Era un lugar selvático con esa vegetación subtropical tan característica de la zona, y algunos sectores con playa, desde donde podía verse la ciudad a lo lejos.
Nos esperaba Zorbich, y no uno, sino varios chinos, todos igualitos.
-¡bueneo, bueno, ¿que tenemos aquí?, nada menos que al viejo padre tiempos, te felicito por tu pierna nueva, no vas a disfrutarla por mucho tiempo, y veo que viene con su aliado incondicional, que dicho sea de paso, como poéta no vale un cobre! ¿estaban buscando un poco de acción?, les presento a mi amigo Kato y sus hermanitos clonados, ellos se encargarán de proporcionarles toda la acción que necesiten, ya que no tuvieron suficiente con los túneles secretos de Buenos Aires, construidos por los españoles para escapar con el botín, llegado el caso de una revolución, nada boludos ¿no? ¡muchachos, a ellos!
Y, como en esas viejas películas de artes marciales, la escena se aceleró llenándose de zooms y chinos dando volteretas en el aire que se nos venían encima gritando al estilo Bruce Lee.
Como siempre, el primero en reaccionar fué Timoteo, que en un movimiento ultra rápido se había agachado a recoger un junco, con el que hizo las veces de beisbolista de las grandes ligas, reventando la cabeza del primero de los chinos que llegó hasta nosotros. lo cual reveló que de robots no tenían nada, pues este sangró y cayó al suelo desmayado como cualquier mortal.
Pero aún qudaban cinco.
Y he aquí, que a pesar de que detésto hablar de mi mismo, ha llegado el momento de confesar mi pasado como deportista destacado, pues en mi primera juventud, hasta los dieciseis años fuí campeón, nacional primero y centroamericano después, de tae won do, y a los diecisiete, de estilo libre en competencias clandestinas, y eso es como andar en bicicleta, una vez bien aprendido no se olvida más.
Por lo tanto no les fué fácil a aquellos pichones de pacotilla reducirme, me trencé con dos de ellos y les rompí las narices, antes de que finalmente pudieran conmigo, pues el tercero me superó.
A Timoteo no le había ido mejor, los otros lo tenían en el suelo amordazado.
Luego nos ataron y subimos a una lancha a los empujones.
A pesar de estar ahora en desventaja, una fé ciega se apoderó de mí, si el padre tiempos había logrado sacarnos con vida de aquel tenebroso lugar, tal vez esto era también, circunstancial.
Antes de aventurarnos en esta odisea, la noche anterior él me había mandado un mensaje de texto que decía: -tranquilo, me tiré las cartas y tiré las tuyas, todavía no nos toca la parca, hay cuerda y fortuna para rato. Y tengo un as debajo de la manga.
De repente nuestros captores nos inyectaron algo y nos desvanecimos.
Despertamos en un galpón, atados a dos postes de madera como en un ritual indio, y no pude creer lo que vieron mis ojos, aquel sitio era una especie de laboratorio invernadero, lleno de plantas exóticas, y del insoportable croar de miles de ranas encerradas en jaulas de vidrio con respiraderos, empañadas y mohosas, un espectáculo tropical y fantástico, a la vez que absurdo.
Por la puerta abierta del galpón se colaba la luz del crepúsculo y se veía la costa, tal vez las Islas del Tigre, o Isla Paulino, o algún punto impreciso entre esos dos, daba lo mismo.
Zorbich entró, y alzando un poco la voz, recitó un monólogo que quiso impresionarnos:
-¡Ranas, si señores, y botánica, he aquí mis pasiones. Además de estudiar la robótica y la genética, he dedicado mi vida a conocer este santuario, lo que ven aquí, es el resultado de 50 años de viajes e investigaciones, ranas y plantas de todas partes, algunas mortales, otras psicotrópicas, otras curativas. A ver, mi amigo Rubén, ¿sabías que Costa Rica es el país de mayor biodiversidad en el mundo? deverías saberlo. Padre tiempos, el brujo metafísico, ¿sabías que los indios del Amazonas bañan las agujas de sus dardos con la baba asesina de esas simpáticas y pequeñas ranitas de vivos colores? bueno, ahora eso puede verse en cualquier documental!.
¡Pues hoy junto con ustades, morirán estas salvajes e inhallables especies.
Cuanto daría la ciencia por tener estos documentos que me llevo conmigo, donde tal vez esté la cura de todos los males. Puede que los venda, quien sabe. Lo que si voy a vender ahora es otra fórmula, el plano para construir el prototipo perfecto de clon humano y robot, la super raza que poblará el universo luego de conquistar la tierra, así que ahora tengo que irme, unos amigos me esperan con una cuantiosa suma de dinero, que de seguro aliviará las penas, tantos años de desvelarme, quemando mis pestañas estudiando, investigando, no como los inéptos que se dedican a escribir mala poesía, o a la magia, que cosa tan ridícula!
En fin, padre tiempos, Rubén, "orvuá", "chivediamo dopo", "arrivederchi bambini", los dejo con mi querida amiga, LA BOMBA DE TIEMPO.
Y dicho esto, apretó el botón de un aparatejo que tenía unos buenos cartuchos de TNT, con un cronómetro que, mintras descendía a partir de 120, hacía un insoportable tic-tac, tic-tac...para dramatizar nuestro fin.
Ese fué su error.
Y he aquí, que sucedió lo imprevisible nuevamente, y van...
Yo, que me creía preparado para cualquier cosa, que creía tener un criterio amplio y pensaba que lo había visto todo, no contaba con esto. O sea, que mi imaginación no hubiese dado para tanto, y es más que seguro que a la mayoría de ustedes les costará creerlo. Yo mismo no lo creería, si no lo hubiese visto con mis propios ojos.
Porque de aquellos dos minutos que quedaban para que la bomba hiciera: ¡booom!, uno de ellos se fué mientras Zorbich y los chinos huían en la lancha, quedaba solo uno, que fué suficiente para que Timoteo me mirara con una sonrisa de oreja a oreja y me diga: -nene, bienvenido al futuro.
jueves, 27 de enero de 2011
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