viernes, 23 de julio de 2010

capítulo veintidos

Ahora, completamente borracho en una cantina, pensando en que por lo menos lo había intentado, el monstruo levantaba la copa y brindaba diciendo: -mae, ¡regla numero once!, cuando tengan que decir mierdero digan mierdero, no se les ocurra decir otra cosa por favor, y si hay que decir hijueputa diganlo así, no hay mejor manera.
Entonces Edgar Allan, con esa mezcla de idealismo, ingenuidad y reveldía tan típica de los adolescentes, preguntó: -don Rubén, ¿y si tenemos que decir algo bonito, como lo decimos?
Y el monstruo fue tan terminante como pudo: -¿si tienen que decir algo bonito?... buena pregunta, pues si asi tiene que ser, entonces que sea lo más bello que jamás soñaron, pero en mi opinión, si tienen que decir algo bonito van a escribir basura, la vida no es bonita, solo la superficie, y los buenos escritores no se quedan en la superficie.

Cuando más tarde quedó solo, luego de que Edgar Allan y Katia se fueran alegando cansancio, pero en realidad hacía rato que se tenían ganas, el llegó a la conclusión después de sesudas reflexiones, de que ya no le hacía nada bien la bebida, o que tal vez nunca le había hecho bien, o que más que seguro que siempre le había hecho mal. Y que si no encontraba pronto a Estrella se iba a quedar solo en este mundo hostil y pernicioso, miren quien habla, pero si la encontraba y ella no lo amaba, o era indiferente y le daba lo mismo el monstruo que una cucaracha, o tal vez ni siquiera se acordaba de él, o peór aún, estaba demacrada y con hijos, o hermosa pero felizmente casada, o en fin... que si vamos a seguir los desvaríos de un borrachin esto se puede tornar aburridisimo.
La conclusión fué que se quedaría solo y borracho, debía dejar la bebida lo más pronto posible, encontrar algún grupo de autoayuda que le calzase como anillo al dedo.
De repente, en medio de estas sesudas reflexiones, sonó el celular, y se dijo sin saber por que:
-cuidado, puede ser el destino.
Y atendió: -¡sii! ¿quien habla?
-rubencito, mi amor, soy yo, Gisell López.
-diai, ¿que hubo mi amor, pura vida?
-si, si, te tengo una buena noticia, pero te la quiero dar personalmente para verte la cara.
-okey mae, pero mejor mañana temprano, ahora tuve un ataque de culpa en medio de una borrachera, algo que no le recomiendo a nadie, ¿que tal si almorzamos?
-me parece bien, ¿que tal a la una en el hotel Costa Rica?
-okey mae, twanis, la veo ahí, un besito.
-si, otro para vos, andate a dormir.
Se fué a dormir.

Y he aquí, ho lector, que Gisell López había hecho lo que cualquiera que no fuese el monstruo, y por lo tanto tuviese dos dedos de frente para usar en la vida real, hubiese hecho, buscó en internet, y en la recién inaugurada faceboock y, adivinen que, dió con Estrella.

En el encuentro que tuvieron al otro día para almorzar en el hotel Costa Rica, escenario de intrigas internacionales, donde las niñas ticas se ofrecen a los jubilados Yankis que vienen a descansar luego de haber bombardeado el mundo, o a los burguses y aristocratas locales, Giselle López trató de decirselo sin que lo afecte demasiado, pues había visto su reacción del día aquel, pero no encontrando un modo sutil, se lo descerrajó en la jeta sin aspavientos y sin vaselina:
-mae, encontré a tu Estrella.

El monstruo se puso verde.
Luego de los minutos en que le costó recobrar el habla y su pulso normal, pudo decir: -okey mae, ya vengo, voy al baño. Allí se miró al espejo preguntándose: -¿y ahora que te pasa hijueputa?
Y se sentó pues le había dado diarrea.
En todo ese tiempo, Giselle López pudo corroborar que, como siempre había supuesto, el monstruo lejos de ser el maldito que aparentaba ser, era en el fondo un tonto romantico, como tal vez lo son en el fondo todos los auténticos malditos.
Después de todo eso, el monsruo volvió del baño, se sentó con sigilo, y preguntó en voz mesurada: -okey mae, ¿y donde está?
Entonces ella le tiró sobre la mesa una página recién impresa cuya tinta estaba fresca, y que contenía los datos de su amada, luego le hizo las indicaciones pertinentes sobre como abrir una nueva cuenta de Faceboock.
Y el monstruo se quedó mudo otra vez.
Pasó una semana entera dandose valor para tomar contacto con ella, semana esta en que andubo algo aturdido y teniendo algunos traumas existenciales, con muchas preguntas, sintiendose nuevamente un cobarde, así que tal vez lo era.
Lo que había soñado durante veinte años de huír, finalmente había tocado a su puerta, y ahora le faltaba valor para enfrentar ese destino. Valla una frase de mierda, pensó, iba a incluírla en los ejemplos de frases que jamás deben escribirse, y sin embargo no había otra manera mejor de decirlo, VALOR PARA ENFRENTAR EL DESTINO.

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