Podría empezar aclarando que me hubiera gustado, que lo que van a leer a continuación hubiese tenido un tratamiento más formal, más literario si se quiere, ya que el tema en cuestión lo merece, pero confieso que ya me ha tomado demasiado tiempo la novela que tienen entre manos, y fiel a mi propuesta de desnudar los procesos de la escritura, de borrar esa imprecisa línea que divide ficción y realidad, confieso que se hace más urgente terminar de una buena vez por todas con el asunto. Tal vez podría yo podar este relato al infinito, o darle alimento balanceado hasta hacerlo crecer de manera descomunal, en fin, mejorarlo o empeorarlo, sacar todo rastro de imperfección con procedimientos a mi alcance, etc, bla bla, bla... en definitiva, preferí mostrar mi alma (ya que eso es un relato, una porción del alma), terriblemente imperfecta, y aunque estoy en proceso de perfeccionarla, mejor dicho toda mi vioda es un proceso para ese fin, también estoy en un proceso para aceptarla tal cual es.
Tomense todo el asunto como un experimento al que pueden, y deben, completar en sus respectivas cabezas, o sea, imaginar las partes que no les gustan de mejor manera, imaginarlas como las habrían escrito ustedes, manosear la novela, discutir con el escritor, pensar que es malísimo, que por que mierda se embarcaron en esta trampa fangosa y resbalosa, o tal vez disfrutarlo de a ratos porque ya están metidos hasta el cuello, y no les queda más que seguir leyendo, ya que les prometí alto voltaje y tal vez cumpla.
Vamos al grano.
En el año 1986 un suceso aberrante sacudió las conciencias de los costarricenses, la masacre de Alajuelita.
Dos mujeres y cinco niñas, que habían asistido a un acto religioso en la famosa cruz ubicada en aquel cantón, fueron encontradas muertas, dos de las niñas violadas, todos los cadáveres apilados en orden, una al lado de la otra acostadas boca abajo, y cada una con las muñecas atadas hacia atrás. Todas asesinadas por la espalda, o fusiladas para ser más exáctos, ejecutadas sin ningún tipo de piedad. El escenario no encontraba indicios de que las víctimas hayan presentado algún tipo de contratiempo a su asesino, es de suponer que acataron las órdenes de este, o estos, por temor o prudencia, es decir, pensando que tal vez si accedían a sus ordenes se salvarían, o paralizadas por el miedo.
De todas las noticias a las que tuve acceso en mi vida (léase esto de modo literal, al decir todas me refiero a todas, la caída del muro de berlín, los bombardeos televisados en medio oriente, la plaza de Tian an mei sembrada de cadáveres, Avigaíl Guzmán enjaulado a la vista de todos, ¿en Londres? creo que si, vaya una época agitada que me-nos tocó), fué esa masacre la que más me marcó, y no solamente a mí, si no también a toda una generación de costarricenses. El símbolo de una época, si se quiere.
Tal vez el hecho de no haber sido resuelto jamás, es lo que convierte aquel macabro acto en algo tan fascinante, esa pesadilla recurrente, ese dejavú que vuelve cada vez que tenemos noticias de feminicidios en Ciudad Juarez, en algún remoto paraje del conurbano bonaerense argentino, o un agreste y frío lugar tal vez en Noruega, en fin, en cualquier lugar exótico, como Téxas ó Puente Vallecas.
Nosotros los ticos ya lo vivimos antes, nosotros lo inauguramos, cuando la palabra feminicidio no existía.
La incógnita que se me presenta ahora como escritor, y por lo tanto como investigador o analísta de lo social, es la siguiente: ¿por que accedemos a creer lo que nos dicen?, ¿por que aceptamos que nos mientan tan impunemente y en nuestras propias narices?, ¿por que sentimos olor a rosas si es evidente que hiede a mierda? Tal vez por comodidad, ya que preferimos no complicarnos la vida con más preguntas.
Tal vez porque conocer la verdad nos enseñe algo que somos y que puede no gustarnos, una sociedad enferma.
Se llama teoría conspirativa, a aquella teoría que contradice a las teorías oficiales.
Las teorías oficiales son aquellas que instalan los gobiernos, el poder político y los medios de información, el poder económico, las academias. Son estas teorías las que circulan en los circuitos de mayor difusión y las que se instalan como verdades indiscutibles, muchas veces no lo son.
Por el contrario, las teorías conspirativas circulan en folletines, literatura de segundo orden, películas de culto, lugares marginales, o se transmiten de boca en boca y quedan asimiladas como rumores oscuros pero posibles.
Lo que van a leer contiene bastante de teoría conspirativa, de algo que es posible pero no está probado, y que compite con una teoría oficial que como tantas otras, si no la mayoría, hace agua por todas partes. Sabido es que vivimos en un mundo de ilusión, que se construye en base a la ley de la oferta y la demanda.
Lo primero que necesito, ya encontrada la trama, para escribir un relato, son los personajes, creo haberlo mencionado, y en especial uno.
¿Pero quien estaría dispuesto a ir tras un asunto tan engorroso, a ir hasta el fondo mismo de un crimen del que ya pasó tanto tiempo, y está tan enterrado como sus pobres víctimas?
Un escritor, seguro, y tal vez un periodista, aunque quien sabe, porque ya no es noticia.
Entonces tiene que poseer o estar poseído por una pasión desmedida, una persona sumamente idealista en busca de justicia.
Si es un idealista con una pasión desmedida, es muy probable que no haya pasado la barrera de los treinta o treinta y cinco, ya que sabemos que pasada esa barrera hay un desencantamiento y un adaptarse a las reglas, y una vez que se pasa, es casi imposible volver atrás.
Notese que dije casi, o sea que podría ser más grande y un idealista de todos modos, pero no, me quedo con alguien más joven, ¿ustedes?
Buscando información en internet para documentarme, encontré algunos datos interesantes, algunos van por el lado oficial, otros por el lado conspirativo. Yo tengo mi propia teoría.
Empezaré por aclarar ahora, que como aquel crimen jamás fue resuelto, uno de los motivos que plantean las autoridades para dejar un caso sin resolver, es que si acaso hoy llegase a descubrirse
la verdad, no podría juzgarse, ya que como delito está proscripto, es imposible de juzgar.
Tratando de enmendar esta imperfección en la ley y la justicia, es que fue inventada la figura de lesa humanidad, ya que esta no proscribe jamás.
Yo y mi personaje imaginaremos entonces dos cosas, ya que somos el tipo de persona que se permite soñar con cambiar las cosas: 1-que los asesinos están aún con vida, y 2-que puede cambiarse la ley y declarar la figura de feminicidio, con el atenuante de provenir de parte del poder político y policial (tal mi teoría), como de lesa humanidad, y por lo tanto ser juzgada. En Costa Rica y en la China.
En un artículo encontrado en internet, publicado en El Nuevo Diario de Managua fechado el 22 de abril del 2.002 y firmado por Joaquín Torres A. se plantea que acaso el asesino podría ser un ex contra, proveniente de aquella fracción del ejército sandinista revolucionario, que se separó de éste para combatirlo cuando llegaron al poder. En ese artículo se reafirma la teoría de el psicópata, a la que abona también el señor Eugenio Ramirez, catedrático universitario en maestría de gerencia de salud (¿un privatista?), licenciado en administración de empresas, graduado en Estados Unidos como investigador criminal profesional, profesión que nunca ejerció por haberse dedicado a tiempo completo como consultor en gestión empresarial, recursos humanos, calidad y planificación estratégica, y que también publicó un artículo en internet sobre el tema que ahora nos concierne, artículo arduo, soberbio, y respaldado por todos sus títulos, time is money, como no estar de acuerdo con semejante animal de los claustros del saber, semejante ratón de biblioteca.
Sin embargo puede estar equivocado.
En la página http://www.herenciacristiana.com, cuya última actualización al momento de tomar yo los datos, data del 6 de febrero de 2.002, y cuyos derechos están reservados, puede leerse el artículo "Clerofascismo en Costa Rica", de Ricardo Obando Fonseca, cedula de identidad num. 1-506-556, fechado el 22 de diciembre de 2.002 (???).
En su artículo, Obando Fonseca alude a un grupo ortodoxo "religioso" de cuyo nombre dice no querer acordarse (en esa parte le pide permiso a Cervantes, cosa que yo no, yo no le pido permiso a nadie). Según dice, él mismo conoció a ese grupúsculo de fanatismo extremo en sus años colegiales, y que lanzaban, dice, amenazas a aquellos que en las clases de filosofía "cometíamos el sacrilegio" de poner en duda la existencia del mitológico "dios".
Obando Fonseca no acusa abiertamente a ese grupo, solo dice que se rumora una conexión con los asesinatos, y aclara que ese grupo nació en España durante el franquismo, y que era el mimado de Franco en toda ceremonia oficial. Es evidente que habla del Opus Dei.
a continuación, para respaldar su teoría, por demás conspirativa, hace una brebe reseña histórica de resonados casos de genocidio perpetrados por grupos catolicos. Habla de Josef Tiso, jefe de estado de Eslovaquia y sacerdote catolico, que cooperó activamente con los alemanes, al igual que muchos otros sacerdotes católicos.
Habla de que en Croacia, los fascistas de la secta "catolica" exterminaron masivamente a miles de sus hermanos yugoslavos de la secta prima de la "religión" " ortodoxa", inclusive con campo de concentración donde muchas veces se quemaba vivos a los "cristianos" "ortodóxos"(aunque no puedan creerlo, abusa de todas esas comillas, no vallan a pensar que son mías, de ahora en más eliminaré las que crea innecesarias), que se negaban a bautizarse según el rito de la secta.
Y sigue: "En Croacia existían numerosos campos de exterminio, creados y mantenidos por los ustashas catolicos bajo su dictador Ante Pavelic, un ferviente catolico y visitante regular del Vaticano y del papa.
Habían hasta campos de concentración exclusivamente para niños. En estos campos, el más notorio el de Jasenovar manejado por un fraile franciscano, cristianos ortodoxos serbios y un gran numero de judíos fueron asesinados. Como los nazis, los catolicos de Ustasha quemaban a sus victimas en hornos de ladrillos refractarios estando vivos (los nazis se sentían más "decentes" porque los mataban primero). De todos modos, la mayoria de las victimas eran simplemente apuñaladas, cortadas, o acribilladas a balazos.
Se estima que el numero de victimas es de entre trescientos y seicientos mil, en ese diminuto país, y que la mayoría de los asesinos eran frailes franciscanos. Las atrocidades eran de tal magnitud, que veedores nazis de la "sicherheitsdienst der SS" se quejaron ante Hitler, a quien por supuesto no se le movió un pelo. El papa estaba en pleno conocimiento de esos hechos, pero no hizo nada para prevenirlos ni darles fin. (MV)"
Lo mismo puede confirmarse en el exelente libro de John Cornwell "Hitler´s pope", el cual contiene un capítulo llamado "amigo de Croacia", en alusión al apoyo criminal que Pancelli, impío
Xll, brindó al genocida gobierno pro nazi de Croacia.
La teoría de Obando Fonseca es por demás jugosa y atractiva, y nos enteramos de datos que habíamos pasado por alto u olvidado, y por lo tanto se agradece.
Pero a mi no me cierra, yo tengo otra aún más audaz.
Tanta carnicería me empacha, y necesito un poco de aire fresco, cuando vuelvo a la vida real está Graciela, mi nueva novia y musa, pintando el mundo exterior, o la destrucción de este. Paisajes desoladores de una belleza violenta, un mundo post nuclear a la vuelta de la esquina, hecho de pinturas asfálticas y metales oxidados que el tiempo erosiona, una obra enigmatica e hipnótica.
Luego paseamos por el bosque platense, por suerte todavía verde, hacemos el amor, hablamos del clima...
Ella está pintando unos cuadros de dimensiones imposibles para un concurso, que en mi opinión son fantásticos y deverían ganar.
Más tarde comemos algún trozo de vaca en una parrilla del centro de la ciudad, y el personaje que estoy buscando parece poco a poco atreverse a aparecer, al principio de manera timida, luego abrúptamente...
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