domingo, 7 de agosto de 2011

capitulo cuareta y seis

En algunos diarios de la época, que Winona logra rastrear en internet, y otros que consigue en colecciones privadas, principalmente la de Tomás Saraví, uno de los mayores coleccionistas de diarios de los que se tenga memoria, ya que los allegados juran que no se podía caminar por su departamento debido a las montañas de diarios, e incluso cuando ya no le quedaba lugar para guardarlos llegó al extremo de vaciar el refrigerador de molesta comida, y lo usó para guardar más diarios, todo lo cual dificultaba el proceso de búsqueda si no se le consultaba a él primero, pues su prodigiosa memoria recordaba donde estaba cada noticia, sobre todo si había sido relevante. En esos diarios entonces, ella encuentra los datos que respaldan su teoría: el ministro de seguridad de aquel entonces, ¿Fishmann?, algo así, durante uno, o tal vez dos gobiernos, fué el mentor de un muy cuestionado por la izquierda (que muy pronto sería la centro-izquierda, debido al mercado, que metió sus tentáculos principalmente en la política), y alabado por la derecha (que se convirtió en la ultra-derecha, pero disfrazada por el mercado de centro-derecha), un muy cuestionado decía, "escuadrón policial para combatir el delito" (comillas mías), tan efectivo como asesino, que actuaba en las zonas rurales, donde perseguía dizque al narcotráfico.
Fué además el artífice de un poderoso aparato de represión, que tenía a su servicio para utilizar en conflictos urbanos, una policía militarizada muy bien equipada, que sacó a la calle a modo de presentación, en las protestas sociales que protagonizaron los vendedores ambulantes tratando de, y luego lográndolo, defender sus puestos de trabajo, y que tuvieron en vilo al centro de la ciudad desde la iglesia de La Merced hasta Cuesta de Moras durante tres o cuatro días, días estos de una gran tensión, con tropas y vendedores en la calle, en los que se temió un estallido más profundo, que gracias a dios o a quien corresponda según las creencias de cada quien, jamás ocurrió, ya que los conflictos, como se dijo, lograron resolverse. Al parecer, y casi con seguridad, aquí no hubieron muertos, pero mi memoria puede fallar, y por supuesto las noticias tergiversarse.
Donde sí hubieron, fué en una intervención de los escuadrones rurales, fallida como de costumbre, en la que murieron integrantes de la comunidad indígena, puede que bri bris en la zona de Talamanca, que nada tenían que ver con el narcotráfico que se decía perseguir ni con ningún otro delito.
Otra muerte de un inocente, se se les "escapó" (mías, estoy pareciendome a Obando Fonseca) en un allanamiento que llevó a cabo la policía de San José, a la vivienda de un conocido por todos los del ambiente artístico y los mafufos, distribuidor minorista de hierba. Al entrar la policía por la fuerza en su domicilio, y disparar a mansalva, el único que resultó muerto fué un hijo suyo, un niño de doce años, desarmado e inocente. Daños colaterales, les ha puesto el lenguaje técnico del poder, con el respaldo de los medios, a este tipo de acidentes, piensen lo que quieran, o lo que puedan, pero traten con todas las fuerzas de su espíritu de no dejarse engañar tan fácil, oh lectores.
Aquella policía se reivindicó, y tuvo sus quince minutos de fama, atrapando a una peligrosa banda de ladrones de banco venezolanos que ya habían saqueado varios, y esperaban huír con el botín, cuando fueron atrapados festejando, y se recuperó también buena parte del botín, dudemos de que se haya recuperado todo, dudemos de todo y nos hacercaremos a los hechos.
Pero allí no hubieron muertos, ya que a pesar de estar armados tal vez hasta los dientes, esta vez se les concedió la opción de rendirse.
Y luego aquel ministro, de cuyo nombre, y ahora si haré como Fonseca Obando, ya no quiero acordarme, con permiso de Cervantes, se reivindicó también decíamos,el ministro aquel, como hombre comprensivo y bondadoso, cuando encarriló a la famosa pandilla de Los Chapulines, unos pre-adolescentes que te abrían la panza de un tajo para llevarse tu reloj a plena luz del día en la avenida segunda. El ministro dizque los sacó de la calle y los puso en vereda, dándoles educación y trabajo, luego él y ellos fueron portada en varios diarios y salieron en la tele muchas veces, como les gusta a los ministros.
Todos estos datos pueden rastrearse en un ensayo de próxima aparición, titulado Historia de la represión en Costa Rica, cuyo autor es el escritor argentino-costarricense Estanislao Balder, seudónimo del autor de esta novela que por suerte, aún pueden soportar, los felicito por su valentía y persevarancia a pesar de todo.

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