sábado, 24 de julio de 2010

capítulo veintitres

Ajena a todo esto que le pasaba al monstruo, y al giro que daría su vida de un momento a otro, Estrella se debatía entre el miedo a los hermanos Ramirez, y las ansias por saber algo de su pequeña niña Karen, librada a su suerte por las calles josefinas.
Los únicos momentos de privacidad y una cierta libertad que experimentaba ahora, eran los que pasaba en un ciber del centro comercial de Hatillo, chateando con amigos y preguntando si alguien ha visto a la chica, nadie la ha visto.
Pero ella no lograba superar esa frontera autoimpuesta, el centro comercial, unico aliciente a su rutina en la casa, lavando, planchando y cocinando para los hermanos, y siendo además, depositaria de todo tipo de fantasías sexuales por parte de estos. La condición de la mujer no había mejorado gran cosa por entonces. Pero he aquí, que una de esas tardes, Estrella encontró que alguien nuevo en facebook quería ser su amigo, y al acceder al pedido, disculpen la frase, pero no hay otra manera de decirlo tan claro, una profunda emoción se apoderó de su alma, al leer en el buzón de chat: -Estrella, mi amor, soy yo, Rubén.
Pero luego, pensando fríamente preguntó: -¿que Rubén?
-¿como que Rubén? Arrieta, el monstruo, ¿que otro?
-no se quien serás, pero una persona de confianza me hizo saber que Rubén Arrieta murió en una carcel de Argentina hace como dieciocho años, no me gusta esta broma...
-no, no, nada de eso, soy yo y estoy vivito y culeando, prendéte la web cam y comprobalo vos misma.
Eso hizo ella, y casi se muere del susto, y luego inclusive lloró de la emoción, después gritó y rió, en fin, etc, bla bla bla...
El monstruo entonces tecleó la siguiente pregunta: -¿y quien te dijo a vos que yo había muerto?
Y la respuesta lo dejó más mudo que la noticia de que Giselle López encontrara a Estrella, pues el nombre que apareció en la pantalla, era el nombre que jamás hubiese querido volver a oír o ver en lo que le quedaba de vida, pero era evidentemente, aquel nombre que siempre volvía, y que presagiaba problemas en serio: -me lo dijo Keller Zorbich.
Y la sola mención de ese nombre le puso la piel de gallina, y le preguntó: -¿cuando te dijo eso, cuando lo viste?
-hace un mes me lo encontré en la calle, fué de casualidad pero me pareció raro, hacía ya mucho tiempo, tal vez más de quince años que no lo veía.
-¿y donde estás ahora? dame la dirección y voy a verte yá.
Anotó la dirección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario