jueves, 27 de enero de 2011

capítulo treinta y seis

Y alzando la pierna con aquella hermosa prótesis que tanto había acariciado, acercó el pie a su mano, se sacó el zapato y presionó un botón. Debajo del pantalón las lucesitas volvieron a centellar, y unos circuitos electrónicos se prendieron, con un sonido como de turbina pero contenido, disculpen, es lo más cerca que estoy con mi prosa de poder describirlo, tal vez ustedes puedan ayudarme un poco con su imaginación.
Un rayo rasgó la tela del pantalón de Timoteo, y como si fuese un telón, a través de él la pierna se desprendió para abajo y comenzó a caminar, del muslo salieron dos brazos y emergió una cabeza, que miró a su dueño y preguntó: -¿cual es la situación jefe?
Timoteo miró al cielo resignado diciendo como para sí: -que robot pelotudo, y luego al robot: -¿no escuchás el tic-tac? tenés 22 segundos para desconectár aquel artefácto a tu espalda.
-no hay problema señor.
Y mientras el robot hacía lo que le indicaron, el padre tiempos me dijo: -te presento a arturito, la prueba irrefutable de que los científicos latinoamericanos no comen pintura, como pueden creer los alemanes.
El bicho aquel tenía, dicho sea de paso, un diseño de líneas y formas ultramoderno, una soltura y elegancia al moverse, un control tan exquisito de sus articulaciones, que al verlo hacía recordar a un atleta africano.
Entonces se dió vuelta y dijo: -misión cumplida, ¿ahora que puedo hacer por usted?
-¿no ves que no me puedo mover? desatame y desatalo a mi amigo.
-como no, en el acto.
Con sus rayos quemó las sogas de Timoteo y después las mías, ambos estuvimos un buen rato masajeandonos los maltratados brazos y disfrutando el momento.
Al fin Timoteo ordenó al robot que se acoplara de nuevo, y este volvió a su sitio como un soldado.

Más tarde, de regreso en el hotel donde se alojaban Timoteo, y ahora debo decir arturito, me esperaba una carta de Tatiana:
"Ya no agunto más, siempre te vas sin decirme adonde, venís cuando querés para comer y cojerme, todavía no me escribiste ningún poéma, sos un mentiroso, con todas esas historias de robots y fantasmas, creo que estás medio loco pero no te tengo miedo, no se como pude darte pelota, cháu, no te quiero ver más, no me llames. ¡¡por mí te podés morir que dá lo mismo!!"

Bueno, finalmente había tomado coraje para decirmelo, aunque fuera de manera tan impersonal. Tal vez era mejor así, era hora de cerrar aquel capítulo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario