domingo, 9 de mayo de 2010

capítulo doce

Los primeros rumores de la vuelta del monstruo a su ciudad natal, pues sabemos ya que no es de los que pasan desapercibidos, comenzaron entonces a regarse como pólvora, alguien lo vió por allí, o por más allá, en algún bar de mala muerte en una calle, peleándo con un narco de poca monta en Barrio México, o tal vez Barrio Cuba.
¿Pero era reálmente Rubén Arrieta de quien se estaba hablando? preguntó Gisell López, la editora de una prestigiosa revista literaria, y preguntó Manuel Bermudez, escritor y especialista en la obra de Roberto Arlt, y sobre todo preguntó, además, Estela Sánchez de Bustamante, profesora de la carrera de letras de la Universidad de Heredia, que les hacía leer a sus alúmnos el mítico libro de Arrieta, "Aves nocturnas sobrevuelan los campos de la muerte", con esa inclinación a la tragedia, típica de los escritores inmaduros.
Y la respuesta tajante fué, una y mil veces: -sí, hablamos de Rubén Arrieta, el mismísimo monstruo.

Y si bien es cierto que las personas encargadas de divulgar la noticia eran, por lo menos en su mayoría, de fiar, las dudas de los otros, o sea los encargados de recibir aquella misma noticia, no carecían de fundamentos, porque durante mucho tiempo después de la partida del monstruo, hubieron algunos que se dedicaron a imitarlo, vistiéndose como él, haciendo poses de poétas reveldes y malditos, tal vez inclusive muy bien, ademas de imitarlo en su escritura, pero esto último no les salió tan bien.
Después aparecieron otros que imitaban a los imitadores, y podría decirse que mejor que los primeros (se llegó al extremo de imitarlo, sin saber a quien se estaba imitando, pues este último tipo de imitadores, no conocían al original, ni siquiera lo habían leído, tal vez tampoco sabían que escribía), o sea, que por eso tanta pregunta y desconfianza.
Inclusive corría un rumor mucho peór, algo sobre un clon en un turbio laboratorio genético, pergeñado, y pagado, por los adalides del mercado para un fraguar un negocio editorial sin precedentes, pero esto ya era demasiado ridículo para ser cierto, aunque tratándose del monstruo...

Pero esta vez era él, y finalmente dieron con él.

Y, muy poca gente lo sabía, pero había sobrevivido un pequeño culto de sus pocos cuentos y poémas, como corresponde a un auténtico maldito, entonces pasaron tres cosas:
1) Por un lado Gisell López logró concretar una entrevista, que saldría en un prestigioso semanario de los domingos.
2) Por el otro lado, Estela Sánchez de Bustamante lo contactó para ofrecerle el auditorio de la Universidad de Heredia para dar un recital de poesía, el monstruo le propuso más bien una performance poética, ella aceptó.
3) Por último, Manuel Bermudez lo invitó a beber guaro y birrita, acompañados con unas boquitas de pejiballe con mayonesa en un bar de Moravia, para hablar de literatura y de los viejos buenos tiempos, en los que habían compartido grandes gestas.
Eso hicieron entonces, hablaron de sus propias obras, no mucho, y de otros escritores y escritoras, algunos de primer orden, otros del segundo. Y otros, por que no decirlo, decididamente paupérrimos.

El negocio le había quedado redondo, pues la entrevista saldría unos días antes de la performance, que yá tenía fecha, para hacer algo de publicidad y asegurar buen de público.

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