Cuando el monstruo, después de vivir en Colombia viajó a la Argentina con una buena cantidad de droga en el equipaje y fué descubierto, pasó poco más de un año tras las rejas, tiempo que aprovechó para leer y escribir, y hacer mucho ejercicio, no teniendo en ese tiempo nada digno de contarse, más allá de un par de episodios violentos.
Al salir de allí, se dedicó a buscar trabajo como escritor, periodista literario ó traductor, pues le debía al hecho, circunstancial por cierto, de haber nacido en cuna de oro, el saber leer y escribir en inglés, además de hablarlo a la perfección. Y he aquí que la suerte jugó de su lado en todas sus aspiraciones, porque la suerte juega del lado de las mentes preparadas, entonces logró que le publicaran un libro de poémas y una novela, titulados "vacuidad" y "escuela de control mental" respectivamente, además de algunos relatos en revistas. También consiguió entrevistar para una revista que recién se iniciaba, a dos de sus escritores favoritos, y asistió a algúnos talleres literarios de escritores de segundo orden, o tal vez del tercero, pero en todo caso, muy buenos para dar consejos sobre lo que debe y no debe hacerse a la hora de escribir, por supuesto que el monstruo sacó sus propias conclusiones.
Pero más allá de todo esto, que dicho sea de paso lo hizo tocar su cielo con las manos, el monstruo hubiera considerado insuficiente su experiencia vital, en aquel remoto país, de no ser porque una tarde, en la ciudad de La Plata, a la que acudiera a un recital de poesía, aburrido como pocos por cierto, conoció a la artísta plastica Graciela Franccini, de la cual luego fué pareja varios años.
Fué así: el recital transcurría en el complejo cultural Dardo Rocha, la tarde en que le tocó leer al monstruo fué particularmente gris y depresiva, y varios de los poétas más aburridos del mundo compartían la fecha con él, por lo que nuestro amigo Rubén Arrieta, el poéta venido de Centroamérica, en fin, etc... que describe la realidad de nuestra América de modo visceral, bla bla..., y que yá había leído, se escabulló de aquel salón atestado de freeks y copetudos en corbata, y con la excusa de buscar el baño se fué a recorrer aquel gigantezco e imponente edificio, de una manzana de diametro y varios pisos de alto, con sinuosas escaleras y pasillos, y que según alguien le dijo databa de la época de la fundación de la ciudad que yá cumplía cientodiesiseis años, y que además había sido la primera estación de trenes en la época de vacas gordas y manteca al techo.
Tan grande era, y tan laberíntico, o tal vez no tanto pero así le pareció, que se perdió.
Luego recordaría para toda su vida aquel momento de confusión, pues buscando una puerta o un pasillo reconocible, dio con el salón donde Graciela Franccini inauguraba una exposición con sus últimas obras, primero le llamó la atención al monstruo él gentío, y de este una hembra en particular, y las copitas que se ofrecían, luego los monumentales cuadros, y finalmente, cuando se enteró de que aquella a la que no le había sacado los ojos de encima, y que tampoco se los sacaba a él, la portadora de semejante monumento al culo, pues dicho sea de paso fue lo primero que le vió, resulto ser la pintora, entonces todo el arsenal de su potencial seductor, que no es poco, un tipo fino y elegante, etc...fue teledirigido a conquistarla.
Y cuando al acercarse por atrás y tomarla del brazo para, sutil pero firmemente, darla vuelta hacia él, le dijo: -disculpáme pero te quiero felicitar, quedé muy impresionado con tus pinturas. Aunque, de la manera que la miró y se lo dijo, ella y todos los presentes, y tal vez tu, lector, se dieron cuenta de que en realidad le estaba queriendo decir, más o menos, esto: -te la quiero meter una hora sin parar y después bañarnos juntos.
Desde ese momento no dejaronde mirarse y hablar de arte todo el tiempo que duró el evento, el abandonó definitivamente el recital, y ella dejó de lado a sus invitados.
Los que, eventualmente, pasaban cerca de ellos y escuchaban algo de esa charla privada, lograban entender que cuando ella le decía: -yo hago arte con desechos urbanos para hablar de el tiempo y la destrucción. Lo que en verdad estaba queriendo decirle era: -papito que ganas de chupartela y tragarme toda la leche.
Y cuando el monstruo le propuso: - me encantaría escribir una nota de tu muestra en la revista, ella entonces entendió el metamensaje, que no vamos a traducir aquí para que no me tilden de pornográfico y erotómano irremediable, y ambos escaparon del mundanal ruido a una luna de miel que duró, en principio, varios días.
Aquella perra infernal de pelo lacio negro por la cintura, y ojos delineados a lo vamp, que parecía salida de una comedia de Olmedo y Porcel, era el mejor ejemplo de morocha argentina que hubiera visto el monstruo jamás.
domingo, 18 de julio de 2010
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