Salí del edificio y me metí en un locutorio para hablar con Timoteo, pero me dió ocupado en el primer intento y nadie atendió en el segundo, lo intenté otra vez pero tampoco nada.
Caminé varias cuadras y volví a insistir, pasó lo mismo, o sea: primero ocupado y luego nada, nadie. Todas las veces que llamé esa tarde pasó lo mismo, con una ligera variante, la primera vez nadie y la segunda ocupado. Pasé varias horas así hasta que al caér la tarde le mandé un mail, estaba ansioso por ver la cara que pondría al enterarse: -¡¡¡urgente para el Padre Tiempos!!!, Keller Zorbich está vivo en Buenos Aires, o eso me temo, por favor espero instrucciones lo más rápido posible.
Luego deambulé como un zombi tratando de dar con el aparecido, pero no.
Al otro día por la mañana aún no había respuesta, volví a llamar y me atendió al primer intento, no había leído mi mail, nunca revisa los correos, le dije la noticia y el me contestó que ya lo sospechaba.
Las instrucciones fueron buscarlo sin descanso y esperar la llegada suya, trataría de conseguir pasaje para ese mismo día ó el siguiente. Cuando lo llamé al día siguiente no atendió, me había dejado un mail diciendo que seguramente ya estaría de viaje cuando lo leyera y que llegaba en treinta y seis horas en un vuelo de Taca vía Lima.
Era miercoles, me sentí aliviado, pero no me imaginaba ni por asomo la guerra que se acababa de desatar, lo que podría ser, pero no, la batalla final entre Zorbich y Timoteo Sarduy, un fin de época con bombos y platillos si los hay.
Aquella noche Zorbich se me había escapado, es decir, tuve que dejarlo ir, la maldición de la picha dura y todo eso. Como todavía faltaba la noche del miercoles y todo el jueves para la llegada del padre tiempos, decidí dedicarme a hacer un rastrillaje por la ciudad, tal vez el microcentro y la zona del bajo, ya que no sabía donde empezar me dejé guiar por mi intuición, aquel recurso que el mismo Keller me había enseñado a contemplar.
La busqueda de esa primera noche fué exaustiva pero estéril.
Caminé el bajo desde Parque Lezama hasta el Museo de Bellas Artes, volví por recoleta hasta Corrientes y Callao, luego al obelisco, la noche estaba espléndida.
Recorrí también algunas calles aledañas, pasé por Congreso, tomé la Avenida de Mayo, era otoño, a mi parecer la estación más bella en esa ciudad, de los árboles cáen las hojas secas y corre un viento frío pero gentil, hay una cierta garúa, es el escenario perfecto para una buena trama de suspenso, con esa tenue luz amarillenta que se refleja en los adoquines del barrio de San Telmo.
Y el escenario perfecto también para el amor. De nuevo en el bajo me había subido inconscientemente, o no, en un colectivo de la linea 152, y casi sin darme cuenta me había bajado a dos cuadras de la casa de Tatiana, me sentía rendido, necesitaba una cama y una mujer para relajarme, enseguida estuve frente a su edificio, eran las tres de la mañana cuando toqué el timbre, y su calida voz sonó por el frío portero eléctrico.
Pasamos una hermosa velada romántica.
Me levanté a la una de la tarde, ella estaba hablando por teléfono con alguno de los productores del teatro de revistas, un viejo verde que además era dueño y señor de varios programas telvisivos desde hacía varias décadas, y de cuyo nombre no quisiera acordarme, cuando colgó fornicamos a gusto en el sillón.
Después nos enjabonamos en el baño bajo la ducha.
- ¿Me estás escribiendo un poema?
- Si, es un soneto largísimo, te va a encantar.
La di vuelta y la penetré por atrás.
Luego de comer una pizza que encargamos, la mayoría ella, salí a la calle y reanudé la búsqueda.
Esta vez rrecorrí gran parte de Buenos Aires pero debajo de la tierra, en el subterraneo, también Caminé por Belgrano, luego Constitución, más tarde Almagro, nada de Zorbich.
Ya cansado al anochecer entré al cine arteplex, en diagonal norte frente al ovelisco, y me quedé dormido, solo recuerdo que daban una película de David Lynch que ya había visto, las vi todas, pero no recuerdo cual era.
Soñe con el padre tiempos que me decía: -¿lo encontráste a Keller nene, o te quedaste dormido?, entonces desperté sobresaltado y sentí una presencia en la sala casi vacía, alguien me estaba obsevando, me dí vuelta y ví que una sombra salía, ¿Zorbich?.
Me levanté y fuí tras él.
viernes, 21 de enero de 2011
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