Cuando se dice que el monstruo tuvo una infancia casi normal, es precisamente porque tuvo una infancia casi normal.
A ver si se entiende: una infancia casi normal, en las sociedades machistas y paternalistas latinoamericanas, antes de que, a partir de los setentas se empezara a poner de moda el macho sensible, era una infancia con un padre presente pero ausente, tal vez un poco violento y déspota para asegurar su dominio, y que hacía de las suyas cuando le convenía. Esto es muy similar en varias partes del mundo, no es que sea exclusivo patrimonio de esta parte, pero tiene sus particularidades en cada zona.
Aunque en algunos lugares es peór.
Don Carlos Arnulfo Arrieta, fué en sus años mozos un hombre emprendedor y honesto, culto y metódico, con una leve inclinación por las bebidas, el alcohol y las mujeres. Tal vez un poco autoritario.
Con los años todos podemos exaltar nuestras virtudes, y sosegar nuestros vicios. O hacer todo lo contrario. Don Arnulfo tomó la segunda opción, con el agregado de que se puso violento con su esposa.
Esto explicaría, en cierta medida, las disfuncionalidades del monstruo, o no.
Porque una vez amasada su considerable fortuna, el padre del monstruo, el verdadero monstruo, entendió que el dinero solo atrae más dinero, pues ya lo dicen los que saben, que lo más dificil es el primer millón, entonces solo tuvo que preocuparse porque sus bienes se multiplicasen solos, y dedicarse (auxilio), a su familia.
Podría haber sido mucho peór, de hecho, la hermana menor del monstruo, Carolina, consideraba a su padre un gran ejemplo y lo imitaba en todo lo que podía, y lo defendía en todo lo que podía, y ahora trabajaba con él en el ministerio.
Después de un lapso impreciso de tiempo contemplando el paisaje de Las nubes, tal vez una hora, tal vez un par de minutos, tal vez todo el día, los dos primos volvieron en sí, cuando en medio de aquel delirio de marihuana, el monstruo atinó a decir: - mae, como extrañaba este lugar.
Luego su tía decidió quedarse, pues tenía cosas que hacer, y mientras ellos salían de la casa en el auto de Carlos, ella los saludaba desde la ventana de la cocina.
¿por donde corno comenzar a buscar? se preguntaba el monstruo, mientras decía adiós con la mano a su tía.
Bajaron a Coronado, y Carlos detubo el automóvil frente al parque, en el viejo edificio donde antes funcionaba el cine, y ahora remodelado, albergaba una tienda de electrodomésticos que ya había cerrado, pues pasaban las nueve , por lo menos la fachada era reconocible.
-¿te acordás del cine?
-¿como me voy a olvidar de este cine? ¡jamás!
-¿te acordás de las pelis que vimos aquí?
-claro, ¡escape de New yorck! por ejemplo.
- o ¡crónicas marcianas!
-¡¡o 2001 odisea del espacio, y la naranja mecánica!!
-¿pero esas las vimos aquí, no fué en el autocine de sabanilla?
-que va, esas aquí, en sabanilla vimos ¡¡fiebre del sábado por la noche!!
- ¿te acordás de Eulalia? que hijueputa mae, cine tico.
-y mexicano, ¡la niña de la mochila azul!
Comenzaron a cantar a dúo: ¡que te pasa chiquillo que te pasa me dicen en la escuela...!
Pero no pudieron continuar la canción`porque la cagadera de risa fue tal, que el monstruo abrió la puerta del carro y se tiró al piso riéndo.
cuando lograron ponerse serios, Carlos dijo: -mae, es bueno conservar el humor a pesar de los cuarenta.
-cuarenta y dos (le corrigio el poéta).
Riéron nuevamente pero con moderación.
Luego Carlos encendió un nuevo puro.
-seas tan hijueputa mae, que rica motica (dijo el monstruo después de un par de caladas hondas).
Estaba refrescando, pues en coronado refresca bastante a cierta hora, en comparación al centro de San josé.
El humo atrajo a dos guardias civiles que hacían su ronda en el parque.
-¿que está pasando aquí señores? (preguntó autoritario el más avezado de ellos).
-¿a que se refiere señor oficial? (le retrucó el monstruo).
-¡no soy oficial, sino sargento, y me refiero a que ponga las manos sobre el auto y me dé su cédula!
-mejor primero le doy la cédula y luego veremos si pongo las manos donde usted dice, tal vez esto es mejor...
Y le entregó el flamante carnet de inmunidad diplomática, que acababa de recibir con todos los honores y adulaciones que el caso requiere, en la embajada tica en Buenos aires.
-¿usted sebe lo que es eso señor oficial?
-si señor, disculpe por favor.
-no se moleste, tenga una platica para que se tome un café (le dijo sarcástico extendiéndole unos billetes).
-no por favor, faltaba mas (pero se le iban los ojos).
-¿como, es que me lo va a despreciar?
Le dijo el montruo desafiante, mirándolo a los ojos.
-bueno, muy amáble.
Contestó finalmente el sargento primero de la guardia rural, y fue a beber un café con su compañero antes de continuar la ronda.
Mientras se iban, Carlos comentó: -ho tombillos carepichas, parecen nuevos, y a ver si me conseguís uno de esos carnets, primito.
A lo que el monstruo contestó: -¡mae, estamos en el gobierno, podemos conseguir cualquier cosa!
Terminaron el puro, que por nada del mundo habríran dejado sin terminar, y Carlos sacó de la guantera un pequeño librito, mientras le preguntaba a su primo: -¿te acordás de esto?
Y le leyó: -
En las profundidades de un bosque de cemento impenetrable
una ninfa pelirroja agonizaba gimiendo
y sus gemidos inundaban el bosque de dolor, mientras un monstruo la hería
y en medio de sus gemidos ella decía:
Hiéreme malvado, con tu sable de hierro maldito, que mis gemidos no son sino de placer
pues en mi dolor, tal como tú me enseñaste, no encuentro más que mi gozo
hiéreme ahora, aprovecha que mi alma es tu cautiva
pero acuérdate de una cosa: que cuando no me tengas ya, serás tú, el que por la herida sangre
y muera....
Esos eran los versos proféticos que le había inspirado Estrella.
-¡dame ese libro, por favor!
Le dijo sacándoselo de las manos.
-nunca supe a quién le dedicaste esos poemas.
El monstruo se quedó pensativo.
-ya no importa (dijo finalmente), vamos para mi casa.
Y reanudaron, en silencio, la marcha.
Ninguno de sus familiares y amigos, supo jamás de los amoríos de Rubén con aquella niña, pues este tenía largas etapas de hermetísmo absoluto y casi monacal.
Entonces: ¿donde comenzar una búsqueda? tal vez por el principio.
Ahora, mientras su primo conducía, el monstruo volvía a descender por su montaña rusa emocional, recorriendo con la vista lacrimosa, pueblos y barrios de su infancia y adolescencia: Moravia, Guadalupe, Barrio Amón, , la vieja aduana, la estación al Atlántico, la biblioteca, otra vez la licorera y el puente, parque Morazán, el correo, donde a veces se encontraba con ella, Paseo Colón, La sabana, y finalmente, su barrio y su casa.
sábado, 27 de marzo de 2010
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