sábado, 29 de mayo de 2010

capítulo diecinueve

Cuando Estrella tenía once años fué violada por su padre.
Eso se convirtió en un secreto entre ella y su madre, pues el tipo, aunque por un tiempo también compartió el secreto, no pudo hacerlo por mucho, o sí, pero en la tumba, ya que la niña lo envenenó con veneno para ratas.
No queriendo ser una victima de las cicunstancias, suceptible de ser violada otras veces, o de vivir con miedo de los hombres, ella tomó las riendas de su destino.
Si, una frase tan trillada puede ser a veces, también profunda.
Esos dos actos de su vida, ¡violación y asesinato!, como titularía un periodico amarillista, esos dos actos entonces, la convirtieron en una niña solitaria y fuerte, firme en sus convicciones, capaz de amar y de matar.
Esa fué la niña que el monstruo conoció, por supuesto sin saberlo, la niña que se lo llevó a la cama, y no al revés, como le gustaba pensar.

Cuando después de dos años de una vertiginosa relación, en la que hacieron literalmente TODO, inclusive robar a mano armada, orgías, etc..., cuando después de esos dos años, el huyó como un imbécil, Estrella cayó en desgracia.
Alguien descubrió su crimen, alguien la identificó por los robos, y así terminó en prisión. Allí pasó indecibles martirios, hasta que un guardacárceles se enamoro de ella, y usando sus influencias, pues tenía algunos negocios turbios con el director del presidio, logró sacarla y devolverla a su hogar, dulce hogar.
Si querían, lectores, algún relato romántico y a la vez rebuscado, han encontrado la horma de su zapato, no saben hasta que punto.

En su confusión y exitación, la niña ya no sabía si amaba al monstruo, y al no tenerlo a mano para poder decidirse, correspondió al amor del guardacárceles.
Al poco tiempo de haber vuelto a su hogar, conoció al hermano del gurdacárceles, que también se enamoró de ella, y ya un polvo es como un vaso de agua, correspondió también a este otro.
Esos eran entonces, los hermanos Ramirez, uno guardacárceles y el otro policía rural, con un turbio pasado del que ya nos vamos a enterar. Marcos y Julián Ramirez.
De repente ella se enteró que había quedado embarazada, pero no sabía de cual de los dos.
Los hermanos Ramirez no sabían a su vez, que la chica juegaba con ellos, pero lo sospechaban, ambos sentían que podían ser los padres de la criatura pero también que no, se amaban como hermanos, pero se odiaban también como hermanos.
Cuando la madre de ella se enteró del embarazo la echó de la casa, mudó después a toda la familia porque no soportó los rumores, y Estrella fue a dar con sus huesos a casa de los Ramirez, una casa alquilada, humilde pero amplia y confortable, que más adelante compraron.
En ese, su palacio, Estrella mantuvo mientras pudo, su poder de dominio sobre los hermanos.
Había algo más, algo que nadie sabía en esta historia, y era que la bebita que estaba por nacer, y que pronto nació, no era hija de ninguno de los Ramirez, ¿de quien entonces?, algo muy siniestro, o muy bello, aqui depende de las creencias de cada quien, le ocurrió en prisión a la madre mientras dormía o estaba drogada, algo de lo que nos enteraremos luego.
La pequeña, llamada Karen, creció en aquel ambiente hostil y se desarrolló, tanto que ahora tenía casi dieciocho y era igual a su madre, y es la persona que el monstruo creyó ver aquellas dos veces, y que de verdad había visto, pues no hay otra melena igual a esas dos en toda Costa Rica.
La pequeña, llamada Karen, es una apasionada lectora amante de la poesía, y por tal motivo acudió aquella vez a al universidad de Heredia.

En fin, que aunque todo esto parezca rebuscado, amable y paciente lector, debes saber que algunas veces, sino cada semana, las noticias de la prensa parecen obra de algún delirante y descarriado escritor de novelas, y que muy lejos está este relato, de pretenderse una telenovela mexicana, muy por el contrario, este relato avanza como una topadora destruyendo obiedades a su paso, por caminos insospechados, como la vida, y llegará a su punto culminante, cuando el monstruo y los hermanos Ramirez, como en un spagetti western, protagonicen un tiroteo por las intrincadas calles de San José. Pero para eso todavía falta.
Ahora, pensaba el monstro fríamente, ¿cuantas posibilidades reales había, de que Estrella sea la misma, esté mas bella, y aún lo ame?

Tal vez una entre diez.

La pobre Karen, que habiendo escuchado historias de la guerra de Vietnam, cuando las mujeres se ponían gilettes en sus vaginas para que los marines estadounidenses se corten al intentar violarlas, hizo por su parte lo propio, pues el guardacarceles borracho, al verla igual a la madre quiso abusar de ella, y terminó perdiendo mucha sangre, pues la ambulancia se demoró en llegar.
Perder sangre tan estúpidamente, habiendo gente que necesita una transfusión, pensó Karen mientras huía de su casa jurándose jamás volver.
Y se fué a vender su cuerpo, casi una niña, por las calles de una ciudad y un mundo, nos guste o nó, cada vez más incomprensible y descontrolado.
No hay dios, no hay plan, dijo en medio de dos escupitajos Charles Bukowsky.

Ahora la vida de Estrella transcurría, entre la duda por no saber que carcel era peór, si la del estado o la de los hermanos Ramirez, y la culpa por la huída de la pequeña Karen.
Si por lo menos no hubieras huído, se decía pensando en Rubén, si al menos el infierno te mandara de vuelta...

No hay comentarios:

Publicar un comentario