Winona y César descansan en Limón de todo el mundanal ruido y el trabajo abrumador, en Portete, en la casa de los abuelos de la chica.
Aquellas playas de arenas negras llenas de juncos y demás desechos naturales, con zopilotes sobrevolando, playas tan bellas en su suciedad y descuido natural.
O en los hermosos atardeceres de Cahuita, que van del rosa anaranjado del cielo, al verde esmeralda del agua (te sugiero, lector, unas prontas vacaciones allí, o que te vallas a vivir pescando, no olvides llevar repelente de mosquitos), ellos hacen el amor al llegar la noche, a veces hasta la salida del sol. Así van a traér niños al mundo, un mundo que quieren nuevo.
Pero de vuelta en San José y en el trabajo, mientras él vende paquetes vacacionales a jubilados yanquis y toca el bajo, ella se sumerge en los archivos del O.I.J al llegar a casa, cuando no tiene que encubrir y pasar por alto las trapisondas de algún superior, o llevar tazas de café.
Y de repente, en un golpe de suerte, que es en estos casos tan necesaria, ya que no basta con el tezón y la voluntad que ella tiene, descubre como caída del cielo, casi literalmente, las nóminas de los policías que integraban los escuadrones aquellos, rurales y urbanos, menudo hallazgo, algunos inclusive con fotos y direcciónes.
Así, desliza todo lo que puede en su maletín, tantas carpetas como para no llamar la atención pero estar a punto, y en una larga noche de insomnio, cigarrillos, y algunas Babarias, mientras el deportísta duerme, leyendo una brebe reseña de la razón de ser y el funcionamiento de estos comandos, se entera del entrenamiento que recibían en casa o lejos, en alguna parte del gran país del norte, con mercenarios y marines yanquis, algunos veteranos de una o más guerras.
La tortura y las ejecuciones sumarias eran parte integral del entrenamiento de estos grupos, y lo son todavía, para obtener información del enemigo, o sobre este.
Porque básicamente, las formaciones estaban dirigidas y encaminadas a la lucha contra una hipotética guerrilla, guerrilla que en Costa Rica no existía en la vida reál, pero si en las teorías conspirativas y preventivas de los que manejan el mercado y los gobiernos. O sea por dudas, no vaya a ser cuestión...
Entonces imagina lector, la frustración de un soldadito al que han enseñado varias y efectivas formas de matar y torturar, pero no puede hacerlo, ya que no exíste un enemigo, más allá de trabajadores y trabajadoras, criando a sus hijos, y si, algunos rateros de poca monta.
Imaginen a ese soldadito estimulado con drogas duras y alcohol, o no, pero en todo caso terriblemente exitado oliendo sangre, perdido en la selva buscando narcotraficantes y guerrilleros que no existían por aquel entonces allá, que no aparecían por ningún lado, ni en la cordillera de Talamanca, ni en el cantón de Alajuelita.
El grupo al que le tocó aquella zona, estaba dirigido por dos hermanos de apellido Ramirez, y tenían, hasta cierto punto, carta blanca para actuar impunemente.
Imaginen, además, a varios o a uno, o dos de esos soldaditos, con el miembro duro, la cabeza enferma y el gatillo fácil, frente a un grupo de hermosas niñas indefensas, sabiendo que ellos no tienen que rendir cuentas a nadie de sus actos, ya que trabajan para este o aquel gobierno, o tal vez si deban rendir, pero llegado cierto punto ya que importa, puesto que les dieron armas, son dios, y están más locos que un caballo.
Imaginemos entonces, ya que estamos, a ese o esos soldaditos, perdidos en la cordillera de Talamanca, o en los alrrededores de la cruz de Alajuelita, y tendremos un probable escenario de lo que pasó.
Según parece, el grupo al que le tocaba aquella zona, estaba dirigido por dos hermanos de apellido Ramirez, ¿o eso ya lo dije?.
Obando Fonseca sugiere que fué el opus dei.
Eugenio Ramirez, catedrático universitario, dice que fué un psicopata que de ninguna manera podía ser de la poli.
Joaquin Torres, a modo de pregunta, plantea la hipotesis del ex-contra nica.
Winona dice que no, yo digo que no. Madame Bobary ces´t moi, dijo Flaubert.
Unos papeles llenos de polvo, en una olvidada oficina judicial, nos dicen otra cosa, y así se arma una novela, con partes iguales de ficción y realidad.
Si alguno de esos soldaditos cometió ese crimen y sigue con vida devería estar preso, y también sus jefes, y yo tengo todo el derecho a sospechar lo que se me de la regalada gana, ya que nadie dá una respuesta satisfactoria a tantas preguntas, y tu lector, también puedes pensar lo que quieras.
El país de las ranas es el paraíso, donde la infancia pobre se pasea por las calles oliendo cemento, prostituyendose y robando para comer a la vista de todos los gobiernos, tal vez inclusive antes que en Méjico o Colombia.
Veamos ahora que dice, otra brebe reseña histórica publicada también en internet, por el foro univision-comunidad de Costa Rica, a nombre de un tal Sancherito miembro-bronze el 20-9-07, acerca de aquel remoto lugar en el mundo, la cruz de Alajuelita...
domingo, 7 de agosto de 2011
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