, dejé a Timoteo en La Colonial tomando un aperitivo con ingredientes.
Pasadas las doce de la noche me desperté de mi siesta, fuimos a cenar al mismo lugar y me puso más o menos al tanto de los devenires de mi lejano país, en el que, según sus palabras, siempre pasan cosas interesantes, y no es que yo no le creyera, era solo que no opinaba igual.
Finalizó su exposición diciendo: -espero terminar pronto con el trámite Zorbich, no quiero estar acá cuando venga el infierno, digo, el invierno, ¿como hacés para aguantarte el frío nene?
No sabiendo muy bien que responder, acudí a mi manual de frases hechas diciendo algo así como: -bueno, nadie es profeta en su tierra, o: peór es el invierno del alma, o alguna estupidez por el estilo.
Luego de un silencio me preguntó: -¿y estás escribiendo algo?
- No, me publicaron un par de libros y después me trabé, estoy entrevistando escritores para una revista.
Después de la comida, que consistió en sendos pasteles de papa y vino de la casa, fuimos al grano, Timoteo me contó las andanzas de Zorbich, durante más de dos horas me relató una historia que, en cualquier otra circunstancia hubiese sonado increíble, pero a aquella altura del partido, mi mente yá había creado todo tipo de anticuerpos contra el escepticísmo: nada me resultaba imposible. Empezó así: -nene, esto que te voy a contar es; LA VERDAD DE LA MILANESA.
¿sabés algo sobre los últimos adelantos de la ciencia en cuanto a clonación y robótica?
- Algo, lo que sale en los diarios.
- Te pregunto porque el grueso de la gente, cuando se habla de estos temas se piensan que uno está un poco tocado. ¿Vos como lo ves?
- bueno..., medianamente infomado etoy, como te dije, sé lo que está pasando hasta cierto punto.
- La cosa es así: con Hitler en el poder, los alemanes avanzaron mucho en esos campos, si bien ellos filtraron mucha información sobre teorías ridículas con las que decían estar experimentando, se guardaron muy bien la información valiosa, porque eran cualquier cosa menos boludos, y los que sobrevivieron a la guerra y lograron escapar de la justicia, como Keller, siguieron en esa línea de inverstigación.
Pidió mas vino al corroborar que no quedaba una gota y siguió: - si decís que algo sabés, suopongo que no te digo nada nuevo si te digo que en general, los científicos, no siempre le dicen a los diarios o los noticieros todo lo que han avanzado, solamente tiran alguna punta, a ver: si vimos en la tele a la oveja Dolly, podemos apostar dinero con los ojos cerrados, a que ya hay entre nosotros experimentos de clonación humana, si nos enteramos de que la Sony presentó en sociedad, en la última exposición de robótica en Tokyo, su prototipo de robot para este siglo que viene, tenemos que dar por hecho que el año que viene los empiezan a fabricar en serie, Terminator ya no es solo una ingenua película...
Después de más vino continuó con una pequeña historia de la genética y la robótica, el descubrimiento del A.D.N, y confieso que bostezé un poco, a pesar del entendible entusiasmo de Timoteo, pero aún dormido como estaba, llegué a escuchr cosas sueltas: el aterrizaje en La Luna, Stanley Kubric, grandes mentiras... cuando me recuperé, ya Timoteo parecía estar terminando.
- En definitiva, mi querido Rubén Arrieta, los únicos tipos que reálmente avanzaron fusionando ambos campos han sido los nazis, y no me extrañarían tres cosas: 1. que no sea uno, sino varios Keller Zorbich los que nos hacechan, 2. que estos no séan solamente clones, sino también robots...
Luego se quedó pensando, buscando provocar en mí un efécto de ansiedad, lo cual no le costó mucho, y le pregunté: -¿y la tercera cosa?
-la tercera cosa, Rubén, es la más nefásta de todas, pues mucho me temo que en algún lugar de este país, hay un ejército de pequeños retoños de Adolf Hitler, mitad robots, mitad quien sabe qué, esperando para conquistar el mundo, no sé si me explico: ¡Huston, tenemos un problema!
La cara de loco que puso cuando dijo esto último, logró asustar al mozo, que en ese momento nos dejaba la cuenta en la mesa, haciendonos entender que yá cerraban.
Estabamos cansados, pagamos y nos fuimos a dormir.
En el camino al hotel lo felicité por su nueva pierna, a decir verdad no había reparado mucho en ella, era un artefacto asombroso.
viernes, 21 de enero de 2011
capítulo treinta
Salí del edificio y me metí en un locutorio para hablar con Timoteo, pero me dió ocupado en el primer intento y nadie atendió en el segundo, lo intenté otra vez pero tampoco nada.
Caminé varias cuadras y volví a insistir, pasó lo mismo, o sea: primero ocupado y luego nada, nadie. Todas las veces que llamé esa tarde pasó lo mismo, con una ligera variante, la primera vez nadie y la segunda ocupado. Pasé varias horas así hasta que al caér la tarde le mandé un mail, estaba ansioso por ver la cara que pondría al enterarse: -¡¡¡urgente para el Padre Tiempos!!!, Keller Zorbich está vivo en Buenos Aires, o eso me temo, por favor espero instrucciones lo más rápido posible.
Luego deambulé como un zombi tratando de dar con el aparecido, pero no.
Al otro día por la mañana aún no había respuesta, volví a llamar y me atendió al primer intento, no había leído mi mail, nunca revisa los correos, le dije la noticia y el me contestó que ya lo sospechaba.
Las instrucciones fueron buscarlo sin descanso y esperar la llegada suya, trataría de conseguir pasaje para ese mismo día ó el siguiente. Cuando lo llamé al día siguiente no atendió, me había dejado un mail diciendo que seguramente ya estaría de viaje cuando lo leyera y que llegaba en treinta y seis horas en un vuelo de Taca vía Lima.
Era miercoles, me sentí aliviado, pero no me imaginaba ni por asomo la guerra que se acababa de desatar, lo que podría ser, pero no, la batalla final entre Zorbich y Timoteo Sarduy, un fin de época con bombos y platillos si los hay.
Aquella noche Zorbich se me había escapado, es decir, tuve que dejarlo ir, la maldición de la picha dura y todo eso. Como todavía faltaba la noche del miercoles y todo el jueves para la llegada del padre tiempos, decidí dedicarme a hacer un rastrillaje por la ciudad, tal vez el microcentro y la zona del bajo, ya que no sabía donde empezar me dejé guiar por mi intuición, aquel recurso que el mismo Keller me había enseñado a contemplar.
La busqueda de esa primera noche fué exaustiva pero estéril.
Caminé el bajo desde Parque Lezama hasta el Museo de Bellas Artes, volví por recoleta hasta Corrientes y Callao, luego al obelisco, la noche estaba espléndida.
Recorrí también algunas calles aledañas, pasé por Congreso, tomé la Avenida de Mayo, era otoño, a mi parecer la estación más bella en esa ciudad, de los árboles cáen las hojas secas y corre un viento frío pero gentil, hay una cierta garúa, es el escenario perfecto para una buena trama de suspenso, con esa tenue luz amarillenta que se refleja en los adoquines del barrio de San Telmo.
Y el escenario perfecto también para el amor. De nuevo en el bajo me había subido inconscientemente, o no, en un colectivo de la linea 152, y casi sin darme cuenta me había bajado a dos cuadras de la casa de Tatiana, me sentía rendido, necesitaba una cama y una mujer para relajarme, enseguida estuve frente a su edificio, eran las tres de la mañana cuando toqué el timbre, y su calida voz sonó por el frío portero eléctrico.
Pasamos una hermosa velada romántica.
Me levanté a la una de la tarde, ella estaba hablando por teléfono con alguno de los productores del teatro de revistas, un viejo verde que además era dueño y señor de varios programas telvisivos desde hacía varias décadas, y de cuyo nombre no quisiera acordarme, cuando colgó fornicamos a gusto en el sillón.
Después nos enjabonamos en el baño bajo la ducha.
- ¿Me estás escribiendo un poema?
- Si, es un soneto largísimo, te va a encantar.
La di vuelta y la penetré por atrás.
Luego de comer una pizza que encargamos, la mayoría ella, salí a la calle y reanudé la búsqueda.
Esta vez rrecorrí gran parte de Buenos Aires pero debajo de la tierra, en el subterraneo, también Caminé por Belgrano, luego Constitución, más tarde Almagro, nada de Zorbich.
Ya cansado al anochecer entré al cine arteplex, en diagonal norte frente al ovelisco, y me quedé dormido, solo recuerdo que daban una película de David Lynch que ya había visto, las vi todas, pero no recuerdo cual era.
Soñe con el padre tiempos que me decía: -¿lo encontráste a Keller nene, o te quedaste dormido?, entonces desperté sobresaltado y sentí una presencia en la sala casi vacía, alguien me estaba obsevando, me dí vuelta y ví que una sombra salía, ¿Zorbich?.
Me levanté y fuí tras él.
Caminé varias cuadras y volví a insistir, pasó lo mismo, o sea: primero ocupado y luego nada, nadie. Todas las veces que llamé esa tarde pasó lo mismo, con una ligera variante, la primera vez nadie y la segunda ocupado. Pasé varias horas así hasta que al caér la tarde le mandé un mail, estaba ansioso por ver la cara que pondría al enterarse: -¡¡¡urgente para el Padre Tiempos!!!, Keller Zorbich está vivo en Buenos Aires, o eso me temo, por favor espero instrucciones lo más rápido posible.
Luego deambulé como un zombi tratando de dar con el aparecido, pero no.
Al otro día por la mañana aún no había respuesta, volví a llamar y me atendió al primer intento, no había leído mi mail, nunca revisa los correos, le dije la noticia y el me contestó que ya lo sospechaba.
Las instrucciones fueron buscarlo sin descanso y esperar la llegada suya, trataría de conseguir pasaje para ese mismo día ó el siguiente. Cuando lo llamé al día siguiente no atendió, me había dejado un mail diciendo que seguramente ya estaría de viaje cuando lo leyera y que llegaba en treinta y seis horas en un vuelo de Taca vía Lima.
Era miercoles, me sentí aliviado, pero no me imaginaba ni por asomo la guerra que se acababa de desatar, lo que podría ser, pero no, la batalla final entre Zorbich y Timoteo Sarduy, un fin de época con bombos y platillos si los hay.
Aquella noche Zorbich se me había escapado, es decir, tuve que dejarlo ir, la maldición de la picha dura y todo eso. Como todavía faltaba la noche del miercoles y todo el jueves para la llegada del padre tiempos, decidí dedicarme a hacer un rastrillaje por la ciudad, tal vez el microcentro y la zona del bajo, ya que no sabía donde empezar me dejé guiar por mi intuición, aquel recurso que el mismo Keller me había enseñado a contemplar.
La busqueda de esa primera noche fué exaustiva pero estéril.
Caminé el bajo desde Parque Lezama hasta el Museo de Bellas Artes, volví por recoleta hasta Corrientes y Callao, luego al obelisco, la noche estaba espléndida.
Recorrí también algunas calles aledañas, pasé por Congreso, tomé la Avenida de Mayo, era otoño, a mi parecer la estación más bella en esa ciudad, de los árboles cáen las hojas secas y corre un viento frío pero gentil, hay una cierta garúa, es el escenario perfecto para una buena trama de suspenso, con esa tenue luz amarillenta que se refleja en los adoquines del barrio de San Telmo.
Y el escenario perfecto también para el amor. De nuevo en el bajo me había subido inconscientemente, o no, en un colectivo de la linea 152, y casi sin darme cuenta me había bajado a dos cuadras de la casa de Tatiana, me sentía rendido, necesitaba una cama y una mujer para relajarme, enseguida estuve frente a su edificio, eran las tres de la mañana cuando toqué el timbre, y su calida voz sonó por el frío portero eléctrico.
Pasamos una hermosa velada romántica.
Me levanté a la una de la tarde, ella estaba hablando por teléfono con alguno de los productores del teatro de revistas, un viejo verde que además era dueño y señor de varios programas telvisivos desde hacía varias décadas, y de cuyo nombre no quisiera acordarme, cuando colgó fornicamos a gusto en el sillón.
Después nos enjabonamos en el baño bajo la ducha.
- ¿Me estás escribiendo un poema?
- Si, es un soneto largísimo, te va a encantar.
La di vuelta y la penetré por atrás.
Luego de comer una pizza que encargamos, la mayoría ella, salí a la calle y reanudé la búsqueda.
Esta vez rrecorrí gran parte de Buenos Aires pero debajo de la tierra, en el subterraneo, también Caminé por Belgrano, luego Constitución, más tarde Almagro, nada de Zorbich.
Ya cansado al anochecer entré al cine arteplex, en diagonal norte frente al ovelisco, y me quedé dormido, solo recuerdo que daban una película de David Lynch que ya había visto, las vi todas, pero no recuerdo cual era.
Soñe con el padre tiempos que me decía: -¿lo encontráste a Keller nene, o te quedaste dormido?, entonces desperté sobresaltado y sentí una presencia en la sala casi vacía, alguien me estaba obsevando, me dí vuelta y ví que una sombra salía, ¿Zorbich?.
Me levanté y fuí tras él.
capítulo veintinueve
Volviendo ahora a la calle Corrientes, recordemos que yo me había propuesto un seguimiento del grupo aquel donde había descubierto a Zorbich, a una distancia que creí, erroneamente, prudencial,hasta que entraron en la pizzería Guerrín y se acomodaron en la barra a comer pizza con fainá de parado y tomar moscato, creo. El viejo brujo aventajó a todos pues se zampó varios vasos y porciones, poniendose enseguida dicharachero y jodón.
Cuando pasado poco más de una hora ellos salieron, y yo pretendia seguir con mi espionaje, ocurrió un imprevisto, una infartante rubia de esas que solo se ven en Buenos Aires, salía de algún teatro banboleando su monumental culo a diestra y siniestra, parecía bailarina, con aquellas increíbles piernas, para colmo de males, al decirle yo un piropo ocurrió lo imprevisible, la muy zorra me sonrió, captando así mi completa atención, que antes estaba concentrada en el grupo que salía de la pizzería.
La maldición de la verga dura ejercía su poder en mí, los que la conocen saben de lo que hablo, no te deja razonar ni pensar en otra cosa.
Me hacerqué a la rubia y ella seguía sonriendo, en mi cara se había dibujado el equilibrio perfecto entre hombre de mundo experimentado, y tonto romántico tomado por asalto, mi verga acompañaba cada latido de mi corazón, latía también, y entonces le pregunté: -perdón, ¿te conozco?
A lo que ella contestó con apariencia sumisa: -no, pero yo a vos si.
- ¿Y de donde me conocés?
-¿no sos poeta?, el otro día te ví en un recital de poesía en el teatro San Martín, tengo tu libro.
-Así que te gusta la poesía.
-si, mucho, ¿me firmás el libro porfa?
Dijo, sacándolo de su cartera, se lo firmé.
La invité a tomar algo y aceptó, y en aquel momento volví a escuchar la voz del brujo a mis espaldas: -¡bueno, pero la próxima vez comemos ranas!.
Me dí vuelta, esta vez nuestras miradas se enfrentaron desafiantes, como diciendo yo, o más bien pensando: -te conozco y vos a mi, esto no se va a quedar acá, nazi de mierda.
Y como diciendo, o pensando él: -esta vez te mato en serio, negrito culo roto.
Pero ambos seguimos con lo nuestro, él con su grupo, yo con la bailarina tetona que después dijo llamarse Tatiana, pero que le podía decir tati, y que en ese momento me preguntó asustada:
-¿que te pasa, viste un fantasma?
A lo que contesté: -si, veo fantásmas hasta en la sopa, es un problema intimamente relacionado con el acto de la escritura, "veo gente muerta", ¿a donde vamos?.
- Donde te parezca, pero rápido porque tengo hambre.
Entramos en Guerrín y pedimos lo mismo que Keller y su tropa, ella comió con avidez,
pudiendo haber competido con aquel en eso, incluso cuando después se puso dicharachera y jodona, valla si gozó como una loquita.
Aquel perfume francés y su pelo rubio taladraron mi cerebro toda la noche, y arremetí contra sus nalgas a los cahetazos mientas ella se venía una y otra vez, y otra más...
Tener mis libros en calle Corrientes y dar recitales no me deparaba dinero, pero si otros placeres.
Luego de un intenso y sostenido ultimo round ambos quedamos dormidos en su cama, pues habíamos ido a su departamento, un lugar a todo trapo en avenida Santa Fé al que, que según me dijo después, se había ganado trabajando con su cuerpo, o más bien con una parte específica de este.
Cuando desperté a la mañana siguinte, lo primero que ví fué el hermoso culo de tati desfilando en baby doll y tacos altos por la habitación, mientras abría las persianas y se dirigía a la ducha invitandome a enjabonarla. No la hice esperar demasiado.
Luego preparó jugo de naranja, y mientras lo bebimos preguntó: -¿café o mate?
-Mi condición de nacido en Costa Rica me impide empezar el día con otro brebaje o líquido que no sean café, jugo de fruta o guaro, nuestra bebida nacional (le respondí).
Pero cuando me dispuse a saborar el humeante yodo que me había preparado, los acontecimientos de la noche anterior acudieron en tropel a mi memoria, Zorbich estaba vivo, y suelto, en algún lugar de Buenos Aires, tenía que comunicarme a Costa Rica con Timoteo de manera urgente, así que le pedí disculpas a la niña, le dí un beso y me despedí.
Antes de llegar al ascensor, oí su quejumbrosa voz por el pasillo que clamaba: -¡te perdono si me escribís un poéma!
Volví sobre mis pasos y le juré todo un libro para ella sola, juramento que sabía ya de antemano falso, pues entonces solo una mujer merecía mi inspiración, y luego dos, pero ninguna era ella.
Cuando pasado poco más de una hora ellos salieron, y yo pretendia seguir con mi espionaje, ocurrió un imprevisto, una infartante rubia de esas que solo se ven en Buenos Aires, salía de algún teatro banboleando su monumental culo a diestra y siniestra, parecía bailarina, con aquellas increíbles piernas, para colmo de males, al decirle yo un piropo ocurrió lo imprevisible, la muy zorra me sonrió, captando así mi completa atención, que antes estaba concentrada en el grupo que salía de la pizzería.
La maldición de la verga dura ejercía su poder en mí, los que la conocen saben de lo que hablo, no te deja razonar ni pensar en otra cosa.
Me hacerqué a la rubia y ella seguía sonriendo, en mi cara se había dibujado el equilibrio perfecto entre hombre de mundo experimentado, y tonto romántico tomado por asalto, mi verga acompañaba cada latido de mi corazón, latía también, y entonces le pregunté: -perdón, ¿te conozco?
A lo que ella contestó con apariencia sumisa: -no, pero yo a vos si.
- ¿Y de donde me conocés?
-¿no sos poeta?, el otro día te ví en un recital de poesía en el teatro San Martín, tengo tu libro.
-Así que te gusta la poesía.
-si, mucho, ¿me firmás el libro porfa?
Dijo, sacándolo de su cartera, se lo firmé.
La invité a tomar algo y aceptó, y en aquel momento volví a escuchar la voz del brujo a mis espaldas: -¡bueno, pero la próxima vez comemos ranas!.
Me dí vuelta, esta vez nuestras miradas se enfrentaron desafiantes, como diciendo yo, o más bien pensando: -te conozco y vos a mi, esto no se va a quedar acá, nazi de mierda.
Y como diciendo, o pensando él: -esta vez te mato en serio, negrito culo roto.
Pero ambos seguimos con lo nuestro, él con su grupo, yo con la bailarina tetona que después dijo llamarse Tatiana, pero que le podía decir tati, y que en ese momento me preguntó asustada:
-¿que te pasa, viste un fantasma?
A lo que contesté: -si, veo fantásmas hasta en la sopa, es un problema intimamente relacionado con el acto de la escritura, "veo gente muerta", ¿a donde vamos?.
- Donde te parezca, pero rápido porque tengo hambre.
Entramos en Guerrín y pedimos lo mismo que Keller y su tropa, ella comió con avidez,
pudiendo haber competido con aquel en eso, incluso cuando después se puso dicharachera y jodona, valla si gozó como una loquita.
Aquel perfume francés y su pelo rubio taladraron mi cerebro toda la noche, y arremetí contra sus nalgas a los cahetazos mientas ella se venía una y otra vez, y otra más...
Tener mis libros en calle Corrientes y dar recitales no me deparaba dinero, pero si otros placeres.
Luego de un intenso y sostenido ultimo round ambos quedamos dormidos en su cama, pues habíamos ido a su departamento, un lugar a todo trapo en avenida Santa Fé al que, que según me dijo después, se había ganado trabajando con su cuerpo, o más bien con una parte específica de este.
Cuando desperté a la mañana siguinte, lo primero que ví fué el hermoso culo de tati desfilando en baby doll y tacos altos por la habitación, mientras abría las persianas y se dirigía a la ducha invitandome a enjabonarla. No la hice esperar demasiado.
Luego preparó jugo de naranja, y mientras lo bebimos preguntó: -¿café o mate?
-Mi condición de nacido en Costa Rica me impide empezar el día con otro brebaje o líquido que no sean café, jugo de fruta o guaro, nuestra bebida nacional (le respondí).
Pero cuando me dispuse a saborar el humeante yodo que me había preparado, los acontecimientos de la noche anterior acudieron en tropel a mi memoria, Zorbich estaba vivo, y suelto, en algún lugar de Buenos Aires, tenía que comunicarme a Costa Rica con Timoteo de manera urgente, así que le pedí disculpas a la niña, le dí un beso y me despedí.
Antes de llegar al ascensor, oí su quejumbrosa voz por el pasillo que clamaba: -¡te perdono si me escribís un poéma!
Volví sobre mis pasos y le juré todo un libro para ella sola, juramento que sabía ya de antemano falso, pues entonces solo una mujer merecía mi inspiración, y luego dos, pero ninguna era ella.
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