Ahora bien, antes de continuar aclaremos algo, y es que, para ser fieles a la verdad devemos reconocer, que ese gran fantásma al que llamamos mercado, en realidad existe desde siempre, pero en aquel entonces, aún no había desplazado, ni despedazado, a la movida.
Allí en el Chapuí conoció entonces nuestro amigo el verdadero lado oscuro, o según las palabras de un compañero de pabellón, allí se ve quien es quien, en el ajedrez de la mente.
Allí casi se queda para siempre, pero una fuerza interior lo sacó a flote.
Así fué, entonces, como comenzó la leyenda, el monstruo se perdió en la zona roja, el guaro, las putas, las drogas demasiado adulteradas.
Llegó incluso a usar un arma para amenazar a un incauto y sacarle la billetera. Valga aclarar que no por necesidad.
Llegó a cometer las aberraciones más viles en el terreno del amor y el sexo.
Pero vamos por partes, no nos apuremos, los que quieren alto voltaje tendrán que esperar, pues la finalidad última de este relato, no es el porno soft para aburridos crónicos.
A punto entonces de convertirse en un juguete del destino, un juguete con rabia, cometiendo fechorías por lo bajo, el montruo vió la luz en el amor posesivo por aquella perra-niña, una luz, si, tal vez un poco difusa.
Y vió la luz también, justo es decirlo, leyendo a Castaneda, a Osho y, sobre todas las cosas, a Krishnamurti.
Fué entonces, cuando los últimos destellos de su glamour comenzaron a desvanecerse. Porque nadie creyó en su nuevo disfraz, no lo entendieron, y le dieron la espalda. Hasta el día de hoy se los agradece.
Veamos el panorama: la mayor parte de las dictaduras de América deponían el poder después de dejar el continente diezmado y masacrado, la revolución nicaraguense estaba en bancarrota, el muro de Berlín caería en cualquier momento, tal vez un año o menos, era demasiado evidente, la plaza de Tian mei se llenó de desagradables cadáberes de valientes jóvenes, para inaugurar una nueva época de totalitarísmo, los yankis bombardeaban todo a su paso. Daba miedo.
El mercado finalmente había triunfado, la movida se replegaba o desaparecía. Salvo honrosas escepciones, como la revista "Andrómeda", o algún que otro ámbito remoto y subterráneo, donde tal vez pasaban cosas.
Pero él ya lo había visto todo, o creía haberlo visto todo, por lo que, buscando algo nuevo, cambió sus gustos estéticos. Se inclinó por los recitales de "Adrián Goizueta y el grupo experimental", las canciones de María Pretis y el gropo "Contrareloj", el cine arte, y la comida vegetariana
Pero eso no le duró demasiado, pues por algo le decían como le decían, ¿hace falta aclarar como le decían?
La única droga que aún usaba era la hierba, a veces conseguía en Limón buena mota, tal vez caca de mono, o mango de rosa, manguito. Y se quedaba un par de semanas por la costa atlántica después incluso, de que terminaban los carnavales y sus amigos volvían a la capital, y fumaba hasta quedar haíto, tal vez conseguía los favores de una hermosa negra.
También tomaba sol en Cahuita y Puerto viejo, o en playa bonita, y corría por la costa.
Anticipaba así su huída.
viernes, 19 de marzo de 2010
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