sábado, 15 de mayo de 2010

capítulo catorce

Finalmente dió con Katia, se la encontró por la calle de casualidad mientras ella despachaba a un cliente, un jubilado yanki, tal vez un ex oficial de la marina o algún otro sospechoso oficio, con el que acababa de salir del hotel Costa Rica, frente al Teatro Nacional.
Iba descaradamente colgada de su cuello, y lo despidió con un sonoro beso a la vista de todos los que quisieran verla, y los que no.
A la vista de las personas decentes y de los predicadores.
Con la misma soltura y desfachatez, al ver al monstruo, se abalanzó para abrazarlo
-¡¡¿idiai mi amor, que te habías hecho?, estabas perdido!!
-que vá, si te estuve llamando, pero no me contestás el celular.
-es que ese me lo robaron, y ahora tengo otro, ¿tomamos una birrita?
-pura vida, que rico.

El día estaba espléndido, se acomodaron en una mesa al aire libre bajo las arcadas, ella le ofreció perico: -¿querés halar coquita mae?
-¡claro, me cuadra en puta!
-para ver entonces, acerqueme su manito que yo le doy.

Al abrir ella su cartera para sacar el polvo, él pudo distinguir entre sus cosas, un libro, y trató de ver que era pero no pudo. Ella le sirvió coca, en el hueco que se hace en el reverso de la mano, haciendo presión entre el pulgar y la muñeca, el monstruo esnifó con fuerza por la izquierda, después otro toque por la derecha, y se tiró hacia atrás en la silla, abriendo sus fosas nasales con los dedos y respirando hondo. Era muy buena.

-¡mmmm, que rica es esta cochinada, ¿verdad?!
-si, está muy rica.
-he visto que te gusta leer.
-me encanta, es que estudio literatura y quiero aprender a escrivir.
-¡no jodás!
-si mae, amo la literatura y los deportes, es casi lo único que hago, además de culear, ahora estoy leyendo "Sobre Heroes y Tumbas" de Ernesto Sábato, ¿lo leíste?
-¿que si que?, mae, lo leí tres veces, y además lo conocí a Sábato.
-¿adonde?, es mi máximo heroe.
-es que viví dieciocho años en Argentina.
-y yo que me muero por conocer Argentina y casarme con un argentino que me enseñe a bailar
tango. Pero si hay un escritor que me guste tanto como Sábato, es Roberto Bolaño.
-también lo conocí, ¿sabías que murió?
-hay no, que triste me pone eso. ¿pero como los conociste?
-porque yo soy escritor, y allá trabajé para una revista, y tuve que entevistarlos.
-¿y vos que escribís?
-poémas y cuentos, y acabo de terminar con una novela.
-¿donde está, la puedo leer?
-claro, cuando quieras.
-todo esto me está poniendo muy caliente, ¿vamos a culear? es que el viejito de ahora me tocó toda y me quedé con ganas.
-yo también tengo muchas ganas, ¿vamos yá?
-si, yo quiero yá.
-entonces vamos.

Cuando el mesero vino a atenderlos era ya demasiado tarde, y se pasaron la mañana culeando en una suite del hotel, en eso se gastó el monstruo sus últimos billetes, en eso y en pagarle a ella.
Finalmente quedaron tendidos en la cama mirando el techo.

-¿y hace cuanto que volviste al país?
-ya no recuerdo si diez o doce días.
-¿y por que volviste, extrañabas mucho?
-vine persiguiendo un fantasma.
-un monstruo persiguiendo un fantasma.
-exáctamente, eso soy yo.

Hicieron silencio un rato, luego ella se le subió encima y lo besó en la boca, para después preguntarle: -¿que te parece si hacemos un canje, vos me enseñás a escribir y yo no te cobro las culeadas?
-bueno, la idea me parece perfecta, pero para serte sincero, nadie te puede enseñar a escribir, porque escribir es como culear, uno va y culea, ya sabe hacerlo desde siempre, no espera que nadie le enseñe, y no te quiero estafar.
-¿entonces vos decís que yo puedo escrivir como Sábato?
-no sé si como Sábato, pero lo podés intentar.
Ella lo besó de nuevo.
El monstruo se durmió pensando que era un hombre afortunado, y que tal vez no lo merecía, pero tal vez si.
Se despertó a las seis de la tarde y Katia no estaba, una tormenta tropical arreciaba la ciudad, en el espejo del baño, con pintura de labios, ella le dejó su nuevo celular.
El monstruo se sentó a cagar, pero no le salió nada, y pensó que al fin había encontrado una lectora, al parecer fiable, para su novela, y tal vez una escritora.

Aunque enseguida una luz roja en su cabeza, le hizo pensar en que tal vez se entusiasmaba demasiado, engañandose a si mismo, reemplazando a Estrella por esta otra criatura, al recuerdo de Estrella, y se preguntó: -¿que va a ser ahora de tu vida monstruo?, ¿encontrar el amor perdido?, ¿seguir colaborando con la prostitución infantil funcional al turismo, pasandole billetes a Katia?, ¿trabajar para el gobierno corrupto?
Pero al fin se contestó: -nada de eso mae, nada de eso, lo que vas a hacer, si ella no aparece, es huír de este caquero infame, y encerrarte en una pensión de mala muerte en París, a escribir la historia de la humanidad, la biblia, eso sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario