lunes, 7 de febrero de 2011

tercera parte crímenes de lesa humanidad capítulo cuarenta y dos

Podría empezar aclarando que me hubiera gustado, que lo que van a leer a continuación hubiese tenido un tratamiento más formal, más literario si se quiere, ya que el tema en cuestión lo merece, pero confieso que ya me ha tomado demasiado tiempo la novela que tienen entre manos, y fiel a mi propuesta de desnudar los procesos de la escritura, de borrar esa imprecisa línea que divide ficción y realidad, confieso que se hace más urgente terminar de una buena vez por todas con el asunto. Tal vez podría yo podar este relato al infinito, o darle alimento balanceado hasta hacerlo crecer de manera descomunal, en fin, mejorarlo o empeorarlo, sacar todo rastro de imperfección con procedimientos a mi alcance, etc, bla bla, bla... en definitiva, preferí mostrar mi alma (ya que eso es un relato, una porción del alma), terriblemente imperfecta, y aunque estoy en proceso de perfeccionarla, mejor dicho toda mi vioda es un proceso para ese fin, también estoy en un proceso para aceptarla tal cual es.
Tomense todo el asunto como un experimento al que pueden, y deben, completar en sus respectivas cabezas, o sea, imaginar las partes que no les gustan de mejor manera, imaginarlas como las habrían escrito ustedes, manosear la novela, discutir con el escritor, pensar que es malísimo, que por que mierda se embarcaron en esta trampa fangosa y resbalosa, o tal vez disfrutarlo de a ratos porque ya están metidos hasta el cuello, y no les queda más que seguir leyendo, ya que les prometí alto voltaje y tal vez cumpla.
Vamos al grano.
En el año 1986 un suceso aberrante sacudió las conciencias de los costarricenses, la masacre de Alajuelita.
Dos mujeres y cinco niñas, que habían asistido a un acto religioso en la famosa cruz ubicada en aquel cantón, fueron encontradas muertas, dos de las niñas violadas, todos los cadáveres apilados en orden, una al lado de la otra acostadas boca abajo, y cada una con las muñecas atadas hacia atrás. Todas asesinadas por la espalda, o fusiladas para ser más exáctos, ejecutadas sin ningún tipo de piedad. El escenario no encontraba indicios de que las víctimas hayan presentado algún tipo de contratiempo a su asesino, es de suponer que acataron las órdenes de este, o estos, por temor o prudencia, es decir, pensando que tal vez si accedían a sus ordenes se salvarían, o paralizadas por el miedo.
De todas las noticias a las que tuve acceso en mi vida (léase esto de modo literal, al decir todas me refiero a todas, la caída del muro de berlín, los bombardeos televisados en medio oriente, la plaza de Tian an mei sembrada de cadáveres, Avigaíl Guzmán enjaulado a la vista de todos, ¿en Londres? creo que si, vaya una época agitada que me-nos tocó), fué esa masacre la que más me marcó, y no solamente a mí, si no también a toda una generación de costarricenses. El símbolo de una época, si se quiere.
Tal vez el hecho de no haber sido resuelto jamás, es lo que convierte aquel macabro acto en algo tan fascinante, esa pesadilla recurrente, ese dejavú que vuelve cada vez que tenemos noticias de feminicidios en Ciudad Juarez, en algún remoto paraje del conurbano bonaerense argentino, o un agreste y frío lugar tal vez en Noruega, en fin, en cualquier lugar exótico, como Téxas ó Puente Vallecas.
Nosotros los ticos ya lo vivimos antes, nosotros lo inauguramos, cuando la palabra feminicidio no existía.
La incógnita que se me presenta ahora como escritor, y por lo tanto como investigador o analísta de lo social, es la siguiente: ¿por que accedemos a creer lo que nos dicen?, ¿por que aceptamos que nos mientan tan impunemente y en nuestras propias narices?, ¿por que sentimos olor a rosas si es evidente que hiede a mierda? Tal vez por comodidad, ya que preferimos no complicarnos la vida con más preguntas.
Tal vez porque conocer la verdad nos enseñe algo que somos y que puede no gustarnos, una sociedad enferma.
Se llama teoría conspirativa, a aquella teoría que contradice a las teorías oficiales.
Las teorías oficiales son aquellas que instalan los gobiernos, el poder político y los medios de información, el poder económico, las academias. Son estas teorías las que circulan en los circuitos de mayor difusión y las que se instalan como verdades indiscutibles, muchas veces no lo son.
Por el contrario, las teorías conspirativas circulan en folletines, literatura de segundo orden, películas de culto, lugares marginales, o se transmiten de boca en boca y quedan asimiladas como rumores oscuros pero posibles.
Lo que van a leer contiene bastante de teoría conspirativa, de algo que es posible pero no está probado, y que compite con una teoría oficial que como tantas otras, si no la mayoría, hace agua por todas partes. Sabido es que vivimos en un mundo de ilusión, que se construye en base a la ley de la oferta y la demanda.
Lo primero que necesito, ya encontrada la trama, para escribir un relato, son los personajes, creo haberlo mencionado, y en especial uno.
¿Pero quien estaría dispuesto a ir tras un asunto tan engorroso, a ir hasta el fondo mismo de un crimen del que ya pasó tanto tiempo, y está tan enterrado como sus pobres víctimas?
Un escritor, seguro, y tal vez un periodista, aunque quien sabe, porque ya no es noticia.
Entonces tiene que poseer o estar poseído por una pasión desmedida, una persona sumamente idealista en busca de justicia.
Si es un idealista con una pasión desmedida, es muy probable que no haya pasado la barrera de los treinta o treinta y cinco, ya que sabemos que pasada esa barrera hay un desencantamiento y un adaptarse a las reglas, y una vez que se pasa, es casi imposible volver atrás.
Notese que dije casi, o sea que podría ser más grande y un idealista de todos modos, pero no, me quedo con alguien más joven, ¿ustedes?
Buscando información en internet para documentarme, encontré algunos datos interesantes, algunos van por el lado oficial, otros por el lado conspirativo. Yo tengo mi propia teoría.
Empezaré por aclarar ahora, que como aquel crimen jamás fue resuelto, uno de los motivos que plantean las autoridades para dejar un caso sin resolver, es que si acaso hoy llegase a descubrirse
la verdad, no podría juzgarse, ya que como delito está proscripto, es imposible de juzgar.
Tratando de enmendar esta imperfección en la ley y la justicia, es que fue inventada la figura de lesa humanidad, ya que esta no proscribe jamás.
Yo y mi personaje imaginaremos entonces dos cosas, ya que somos el tipo de persona que se permite soñar con cambiar las cosas: 1-que los asesinos están aún con vida, y 2-que puede cambiarse la ley y declarar la figura de feminicidio, con el atenuante de provenir de parte del poder político y policial (tal mi teoría), como de lesa humanidad, y por lo tanto ser juzgada. En Costa Rica y en la China.
En un artículo encontrado en internet, publicado en El Nuevo Diario de Managua fechado el 22 de abril del 2.002 y firmado por Joaquín Torres A. se plantea que acaso el asesino podría ser un ex contra, proveniente de aquella fracción del ejército sandinista revolucionario, que se separó de éste para combatirlo cuando llegaron al poder. En ese artículo se reafirma la teoría de el psicópata, a la que abona también el señor Eugenio Ramirez, catedrático universitario en maestría de gerencia de salud (¿un privatista?), licenciado en administración de empresas, graduado en Estados Unidos como investigador criminal profesional, profesión que nunca ejerció por haberse dedicado a tiempo completo como consultor en gestión empresarial, recursos humanos, calidad y planificación estratégica, y que también publicó un artículo en internet sobre el tema que ahora nos concierne, artículo arduo, soberbio, y respaldado por todos sus títulos, time is money, como no estar de acuerdo con semejante animal de los claustros del saber, semejante ratón de biblioteca.
Sin embargo puede estar equivocado.
En la página http://www.herenciacristiana.com, cuya última actualización al momento de tomar yo los datos, data del 6 de febrero de 2.002, y cuyos derechos están reservados, puede leerse el artículo "Clerofascismo en Costa Rica", de Ricardo Obando Fonseca, cedula de identidad num. 1-506-556, fechado el 22 de diciembre de 2.002 (???).
En su artículo, Obando Fonseca alude a un grupo ortodoxo "religioso" de cuyo nombre dice no querer acordarse (en esa parte le pide permiso a Cervantes, cosa que yo no, yo no le pido permiso a nadie). Según dice, él mismo conoció a ese grupúsculo de fanatismo extremo en sus años colegiales, y que lanzaban, dice, amenazas a aquellos que en las clases de filosofía "cometíamos el sacrilegio" de poner en duda la existencia del mitológico "dios".
Obando Fonseca no acusa abiertamente a ese grupo, solo dice que se rumora una conexión con los asesinatos, y aclara que ese grupo nació en España durante el franquismo, y que era el mimado de Franco en toda ceremonia oficial. Es evidente que habla del Opus Dei.
a continuación, para respaldar su teoría, por demás conspirativa, hace una brebe reseña histórica de resonados casos de genocidio perpetrados por grupos catolicos. Habla de Josef Tiso, jefe de estado de Eslovaquia y sacerdote catolico, que cooperó activamente con los alemanes, al igual que muchos otros sacerdotes católicos.
Habla de que en Croacia, los fascistas de la secta "catolica" exterminaron masivamente a miles de sus hermanos yugoslavos de la secta prima de la "religión" " ortodoxa", inclusive con campo de concentración donde muchas veces se quemaba vivos a los "cristianos" "ortodóxos"(aunque no puedan creerlo, abusa de todas esas comillas, no vallan a pensar que son mías, de ahora en más eliminaré las que crea innecesarias), que se negaban a bautizarse según el rito de la secta.
Y sigue: "En Croacia existían numerosos campos de exterminio, creados y mantenidos por los ustashas catolicos bajo su dictador Ante Pavelic, un ferviente catolico y visitante regular del Vaticano y del papa.
Habían hasta campos de concentración exclusivamente para niños. En estos campos, el más notorio el de Jasenovar manejado por un fraile franciscano, cristianos ortodoxos serbios y un gran numero de judíos fueron asesinados. Como los nazis, los catolicos de Ustasha quemaban a sus victimas en hornos de ladrillos refractarios estando vivos (los nazis se sentían más "decentes" porque los mataban primero). De todos modos, la mayoria de las victimas eran simplemente apuñaladas, cortadas, o acribilladas a balazos.
Se estima que el numero de victimas es de entre trescientos y seicientos mil, en ese diminuto país, y que la mayoría de los asesinos eran frailes franciscanos. Las atrocidades eran de tal magnitud, que veedores nazis de la "sicherheitsdienst der SS" se quejaron ante Hitler, a quien por supuesto no se le movió un pelo. El papa estaba en pleno conocimiento de esos hechos, pero no hizo nada para prevenirlos ni darles fin. (MV)"
Lo mismo puede confirmarse en el exelente libro de John Cornwell "Hitler´s pope", el cual contiene un capítulo llamado "amigo de Croacia", en alusión al apoyo criminal que Pancelli, impío
Xll, brindó al genocida gobierno pro nazi de Croacia.
La teoría de Obando Fonseca es por demás jugosa y atractiva, y nos enteramos de datos que habíamos pasado por alto u olvidado, y por lo tanto se agradece.
Pero a mi no me cierra, yo tengo otra aún más audaz.
Tanta carnicería me empacha, y necesito un poco de aire fresco, cuando vuelvo a la vida real está Graciela, mi nueva novia y musa, pintando el mundo exterior, o la destrucción de este. Paisajes desoladores de una belleza violenta, un mundo post nuclear a la vuelta de la esquina, hecho de pinturas asfálticas y metales oxidados que el tiempo erosiona, una obra enigmatica e hipnótica.
Luego paseamos por el bosque platense, por suerte todavía verde, hacemos el amor, hablamos del clima...
Ella está pintando unos cuadros de dimensiones imposibles para un concurso, que en mi opinión son fantásticos y deverían ganar.
Más tarde comemos algún trozo de vaca en una parrilla del centro de la ciudad, y el personaje que estoy buscando parece poco a poco atreverse a aparecer, al principio de manera timida, luego abrúptamente...

sábado, 5 de febrero de 2011

capítulo cuarenta y uno

Ya superado el trauma demoldeor de la hoja en blanco, se presentó el fantasma, menos demoledor vamos a decirlo, del éxito que tienta a todo escritor. Pero si uno es un artísta sincero que no escribe para el mercado o los concursos lameculos de turno, sino para la gente sensible y con buen gusto, para un público popular y selecto a la vez, entonces uno le dá una buena patada a ese o cualquier otro fantasma. Si uno es consecuente con sus principios, uno se aboca a decir su verdad, algún tipo de verdad, aunque no sea LA VERDAD.
Pongamoslo así: en un arrebato de lucidez, o de genio (aquel ingrediente tan caro y barato a la vez, que no se consigue en supermercado alguno), uno se propone una obra total y descomunal, sea lo que fuere que eso signifique.
Tal vez uno es demasiado ambicioso.
Ya superados, decía, los fantasmas propios y ajenos, los internos y externos, ya teniendo un tema, se necesitan personajes.
Mis personajes deberán poseer unas facultades escepcionales, pues irán tras la pista de asesinos, pero si acaso los asesinos conforman un ente sin cuerpo, o mejor, con ramificaciones en varios cuerpos, que se extienden por todo el tejido social, entonces el asesino es la complicidad del silencio, el asesino es el miedo.
Asesinos que exísten pero no se dejan ver.
Trato de explicarme mejor: buscando tema para escribir, se me ha presentado la jugosa oportunidad de un policial, y quiero hacer visible, a un hipotético lector, el mecanismo interno que me conduce a un tema.
Si bien una novela, debe ser también un entretenimiento y un juego, es interesante cuando nos despierta zonas adormecidas de nuestra conciencia y aviva la memoria.
Y si bien los escritores elegantes, e interesantes, al encarar estos procedimientos, solo los sugieren sutilmente, yo trataré de hacerlos explícitos, pornográficos podría decirse.
Tal vez la suciedad, perdón, la sociedad, no sea más que una máquina devastadora de la realidad y la devore y distorsione constantemente, como en un sueño-pesadilla, la memoria recuerda mal o no quiere recordar, la sociedad normaliza los hechos que no logra comprender.
Y los artistas, los locos, las personas desequilibradas, se niegan a normalizar la patología social.
Tal vez podría haber evitado ese mal trago al hipotetico lector, pero preferí que no.
Mis escritores favoritos, Onetti, Arlt, Bolaño, Dostoievski, han trabajado en base a tabúes, como el incesto y el crimen.
Para no seguir monologando abreviaré, si hasta ahora este relato ha pretendido ser ameno, gracioso si se quiere, he llegado a la encrucijada, como escritor, de plantearme ir un poco más a fondo en el pozo ciego del alma humana, porque si hay una cosa que el alma no es, eso es graciosa, sino más bien, triste y miserable en la mayoría de los casos.
LO QUE LES VOY A CONTAR NO ES GRACIOSO.

capítulo cuarenta

Pero escribir, ¿sobre que?
Se me ocurrió escribir sobre Jimi, se merecía toda una novela, una fábula alegórica que hablase tal vez de la carnicería como instinto de supervivencia, una vez lo ví devorar una paloma, se dió un atrcón frente a mis narices, sangre pluma y huesitos por doquier, se la iba comiendo viva, mientras yo pensaba en la crueldad de la vida, en lo bello de esa crueldad, yo me había tomado un ácido lisergico, y Jimi, como si hubiera sabido, me regaló un espectáculo que jamás olvidaría.
Más tarde, aquella vez en San José, fumando con mi amigo Salomón Sabá (¿que será de Salo, estará aún con vida hablando con fantásmas, libre o en algún loquero? desde aquí mis mejores deseos para él), le relaté el banquete de Jimi, y mi amigo, como si lo estubiese viendo, ponia esa cara suya de Charles Manson, quería mucho a aquel animalito.
A Jimi lo agarró un tren, fué triste.
O podría inspirarme en mi nueva mujer.
Ella tenía un pasado familiar por demás interesante, sus abuelos habían venido de una antigua ciudad amurallada, en alguna parte del desierto en medio oriente, hacía ya cien años a la Argentina, y su abuelo había vivido cien años. Decía que su tía conservaba aún una biblia que él le había dejado antes de morir, manuscrita en arameo, y que antes de venir había tirado en un pozo de agua ya seco, una espada de oro y diamantes, para que los que conquistaron su ciudad no puedan apoderarse de ella, me perseguían las historias de tesoros.
Pero la hoja seguía en blanco.
Y de repente, como por arte de magia, el tema apareció, había estado conmigo toda mi vida, pero recién entonces se hizo visible, escribiríría sobre un suceso que conmovió a toda mi generación, el crimen de Alajuelita, me puse a buscar datos en internet y aparecieron cientos de artículos recopilados a través de los años, pues ya habían pasado 20 de aquel espeluznante hecho.
Ví además, que otro autor había escrito sobre lo mismo, pero no quise leer su material para no tentarme con un plágio, lo mezclaría con hechos actuales y tendría en mis manos, en pocos meses, un bomba molotov lista para ser tirada en mi triunfal regreso a Costa Rica, e incendiar todo a mi paso, la firmaría con el seudónimo de Nerón.

capítulo treinta y nueve

Recordaría siempre con cariño aquellas semanas de aventuras junto a mi amigo, ya que habían superado todas las que hasta entonces había vivido, ya sea pasar droga en aeropuertos, defender mi honor en la carcel, publicar mis relatos y poemas en revistas, y tener sexo con mujeres que parecen muñecas inflables. Nada de todo eso me había sido tan grato como perseguir un muerto-vivo por los laberintos de Buenos Aires, o ver al robot arturito en acción, y a Timoteo constantemente exitado por su increíble sed de justicia.
Las espectativas que se me presentaban a continuación no eran muy alentadoras. Necesitaba escribir, si, pero ¿escribir que?, para escrivir siempre necesité una musa, no la tenía.
Una tarde me invitaron a leer en un aburridísimo recital de poesía en el pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, por lo demás, aburrido como cada recital de poesía donde hubiese leído, pero en esta ocasión, la vida me volvió a demostrar que es una inagotable caja de sorpresas, para todo aquel que está dispuesto a vivirla a fondo, pues conocí a la artísta plástica Graciela Francinni, que luego fué mi mujer.
Yo me había perdido por los pasillos del sitio en cuestión, un gigantezco edificio de una manzana, que había albergado la primera estación de trenes de la ciudad, y ahora estaba destinado a eventos artísticos de todo tipo, estaba buscando el baño y un lugar en el que refrescar el gaznate con un trago, y dí por casualidad, o más bien "causalidad", con una exposición que inauguraba la mencionada dama, en ese entonces, aún para mi desconocida.
El flechazo fue instantaneo, y luego de capturar su atención, logré sacarla de los tentáculos de parientes y amigos que la acosaban, y me la llevé de allí a una luna de miel, que duró en principio varios días, luego años.
Ella me había dicho: yo hago arte con desechos tóxicos para hablar del tiempo y la destrucción. Pero evidentemente me estaba queriendo decir otra cosa, y sus ojos como dagas se hundieron en mi corazón, tanto que dejé de soñar con Estrella por primera vez en quince años.
He aquí que las pasiones de la nena eran, además del arte (el cual era solo un pasatiempo mientras obtenía la más preciada de esas pasiones), la velocidad y el sexo. Manejar a 220 kmph la perdía, mientras fumabamos un porro atrás de otro, y yo ponía en el equipo un cd de Los Natas, el "Munchen sesions", y en especial una canción, "humo de marihuana", y luego hacíamos el amor como si fuese la última vez cada vez, en cualquier hotel de las rutas argentinas.
Finalmente había conseguido a mi musa, y le puse el cariñoso apodo de "peligro", ya no tenía escusas para no sentarme a escribir.
A veces yo quería competir con ella en velocidad, pero cuando agarraba el volante nunca me animaba a pasar de los 150, entonces ella, arrogante pero gentil me decía, a ver bebé, ¿por que no le das el volante a mamá?
y cuando se cansaba de Los Natas, ponía cumbia villera , o Rodrigo, incluso Gilda, aqellos ya fallecidos ídolos de la canción. O a veces Jimi Hendrix.
Eso me recordaba un gato que tuve en mi adolescencia, al que bautizé Jimi, en honor a aquel gran genio de la guitarra. ¿Han visto a un gato cazando?, es uno de los espectáculos más hermosos y perféctos de la naturaleza. Pues mi gato Jimi era un experto y zagaz cazador de ratones, palomas, incluso un par de vívoras.
Pero yo tenía que escribir, ya no tenía escusa alguna para no hacerlo, entonces ella y yo nos establecimos.