Con la novela publicada y las crónicas en el periódico, viendo que se hacía dificil dar con su musa, lo cual era ya una posibilidad al iniciar la busqueda, el monstruo decidió entonces instalarse.
Trazó algún escueto plan para garantizarse un mayor ingreso de divisas, tenía seguro que no quería terminar sus días de político ni de narco, y vió que lo que más le cuadraba era dar, por que no, algún taller literario, un tipo de su prestigio, etc...
Su novela había recibido, casi en igual medida, comentarios a favor y en contra por parte de la crítica especializada y el público, los más ortódoxos dictaminaron que lo del monstruo era un bleff, un invento, que no se lo habían tragado en otros países, y que ahora lo quería meter en Costa Rica, apelando a los nostálgicos que se creían sus embustes, y a los chiquillos inexpertos que se dejaban seducir por sus fuegos artificiales. El monstruo se sonrió leyendo estos comentarios, pensando en lo que tenían de cierto.
Los más fanáticos lo endiosaron al punto de decir, que tal vez solamente una vez por siglo, nace un escritor con esas ambiciones y apetito por decirlo todo, y que los que no lo leyeran yá, de todas maneras tendrían que hacerlo tarde o temprano, pues estaba destinado al cánon. El montruo sonrió también al leer esto, pensando que no pretendía tanto. De todas maneras la novela ganó un concurso, en un dudoso fallo, haciendo enrojecer de furia a sus detractores.
Así que, entre una cosa y otra, el monstruo se encontró de repente muy bien instalado, en un departamento en San Pedro, dando un taller literario.
Sus primeros alumnos fueron Edgar Allan y Katia, a la que el monstruo tuvo que cobrarle en contante y sonante, pues había decidido dejar de colaborar con la prostitución infantil. Además había empezado a tratar de beber menos, inspirado por la ilusión de que al encontrar a su amada, debía estar medianamente sobrio y presentable.
¿Sería que se estaba volviendo viejo?, se preguntaba a si mismo. Tal vez finalmente había madurado bien.
Huelga decir que no siempre tenía éxito en la empresa que se había propuesto, y más de una vez salió de un bar a los pichazos y borracho, por alguna discusión estúpida. Los que han dejado de beber saben que no es tan sencillo como parece, un amigo al verlo mal le propuso llevarlo a un grupo de alcoholicos anónimos, y creanlo o nó, hasta allí fué nuestro héroe, a contar la novela de su vida.
Hoy no bebo, mañana no sé.
Esa frase no le gustó, necesitaba mayores precisiones, y como no se las dieron no volvió, pero al menos le sirvió para dejar de beber un tiempo.
Quien esto escribe, deve aclarar ahora un hecho que no se tuvo en cuenta antes, y que al monstruo se le empezó a ocurrir a raíz de su nuevo estado de sobriedad, y también de que empezara a conocerse como una persona nueva, pues nunca había estado sobrio, por lo menos no después de que a los catorce se emborrachara por vez primera.
Y es que se le dió por pensar que tal vez Estrella, ya no fuera la que conoció, era muy probable que no lo fuera. O sea, por ejemplo que pensara de una manera totalmente diferente a como pensaba hacía veinte años, o que físicamente estuviera muy cambiada, que tuviese una familia a la que atender, marido e hijos, de hecho le habían hablado de una niña, ¿sería suya o de otro?.
En fin, que todos estos elementos, juntos o de a uno, eran totalmente posibles, y la vaga idea de que fuese la misma persona, era solo eso, una vaga posibilidad remota.
Entonces, una molesta pregunta comenzó a perturbar el vasto mar de su conciencia, como el tañir de una campana de iglesia perturba a un pecador arrepentido: ¿no sería solo una obsesión, la búsqueda del amor perdido y juvenil?, ¿no sería, acaso, un escape fantasioso e inalcanzable, y con no pocas probabilidades de terminar frustrado?
Si, era muy probable que así fuese, se repetía a si mismo una y mil veces, a veces en vos alta, caminando solo por la calle, o sentado en el Chelles, o la que fuera la Soda Palace, contigua al antiguo Cine Palace (cine que luego albergó una cadena de comida rápida de cuyo nombre...), para más datos de los nostálgicos que aman el pasado.
Esperando verla pasar como hacía veinte años, el tiempo no vuelve mae...Pero, ¿y aquella melena pelirroja?, ¿un fantasma...?
Aunque existía también al menos una posibilidad, una en un millón, de que Estrella, a pesar de haber transcurrido veinte largos años, se matuviese tan hermosa como antes, o aún más, como les pasa a ciertas hembras, y de que fuera aquella misma persona que él conoció.
La perra más perfécta y aguerrida en la cama que jamás hubiese probado, y modestia aparte, había probado algunas.
El especimen más acabado de belleza femenina que hubiese visto, en sus cuarenta y pocos, y la única a la que de verdad había amado. Si eso no valía la pena buscar hasta la muerte, entonces no lo valía nada, solo esperaba no encontrarse con una gorda horripilante y fétida criando monstruitos.
Aunque en un arranque de ternura, pensó que aún así, gorda y horrible, la seguría amando, y luego se cagó de la risa de sus pensamientos, y se cagó de la risa de todo.
Y podía ser también, porque no, que ella aún lo amase y también lo estubiese buscando,a pesar de haber sido un cobarde. Una posibilidad entre mil, ya no un millón.
Pero había algo que el monstruo no sabía, pues no conoció ni por asomo a la verdadera Estrella.
Ahora, si me lo permites amable lector, vas a conocerla tú.
sábado, 29 de mayo de 2010
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